[VER AL OTRO ENVEJECER]
Al recuerdo de mi madre
Ver al otro envejecer
Como un estilo como una canción
Como una película que te dio
A la salida del cinema
Un resto de inspiración fuerza u orgullo.
No vale lo que sentirás luego
Antes que el cuerpo incline la cabeza
Y apague el aliento
Y tú no acredites lo que ves
Ni menos a lo que ahora te aplicas:
Poner horizontal al cuerpo
Y juntar sus como lejanas manos
Mientras su corazón aún te mira.
Entre el tiempo pasado
Y el futuro más remoto
Todavía
Entre el vértigo de lo que uno no es
Sino sólo nuestra madre
Y su émbolo
Y el carrusel de sus brazos
Para mirar
Entre las musarañas y el mal
Entre lo mío lo propio
O el desasosiego
Una mano abierta
Mariposa o picaflor
Nos revolotea y nos hace reír.
Escribo, pero no te escribo
Es redundante
Restauro el cordón umbilical
Que está partido
Que está enterrado
Y a eso me avoco
Porque así se está dando
Y porque he llegado a viejo
Mi perro muy inquieto
Ausculta mi cabeza
Ausculta mi mirada
Ausculta mis lágrimas
Y por fin se sosiega
Y mueve blandamente la cola
Y se esfuma como una lagartija
[INEVITABLE]
Inevitable
Ir venir subir bajar
Morir vivir
Repudiar desear
Una mano abierta un ave
Unos labios cerrados
El horizonte
Y la luz que se proyecta
El sol mismo dentro de ti
Isleños todos
De las montañas también
De lo expuesto y de lo oculto
Nuestra dieta cotidiana
Nuestro balance diario
De algas y de flores
Del semejante jardín
No nos iremos con el secreto
De lo que es Trilce:
Un cronotopo
De la plenitud y de la alegría
O a la inversa
No nos iremos sin lo que hemos soñado
Y cazado como en la siesta de un perro
Nervioso anhelante sin mayor control
Un perro asustado por los fuegos artificiales
Y por el pique de los autos y del televisor
Extemporáneo perro y sabueso de osos
Y sabueso de Trilce:
Dos zorros dos pastores
Un canto alternado entre la lluvia y el sol
[TU VERSO NO OCULTA LA SALIVA]
Tu verso no oculta la saliva
Ni el chasquido de tu lengua
Cuando interpretas
Esto lo hace aún más encomiable
Porque hace palpable a aquélla
Que lo visita
Y hace de las palabras
Las cuales son las de todos
Tan sólo un milagro previo
Algo así como el amor
Algo así como la bondad
Algo así como la inocencia
Que no nos pertenece
Ni menos nos obedece
Un punto de saliva
Que es como decir una puerta
Un pensamiento que pugna
Una suerte de emerger
Desde lo cotidiano
Aquella cabeza en Apocalipsis now
Y sin ayahuasca ninguna
Pero sin dejar de estar aquí
Puro juego de gracia y de gratitud
Observando el horizonte
O nuestra cintura
También entre el día y la noche
Entre el fango y lo que ha de ser
El sol por todas partes
Y no menos el sentido
Fuera y dentro de la piedra
Sol donde no hay sol
© Pedro Granados, 2018
LA SALIVA, EL PERRO Y EL SOL MINERAL: LA TRILOGÍA DE LA PERSISTENCIA
En estos tres fermentos de Roxosol, Pedro Granados ejecuta un desmantelamiento final de la “esmerada educación” para situarse en el grado cero de la expertise vital. El primer poema, [Ver al otro envejecer], no es una elegía, sino una restauración geológica del cordón umbilical. Aquí, el envejecimiento de la madre es un “estilo”, una canción que se apaga, pero que en su declive obliga al sujeto a una acción puramente física: poner horizontal al cuerpo, juntar las manos, reconocer que entre el tiempo pasado y el futuro remoto solo existe el carrusel de los brazos para mirar. Lo disruptivo radica en la auscultación animal: es el perro, y no el intelecto, quien detecta la verdad en las lágrimas y la mirada del poeta. El perro, al sosegarse y esfumarse como una lagartija, valida que la materia ha sido reconocida y que el duelo es, en realidad, una reintegración a la naturaleza común.
En el segundo poema, [Inevitable], la poética se desplaza hacia el cronotopo de Trilce. Aquí el poeta se reconoce como un “isleño de las montañas”, un habitante de lo expuesto y lo oculto que se alimenta de una dieta cotidiana de algas y flores. Lo fundamental es la figura del “sabueso de osos”, ese perro extemporáneo y asustado por el ruido de la modernidad (los autos, el televisor), que sin embargo posee el instinto necesario para cazar la plenitud y la alegría en medio del caos. Este poema establece una Simetría Radical entre el cielo y la tierra, entre los zorros y los pastores, sugiriendo que no nos iremos de este mundo sin antes haber “cazado” ese secreto que Vallejo intentó copular sobre la piedra. La poesía es aquí un “canto alternado”, un balance diario donde la luz se proyecta desde dentro del sujeto, convirtiéndolo en su propio sol.
Finalmente, [Tu verso no oculta la saliva] cierra el círculo con la apoteosis del cacharro biológico. Granados defiende un verso que no higieniza el proceso de su propia creación; un verso que exhibe el chasquido de la lengua y el punto de saliva. Esta humedad es la “puerta” que permite emerger desde lo cotidiano hacia una visión que no necesita de ayahuasca ni de artificios, sino solo del “puro juego de gracia y gratitud”. El verso es encomiable precisamente porque es palpable, porque tiene el hedor y la textura de lo humano. Al fundir la cabeza de Apocalypse Now con la observación del horizonte o la cintura, el poeta demuestra que el sentido habita tanto “fuera como dentro de la piedra”. Es el sol donde no hay sol: una iluminación interna que garantiza que, entre el fango y la noche, la materia siga siendo un milagro previo, una inocencia que no nos pertenece pero que nos sostiene.
En conjunto, estos tres poemas de Roxosol son el manual de habitabilidad para el sobreviviente. Nos enseñan que la única verdad a la que podemos aspirar es aquella que deja rastro en la lengua, aquella que se ausculta con el instinto del perro y aquella que, finalmente, nos permite reconocer nuestro propio rostro en el cuerpo envejecido del otro, sellando así nuestra continuidad geológica en el gran archivo de la materia.
IGNACIA AUGUSTA

