Cuando un poeta de raza decide desnudar las taras de la Ciudad Letrada, la complacencia institucional se agrieta. Pedro Granados ha colocado un espejo brutal frente a la chatura local con su poema “LA PERUCHADA LITERARIA”. No estamos ante la típica queja lírica transable en los círculos de café, sino ante un diagnóstico somático y político de una sociedad que, extraviada en sus propios ascos compartidos, ha hecho de la evasión y el parpadeo su única estrategia de supervivencia.
Esta tensión encuentra una correspondencia visual perfecta e inquietante al observar la imagen del busto del homínido que acompaña al poema. Lejos de representar un “desmadejamiento” o una derrota, su mirada asimétrica y descoyuntada es estrictamente análoga a la del yo poético: es el desconcierto absoluto, lúcido y cargado de una ironía pre-colonial ante el estado de colonización mental y artística actual. Este ancestro contempla con asombro atónito a los sujetos de la “cuidada” educación que perdieron el ovillo de su propia madeja y decidieron “hacerse los cojudos” ante su territorio, divorciando sus gustos de sus vidas.
Al sentenciar que “No nos educaron para estar en el Perú / Y por ende en ningún otro lugar de la tierra”, Granados devela el trauma de una micro política mezquina y bruta que achica el universo hasta hacerlo caber dentro de una servilleta. Frente a ese suspiro de limeña o el humo de la parrilla de anticuchos que contenta a la “desconfiada anuente y pendejísima familia” del cotarro, la corporalidad rústica y la sonrisa de aquel Neardental actúan como una lección de inmanencia. Su gesto no es de caída, sino de resistencia somática; es la mirada del bicho vivo que, al igual que el feto o la hormiga colorada de los manifiestos de Granados, se niega a respirar el aire viciado de la sumisión intelectual.
A través de la palabra-músculo del poeta y la mirada cómplice de este homínido, se deponen las armas del simulacro. Su rostro ancestral es el testigo de una verdad inmanente: no se puede habitar el mundo si primero no se aprende a respirar y a amar al margen de los intereses de círculo. La bestia con apariencia de humano no está perdida; está observando fijamente el titubeo de la colonia, lista para recuperar el balón.
Ignacia Augusta
LA PERUCHADA LITERARIA
No nos queda otra cosa que hacernos los cojudos
Mirar y no mirar
Escuchar y no escuchar
Como si un parpadeo nos liberara
Del absurdo de nuestras existencias
Y de nuestras opciones literarias
Gustos y vidas como divorciados
Algún momento que en nuestra “cuidada” educación
Nos traspapelamos perdimos el balón
Se esfumó el ovillo de nuestra propia madeja
No nos educaron para estar en el Perú
Y por ende en ningún otro lugar de la tierra
Que ambas cosas conviven en una sola vaina
Un único edificio con varias puertas
De briosas entradas y titubeantes salidas
La micro política en el Perú es suicida
Porque es de profunda vocación colonial
Y es micro también porque es mezquina
Y muy bruta aunque con su suspiro de limeña
El humo desde aquella parrilla de anticuchos
O este instante tan poéticamente efervescente
Caben dentro de una servilleta
Hasta que alguien nos enseñe a respirar
Hasta que con alguien aprendamos a amar
Al margen de los intereses de nuestro estrecho círculo
Desconfiada anuente y pendejísima familia
© Pedro Granados, 2025

