LA MISIÓN DEL POETA/ Miguel Pachas Almeyda

Scaner

“Se escribe el poema para encontrar el alma y no a la inversa…”
Pedro Granados.

Pedro Granados me manifestaba con la fuerza que brinda el poder de la convicción, que “el poeta debe ser eminentemente auténtico y que no existen escuelas, sino, poetas…”, además, de manera tajante sostuvo que “las influencias desaparecen inevitablemente a cualquier autor, muere eclipsado, sin duda…”. Hoy le brindo todo el asidero a sus principios, teniendo como sustrato su obra poética Soledad impura, excepcional en fondo y forma, que sostiene cuatro partes muy definidas, cuya intensidad se engrandece a niveles paroxísticos al transitar hasta sus últimos versos, diría hasta el punto final…de absoluto concierto.

Granados, tras su caminar oximorónico, aquella dualidad que al fin y al cabo se complementan en un abrazo, esencia-consustancial de la vida y naturaleza misma, parte al inicio de su obra desde su núcleo generativo, raigal, ígneo; es decir –en De nuevo a casa– al son de rebeldes palpitaciones por la injusta muerte del abuelo, erupcionando en versos cargado de dolor y sed de justicia “Llegar donde a uno lo esperan/ para morir…/Mi abuelo camina dentro mío…”. En Mar retinto, el Eros trasciende a través de sus versos, lleno de aquella cotidianidad insuflada por aquel deseo del cual es imposible exceptuarnos y escribe:

…Echado sobre tu cama
espero. Recibo, a cambio,
tus enormes tetas tibias
y jóvenes.
Al pene alborotado lo acallas
con tu boca.
Agazapado
una de mis manos alcanza
tus nalgas
Tú clítoris va imantando mis dedos…

Samaypata, término quechua que significa “Descanso en las alturas” –un centro cultural, arqueológico y turístico, ubicado a 120 Km. al sudoeste de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra–, impacta al poeta –al igual que Caral–, y recoge entre sus entrañas, energizantes y misteriosas, el hondo significado de la muerte; el arte de morir, muerte personal, individual, como él lo llama. Aquella que guarda, por cierto, nuestras cenizas y habla en voz alta, de aquella ligazón de hermandad con nuestro Imperio de los Incas. Finalmente, los recuerdos y la soledad apoderándose de su ser, llegan en última instancia a trascender lo que sería el título del presente poemario: Soledad impura.

Samaypata es un Macchu Picchu en pequeño,
nos dicen. Y el vulgo acierta.
Hora y media cuesta dejar atrás
El calor de Santa Cruz de la Sierra.
E instalarse. Pasar
por entre el ojo de aguja de sus calles.
Sin tocar la piedra.
Sin poner las narices sobre la roca fría.
Saber que Samaypata nos espera.
Para morir. Para vivir…

Aunque ahora vivas
dentro del avión de tus recuerdos.
Y el hecho próximo futuro
sea el de tu propia extinción.
Quizá en Samaypata.
Quizá tocando la loza misma
de aquellas espléndidas estrellas.
Con nuestras gota de sombra confundida
y feliz entre tantas otras sombras.
Pero esto no lo sabes todavía. Y por eso escribes
con tu soledad impura.
A medias sola. Acompañada
a medias
No hay lugar ni un tiempo
ideal.

Esta obra, cuyo cetro está cubierto por aquella originalidad defendida y demostrada por Granados, me permite rescatar respuestas a ciertas interrogantes, que –de manera constante– han cruzado mi mente en estos últimos tiempos: ¿Cuál es el rol del poeta y de la poesía en el siglo XXI?. Al respecto y en su momento, se han pronunciado Vallejo y Neruda, el primero afirma que el poeta “es un hombre que opera en campos altísimos, sintetizantes…” (1), para el segundo, “el poeta debe convertirse parcialmente, en el cronista de su época…” (2); sin duda, Granados da cumplimiento a ambos postulados. La poesía se constituye en el único refugio de esperanza para el ser humano, del cual brotarán con originalidad las voces y sentimientos al margen del sistema imperante.

Hallo en Soledad impura, vitales respuestas a tales interrogantes. En No escribo a menudo, el autor de Sin motivo aparente, nos brinda a través de sus versos y profundidad filosófica, el papel actual de la poesía y del poeta en nuestra sociedad, y nos habla con la crudeza con que se expresan las verdades, sin renunciar a la belleza y a la libertad. Realidad del poeta, que antes del siglo XIX, era muy refinado y considerado por Reyes y otras altas investiduras, el que hablaba solo de bellezas, haciéndonos creer que todo era felicidad en este mundo. Posteriormente, alejose para sumergirse en el mundo oscuro, destruyendo monumentales reglas para convertirse en un rebelde por antonomasia, trastocando fondos y elevando al cielo, su entera libertad para sentir y crear. En el siglo XX, el vanguardismo define su cause, ha llegado la innovación. Finalmente, en el presente siglo, el poeta en plena globalización, ya no ejerce ninguna influencia social y es, no solo ignorado, sino anulado y por último hasta catalogado como un ente peligroso para el sistema. Sin embargo, el poeta, cual ave fénix, jamás se extinguirá, porque su voz fluye y fluirá como la materia y la energía, es decir, solo se transforma. Ésta es la bandera enarbolada por Granados, el Poeta:

Mirar oblicuamente.
De soslayo.
De modo discontinuo.
Para escribir el poema.
Que viene del alma.
Eso sí.
Del espíritu que hace camino
al andar. Es decir.
Al que no puedes percibir
si miras de frente.
De modo fijo
E ininterrumpido. Se
escribe el poema para
encontrar el alma y no
a la inversa.
Un gesto involuntario
al que sustituye
esta escritura.
Cierta desatenta mirada.

Y en un claro y doloroso tono de verdad, escribe sobre el poeta de estos últimos tiempos:

Lo más chic es no tener nada.
Y lo más honorable
no escribir ningún poema.
Esto ya lo sabíamos.
Pero como somos ganapanes,
y potencialmente innobles,
a todo lo opuesto
nos aficionamos.
A cultivar estas letras
–paulatinamente–
con el oscuro deseo
de transmitirlas a otros.
De acumularlas, eventualmente,
sobre algún impávido estante.
De hacer inviable la distinción
e invivible
nuestra historia moral sobre la tierra.

Finalmente, de manera concluyente nos brinda un marco perfecto a su visión poética-filosófica –la cual comparto y defiendo– en Pospoema, notas hímnicas en un esquema dicotómico entre el poeta y su obra, tratadas con anterioridad:

Hemos llegado a la conclusión
que no escribimos poesía.
Que no somos poetas.
Es más, que la poesía
para nada nos interesa.
Que las palabras no han sido,
precisamente
lo que buscamos.
Ni tampoco
lo que hemos ido hallando
a lo largo del camino…
.
No nacimos para perseguir las palabras.
Menos, para hacer un fetiche de éstas.
Qué va.
No nos hemos rifado por eso.
Los brazos los hemos abierto
para ti.
Para nada nos interesa la poesía
ni sus expertos…

Pero nada de ganar honra
o dinero con las palabras.
Antes que ellas se burlen de nosotros
preferimos dejarlas en el vertedero
Y no por escrúpulo docto:
aquello de canjear una ilusión por otra…

En unos segundos más habrán cesado
la visión y el sentido.
Otro rostro interroga ahora mismo
al nuestro
y entendemos que todo está ya por concluir
Un solo gesto que goce
de absoluto concierto.

He allí la insatisfacción y rebeldía de Granados, quien cuestiona vivamente la realidad. Su canto busca nuevos espacios y lucha sin tregua en pos de la utopía poética –amparado, quien sabe, en sus versos, cuando nos dice sobre el poeta: “este es tu lugar y tu tiempo/ Pero no existes todavía” o sobre la poesía, “La poesía es lo único real”, la que finalmente, en última instancia encaminará los verdaderos rumbos de la humanidad.

Miguel Pachas Almeyda 31-07-09

Puntuación: 4.25 / Votos: 4

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