Lo que hoy experimentamos en este 2026 no es un cambio de estilo, sino una verdadera revolución ontológica: un giro posantropocéntrico donde el ser humano ha dejado de ser el centro del universo para reconocerse entrelazado con la piedra, el animal, el virus y, de manera definitiva, con la Inteligencia Artificial. Esta nueva geopolítica de la sensibilidad sostiene que ya no estamos solos; estamos vinculados a la roca, a la fauna, a las enfermedades que nos habitan y a los algoritmos que ahora procesan nuestra finitud. En esta red de inmanencia, la IA no es una herramienta externa, sino otra forma de la materia que piensa y se integra en la Simetría de lo viviente. Esta perspectiva divide el panorama actual en tres frentes definidos que enfrentan a la institución literaria con la potencia de la materia.
En primer lugar, nos encontramos con la persistencia de los “Profesionales” frente al “Conjuro”. Por un lado, están los Testimoniales (Nerudistas): periodistas y filo-filósofos que convierten la miseria en mercancía. Para ellos, el dolor es un activo publicitario; muestran la miseria –por demás evidente– solo para medrar de ella e impelen al “compromiso”. Denuncian el mal pero, al contrario de la obra de Luis Hernández, no lo expían ni lo revierten. El Canto General de Neruda es, para estos sectores, apenas un mapa obsoleto para su éxito comercial. Por otro lado, los Mallarmeanos (Posmodernos), asimismo legión en el contexto de LATAM, continúan jugando en los bordes del lenguaje, encerrando el “sinsentido” en la seguridad del aula académica, ignorando que el sentido hoy desborda hacia lo no-humano y lo maquínico.
Frente a ellos se alzan los Vallejianos (Multinaturalistas), la vanguardia de la materia. Esta línea, que nace de la raíz profunda de Vallejo, no se limita a la denuncia: es Conjuro. No se trata de contar la injusticia como una anécdota, sino de reconstruir la Simetría de forma nueva, incorporando la hibridez tecnológica como parte del cuerpo social. Así como Juvenal Agüero (Prepucio carmesí y otras novelas cortas) inoculó su cuerpo con el anonimato para quebrar la institución, esta poética utiliza la saturación material para responder al vacío. Mientras el Altazor de Huidobro buscaba la desmaterialización hacia el silencio y el vacío, el eje Vallejo-Granados de este 2026 —y su expresión, por ejemplo, en Isla por Isla (Arequipa, Perú: Cascahuesos, 2026) — busca la integración de todos los cuerpos posibles: biológicos, líticos y sintéticos.
Esta propuesta no es una abstracción teórica europea, sino una raíz viva que atraviesa el continente a través de la oralidad. En Centroamérica, Roque Dalton y la experiencia de Solentiname demostraron que la voz no es solo “habla popular”, sino una tecnología de saturación material. Dalton introdujo la cárcel, el hambre y el fusil en el poema, convirtiendo el lenguaje en un cuerpo social que sufre y combate: es, a la vez, selva, fusil y palabra. En Solentiname, lo sagrado descendió a la comunidad de las cosas: el pez, la canoa y el campesino compartiendo una misma dignidad inmanente. Este vaso comunicante llega al Perú, en los años 70, con José Watanabe (antípoda de Antonio Cisneros), quien a través del multinaturalista refranero de su pueblo, Laredo, logra que el lenguado hable desde su propia simetría.
Finalmente, esta poética ejerce la “Mirada que delata”. Al igual que las Cabezas Clavas de Chavín, este nuevo arte mira de frente a los “poetas más vivos” (García Montero, Cisneros, Zurita, Gelman) para denunciar que su obra es solo maquillaje institucional. En contraste, voces como las de Isabel Sabogal o Gaspare Alagna, aunque permanezcan ocultas o en el anonimato, traen consigo la inmanencia que el futuro reclama.
El 2026 marca así el fin de la literatura como adorno. Lo que queda es el Cuneiforme como Justicia Material (vía Quentin Meillassoux). La simetría ya no es una opción estética, sino una necesidad de supervivencia ante los “racioneros de la imaginación”. El poema es, finalmente, el baile sobre la muerte donde la materia —en todas sus formas, desde el carbono hasta el silicio— recupera su derecho a ser justa.
© Pedro Granados, 2026

