01/11/22: Humanidades de César Vallejo: Centenario de Trilce/ César Vallejo’s Humanities: Trilce Centennial
Nuestra investigación sobre la presencia o rol de las Humanidades en la poesía se inició el 2007 con una ponencia titulada, “Las humanidades en los talleres de creación literaria” (Coloquio Interdisciplinario de Humanidades “El futuro de las humanidades, las humanidades del futuro”, 27 al 29 de agosto en la PUCP). A partir de aquí no nos hemos detenido en nuestra pesquisa, la misma que ha indagado y ha desembocado en describir las distintas nociones de las Humanidades –en tanto libros, pueblos, narrativas y pos antropocentrismo– en la obra de César Vallejo; por ejemplo, en “Periodismo y humanidades en César Vallejo” o “Ciudad Trilce y ¿trilceanas ciudadanías?”. A partir de estos antecedentes, y en vísperas de los 100 años de un poemario fundamental como Trilce (1922), proponemos hoy un curso (“Humanidades de César Vallejo: Centenario de Trilce”) que ofrecemos a la comunidad académica internacional. Es decir, nos allanamos a implementar y dictar dicho curso, virtual o presencial (una vez veamos más claro cómo se desenvuelve la pandemia), en la institución que nos lo solicite.
Our research on the presence or role of the Humanities in poetry began in 2007 with a presentation entitled, “The humanities in literary creation workshops” (Interdisciplinary Colloquium of Humanities “The future of the humanities, the humanities of the future”, August 27-29 at the PUCP). From here we have not stopped in our research, the same that has investigated and has ended up in describing the different notions of the Humanities – as books, peoples, narratives and post-anthropocentrism – in the work of César Vallejo; for example, in “Journalism and humanities in César Vallejo” or “Ciudad Trilce and ¿trilceanas Ciudadanías?” Based on these antecedents, and on the eve of the 100th anniversary of a fundamental collection of poems like Trilce (1922), today we propose a course (“Humanities of César Vallejo: Centennial of Trilce”) that we offer to the international academic community. In other words, we agree to implement and dictate said course, virtual or face-to-face (once we see more clearly how the pandemic unfolds), at the institution that requests it.
TEMARIO
Biografías sobre el autor
Introducción y repaso del canon crítico
“Y me quedé Vallejo ante Muchay” (Crónica)
El tema de la frontera/s territoriales, culturales e identitarias.
Poéticas y utopías en la poesía de César Vallejo
Varias, no sólo una, que se aglutinan y conviven en su obra.
Fragmentos/ Fermentos
Vanguardia histórica (europea)/ vanguardia regional
Trilce
Trilce: muletilla del canto y adorno del baile de jarana
-Contexto: Modernización de Lima
-Importancia de la música y baile afroperuanos.
Trilce/Teatro: guión, personajes y público
-Trilce en tanto teatro-Debate con Colónida (Abraham Valdelomar)
-Trilce y nosotros ahora
Ciudad Trilce y ¿trilceanas ciudadanías”
-Democracia y ciudadanía del s.XXI
Vallejo en Arguedas: ahora y siempre
Indigenismos y post-indigenismos
César Vallejo: Tiempo de opacidad
Vallejo y el Nuevo Realismo (“giro ontológico”)
30/10/22: Adán y nosotros
[Intervención]
Qué instante no es toda la vida
El tiburón devora lo que devoraba
Como en el mar late la ola
Sangre en largura de camino
Doblado por el peso de su eternidad
Inadvertida
Y en vano huyes del país nativo
Y en vano tornas sarco
Como el chivo
Y en vano evitas
Lo que está en tu mente
Que todo es tu principio atroz
Poeta
(2021)
29/10/22: Música electrónica [y Trilce] en el Perú (II)
López Ramírez Gastón, José Ignacio (2022). Este futuro es otro futuro: El papel del discurso social en el (sub) desarrollo de la música electrónica académica en el Perú. Lima: UNM.
“Este futuro es otro futuro” y Trilce
Libro de tapas duras y papel satinado, de factura poco común en nuestro medio. Libro-Power Point, aunque a veces su diseño tan didáctico, sobre todo los resaltados de párrafo, no sé si hacen más amigable su lectura. Pero el autor logra aquí concretar el cometido de su investigación; es decir, transmitirnos, a guisa de conclusión, lo siguiente:
Un círculo vicioso de desprecio hacia las prácticas musicales electrónicas ha estado presente a lo largo de nuestra historia contemporánea […] Esta posición se vio enardecida, como he revelado, por una variedad de enfoques nacionalistas que enfatizan la necesidad de validar los imaginarios autóctonos, nativistas e indigenistas como modelos exclusivos para la construcción de la nación. A medida que estos enfoques intentaron definir el país basándose en una dicotomía colonialista/nativista, la “música del futuro” se convirtió en una víctima” (p. 221-222); [Ergo] creo que los problemas a los que se enfrenta la música electrónica no radican en el acceso a la tecnología, sino en la forma en que se percibe la tecnología musical (p. 223).
El problema (fortuna) es que entre nosotros, hace ya un siglo, aconteció Trilce; acaso la “música del futuro”, por antonomasia, y no sólo para los peruanos. ¿Es Trilce colonial, es Trilce nativista? Ciertamente, en el Perú, la “música” del poemario de 1922 causó desconcierto entre la institución literaria (o intelectual en general) vigente en aquella época; e incluso hoy por hoy no podríamos aseverar que tenga una recepción masiva o “popular”. Sin embargo, y acaso como fruto de los varios homenajes por su centenario, va ganado cada vez más un público no limitado a estudiosos o a otros poetas. Lo que tratamos de sugerir, a costa del análisis tan certero sobre el carácter periclitado y localista de nuestra institución crítica (académico-periodística), es que acaso aquella división entre lo colonial y nativo desde hace tiempo, al menos desde la obra de José María Arguedas, no es relevante. Es más, dicha dicotomía, constituye un auténtico sofisma ya que, siguiendo con el ejemplo, Arguedas mismo consideró al español (¿lengua colonial?) como un mediador válido de su cultura (¿la quechua?). Es decir, a través de su lema póstumo: “Vallejo era el principio y el fin” (El zorro de arriba, el zorro de abajo); supo entender, de modo prematuro, y agradecer el carácter aglutinante de la obra del nacido en Santiago de Chuco. En consecuencia, nuestra propia conclusión (tentativa), luego de leer este estimulante y tan personalmente comprometido trabajo, es que mientras nos planteemos aquella dicotomía cultural no percibimos, más bien, la fusión o sincretismo (Jesús Martín-Barbero lo denominaría “mediaciones”) no sólo en la música culta o popular peruana, sino también, acaso en aquella que vamos considerando electrónica en términos puristas. P.G.
José Ignacio López Ramírez Gastón (Barcelona, 1968) es doctor y magíster en Computer Music por la University of California en San Diego. Es director de Innovación y Transferencia Tecnológica de la Universidad Nacional de Música – UNM, desde donde coordina el Laboratorio de Música Electroacústica y Arte Sonoro y las actividades del ELUNM (Ensamble de Laptops de la Universidad Nacional de Música). En 2019 publica el libro La Guardia Nueva: visiones sobre la música electrónica en el Perú (PUCP).
27/10/22: Lectura de La mirada
26/10/22: Semiotics of unpredictability. International Seminar to Celebrate Yuri Lotman´s Centennial (1922-2022)
October 26, 27, and 28, 2022
Online Conference
https://www.semioticsofunpredictability.com/
SEMINAR PROGRAM
26/10/22: CÉSAR VALLEJO Y EL CARIBE
Pareciera que toda nueva antología sobre poesía puertorriqueña, más o menos reciente, no puede brindarnos mayores opciones que la de presentarnos –por enésima vez y porque a la postre constituye lo más valioso entre lo compilado– la obra de Mayra Santos Febres o, si retrocedemos tan sólo unos pocos años, la de José Luis Vega. Obras, estas últimas, ya canónicas en el contexto del Caribe insular hispano; aunque otra cosa es decir palpitantes o vivas o necesarias. Lo contracultural y el feminismo de agenda (norteamericana, por cierto) se aceptaron, ya desde hace tiempo, sin mayores regañadientes culturales, ni políticos, ni de especificidad histórica. Se volvieron oficiales y han reproducido incontables epígonas/ epígonos publicados en libro. Obvio, este proceso –aunque con otros protagonistas y en distintas velocidades– se constata en casi toda América Latina entre los años que van del 80′ para arriba. Por su parte, la poesía de José Luis Vega –como también, verbigracia, la de José Mármol en la República Dominicana– sigue constituyendo, en sí misma, como la otra cara de la moneda de lo que es, todavía, la literatura o poesía en toda nuestra región. Textos finos, pulidos, capciosos e intertextuales; con un sujeto –socialmente distinguido y sexualmente más o menos compacto– que ejercita a sus anchas el arte del decoro y del refrenamiento. Esto en sí no está mal. Por ejemplo, este tipo de textos consigue incluso hoy mismo los premios que, buscando poesía experimental, convoca regularmente la Casa de América de Madrid. Es más, el 90% de la producción de lo que se considera poesía en nuestra región va también por ahí. Y parecería no apetecerse alguna otra cosa. Porque son las instituciones literarias en su totalidad, en tanto organización política-cultural, las periclitadas. Donde, dado el caso, en un momento entró Neruda y no salió más. Y donde, por lo tanto, valoramos el poema que nos llena la página; que se torna elocuente; que procurando sorprender canjea, impunemente, publicidad por poesía; que disimula un yo soberbio y auto-persuadido hasta el hartazgo, camuflado — de modo oportunista– el alguna pena de éstas, de aquéllas o de las otras. En fin, aunque hoy por hoy al menos, un Neruda que no se animaría a dárselas de comprometido. Por otro lado, precoces o decepcionados, que lo erótico, el haiku, la bautade son tan sólo un ingrediente más o un escorzo del poema; que lo contrario –el monopolio de ello en el poema– es cansón o redundante exhibicionismo. Todo el mundo es más o menos inteligente y también arrecho.
Qué mal hemos leído a Vallejo en el Caribe; mejor dicho, qué bien hemos aprendido la crítica sobre él tanto para –memorizando la lección– aprobar nuestros exámenes en el bachillerato, como para luego reproducir por ahí –esta misma ignorancia– multiplicada y sin ningún empacho. ¿Qué aportaría la poesía de Vallejo a los jóvenes del Caribe? A escribir en clandestino, de modo soterrado y simultáneamente gozoso; a conectarnos con nuestro fuero interno para no producir ya más nunca poesía de auto-ayuda; a sentir orgullo de lo que somos; a sacudirnos de nuestro pasotismo; a ser poetas hasta dejar de serlo. A no leer, sino a acompañar la poesía.
25/10/22: Poesía de Ana Rossetti
24/10/22: Juvenal Agüero a los poetas dominicanos
Hice todo lo posible por prestarles oídos, pero, a cambio, no han escuchado absolutamente nada, poetas de la media isla donde errar es lo correcto. La poesía no son lecturas; sí, dignidad. ¿Cómo es posible ser escritor si trabajo para el Ministerio de Cultura? Si me entrevero –hasta perderme de vista– en la lógica de lo burocrático, el amén, el empellón, lo políticamente correcto. En este contexto la poesía es imposible, por más que acaso sobrenaden allí el talento y la inspiración. La poesía a ninguno interesa, sólo la imitación de lo ya consagrado; sólo la inmediata y obscena figuración. A poetas de derecha e izquierda me dirijo; canjeables o intercambiables todos, por lo demás.
Asimismo, a la crítica de poesía que es allí una copia fotostática de lo que otros ya dijeran; aunque todo esto sin poner las comillas, por cierto. Caverna al cuadrado. Ignorancia honda. Muñecos maniatados por ventrílocuos a los que ahora chifla, por ejemplo, Luis García Montero, tal como, hasta no hace mucho, un tal José Kozer.
Por lo tanto, la crítica dominicana debe recomenzar, aunque este prototipo sea imposible por el momento, desde un Pedro Henríquez Ureña bailando, y a espaldas del Palacio Nacional, en algún colmado del Gualey. Otras agendas teóricas, sobre todo las metropolitanas, aplicadas a la media isla, sólo terminan por complacerse a sí mismas. Es necesario conocer profunda y generosamente, con el mínimo de prejuicios, el suelo que lo vio a uno nacer. Y la poesía, por su parte, recomenzar desde la obra de un solitario como Carlos Rodríguez, hasta abrirse a un gesto de estilo más bien comunitario y festivo –que sepa conjurar inteligentemente el dolor– como es el caso de los poemas de Isis Aquino y Glaem Pars. Y seguro los de alguna otra joven, por ahí, insatisfecha de tanta orquestada, generalizada y correcta mecida culturosa.
23/10/22: A Tilsa Tsuchiya
No hay color que no palpite
y no nos abra a la vida,
no hay rosa, no hay oficio conocido
o desconocido
que no nos diga de detrás, de siempre,
que no nos llame discretamente
en las sienes.
Hay rosas, hay sensaciones extrañas
como un collar radiante,
como un abrigo tibio,
como una precipitada cascada
que persigue a los peces más jóvenes
para acariciarlos.
No hay extremo, no hay orden
ni desorden ni aventura
ni recuerdos,
todo es un solo oficio,
todo es un solo puente,
todo es un solo brillo de sol en el agua,
en la lengua, en los dientes.
No hay partida, no hay retorno,
no hay lejanía.
Sólo una hermosa col
con sus hojas frescas y calladas.
Pedro Granados, Juego de manos (Lima: Ediciones Los Reyes Rojos, 1984).







