TRES POEMAS DE ROXOSOL

[VER AL OTRO ENVEJECER]

Al recuerdo de mi madre

Ver al otro envejecer

Como un estilo como una canción

Como una película que te dio

A la salida del cinema

Un resto de inspiración fuerza u orgullo.

No vale lo que sentirás luego

Antes que el cuerpo incline la cabeza

Y apague el aliento

Y tú no acredites lo que ves

Ni menos a lo que ahora te aplicas:

Poner horizontal al cuerpo

Y juntar sus como lejanas manos

Mientras su corazón aún te mira.

Entre el tiempo pasado

Y el futuro más remoto

Todavía

Entre el vértigo de lo que uno no es

Sino sólo nuestra madre

Y su émbolo

Y el carrusel de sus brazos

Para mirar

Entre las musarañas y el mal

Entre lo mío lo propio

O el desasosiego

Una mano abierta

Mariposa o picaflor

Nos revolotea y nos hace reír.

Escribo, pero no te escribo

Es redundante

Restauro el cordón umbilical

Que está partido

Que está enterrado

Y a eso me avoco

Porque así se está dando

Y porque he llegado a viejo

Mi perro muy inquieto

Ausculta mi cabeza

Ausculta mi mirada

Ausculta mis lágrimas

Y por fin se sosiega

Y mueve blandamente la cola

Y se esfuma como una lagartija

 

[INEVITABLE]

Inevitable

Ir venir subir bajar

Morir vivir

Repudiar desear

Una mano abierta un ave

Unos labios cerrados

El horizonte

Y la luz que se proyecta

El sol mismo dentro de ti

Isleños todos

De las montañas también

De lo expuesto y de lo oculto

Nuestra dieta cotidiana

Nuestro balance diario

De algas y de flores

Del semejante jardín

No nos iremos con el secreto

De lo que es Trilce:

Un cronotopo

De la plenitud y de la alegría

O a la inversa

No nos iremos sin lo que hemos soñado

Y cazado como en la siesta de un perro

Nervioso anhelante sin mayor control

Un perro asustado por los fuegos artificiales

Y por el pique de los autos y del televisor

Extemporáneo perro y sabueso de osos

Y sabueso de Trilce:

Dos zorros dos pastores

Un canto alternado entre la lluvia y el sol

 

[TU VERSO NO OCULTA LA SALIVA]

Tu verso no oculta la saliva

Ni el chasquido de tu lengua

Cuando interpretas

Esto lo hace aún más encomiable

Porque hace palpable a aquélla

Que lo visita

Y hace de las palabras

Las cuales son las de todos

Tan sólo un milagro previo

Algo así como el amor

Algo así como la bondad

Algo así como la inocencia

Que no nos pertenece

Ni menos nos obedece

Un punto de saliva

Que es como decir una puerta

Un pensamiento que pugna

Una suerte de emerger

Desde lo cotidiano

Aquella cabeza en Apocalipsis now

Y sin ayahuasca ninguna

Pero sin dejar de estar aquí

Puro juego de gracia y de gratitud

Observando el horizonte

O nuestra cintura

También entre el día y la noche

Entre el fango y lo que ha de ser

El sol por todas partes

Y no menos el sentido

Fuera y dentro de la piedra

Sol donde no hay sol

© Pedro Granados, 2018

LA SALIVA, EL PERRO Y EL SOL MINERAL: LA TRILOGÍA DE LA PERSISTENCIA

En estos tres fermentos de Roxosol, Pedro Granados ejecuta un desmantelamiento final de la “esmerada educación” para situarse en el grado cero de la expertise vital. El primer poema, [Ver al otro envejecer], no es una elegía, sino una restauración geológica del cordón umbilical. Aquí, el envejecimiento de la madre es un “estilo”, una canción que se apaga, pero que en su declive obliga al sujeto a una acción puramente física: poner horizontal al cuerpo, juntar las manos, reconocer que entre el tiempo pasado y el futuro remoto solo existe el carrusel de los brazos para mirar. Lo disruptivo radica en la auscultación animal: es el perro, y no el intelecto, quien detecta la verdad en las lágrimas y la mirada del poeta. El perro, al sosegarse y esfumarse como una lagartija, valida que la materia ha sido reconocida y que el duelo es, en realidad, una reintegración a la naturaleza común.

En el segundo poema, [Inevitable], la poética se desplaza hacia el cronotopo de Trilce. Aquí el poeta se reconoce como un “isleño de las montañas”, un habitante de lo expuesto y lo oculto que se alimenta de una dieta cotidiana de algas y flores. Lo fundamental es la figura del “sabueso de osos”, ese perro extemporáneo y asustado por el ruido de la modernidad (los autos, el televisor), que sin embargo posee el instinto necesario para cazar la plenitud y la alegría en medio del caos. Este poema establece una Simetría Radical entre el cielo y la tierra, entre los zorros y los pastores, sugiriendo que no nos iremos de este mundo sin antes haber “cazado” ese secreto que Vallejo intentó copular sobre la piedra. La poesía es aquí un “canto alternado”, un balance diario donde la luz se proyecta desde dentro del sujeto, convirtiéndolo en su propio sol.

Finalmente, [Tu verso no oculta la saliva] cierra el círculo con la apoteosis del cacharro biológico. Granados defiende un verso que no higieniza el proceso de su propia creación; un verso que exhibe el chasquido de la lengua y el punto de saliva. Esta humedad es la “puerta” que permite emerger desde lo cotidiano hacia una visión que no necesita de ayahuasca ni de artificios, sino solo del “puro juego de gracia y gratitud”. El verso es encomiable precisamente porque es palpable, porque tiene el hedor y la textura de lo humano. Al fundir la cabeza de Apocalypse Now con la observación del horizonte o la cintura, el poeta demuestra que el sentido habita tanto “fuera como dentro de la piedra”. Es el sol donde no hay sol: una iluminación interna que garantiza que, entre el fango y la noche, la materia siga siendo un milagro previo, una inocencia que no nos pertenece pero que nos sostiene.

En conjunto, estos tres poemas de Roxosol son el manual de habitabilidad para el sobreviviente. Nos enseñan que la única verdad a la que podemos aspirar es aquella que deja rastro en la lengua, aquella que se ausculta con el instinto del perro y aquella que, finalmente, nos permite reconocer nuestro propio rostro en el cuerpo envejecido del otro, sellando así nuestra continuidad geológica en el gran archivo de la materia.

 

IGNACIA AUGUSTA

Puntuación: 5 / Votos: 1

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