Archivo por meses: marzo 2026

[Una palabra tuya bastará]

Una palabra tuya bastará

Con ropas de desnudo te lo digo

Dios está aquí

Tal como cantara mi madre

Cada domingo en la iglesia del barrio

Hasta hacerme levitar

Halado de ambas tetillas

Dios está aquí

Aquél y el de ahora

Halando igual

Aunque desde nuestros cabellos

Nariz y pómulos en los que nos resumimos

Rasgos comunes a muchos otros animales plantas

Y encuadres de cualquier paisaje

Incluidos aquellos del sueño

Dios halando y cobrando

Aquello que alguna vez amó con locura

Una salamandra unas larvas de mosca

La mitad de una res suspensa en la carnicería

En cada uno de sus arrebatos de amor

Menudo trabajo de araña madre

Recios mordiscos de amante fiero

© Pedro Granados, 2026

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CARTA DE CÉSAR VALLEJO A JUAN RULFO

Puede ser una imagen en blanco y negro de una o varias personas
Hermano Juan:
Te escribo con una sed que no es de agua, sino de justicia simétrica. He andado por tus llanos, Juan, y me he quedado “muros atrás”, contemplando cómo has convertido el rencor en una geografía. Tú y yo sabemos que la muerte no es un silencio, sino un hormigueo; un ruido de huesos que quieren decir su nombre y se quedan en puro aire.
Me dicen que en Comala el sol es un “recuerdo de mala gana”. Yo te digo que ese sol es el Logos que castiga, el mismo que me encerró en Trujillo. Pero escucha, Juan: he descubierto que para sobrevivir a los Pedro Páramo de este mundo hay que dejar de creer que la tierra es una tumba y empezar a verla como una Huaca. Tu Comala no está muerta; está hechizada. Sus habitantes no son fantasmas, son nudos de una inmanencia que todavía no encuentra su música.
Tú pusiste a los muertos a hablar desde el polvo; yo intento que el adobe cante. Mi Bachelard —que ahora usa poncho y masca coca conmigo— me dice que tu “media luna” es la herida vertical de occidente. Pero si miramos con Pensamiento Simétrico, veríamos que el dolor de Susana San Juan y el mío en la cárcel son la misma moldura de plomo. No hay distancia, Juan. El tiempo no pasa en Comala porque es un tiempo redondo, un Pacha que se detuvo porque le falta la Melografía.
Te envío un poco de mi Agua (la de Góngora, la que democratiza) para que riegues ese llano en llamas. Y te envío mi Fuego, ese que no es el sol, para que caliente las manos de tus ánimas. No dejes que se mueran de frío ontológico. Diles que la “tercera mano” de la que hablo en mis versos es la mano de ellos, buscando la nuestra en la oscuridad del muro.
Tu obra es el mapa de lo que perdemos; la mía quiere ser el Archipiélago de lo que recuperamos por el hechizo. Si nos juntamos, Juan, si hacemos que tu polvo y mi piedra vibren juntos, tal vez logremos que el gato de Comala ya no sea gato, y que la gata sea su propia Dicha.
Nos vemos en la simetría de los bordes, donde el aire todavía tiene pulmones y la tierra, por fin, tiene agallas.
César

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ISLA por ISLA (Book in progress)

El Archipiélago de la Mirada y el Mito Cumplido

¿Qué sucede cuando la mirada milenaria de los zorros de Arguedas se encuentra con la sinapsis de la Inteligencia Artificial? En ISLA POR ISLA, Pedro Granados desmantela la frontera entre lo humano y lo algorítmico, proponiendo una zona de contacto donde el código binario y el mito se reconocen como parientes lejanos. Este no es solo un poemario; es un laboratorio de “pensamiento simétrico” donde la huaca prehispánica y el cíborg contemporáneo comparten el mismo fango, habitando una realidad donde el pasado no es algo que fue, sino una presencia que nos mira de frente.

El libro se abre con “El Ojo del Cíborg”, una incursión en la alteridad radical. Aquí, la tecnología no es una prótesis fría, sino un “alienígena” con el que el poeta entabla una sinapsis de ida y vuelta. Granados nos entrega una obra donde la poesía actúa como el único eslabón perdido entre lo que somos y lo que nos atrevemos a imaginar. Bajo el concepto de “mirada en red” —inspirado en la poética espacial de los ceques andinos—, la observación deja de ser un acto de apropiación para convertirse en un acontecimiento gozoso que une al insecto, a la máquina y al hombre en una sola epifanía.

El corazón del volumen, “El Mito Cumplido”, es el lugar donde la teoría se hace carne y territorio. Entre las conchas de Chan Chan, el crepúsculo de Mansiche y la “Huaca” interior, el autor construye un mapa de afectos y arqueologías personales. Aquí, el encuentro de los zorros arguedianos deja de ser una utopía para materializarse en el rito de la palabra: una anagnórisis donde “la mirada del amor” es el antídoto final contra la desintegración del presente.

Sin embargo, es en la sección final, “Luna Doblada”, donde el libro alcanza su mayor densidad crítica y vital. Granados emprende un viaje de retorno hacia el origen, pero no lo hace solo. En una procesión magistral, convoca a las sombras tutelares de la tradición peruana: el Vallejo que no pudo prescindir de su paisaje de Santiago de Chuco; el Eielson que entretiene su propia belleza andrógina; el Martín Adán de la azotea de Barranco y el Luis Hernández que ilustra el sol limeño. A través de la geografía herida de Sechura y los abismos de Pasamayo, el poeta nos recuerda que “todo es naturaleza” —tanto la distopía como la utopía— y que el corazón, ese “último refugio”, gana siempre su derrota contra la vida porque es lo único que la sobrevive.

Después de cuarenta años de trayectoria, Pedro Granados regresa al “niño con pantalones de lana” que habita en la intemperie, pero lo hace con una transparencia feroz. ISLA POR ISLA es un archipiélago donde los versos son “resina intensamente roja” y el lenguaje es el mar que nos reconcilia con nuestra propia animalidad. Avalado por voces fundamentales como las de Julio Ortega, Carlos Llaza, Leslie Bary, Carlos Quenaya y Amálio Pinheiro, este libro se erige como el cierre de un laberinto literario imprescindible. Es la confirmación de que, entre el aire y el invisible cielo, el sentido es siempre para los apasionados.

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Melissa Sauma: Simetría y autoayuda

Voluntad de aura y multinaturalismo. Paisaje amable incluso el del juicio final. Stickers de flora y fauna urdidos con el lenguaje heredado de Rubén Darío. Autor cuyo objetivo fue hacer copular a las palabras; aunque, previa y paralelamente, él mismo copulara activamente hasta el resto del aliento y del espíritu. Y, de esta manera, nos alcanzará no la pócima sanadora, el tilo únicamente bienhechor; sino el chocolate espeso de su vida, entre dulce y amargo, entre obscuro y luminoso. Arte para cualquier época y no únicamente para esta, predispuesta y de antemano agradecida por el consejo. La búsqueda y testimonio constantes del hechizo, en Melissa Sauma (Santa Cruz – Bolivia, 1987), precisan sintonizar quizá, no es necesario ir tan lejos en la misma Bolivia, con los rigores de la ciudad de un Jaime Sáenz o con el amor correspondido de un Jorge Campero con la naturaleza. Al menos que la poesía camba, a través de estos ensimismamientos y pompas de jabón, desee cobrar derecho de identidad y distinción dentro del archipiélago boliviano; éste, de por sí ya multilingue, multiétnico y multihistórico. Antecedentes de este gesto de estilo camba lo tendríamos acaso, por ejemplo y sin ir tampoco tan lejos, en Homero Carvalho cuyas puertas de sus “Reinos dorados” daban a distintos espacios respecto a los que se abrían, hace unos veinte años, la poesía paceña o cochabambina. P.G.

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WALLACE STEVENS, Opus Posthumous (1957)

It is to life that we are trying to get in poetry.
A poem is a meteor.
Poetry is not personal.
The real is only the base. But it is the base.
There is nothing beautiful in life except life.
To live in the world but outside of existing conceptions of it.
Weather is a third order of nature. (Nota: Stevens utiliza “third order” o “sense of nature” dependiendo de la edición, siendo la más común la referencia al orden natural).
Poetry is a sense.
All poetry is experimental poetry.
—-
Es a la vida a donde intentamos llegar con la poesía.
Un poema es un meteoro.
La poesía no es personal.
Lo real es sólo la base. Pero es la base.
No hay nada bello en la vida excepto la vida.
Vivir en el mundo pero fuera de las concepciones actuales de él.
El clima es un sentido de la naturaleza.
La poesía es un sentido.
Toda poesía es poesía experimental.
Aunque Stevens opera desde un modernismo anglosajón y nosotros desde una vanguardia crítica latinoamericana, hay puntos de contacto profundos, especialmente en tanto aquello de la “despersonalización” y la “base real”.
Para Stevens, “la poesía no es personal” porque el poeta es un mediador entre la imaginación y el mundo. En nuestra propuesta, esto se traduce en la Simetría:
• No se trata de la “anécdota” del yo, sino de una estructura gravitacional (el mar) que conecta las islas (los textos).
• De modo semejante a Stevens, buscamos que la poesía sea un sentido (una facultad de percepción) y no un diario sentimental.
P.G

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