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Ensayo

METANOIA No.6

Saludamos este nuevo número de Metanoia (UARM).  Grosso modo, cuidado y orientaciones ontológicas focalizan la presente entrega.  Junto a un renovado interés  –hoy por hoy tanto aquí como acullá– por la estética.  En tanto y en cuanto, esta última, campo acaso idóneo para sopesar o evaluar la intra-acción (situaciones en donde distintas entidades se crean mutuamente dentro de una relación),  en oposición a una inter-acción (donde las entidades son pre-existentes a su relación).  Estas ideas de Catherine J. Allen, las gloso y aplico aquí intra-activamente.  Felicitaciones, a estos jóvenes filósofos, por este esfuerzo y logro.

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Sumaria historia ontológica de un siglo de poesía peruana

Entre Manuel González Prada, el cual quiso escribir poesía europea, y José María Eguren, quien en el Perú por primera vez aquello lograra, y César Vallejo que la hizo más bien amerindia; en términos de la historia de la China, han pasado veinticuatro horas: de Minúsculas (1901) a Trilce (1922).  Y eso fue todo.  Es decir, de escindidos entre la política y la belleza e intentar refugiarnos de cola en un piano; andar hechizados ante un paisaje que sí es el nuestro, pero no se acepta como tal y se le empastela sobre un cuento de hadas; y vernos y reconocernos apuñalados por la estela del sol de Trilce; pero si todo esto ha sucedido ayer nomás.   ¿Sin embargo, estamos ya en 2022 y no ha sucedido más nada?  Bueno, algo más ha pasado y rapidísimo allí mismo también se ha quedado.    Primero, que la poesía no la hacen los gremios, desde Colónida hasta Hora Zero o Kloaka o la Generación Nutella (mil disculpas, esto es en España); hay siempre algún zambito por ahí que se vale del grupete para trepar en los medios o en la cátedra, da exactamente lo mismo.  Es más de lo usual, el yo-yo con afeites populistas o no; con auténticos o impostados arrestos parricidas o no; con ganas de largarse de una vez de este país o no.  Desde que las universidades, antes los “buenos” colegios, nos entrenaran únicamente para una política menor (inmediata, arribista, angurrienta o incluso “reivindicativa”), menores también han sido nuestras relaciones y metas con la cultura y, obvio, no menos con la flor del pensamiento que es siempre la poesía (Martí dixit).   Segundo, mil disculpas otra vez, pero de esto hablaremos mejor otro día chino; es decir.

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¿CÉSAR VALLEJO POR BULERÍAS?

Creemos que es tan pertinente y lograda la propuesta del músico Miky González (Landó por bulerías, 2009), de fundir el landó a la bulería, como puede ser observar ya no sólo qué tanto de ritmo afroperuano existe en Trilce, sino también de fusión con los palos flamencos –en voz y versos– y, obvio, con los tópicos medievales que directa o a través de sus lecturas de los autores del Siglo de Oro (Góngora o Quevedo, por ejemplo) pasaron a la poesía del peruano.  “¿César Vallejo, por bulerías?” (Granados 2010).

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“‘Desde el extremo opuesto del telescopioʼ: una mirada a las poetas dominicanas recientes”/ Paula Fernández Hernández

La poesía dominicana sigue siendo una de las menos conocidas del Caribe. No solo por su apariencia fragmentaria, derivada de la significativa emigración, de las heridas latentes del trujillismo y de sus consecuentes lesiones identitarias, sociales y económicas, sino por el escaso apoyo institucional que recibe, tanto en lo que respecta a la formación como a la publicación y a la difusión. Al consultar antologías y estudios críticos actuales, se reincide en esta circunstancia de invisibilidad, tanto en el interior como en el exterior del país (Aranda 9-10; García Cartagena 27-28; Granados 3, 7). Aun con las valiosas aportaciones que durante el siglo XX ejercieron grupos como el reunido en torno a la revista La Poesía Sorprendida (1943-1947), lo cierto es que la literatura actual dominicana no siempre llega a los circuitos deseados (Fernández 67).

2021, CANDELA REVIEW- afro-trans-queer-feminista-decolonial. pp. 66-84

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El “silencio” Vallejo-Cabral de Melo Neto: un Neruda elocuente

Este ensayo se propone, por un lado, reconstruir un diálogo intelectual y artístico en apariencia inexistente entre César Vallejo (1892-1938) y Joao Cabral de Melo Neto (1920-1999). En la biografía del poeta brasileño, de modo recurrente y acaso no menos sistemático, no existe mención alguna del peruano; aunque España fuera en ambos tema y motivo fundamental de sus respectivas obras literarias; y, según ventilaremos aquí, ambos poetas tuvieran mucho en común, repetimos, tanto en el aspecto literario como en el político de sus poemas. Por otro lado, en cuanto desencadenante de este paralelo entre dichos autores, se analizará el poema cabralino “España en el corazón” (homónimo del poemario nerudiano editado por primera vez en1937). Es decir, aquel poema del brasileño será el puente, de ida y vuelta, para transitar e iluminar los “silencios” entre las poesías del brasileño y del peruano y, no menos, tornar inesperada y particularmente elocuente la poesía del chileno. El presente trabajo se enmarca, por un lado, en el contexto de la actual literatura comparada; es decir, aquélla que: “ha dejado de lado la perspectiva historicista tradicional y su correlato los viejos estudios de fuentes e influencias y ha pasado a ocuparse cada vez más del texto literario y de sus relaciones interliterarias e interdisciplinarias” (Eduardo F. Coutinho). Asimismo, tiene que ver con la cuestión del canon y su discusión o puesta al día o incluso puesta en valor; en particular aquí, el rol ideológico que, frente a la Guerra Civil Española, les cupo a Pablo Neruda y César Vallejo. Y, por último, este breve ensayo gira también alrededor de la traducción, entendida ésta, según Benjamin, como “una ampliación de la operación crítica de la lectura” (Delfina Muschietti).

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Trilce (Talee)/ Lorenzo Mari (trad. y ed.), Guiliano Mesa (Intr.)

D’altra parte, la possibilità di una lettura indigenista dell’opera di Vallejo, e quindi anche di Trilce, permane, in ogni caso, all’interno di una corrente piuttosto florida di studi vallejiani, inaugurata da un saggio di Phyllis Rodríguez-Peralta[19] e che ha recentemente trovato nuova linfa nelle ricerche di Pedro Granados Agüero[20]. Non si tratta soltanto, come già avvertiva, tra gli altri, Roberto Paoli, di rintracciare uno «spirito indio» che per Vallejo costituisce «prima il suo mito e poi il suo ideale»[21]; si può anche provare a delineare con maggiore precisione l’alto grado di sincretismo di tale mitologia, e poi di tale ideale – a partire, ad esempio, dalle frequenti occorrenze, in Trilce, del «sole»/«Sole»/«sol», in un continuum che va dall’evocazione dell’elemento naturale alla rappresentazione della divinità (cristologica e al tempo stesso legata alla mitologia indigena post-ispanica di Inkarri[22]), per finire con la degradazione tipicamente modernista data dall’omonimia del Sole/sol con la valuta corrente, allora come oggi, in Perù.

[ Por otro lado, la posibilidad de una lectura indigenista de la obra de Vallejo, y por tanto también de Trilce, queda, en todo caso, dentro de una corriente bastante pujante de estudios vallejianos, inaugurada por un ensayo de Phyllis Rodríguez-Peralta y que ha encontrado recientemente nueva vida en las investigaciones de Pedro Granados Agüero. No se trata sólo, como ya advertía entre otros Roberto Paoli, de rastrear un “espíritu indio” que para Vallejo constituye “primero su mito y luego su ideal”; también se puede intentar delinear con mayor precisión el alto grado de sincretismo de esta mitología, y luego de este ideal – a partir, por ejemplo, de las frecuentes apariciones, en Trilce, de “sole” / “Sole” / “sol”, en un continuum que va desde la evocación del elemento natural hasta la representación de la divinidad (cristológica y a la vez ligada a la mitología indígena poshispánica de Inkarri), terminando con la degradación típicamente modernista dada por la homonimia de el Sol/sol con la moneda actual, entonces como ahora, en el Perú.]

https://www.leparoleelecose.it/?p=42390

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Trilcescenas: I/LXXVII

“Trilcescenas: I/LXXVII” explica, puntualmente, los poemas-escenas de Trilce e identifica sus imágenes protagónicas.  Recrea el esquema, retablo o puesta en escena general del poemario.  Nos quedamos con esta última frase (“puesta en escena general”) porque, aunque cada uno de los LXXVII textos de Trilce configure un evento o acontecimiento independiente, el entramado de sus imágenes no es autónomo.  Es decir, estas últimas tejen una red de afinidades –solidaridades, complementaciones, inversiones– e incluso honran entre aquéllas una jerarquía según sea su relevancia temática o conceptual respecto a todo el libro.  Este será el caso de Trilce I, cuya trama y actores inmersos en ella, y no solamente por constituir el cuadro liminar, tendrá un singularísimo relieve en todo el conjunto del poemario.  Sin embargo, debemos adelantar, y tal como sucede con los pares binarios de cada una de las escenas “cerebro” que se trocan en andróginos en el primer capítulo, “Trilce/Teatro: guión, personajes y público”, que con Trilce I no existe excepción; es decir, también esta escena se tornará complementaria y se metamorfoseará en relación a otras.  Lo específico de nuestro segundo capítulo, “Trilcescenas”, consistirá en incluir los poemas de Trilce no aparecidos en el primero, un total de 37: VI, VIII, X, XII, XV, XVI, XVII, XVIII, XXIII, XXV, XXVIII, XXX, XXXIII, XXXIV, XXXV, XXXVI, XXXVII, XL, XLI, XLIII, XLIV, XLVI, XLVII, XLIX, L, LI, LVII, LIX, LXII, LXIV, LXV, LXVI, LXXII, LXXIII, LXXIV, LXXV y LXXVI.  Los cuales se estudiarán aquí de modo secuencial tanto como organizados por campos semánticos; a partir de una nueva visita a Trilce LXI (“¿Y este duelo que enmarca la portada?”), a modo de gozne entre la actual y la primera parte ya publicada.

Aunque siempre debamos empezar por la historia (Claude Lévi-Strauss), a nuestro trabajo lo activa la necesidad de constituir una alternativa a los acercamientos historicistas (biográficos, políticos, psicologistas) o multiculturalistas (étnicos, folklóricos, de género) sobre el tema Vallejo y, en este caso en particular, sobre Trilce.  Asimismo, junto con el historicismo y el multiculturalismo, nuestra investigación se propone hacer el pare a la noria de lo “experimental”, sonsonete —tornado ya acrítico– sobre el carácter innovador del lenguaje o enjundia “vanguardista” de la obra de César Vallejo.  Hacia estas epistemologías, no sólo metodologías, se imantaron y se imantan hasta el día de hoy la inmensa mayoría de los trabajos sobre el poeta peruano.  Nuestro estudio pretende, más bien, hacer emerger desde dentro del poemario de 1922 su mediación multinaturalista específica (Eduardo Viveiros de Castro) overseas, la magia de su “giro ontológico” (Nuevo Realismo).

En lo fundamental, Trilce implica, tal como con los textos del Barroco o del Modernismo, una experiencia de lectura extraordinariamente compleja; aunque, a diferencia de lo que reclaman estos dos últimos estilos, aquélla no tiene como objetivo fundamental apelar sólo a un intelecto sotil o erudito.   Leer Trilce apela al performance del lector y desea formar comunidad con él (ayllu); es decir, a que éste se constituya en parte activa (“fermento” vivo) –y no sólo testifique restos o “fragmentos” (vanguardia histórica)– del cuerpo del Sol o del Inca omnipresentes en este poemario (Granados 2014).  La “dificultad” de leer Trilce no estriba únicamente en su intertextualidad (Humanidades concebidas en tanto “libros”) ni sólo en su especificidad cultural (Humanidades entendidas en tanto “pueblos”).  Tampoco, dicha “dificultad”, recae en la aleatoriedad o arbitrariedad de sus construcciones/deconstrucciones (noción de las Humanidades entendidas como “narrativas” o “prosopopeya”); ni, por último, aunque esto sea decisivo aquí, aquélla estriba en lo bien o mal entrenados que estemos para ensayar una lectura desde una noción de las Humanidades en tanto simetría (multinaturalsimo o posthumanismo) (Granados 2020).  Leer Trilce, y toda la obra de César Vallejo, requiere una lectura conjunta –de oscilante entrada y salida– desde cada una de aquellas cuatro nociones distintas y soberanas de las Humanidades.  Por lo tanto, aunque Trilce privilegie una perspectiva posantropocéntrica, no se excluye a ninguna de las otras tres nociones antropocéntricas; por el contrario, Trilce incluye o aglutina productivamente a todas ellas.  Obvio, este tipo de lectura requiere, como todo aquello que vale la pena, algún ejercicio inicial; sin embargo, más bien pronto que tarde, se ampliará nuestro modo de mirar o leer, juntos, al texto y no menos a nosotros mismos.

Los procedimientos –tanto teóricos como operativos– empleados en “Trilcescenas: I/LXXVII” se remiten a varios de nuestros trabajos anteriores, entre ellos: tesis de Bachiller en Humanidades para la PUC del Perú (1987), “Estancias, síntesis de imágenes aéreas en la poesía de Javier Sologuren (1944-1960)”; tesis de PhD para Boston University, “Poéticas y utopías en la poesía de César Vallejo” (2003);  “Trilce: muletilla del canto y adorno del baile de jarana” (2007); Trilce: húmeros para bailar (Lima: VASINFIN, 2014); Trilce/Teatro: guión, personajes y público (Aracaju, Brasil: ABH, 2017), ensayo ganador del “Prêmio Mario González” de la Associação Brasileira de Hispanistas, y del cual el presente libro es de algún modo su continuación y complemento; y, por lo menos, dos artículos muy recientes, “Humanidades”, Uwa’Kürü: dicionário analítico (Rio Branco, Brasil: Nepan, 2020) y Trilce: “El sujeto del acto” (Revista Circuladô, Casa das Rosas, São Paulo, 2021).

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Martín Adán: la palabra y el laberinto (Fichas y comentarios)

Vélez, Julio (1992). “Martín Adán: la palabra y el laberinto”. Revista Iberoamericana 58            (159).

Julio Vélez (1946-1992), poeta y escritor español, nos brinda un sólido hito desde donde orientarnos y profundizar en la obra de Martín Adán.  Junto con apenas un puñado de textos críticos más, desde aquellos fundadores como los de José Carlos Mariátegui, Luis Alberto Sánchez y Estuardo Núñez, este breve ensayo es de análoga categoría.

En su opinión [la de Rodríguez Monegal] el mestizaje es la gran aportación que puede hacer el continente. Observa que “[…] ha llegado la hora de que América Latina enseñe de urgencia a Europa algo que ha aprendido a costa de largos esfuerzos: la salvación está en la síntesis de culturas, en la integraciòn, en el mestizaje” (668) [Amálio Pinheiro, O meio é a mestiçagem].

Si por mestizaje, término que tiene su origen en una jerarquización racial, entendemos la integración cultural, es decir, la dominación de una cultura sobre otra y, por tanto, la desigual representación de la dominada; por transculturación, en cambio, entendemos un proyecto marcadamente ideológico que tiene en su pensamiento medular la expresión esencial de las diversas culturas (669).

Para concluir atender la tercera de las caras de la modernidad hispanoamericana, la insular en cuyo interior entiendo debe abordarse el estudio de Martin Adán. Desde luego Lezama ha escrito esclarecedoras y lúcidas páginas sobre lo que el llamó “teleología insular” y, más recientemente, Benítez Rojo aborda el tema desde el punto de vista de la postmodernidad en su hermoso libro La isla que se repite, aunque en ambos casos la insularidad se refiere exclusivamente al Caribe y mi propuesta de lectura de Martin Adán se refiere a un escritor andino. Para ello volveré al concepto de praxis vital esbozado líneas atrás. Si para [Peter]  Bürger la propuesta vanguardista consiste en su conexión con el arte, la modernidad insular va a defender en la práctica el concepto que podemos denominar marginación consciente. Este concepto no tiene nada que ver con un aislamiento más o menos social de la esfera humana, ni con una defensa de premisas individualistas, sino al contrario, con una necesidad irrefrenable marcada por el propio acto de la creación. No es el viejo principio demiúrgico del romanticismo tan querido por la vieja Europa y que encontró, tal vez, su expresión más certera en Shelley y su Defensa de la poesía; en Martín Adán, al contrario, es la constatación de un círculo que cada vez es más densamente verbal y metafísicamente vacío. Si en Primero sueño, sor Juana une pensamiento y lenguaje en un barroquismo más conceptual que culterano, Martín Adán muestra la inutilidad del pensamiento lógico en el poema y aboga por una compenetración armónica y silenciosa. No se trata ya de una presencia platónica y pitagórica buceadora de la Tetraktys que fusiona espacio y tiempo en un universo regido por valores sensoriales, en los que la muerte se transfigura eternamente en cuerpos distintos, sino de una presencia inefable del silencio que es a la par desierto y arena. Un claro exponente se puede encontrar en su poema, “Poesia, mano vacía …” (669).

Ricardo González Vigil hace un análisis pormenorizado de este texto que, para él, es un claro ejemplo de una “poética Anti-poetica” (41).

En mi opinión es, además, un texto paradigmático de lo insular. La palabra y el laberinto se dan la mano en una yuxtaposición de sujetos liricos: la casa exterior y la interior. Pero ella, la poesía, habita la exterior. Esta yuxtaposición aparece desde la primera estrofa, poesía/mano vacía … (la del poeta); poesía/mano empuñada (la del poeta de nuevo, pero que inútilmente intentará asirla); nada (del poeta)/ Dia (fulgor de la poesía) y que continúa a lo largo de todo el poema. Esta yuxtaposición de sujetos no es casual en la obra de Martín Adán; al contrario, desde La casa de cartón es una constante en su producción. En su novela nos encontramos con un sujeto multiforme y fragmentado que provoca la aparición definitiva de un personaje yuxtapuesto. Igualmente sucede con el tiempo. El resultado es un caos, un texto hermosamente poético en el que el hastío no está ausente, sino que su presencia se corrobora a lo largo del mismo. Volviendo al poema es posible observar que el poeta es sólo el testigo de una presencia que se pronuncia a sí misma sin que la palabra alcance a encontrar en este laberinto de silencios y voces el sonido que trasmita su fulguración más primaria. No se trata de negar su existencia; al contrario, es una corroboración de la misma. Pero esta afirmación existencial implica la negación de su traducibilidad en palabras. Sólo desde la marginación (“Casa que asaz busco en la mía …) el poeta puede aspirar siquiera a tocar su dedo pequeño. Una isla no puede aspirar más que a las olas que lleguen a sus costas y playas. La inmensidad del océano no cabe en un grano de arena (670).

Entre la palabra y el laberinto, afortunadamente, la lucidez de Martín Adán. La lucidez de un hombre y de una obra que en De lo barroco en el Perú, escribió:

Creo que la mejor literatura peruana futura será como la hasta hoy escrita, y no con peruanismos a la letra; que será peruanísima alguna vez, por modo inadvertido (671).  [Coincidencia con Vallejo… y Arguedas]  

Entiendo que queda claramente reflejada la presencia de lo autóctono en lo insular con esta cita de Adán (671).

La concepción barroca de Martín Adán no es ni la española ni la caribeña. Posee más puntos de contacto con Primero sueño que con los textos canónicos del barroco caribeño y español. Su raíz no está en la naturaleza exultante o en la palabra mágica que define metáforas adjetivales, sino en la altura: la altura de la Piedra y, de lo que es lo mismo, la altura de la Soledad (671).

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