Archivo por meses: mayo 2020

Vértigo (entrevista a Pedro Granados)/ Kinder Escalante*

(Fragmentos de un cuestionario no absuelto todavía)

¿Por qué el tema recurrente en este blog es Pedro Granados… como si en el mundo no hubiera otro asunto que merezca ser tratado? Sin embargo, tu narcisismo pareciera impostarse; es decir, acaso eres tan narcisista que en ello mismo te vas saliendo poco a poco por la tangente y rozas una forma de profundidad, una forma de “nosotros” oculta o subterránea. Como si del reino de las necesidades –la crítica neo-historicista, cultural o de género– hubiéramos pasado a la del puro deseo.

¿Cuál es el objeto y objetivo de tu crítica… pareciera omnívora? ¿Algunos lectores especializados, algunas instituciones académicas o, más bien juntos, ellos y ellas? ¿El humor, a veces desopilante y desestabilizante de tu crítica, sobre qué lo aplicas? Humor casi sin esperanzas, y por ello más cáustico todavía. ¿Cuál es tu punto de apoyo?

Entendemos que el espacio de tu indagación no es sólo el Perú y que tu gabinete crítico lo constituyen plurales instrumentos. La bibliografía penetra tu novela breve (por ejemplo, En tiempo real) como el testimonio –haciendo del ensayo una crónica– tus textos sobre poesía contemporánea (“Los poetas vivos y más vivos del Perú”, “Desde otra margen: la última poesía española”, “Chairo con alguna notable poesía boliviana última”, etc). ¿Cómo y en qué momentos saltas de uno a otro entre los hilos de este sutil entramado? ¿Comienzas el ensayo como si fuera un poema, un relato, algo que tuviera como prioridad argumentar?

En tanto narrador, ¿has terminado de salir del monólogo de tu infancia (Prepucio carmesí); has quedado atrapado entre las populosas nalgas de Yaella (Un chin de amor); o te has cobijado –intentando sublimarlas– entre las limitaciones y carencias que significa vivir otra vez en el Perú (En tiempo real)? ¿Propone algún tipo de utopía lo que escribes?

Considero que actualmente, en cuanto poeta, eres uno de los más importantes de la región. Que leerte, tal como podemos colegir desde los más perspicaces comentarios a tu obra, es una de nuestras tareas impostergables. ¿Cómo percibes esta especie de naciente, todavía, valoración y fervor por tu obra? ¿Qué significado tendría, por ejemplo, en la tradición poética del Perú; cómo se iluminaría su panorama, más o menos reciente, desde tu poesía? Una continuidad que iría desde Vallejo y Adán, pasando por Eielson, hasta Granados.  ¿Qué afinidades y diferencias percibes entre tu obra y la de los poetas españoles de tu generación? ¿Cuáles con la de los mexicanos?

*Kinder Escalante (Monterrey, 1958). En la foto. Médico y poeta, actual vecino de Acapulco, y muy amigo de Edgar Artaud Jarry (casero de esta página). Mantiene el grueso de su obra literaria inédita.  Desde ya agradecemos este inteligente, generoso y acaso  inabordable  cuestionario.

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LOS NIVELES DE CREACIÓN LITERARIA EN LA NOVELA “EN TIEMPO REAL”/ Jesús Franco Salazar Paiva*

Los portaba de esta manera [sus poemas en la axila] porque aún no sabía si se animaría a mostrarlos en el taller de poesía que por ese entonces –y entendemos que hasta el presente– funcionaba en la facultad de letras de aquella casa de estudios (se refiere a la UNMSM). Imagínense, en plenos años setenta en el Perú y él con su porfiado mar y sus ingratas estrellas.

Es decir, un poeta que en medio de la conmoción social que significó el Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas, seguía componiendo a las estrellas y al mar. Para burla de los que sí se ubican en la “realidad”. Este contraste es curioso, pues refuerza la idea planteada sobre la simbiosis, desde otro nivel. Es decir, el mundo real, de la lucha social, del contexto real y la vida de Agüero, reforzada y viviente en la ficción, en la creatividad literaria.

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La ra ra ra ra ra ra (Bola de nieve)

I

Entre la bruma del 2006
Que ahora mismo empieza
Te escribo
Para no perderte de vista
Y para saber de mí
Te procuro
Probablemente no pase nada
No acierte
A exponer ninguna cosa
Y no me alcance
El sentido
Pero debes saber
Aunque todo aparentemente
Luzca lo mismo
Que he descubierto
El nudo en el globo rojo
La costura
Que nos mantiene a flote
Y me apetece
Decírtelo
A ver si de una vez
Cortamos por lo sano
Y escapamos volando
Más libres que los pájaros
De lo que aún tenga ojos
Y sin duda mirada
Para algo que no seas
Únicamente tú
Nomás. Para algo distinto
Y por lo que valga la pena
Escarbar y escarbar
Hacia lo alto
Y por lo que se nos han gastado
Ya las uñas de los dedos
Ya en su totalidad las manos
Ya el goloso sentido

II

Voz y teclados
Para esta aventura
De la una viene el aliento
De los otros, el sentido
Lo humano no dice
Sino apenas sus instrumentos
La voz anda confundida
Con otra voz
Y por eso está muda

III

Los instrumentos
Inertes amigos
Fríos maestros
Descorazonados
Invitados
Mientras nosotros
No sabemos siquiera
Si somos los mismos
O si olvidarte podremos

IV

Cosas de enamorados

V

Tengo 50 años y estoy vivo.
Devoro café y galletas
con apetito.
Y hace algunas pocas horas nomás
con apetito
también te devoraba.
Que eres negra
hasta el café
rezumante y azucarada.
Tengo 50 años
Y sin trabajo permanente
Ni tarjetas de crédito
O algo parecido
Que deberías ser muy cara
Pero la poesía a veces
Da sombra a los nómadas
A mí
Y al que dentro va conmigo

VI

Jenjibre. O algo más fuerte
Para recuperar
El aliento. Y la cordura
De no verte
De no tenerte
Y no poder olvidarme de ti

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Samaypata en prosa y en verso

La fortaleza de Samaypata, una especie de Machu Picchu en miniatura, también permanece en su recuerdo. A menos de dos horas subiendo desde Santa Cruz se percibe la típica atmósfera incaica que, como sabemos, no la brindan las edificaciones en sí, sino todo lo que está en su contorno. Los incas supieron construir un paisaje, humanizar un vasto espacio y tiempo; sus construcciones son al mismo tiempo miradores privilegiados; los pasos que damos entre sus edificios se dejan sentir al exterior y al interior de la tierra; su arquitectura es apenas, y esto es ya muchísimo, hacerle sentir la presencia humana al paisaje; todo lo que a uno lo rodea está subordinado y contenido en sus piedras cinceladas, en la sabia disposición de sus sensibles muros. El exacto conocimiento, nos dice el Inca Garcilaso, ya se ha perdido; pero cuando uno se haya en Samaypata es lo mismo que estar sobre la cima del adoratorio de Pachacámac, una escondida fuerza nos invita a adoptar la posición fetal, el irresistible escorzo de lo pre-natal o del sueño. Melting situations, es un poemario en inglés que ensaya ahora mismo el limeño, y aquí se ventilan algunas de aquellas cosas, los estados de envolvimiento o identificación con diferentes seres, objetos, situaciones o lugares. Según esto, Juvenal Agüero, aparte de ser la fotografía de un feto ensimismado, es un lobo de mar varado en orilla ajena; esto último, en particular, fue una revelación que tuvo a los veinticinco años en La Mina, playa cerca a Paracas, como a doscientos kilómetros al sur de Lima.

Prepucio carmesí (New Jersey, USA: Ediciones Nuevo Espacio, 2000)

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Borges y yo (II)/ Andrés Ajens*

En “Borges y yo” (in El Hacedor, 1960) Borges confiesa y/o finge confesar haber dado con algunas páginas válidas: “Nada me cuesta confesar que ha logrado [él, Borges; lo a-firma “yo”, tal “yo” no enteramente identificado consigo] ciertas páginas válidas” — que, desgajadas de toda ficción salvífica, a nadie salvan, pero, ni a sí mismo ni a Borges: “esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno [lo “válido”, etc.] ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino [sino en la punta de la lengua] del lenguaje o la tradición”.

Cómo no valorar lo bueno de ciertas páginas, la valía inesperada, invaluable del hallazgo “válido”. Y de paso: cómo no sobrevalorar, cómo no no ceder a esa —firma Borges— “perversa costumbre de falsear y magnificar” que el “otro”, “Borges” (“Al otro, Borges, es a quien le ocurren las cosas”, comienza “Borges y yo”) casi fatal previene: “Por lo demás […] solo algún instante de mí podrá sobrevivir  en el otro […]. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque  me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar”. Cómo no falsear ni magnificar. Cómo no ficcionar — Borges.

II

[Borges y Emma]

En Borges (2006), tal “Borges y yo” de Bioy Casares, los espejos de la valía, de la válida como de la inválida página, no hacen sino multiplicarse. Sobrevalorades todes, o casi, afirma Borges, apunta Bioy Casares: Mistral,  ibarbourou, Neruda, Arlt, Supervielle, Herrera y Reissig, etc., etc. El 26 de noviembre de 1976, por caso, a solo meses de su vuelta —“revés de la suerte” dirá “Piedras y Chile” (1984)— por Santiago, Bioy apunta: BORGES: “La lista de los sobrevalorados [overrated precisa pregunta introductoria: “¿Cuál será el escritor más overrated? ¿Shakespeare?”] incluye también a Herrera y Reissig, otro oriental me temo [poco antes habrá mencionado a Horacio Quiroga]; y a Gabriela Mistral; y también a Neruda, otro chileno, me temo”. (Parodia por doble partida irónica, doble “me temo”, doble  verónica). El 5 de julio de 1958, Bioy cuenta  que Borges le cuenta que se le acercó un tipo  a solicitarle su auspicio para la candidatura al Nobel  de Juana de Ibarbourou; “Le dije que Juana  de Ibarbourou no valía mucho” reitera Borges. Y aun el 5 de octubre de 1971: BORGES: “A Emita [Emma Risso Platero, escritora y diplomática uruguaya, casi pinche eterna casual de Borges (besos hubo, no omite Borges en Borges, así como indecibles recelos de doña Leonor, madre del cordero, quien ya en 1948 le prologa a Emma su novela Arquitecturas del insomnio: “Quizá lo más precioso de este volumen sea lo poético, no sólo perceptible en frases aisladas […], sino en el agradable horror [sic] de los argumentos, en las íntimas formas de la invención”, y al año siguiente  le dedica,  en El Aleph, “La escritura del dios”] le dije —retoma Borges— que Herrera [y Reissig] y Supervielle no valían mucho. Me contestó:  ‘Entonces, ¿qué nos queda?’”. (Por decir: aparte las consabidas ciertas páginas válidas de un hijo de uruguaya y nieto, por lado paterno, de uruguayo).  Más falso que Borges, “Borges y yo” incluido, más epidémico, habrá comarcado avant la lettre Vallejo (1927);  el santiaguino chuco cucho, Vallejo, por demás de tales escasísimxs poetas en lengua castellana que Borges estima, como a Shakespeare en inglés, nonada overrated.

III

[Vallejo, Borges]

A distancia notoria de Neruda, que, en cuanto a Vallejo, dice cosa y su contrario, tal vuelta de carnero en llave diáléctica (en carta desde Batavia el 1º de junio de 1931 comenta a su amigo Morla Lynch, en Madrid, sus primeras  impresiones: “El libro de Vallejo [Trilce; que Morla Lynch, desde el Consulado chileno en Madrid, le acaba de enviar (edición española de 1931, a su pedido; prueba al canto de que hasta entonces no lo había leído] me parece seco y espantoso. No veo qué objeto tenga escribir una literatura así. Es un libro cruel, literario y estéril”. Al cabo, lo inverso: en Confiesoque he vivido: “Vallejo, poeta […] de poesía grandiosa, sobrehumana” y convocará la “Oda a Cesar Vallejo” (Odas elementales), y “V”,de Vallejo como de Verso (Extravagario), Borges, con Vallejo fuera escritor de una sola línea, de una sola frase. O casi: “Un poeta nada más, porque cualquiera es un gran poeta”. La única vez que se refirió a Vallejo públicamente (pese a haberlo antologado ya con Huidobro e Hidalgo en el Indice de la nueva poesía americana (1926), Borges, paródica sino paradojalmente, brinda insólito tributo: si estamos llenos de “grandes poetas”, dice más “poeta” y a la vez más calla como “El Perú” de Borges (La moneda de hierro) extrema; “De la suma de cosas […] / El olvido / Y el azar nos despojan”. Estruendoso, el silencio de Borges (con respecto a Vallejo) no fuera menos marcado que lo dicho en una línea, una frase: “Un poeta nada más, porque cualquiera es un gran poeta”. Él mismo (Borges) se habrá considerado un poeta y nada más; entrevistado por L’Express en 1963, a la pregunta “Pour qui vous prenez-vous [¿por quién se toma usted?]: pour un écrivain ou pour un poète?”, responde: “Pour un poète […] Un poète maladroit [torpe, desmañado, etc.], mais un poète, j’espère”.

Más falso que Borges: la expresión (casi) la habrá acuñado Vallejo en “Contra el secreto profesional”, textil publicado en Variedades, Lima, el 7 de mayo de 1927. Siendo imposible reestablecer el contexto entero, vamos al fraseo medular en que, al paso, el santiagueño le hace también sus cariñitos a Gabriela Mistral: “Aparte de que ese Jorge Luis Borges [antes se habrá referido a “esa grotesca pandilla simiesca de los escritores de América (…) Un verso de Neruda, de Borges […], no se diferencia en nada de uno de Tzara, … o de Reverdy], verbigracia, ejercita un fervor bonaerense tan falso y epidérmico, como lo es el latinoamericanismo de Gabriela Mistral y […]” (subrayo). Cierto es que diez años después, “Contra el secreto profesional” aparecerá con modificaciones no menores en Repertorio Americano (Costa Rica), pero el falso y epidérmico  Borges se mantiene intacto. Se habrán escrito toneladas de páginas acerca de este aguayo de Vallejo, ya para elogiarlo, ya para condenarlo, o aún para “contextualizarlo”; no volvemos  sobre ello; quien se interese por demorarse en entrevero tal, le sugerimos desde ya comenzar por “El diálogo Borges-Vallejo:  un silencio elocuente” (2007) del limeño vecino Pedro Granados, por más que a ratos se deja llevar en extremo por las abigarradas teorías del caro crítico anarco-cochabambino Luis H. Antezana. Por decir: Cómo no entender a Borges — el silencio de Borges.

IV

[Yapa]

Muchos años después, póstumamente, Fundación Borges  habrá vuelto a revolver el gallinero al plantear que Vallejo y Borges habrían firmado juntos, cofirmado (y junto a otros  también) tres paródicos poemas en la revista Martín Fierro un año antes de “Contra el secreto profesional”, en 1926.  En Jorge Luis Borges, Textos recobrados 1919–1929, Emecé, 1997, Irma Zangara, profesora de literatura de la UBA y Vice-presidenta de la Fundación Borges, remitiendo a Monegal (1987: 196-178), le adjudica a Borges y a Vallejo (pero también a Marechal, Güiraldes y otros), los poemas “Soneto híbrido con envión plural” (Martín Fierro, n° 29-30), “Romancillo, cuasi romance del ‘Roman-Cero’ a la izquierda” (Martín Fierro, n° 30-31) y “Lo cacharon en Cacheuta” (Martín Fierro, nº 33). Vienen respectivamente firmados por “M. B. V. G.” (anota la edición: “Las iniciales de la firma serían de Leopoldo Marechal, Jorge Luis Borges, César Vallejo y Ricardo Güiraldes”), “Mar-Bor-Vall-Men” (Marechal, Borges, Vallejo, Méndez) y “Ber-Bor-Guillj-Mar-Per-Vall” (Bernárdez, Borges, Guillermo Juan, Marechal, Pereda Valdés y Vallejo). ¿Más falso que Borges — cuento de Fundación Borges? Vallejo jamás colaborara con Martín Fierro; en 1926  por demás moraba en París y huele inverosímil una (secreta) colaboración a distancia en una revista de periodicidad mensual.  ¿Entonces? La edición de Fundación Borges a todas luces confunde un Vallejo con otro, otro Vallejo; Antonio (Vallejo), para el caso, autor de Pan y la fuente (1925), Los turistas del alba (1927) y una sabrosa “Carta abierta de Manuel de Rosas a Jorge Luis Borges” (Revista de América nº 6, Buenos Aires, 1926). Uy, Rosas. Otra vez.  Cómo  no falsear ni magnificar. Cómo no coficcionar — a Borges.

[2.5.20]

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Trilce, según Pedro Granados: Recepción

TRILCE NUEVAMENTE CON PEDRO GRANADOS/ VLADIMIR HERRERA DELGADO

Vallejo para Granados y Granados  para el contrapunto y la marinera.  Dos poetas bajo el mismo signo zodiacal jugando a las escondidas. Pero Granados nos ayuda a hundirnos en la solaridad  del vate de Santiago de Chuco, si cabe, y también a caer de pie en una fonda de ritmo y sabor insospechada para quienes habíamos hecho una lectura circunspecta de nuestro poeta universal. Granados descubre el juego y las canicas, con pelos y señales como académico que es, aunque adolezca de cierto gamberrismo. Es el muchacho que toca el timbre de la puerta y corre para encontrarse con algo menos que Dios: esa nada que ríe en el dintel  de la época epocal misérrima del tiempo de nuestros padres en Poesía y en Rumba.  V.H

 

(N)húmeros para (des)cifrar un pambiche/ Pedro Delgado Malagón

Húmero (del lat. Humerus): Hueso del brazo, que se articula por uno
de sus extremos con la escápula y por el otro con el cúbito y el radio.
Diccionario de la RAE

Conocí hace poco a Pedro Granados, ensayista, poeta y novelista peruano (Lima, 1955), a quien el Ministerio de Cultura invitó para conducir en Santo Domingo un Taller sobre la gesta poética del gran César Vallejo. Granados es un penetrante exégeta del culto vallejiano, de sus modulaciones sensibles y del registro de un discurso con misteriosos influjos, casi míticos, en el que algunos piensan que “Vallejo no elige sus vocablos”.

Siempre me aproximé al poeta de Los Heraldos Negros bajo las nociones sombrías de José Carlos Mariátegui: “Nostalgia de exilio; nostalgia de ausencia”. Confieso que fue en el libro de Granados (Trilce: húmeros para bailar) donde por primera vez leí una reflexión (cierta, sorprendentemente clara) acerca de la chispa y del humor que subyacen (“…quizá sin que él lo sepa ni lo quiera”, agazapados y en ademán de saltar) en esa oscura melopoeia permutante de la palabra/cadencia que aflora en Trilce.

 

Prólogo a Trice: húmeros para bailar/ Amálio Pinheiro

Ao nos propor um con-viver performático com César Vallejo (não se trata já de apenas ler), a partir de uma partitura de inscrições (não se trata mais de escrever) musicais (a marinera e suas fugas e síncopes etc.) e sexuais (amores com Otilia e suas ramificações) vinculada organicamente à cultura andino-mestiça dos arrabaldes festivos em formação e movimento da Lima dos 1900 e poucos, Pedro Granados impugna, de chofre, as consabidas interpretações político-essencializantes e nos abre, em leque risonho, o vaivém diagramático de Trilce aos textos de antes e depois. O mesmo Vallejo viria a dizer mais tarde, nos Poemas Humanos: “Quiero escribir, pero me sale espuma” /(…) “Quiero escribir, pero me siento puma”, como a mencionar essa coisa toda vinda de baixo, dos lados e de dentro que abalroa as palavras.

Desse modo são postos em ação e presença, através de glossolalias e mesclas rítmico-poéticas represadas no papel (em ziguezague com a rua e suas gingas e cadências), aquilo que uma crítica acabrunhada não consegue ver: os aspectos gozosamente múltiplos e variantes de uma cultura índio-mulata que não se explica pelos dualismos ocidentalizantes (interno e externo, cultura e natureza, signo e referente) de plantão e ainda em voga. Trilce (todas essas aves falando dentro da boca) seria o espaço mítico de máxima concentração e contração sintáticas desse excesso metonímico em que, “a modo de un indigenismo minimalista incluyente”, não se produz sentido, mas um território de possíveis que encadeia as alteridades (mapeado pela tendência dos povos ameríndios à incorporação barroquizante do exógeno assimétrico).

Mais ou menos: nunca podemos saber o que é o outro, mas podemos tê-lo em nós. Ou como diria o próprioVallejo: “Índio después del hombre y antes de él!”. Por isso, vai desdobrando o vallejista peruano, não se pode pensar uma filosofia ameríndia, já que não podemos ser pensados a partir da “evolução” do pensamento do Ocidente, e a partir de um modo de conhecimmento apenas humano-racional, o que é poética e antropologicamente grave. Daí serem tão importantes, com Pedro Granados, as análises erótico-numéricas (“h(n)úmeros para bailar”), em que o cholo de Santiago de Chuco/Trujillo/Lima/Paris destrincha e dissipa, na confluência das comissuras do sexo, dos contornos da dança e da marchetaria oralizante, e junto a pertinentes acontecimentos biografemáticos (veja-se a saga Otilia/mãe/filho abortado etc.), as batidas sínteses e dialéticas pós-coloniais, pós-hegelianas e pós-modernas, sempre sucessivas e epocais, em curso. Sequer o conceito de modernidade pode conter um campo de relações em contínua reversão progressivo-regressiva, visto que as transformações desviantes e as metamorfoses impedem toda ordenação estrutural fixa.

Daí ser de tanto interesse, neste Trilce de Pedro Granados, a interação, na acupuntura dos versos e estrofes, entre um devir-índio, um devir-crioulo e o devir-qualquer-coisa, essa entrada dos objetos da paisagem nos corpúsculos e interstícios (Lezama Lima) do poema, mapeados rizomática e silabicamente pelos ensinamentos, cromatismos e gestos gráficos do sol e do mar.

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