Blog de Pedro Granados – 2022

 

Aunque ahora mismo es

Fuente de consulta

Desde el 2022 será objeto de estudio

Una auténtica cachina de hallazgos

Gratis, aunque con muy alto costo personal

Para el lector

Que no es obligatorio revelar

Se encontrarán desde los tirantes malolientes

De Martín Adán

Hasta una grabación, en Meta,

De Vallejo mostrándonos su Trilce

Nada menos ni nada más

Ningún poeta de los ochenta

Menos, alguno de los noventa

Tampoco siquiera medio de los dos mil

Aunque, a partir de 2022,

Acaso pueda acaecer alguna sorpresa

La cual no será revelada por la  prensa

Atada a sus cálculos y banalidades 

Pero sí por este mismo blog

Como que nacemos de cinco huevos

Y no sólo de uno

Y como que los árboles se mofan de nosotros

Aunque evitando llamar demasiado

Nuestra atención

Y tal como ahora que me apechugo a ti, lectora

Sólo por reír o joder y dejar pasar el rato

Porque la poesía no tiene remedio

Porque  ella al menos felizmente no lo tiene

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Al filo

Soy el pequeño ogro verde de la poesía peruana. Y esto porque me he sentido siempre a mi aire entre la atmósfera enrarecida de cualquier presente. Soy un poeta póstumo desde el comienzo. Ni de izquierda ni de derecha ni de centro; sin embargo, a mi obra poética reunida la he intitulado Al filo del reglamento porque, a fin de cuentas, permanezco dentro del campo de juego con un botín y, con el otro, piso la línea de cal del gramado. Aunque sapiens sapiens, habito entre los árboles y aún parece no he bajado a tierra.

Lo que al fin y al cabo me socializó fue el fulbito.  Empecé por jugarlo muy mal; en mi barrio y en la escuela me escogían en los equipos siempre como última alternativa.  No tenía cintura; falto de reflejos, me amagaban y con facilidad caía en la trampa, y terminaban haciéndome camotito.  Con mala leche, a veces, se burlaban de mí y tenía que fajarme a punta de puñetes y patadones.  Lloraba mientras me sacaba la mierda con los burlones; era un problema, los otros vencidos o abollados muchas veces y yo bañado en lágrimas, el resto de los muchachos nunca supo si felicitarme, considerándome un ganador, o si consolarme dándome por perdedor.  Sin embargo, poco a poco, llegué a dominar lo esencial del fulbito que es el ritmo y la confianza propia, y la alegría.  Es más, hacia mis dieciocho años jugaba literalmente a voluntad; arrancaba desde mi propio arco si quería y, después de sembrar sobre el asfalto a todos los adversarios –incluido al siempre improvisado arquero–, hundía la pelota en la red rival.  Amasada la bola, cimbreante los muslos, el esférico pendulaba a gusto entre mis pies ligeros; conocí algunos instantes de éxtasis y de gloria, pero nunca entendí lo que era un juego de competencia.  Me concentraba en los amistosos, pero en los partidos serios me cagaba de la risa.  Era una risa incontenible; algunas veces, flojas mis piernas, chuecas de tanto reírse, tenía que abandonar allí mismo el campo de juego.  Mis demás compañeros ya me conocían, aunque siempre desearon fuese de una vez por todas la última vez; mas allí estaban de nuevo mentándome la madre –con sus facciones tensas y los ojos desorbitados–mientras veían que el equipo rival les caía encima, los maniataba, los arrinconaba y, como si no fuera poco, contundentemente los goleaba.  Sin embargo, al partido siguiente, siempre me resarcía, y Beta y Alejandro y Renato, y tantos otros compañeros, disfrutaban otra vez con mis pases hechos como con la mano, de mis corridas vertiginosas con pelota dominada contra el arco rival, de mi ubicación siempre privilegiada y oportuna durante todo el trámite del partido, de mi pasión desbordante que alimentaba la moral del equipo, de mi trabajo duro y, muchas veces, muy poco vistoso aguantando al rival allí donde había que hacerlo, desde la línea que divide el mediocampo enemigo para adelante

Entre los jugadores peruanos, admiraba la guapeza de Roberto Challe y la inteligencia de César Cueto, el “Poeta de la zurda”; atesoraba dos escenas que, tal como el juego de este último, emergían de pronto de mi memoria del modo más inesperado, eran dos auténticas epifanías: un pase de casi setenta metros, perfectamente elíptico, para que el “Ciego” Oblitas pegara la corrida y metiera el gol con el que el Perú ganó a Francia en el Parque de los Príncipes en la antesala del Mundial de Italia en 1986; la otra, el “Poeta de la zurda” pasando con pelota dominada a través de un túnel de argentinos manolargas para servir en el vacío, frente al área chica del arco contrario, una pelota que recogió como una luz “Patrulla” Barbadillo, descolocó al arquero, infló la red y dejó completamente muda a la hinchada celeste que abarrotaba –en un partido trascendental para ambos equipos, y que empató Maradona en el último minuto– el monumental estadio de River Plate.  Pero, eso sí, a pesar de sus muchos goles y hartísimas fotos en la prensa local e internacional, nunca me terminó de convencer el “Nene” Teófilo Cubillas.  Como algunos escritores que ya son profesionales desde chiquititos y van acaparando todos los premios, así me pareció siempre el juego del moreno del Alianza Lima (¡Alianza corazón!).  Disciplinado y prudente, Cubillas fácilmente se hizo al gusto de los que alaban la profesionalidad –que al final es sólo purita prudencia– y hoy por hoy, por supuesto, aquel zambito del equipo afincado en el barrio de La Victoria es lo que es en los Estados Unidos de Norteamérica.  A mí  mucho más me gustó el juego del “Cholo” Hugo Sotil, que siempre enfiló hacia el arco contrario como si llamaran para comer.  Serrano de origen, de modo análogo a lo que en los años 60 sucedió en Chimbote durante el boom de la pesca con los que  –desde diversos puntos de los andes– bajaban hasta este puerto buscando alguna colocación, se hizo patrón de lancha al día siguiente de haber aprendido, sujeto a un cable por la cintura, a nadar por lo menos sus tres brazadas.  Es decir, a costa de punche y de sentimiento, aparte de su enorme talento para hacer lo que quería con la pelota, Sotil se metió en el bolsillo a todos los públicos.  Los entendidos, al principio, no le aceptaban tantísimo chiche; acostumbrados a la marinera o, máximo, a la zandunga, no entendían para nada aquel endiablado baile que más tenía de fuga de huaylas o de embestida de borracho.  Mas, el “Cholo” Hugo Sotil fue también observando a los otros jugadores, refinándose, y sin perder para nada la esencia de su estilo –de por sí, pícaro y valiente — fue gloria en el Barsa y, ahorita mismo, lo único que al grueso de los catalanes anima para hablar alguna vez bien sobre el Perú.

Hoy por hoy soy vecino de Foz do Iguaçu, profesor de la UNILA y vivo al lado del estadio ABC.  Muy esporádicamente juego fulbito.  Pero sigo escribiendo poesía o algunos textos de muy cuestionable género… al filo del reglamento.

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¿“Think different”?

Pasos de un peregrino son errantes, hasta la mesa del café en donde escribo. Enfocado por una minúscula cámara, de pestañas vulcanizadas, que vigila mis pasos, la manera en que bebo este líquido humeante, el estilo con que sin prisas voy devorando mi atónito panecillo. El modo –no olvidado aún del todo– en que celebro el culo de alas de ángel de aquella fugitiva muchacha; su talle limpio, sin peca ninguna, salvo en los besos que me roba, en los dientes de morsa que me afila. Hasta que me encuentro con ese Polifemo –convertido ahora en Nadie también– que me arroja una roca y me hace retornar intempestivamente y herido hacia mi taza de café. A beberme mis oscuros deseos, a oler solamente en el ámbito de sus reducidos contornos, a imaginar –si es que esta miseria la podemos denominar así– del modo en que aquel monstruo propicia, en inmensos carteles puestos muy en alto por toda la ciudad, a “think different”, y la cara de tanto circunspecto o castrado o diz que genio se nos desea hacer calzar como una indeleble careta, pero que no nos va de ningún modo y en nada tampoco viene al caso.
Soy una “minoría” en los Estados Unidos, mas también, por ejemplo, en el Perú y en España. Entre homosexuales, heterosexuales, velludos, lampiños, y entre los otros poetas. Los acercamientos científicos, metafísicos, sentimentales, cibernéticos, utópicos, ninguno de ellos satisface a nuestro distraído corazón: viscosa rana de estanque ciega y cantarina. Pero no soy un hombre triste, sí, en realidad, un caminante muy feliz. Feliz contra los datos de las estadísticas, de los usureros, de los piropeadores de puestos, de aquellos descontentos, por pura falta de valentía, en el mundo entero. Obviamente, no confío en los jóvenes sólo por ser menores de edad, pero –aunque prefiero hacer el amor con una adulta inspirada– es fácil percatarse que en sus ojos existe otra cosa, que puede existir alguna otra cosa. No sólo para el ámbito de la poesía, se entiende, el otro mundo, el más allá que es siempre la poesía (la rana viscosa adquiere el aspecto de un príncipe auténtico al escucharme elucubrar así) y que da título a Desde el más allá, manojo de poemas que tienen al frente.
La calle por donde ya he tratado otra veces de escapar se abre a mi paso; la indumentaria de pobre y el talante tan digno de mi padre (demasiado digno de mi padre); el amor que insistente busqué –torpemente y suicidamente busqué– detrás del rostro de más de una serena muchacha; la amistad hecha del mismo chorro de mi corazón, de la fuga en la pluma rota de mi alma pulcramente galvanizada; de la soledad que como una mano amiga nos busca y –a veces– oportunísima nos alcanza. Pero, todo esto no son más que origamis construidos, a escondidas, en el lugar a donde nos han traído nuestros involuntarios pasos. Cuando me paro a contemplar mi estado. Pero cuando a mi oído llega también una fiesta de carnaval o del caribe y, de inmediato, mi cuerpo reacciona arrecho. O cuando nuestro cerebro se emociona con la insignificancia de lo que algún verso de Trilce quiere decir para nosotros, de lo que alguna dolorosísima confesión de Borges, quiere decir para nosotros; si no también nuestro corazón, a esta hora ya, y engreído, arisca rana de altura convertida en sapo comestible.

Pedro Granados, Desde el más allá (Lima: ediciones corza frágil, 2002)

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España Intermitente

En Desde otra margen: la última poesía española, Pedro Granados nos ofrece una arriesgada visión de la poesía española de las tres últimas décadas, denigrando la poesía de la experiencia y devaluando la del conocimiento con Valente a la cabeza. Valiente sin duda, el autor ningunea la labor poética de Octavio Paz o de Blanca Varela y valora, con muchos matices, la nueva poesía del compromiso (Riechmann) o la antipoesía a la española (Binns). ¿Por dónde está entonces el buen camino? Creo que postula una poesía personal, de largo recorrido, con humor, comprometida pero no política, mágica pero no hermética, reflexiva pero no onanista. Valioso artículo porque, aciertos, errores o coincidencias a un lado, remueve inteligentemente el anquilosado panorama poético español.
Marcos Taracido | 05/05/2003 | Artículos | Poesía
  1. Marcos
    2003-05-07 02:33 He recibido algunas críticas privadas por la recomendación de este artículo. Como creo dejar claro en mi anotación, yo no suscribo muchas de las críticas y elecciones de Pedro Granados, sino que me limito a señalar que es necesaria este tipo de crítica que, al menos, se aleja del típico rifi-rafe entre poetas de la experiencia y el resto. Por poner un ejemplo, no comparto en absoluto su desdén por Blanca Varela, que me parece una poetisa importante, ni por Valente y mucho menos por Paz. Y sí, en general, sus críticas a la poesía de la experiencia y sus apreciaciones sobre la antipoesía española. Un saludo.
  2. Pedro Granados
    2003-05-15 10:36 “Creo que postula una poesía personal, de largo recorrido, con humor, comprometida pero no política, mágica pero no hermética, reflexiva pero no onanista” Efectivamente, tanto en este ensayo como para mi propia poesía. Gracias por la síntesis, Pedro.  PD Aquello de las “críticas privadas” introduce un ingrediente kafkiano que sería más saludable y democrático se hicieran públicas. http://librodenotas.com/article/2873/desde-otra-margen-laltima-poes237a-espa241ola

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[Ciego por unos instantes veo]

Ciego por unos instantes veo

La poesía por todas partes

Bulbos flores palacios iluminados

Tal como nuestros padres

Incautamente la imaginaron

O una enorme vagina

Con guillotina al ristre

Tal como y desde  no hace mucho

Muchas poetas la conciben

La confusión se agrava

En nuestros tan colonizados países

Los poetas peruanos quieren ser argentinos

Los cuales se han esforzado en ser británicos

Los poetas dominicanos quieren ser españoles

De cepa pura

Cuando estos últimos hace tiempo

Perdieron el rumbo de su lírica

Generación Nutella o de la chocolatina

Denominaríamos a la más reciente de sus promociones

Si no sobrepujaran queriendo tomar este lugar

Asimismo  otros nombres

De la experiencia  de la conciencia

Junto con los de la chocolatina

La ética nos tiene irremediablemente cogidos

A todos y a cada uno

La moral del Norte heredera de calvinistas

Y calvos a modo de sabios o sabihondos

Acaso sólo el Brasil se salva de todo esto

Porque desde el pasado más remoto

Se la pasa en éxtasis

Y no escribe sino que baila en imágenes

Que devuelven  sin pausa otras semejantes

Chorro acompañado siempre

De una u otra contagiante canción

A los Andes corresponde poner en letras de molde

El remolino de hojas de paños de olas

De  juego de piernas y amagues sin fin

De  la extática poesía do  Brasil

Uruguay se casó con una idea del honor

Porta estandarte previo a cualquiera de sus versos

Fijosdalgos de ojos vendados

Derecho al más obtuso de los  despeñaderos

Bolivia, ice cream del mundo

Aunque de una sola bola

Porque el helado de dos

Continúan  siendo los Himalayas

Paraguay, agua para atragantar  la sed

Y cotidianidad para aburrirse sin medida

Estados Unidos, el modo más absurdo

De perder el tiempo de la mente y trocarlo

Por supermercados satisfechos

Venezuela, …

Colombia, cuya poesía de delicados ademanes

Trastocara para siempre Raúl Gómez Jattin

Ecuador, un porfiado pasillo

Chile, territorio de poetas vencedores

Y que por lo tanto ignoran

La decisiva voz de la derrota

El Panamá y la poesía no publicada en libro

De los Kuna

Centroamérica, equivalente a Fuente Vaqueros

O Santiago de Chuco, tierra del indio Rubén Darío

A quien sin embargo hemos leído

Como si de Antonio o Manuel Machado se tratara

A todas las bestias y sus bostas de poesía

A nuestras estoicas aves de rapiña o aunque sea de corral

Que no han cesado de volar o intentado elevarse

A todas las mujeres hermosas de América Latina

Porque todas lo son

Al río que oculta y es frío

Al sol que no oculta y resulta abrazador

A esas calles breves entrecruzadas y populosas

Donde  hallé  mi destino

Como si de un beso del sol mismo se tratara

Como si una inundación en  los ojos fuera

Como si un perfil humano tornado

Ovejo pantera buitre estrella

Y seguiríamos sumando

Como si en ello precisamente consistiera

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Videos críticos: Tamara Kamenszain y Eduardo Milán/ Pedro Granados (Comentarios)

Tamara Kamenszain — Conferencia “César Vallejo: un posmoderno en la modernidad”

No hay que exigirle a Kamenszain que conozca mejor la biografía ni el contexto cultural del poeta.  Tampoco, mayor autoconciencia de la crítica vallejiana que se halla justo debajo de su lengua.  André Coyné no lo es todo aunque, cómo no, sea muy importante.  Sin embargo, esta expositora, con aires de la “Tana” Rinaldi, tiene magia para ese otro tango que es la poesía.  Además, es intuitiva e inteligente.  Pasemos a recrear sus aciertos de lo que dijo sobre la poesía del nacido en Santiago de Chuco, donde Kamenszain no constata dualismos ni grietas entre una época y otra, desde Los heraldos negros (1918), pasando por Trilce (1922) y recalando un tanto en el poemario póstumo, España, aparta de mí este cáliz. Nosotros acompañamos su discurso, procuramos dejarlo fluir; y, las pocas veces que lo intervenimos, usamos los corchetes.

Frente a la “vanguardia” autoritaria, Vallejo más bien asume una actitud dialogante (posmoderna), “tira cosas como un anzuelo”.

“Hay golpes en la vida tan fuertes… yo no sé” la poesía en este verso se halla entre lo “universal” y lo “personal” –separados por los puntos suspensivos (“…”)–  o la “suspensión del sentido” o una V imaginaria, y no en otra parte.

Además, una de las letras con las que más él trabaja en Trilce es precisamente  la V… busco volver de golpe el golpe… Trilce IX.

Trilce, laboratorio del escritor [¿sólo esto, en aras de un producto “mejor”?]

El trabajo con los números… está a favor de lo triple (3)… los puntos suspensivos, la suspensión… de allí el oxímoron o la paradoja permanente.

Investigación sobre la interlocución, el coloquio… “Las personas mayores”… quién habla, a quién le habla [“Quién hace tanta bulla…”, Trilce I]… mago del yo lírico, lo hace circular por diferentes voces… la 1era persona no está sino hasta el final… “recluso” (cárcel).  ¿Habla como un niño o habla como la madre (“mamá” en Archivos) [“Niños, si tardo” de España, aparta de mí este cáliz]…cuidado en ir por ahí…“Madre dijo que no demoraría” … convoca al lenguaje de la infancia [Giacovate] que es el lenguaje de la poesía…  abre la poesía hacia el coloquio… Girondo, aunque semejante es distinto, lo suyo es  como una investigación sobre el lenguaje [Deconstrucción o “giro lingüístico tan generalizados en la poesía actual]  Trilce está escrito en la cárcel… Coyné [Falso, consultar Espejo Asturrizaga].

“Poesía nueva”…manifiesto individual… no importa el lenguaje (vanguardia) sino la sensibilidad nueva (como ahora…)

Qué es la palabra Trilce… Larrea dice dulce es a doble como triple es a Trilce: el cristal se melaría y tomaría la horma de los sustantivos que se endulzan… Trilce: dulce y triple…

Lo humano ya no es lo humano del humanismo, sino lo poshumano [Andamos en esto desde nuestra tesis para BU (2003) y, con otros matices, continuamos en ello]… Jean Franco dice que Vallejo invirtió el código cartesiano… sufro y soy, pero no sé… certeza de vida y de existencia… no es el hombre de la modernidad… del poder: puedo escribir los versos esta noche (Neruda)… también Vallejo está animalizado, va mucho hacia lo animal: “caballísimo de mí!”… yo… mi “semejanza humana” no es el humano en el centro del mundo que sabe lo que quiere… las cosas son las que quedan haciendo la coartada… “Paris, octubre 1936”: “De todo esto yo soy el único que parte”…   Es una especie de humanoide, ¿deshecho humano?; éste sujeto es el que va a la Guerra Civil española…

Lo del nombre, poner el nombre o la firma dentro del texto es un gesto muy anticipatorio, no lo hicieron los vanguardistas… sí Francis Ponge (Derrida), pero posterior a Vallejo… exhibición de la firma porque Vallejo se retira como humano, no me creo un autor… algo semejante con las fechas (Celan)… título del poema….

Tatuajes… inscripción.  Muy avanzado esto  que hace Vallejo.

En España, … “libro maravilloso” [¡pillamos a la autora!]… ya está lo que hoy está de moda… el cronista o el periodista… auto-ficción y todo esto… se mete como un etnógrafo, pero anónimo u objetivo (Juan Villoro, testimonio del que no sabe)

[“Cuadrumano” (España,…)… “cuadrúpedo intensivo” (“Cuatro conciencias”)]

La crónica traspasada por la experiencia, vida, células, lo que Vallejo pide desde “Poesía nueva”.

Pedro Rojas, Vivan los compañeros… la V de Trilce…

Pedro… dulcemente… en representación de todo el mundo… Vivan los compañeros… luchó con sus células… “su cadáver está lleno de mundo”, oxímoron entendido como ‘la totalidad’… Vallejo, cronista de la posmodernidad.

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Dominicanas, telúrica y magnética/ Armando Almánzar Botello

Alfred Hitchcock Presents
(Onírica y ausente se desnuda la muchacha)

A Efraím Castillo. A Pedro Antonio Valdez.

En el décimo piso de la muerte, asoma,
punzante y vertical como la duda, caída pensada
simplemente, o
pasada de moda: ¡el vértigo!

Empire State Building, New York, 2009.
Zero Zone after…

Casi un ojo que florece contra el cielo
enigmática su letra se derrama:
Alfred Hitchcock Presenta… Recuerdo…

Detenido el ascensor,
se abre una ventana y ¡acontece al fin la luna!
Dialogan el viejo y la muchacha…

-¿Cogito, ergo sum?… Larvatus prodeo…
-What do you say?
-El payaso cayó desde lo alto, ergo… ¡risas!

Neón rojizo la Ciudad a la izquierda por la sangre.
Onírica desnuda y reflejada en mar intenso, gruñe
un Circo hasta la médula su música inoída:

Tiembla luz de lejanía entreabierta por sus manos.
En mágico trapecio su cuerpo de gimnasta,
suspende, promete, oculta,
desliza la muchacha
misterioso un torso lúcido en espejo
y toco ausencia…

This scholar Chinese girl is music pure…

La melodía que palpo dulcemente en la memoria,
casi ardiendo un vino claro que bebía de sus labios,
mana lenta hacia la copa sinuosa de su sexo, donde sorbo la
escritura todavía indescifrada, la embriaguez que anula el tiempo.
Y el recuerdo abierto y limpio de la muchacha es aire…
¡Oh urbana y secretísima música desierta!…

Noche tórrida en aullidos que regresan
con el Ferry… Liberty Enlightening the World
-“May i feel said he”…
-Cyberpunk’s Ideograms…
-Lin, you know: you are my dear little girl, my darling you,
you are my it!
-“you’re divine! said he,
you are Mine said she”
y reías misteriosa caminando entre las lenguas.
Resoplaban los amigos el scherzo del
Espanto: “Buffalo Bill’s defunct!”…

A lo lejos brilla el río…
Solitario por las calles retorcidas alguien habla…

El humo lentamente -retornando de puntillas reflexivo
llega al cuarto
y en un sillón se tiende… ¡Central Park en mi ventana!
El saxo piensa hondo y
cauteloso inquiere al viento:

-¿Qué dicen hoy los diarios?…

Envuelve a la muchacha, camínala desnuda,
baila roto su placer y acaricia la textura
de sus grafemas lúbricos.

¡Arde lento y furia en música¡

Delira en su prosodia New York y el cuarto abierto.
Desliza ideogramas por el piercing de su vientre y
la cima de su insomnio…
¡Central Park en mi ventana!
Enciende tu deseo y el rumor de la memoria
-palpitante semáforo en la tarde-
Con tu voz imanta el Hudson y viértelo en su mente.
Re-escríbela, per-viértela en tus labios y
descúbrele senderos,
mil sabores en el vino que aletea por su aliento.
Edifica otra ciudad con sus palabras.
¡Oh, Manhattan!

Y acoplada con el rayo, la terrible diosa oscura
que late por sus ingles,
destruya el Muro Ciego edificado en el espanto…

¡Oh, la bella Lin, Aísthesis del instante.
¡Bailemos nuestra muerte sinuosa en la Bachata!

Mas lo dudo…

Abre la ventana y
gime ahora por las dársenas …
La furia del viento es la muchacha…

Escúchame hijo mío,
-en el saxo Joshua Redman habla lúcido en la noche-
no debes nunca odiar la inocencia de la vida,
ni albergar en tus manos el horror irredimible
que hace turbio el sentir de lo sensible impenetrado
cuando sube con la sangre su misterio al pensamiento.

Abre sin temor tu percepción al mundo,
aunque haya sido siempre
tu padre, sin remedio,
un triste y nómada ludópata borracho,
un terrible ideograma dibujado por su ausencia…

Eres hijo y padre de un olvido, como todos los
viajantes de comercio…
Cortante aleve y fiera
bien escrita la muchacha
del odio en luz dentada y
sensual mejilla andrógina, me mira,
la miro, me abraza: ¡el rayo!

¿Podría el mar letrado
soportar su triple hachazo?

¿Qué dirán luego los diarios?

Oh, mi bella Lin, Aísthesis del instante.
¡Bailemos tropical nuestra muerte en la Bachata!
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…………………………………………………………
…………………………………………………………
Year 2010, Dominican Republic: La Romana.
Exclusive Vacation Rental. Casa De Campo.
¡Por teléfono me dijo Lin su amor en español dominicano!:
“Estoy aquí en Santo Domingo, my crazy love, y quiero amarte”…..

Soñado el Paraíso está próximo a tus manos:
Hay sol, uvas de playa, tiernas frutas del secreto,
rojos vinos de sabores inmortales
¡y el merengue!
-Trópico enlutado íntimo en la sangre-
El mar latido al fondo.
Altavoces que recitan fragmentos de Lao-Tsé, palabras de Platón y
sexo a flor de labios…

¿Cómo puede rota inconsolable la muchacha -inconexa
de palabras averiadas y esquizoides- reír para vencer los resuellos
de la muerte, la ridícula miseria impertinente,
los instintos que le muerden dulcemente las entrañas
con filos de caninos postizos filantrópicos
con cajas metálicas de dientes impostores?….

¿Y si acepta esa muchacha la sintaxis cazadora
del viejo delirante inflamado allá en lo alto,
y ceden los pretiles al reclamo de la carne
¡y cae hacia el abismo!:
habrá fiesta en el décimo piso de la muerte,
habrá viento y ceniza en la escritura y los balcones?…

¿Y qué dirán luego los diarios?…

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Un chin de amor/ Juan Carlos Mústiga

Texto leído en la presentación de esta novela (Lima, 18/ 5/ 2005). Los otros presentadores fueron Oswaldo Reynoso, el notable autor de Los inocentes, y Ricardo Ramón en representación del Centro Cultural de España.

Me siento honrado de presentar la novela Un Chin de Amor del Poeta Pedro Granados. Esto que acabo de decir me hizo pensar, al escribirlo, en muchas cosas que espero poder compartir esta noche con ustedes, porque de eso se trata las presentaciones de los libros de los amigos a los que uno lee con atención y con amor.

Esta es, precisamente, la novela del Poeta Granados; la bitácora de navegante acerca de los avatares, resplandores y sombras que marcan un importante camino en la existencia y en la escritura del Poeta-personaje, que renace y se purifica a través de cada una de las palabras escritas y los recuerdos colados con sabiduría y vestido con la máscara sonriente y exagerada del entrañable Juvenal Agüero, quien toma la posta en las páginas impresas de este libro.

Cuando recibí un ejemplar de manos de Pedro y, al ver la carátula con la pintura ardiente y melosa de Christian Bendayán y el flameante título con los rescoldos de la lengua caribe, supuse de qué se trataba, qué encontraría en él y que no encontraría también.

Y sólo encontré pasión, arte, fina ironía, humor y generosidad bajo una novedosa y original forma de escritura que, pienso, ha de marcar para otros escritores –poetas o narradores– un honesto y valeroso derrotero de libertad para la expresión artística.

Y no encontré, pues, un ápice de vanidad (aunque algunos digan que escribir constituye precisamente eso). Lo digo porque, por ejemplo, este Juvenal, este personaje tan apasionado y enamoradizo que, a través de la historia, nos hace un atosigante inventario de sus numerosos romances y encuentros, no nos deja el sabor a vacío de un palmarés de proezas amatorias, sino que sutilmente nos lleva de la mano a palpar la notoria ausencia del amor, a saborear un delicioso y pertinaz fracaso en ese campo, fuente primera de la energía de la narración y de la existencia misma, quizás por la falta de aquella persona, deliberadamente omitida y mencionada de manera fugaz casi al principio del texto –ustedes deberán descubrirla, lectores–, que, alguna vez, encarnara para él aquel ideal. Ideal hacia el cual navega Juvenal como el piloto de un barco velero, de una balsa de troncos o de una tropical piragua, tratando siempre de alcanzar el sol, como los antiguos navegantes, con… cito sus palabras: “Su rosa de los vientos, la arrechura y su brújula, la belleza”.

Pedro, pues… Perdón, Juvenal, a quien un omnisciente narrador hace cobrar vida en éstas páginas, ha unido con destreza dos portulanos, que son las cartas náuticas que marcan los sondajes de la profundidad y la presencia peligrosa de pecios o naufragios cercanos a las rutas de navegación.

El primero, llamado “Prepucio carmesí”, es el recuerdo precozmente doloroso de la infancia a través de ese recurrente accidente de los niños del cual Juvenal extrae los recuerdos, algo así como la evocativa magdalena de Proust. Es comenzar a sentir en carne propia el dolor, las carencias a las cuales nos tiene acostumbrados nuestra propia y frágil humanidad; es conocer las primeras humillaciones; pero es, también, el descubrimiento de la solidaridad en algunos seres, del amor. CITAR pag. 47 y 48.

En esta bitácora cultivada, Juvenal como escritor-personaje ha trazado la cartografía de su existencia; en buen cristiano el mapa de su vida que bien puede convertirse en el de la vida de cualquiera. Hay una impronta experimental en la estructura de la novela donde se entrecruzan epístolas, entrevistas, sugerentes monólogos, crítica literaria, mensajes cibernéticos. Como el personaje Gerry creado por Lowry en el cuento Cáustico Lunar tiene un concepto totalizador de lo que es una buena historia y es un fabulador y un artista que se enorgullece de poder narrar historias en cualquier lugar y circunstancias; es un profeta sano en un mundo insano; cito al viejo Malcolm:

“es algo gracioso, es como un milagro, pero dondequiera que estoy, si estoy volando en el aire, o bajo el mar, o en las montañas, en cualquier lugar, puedo contar una historia. No importa dónde me pongas, incluso en prisión. Puedo sentarme o permanecer de pie. Comer y no comer. Puedo poner todo en una historia; eso es lo que la hace una historia”.

Podríamos pensar que esto es una exageración, un horror al vacío de parte de Juvenal, pero quiero más bien creer que es producto, como él mismo afirma, “del rayo de luz que le cayó de parte de su neurosis, de la poesía o del mismo Dios, cuando estaba en tercero de secundaria”. Pienso también que lo único en que exagera Juvenal es en la generosidad al describir y al elogiar a quienes considera sus amigos y a sus familiares, vivos o muertos, sin distingo en la memoria del Poeta.

Juvenal, en esta época de deliberados silencios que pueden herir como una botella rota para el degüello, tiende puentes con la poesía, con el envidiable conocimiento de saber doblegar el dolor y volverse el ser más tolerante de la tierra, ávido de recibir y de dar amor –no un chin, señores; un montón, más bien –, y, así, en las singladuras que traza esta novela, en los puertos que este navegante me ha llevado a conocer, que no son los innumerables hitos geográficos que enhebra en su discurso, sino los seres, las personas, la humanidad que nos presenta desinteresado y gustoso, he podido disfrutar de conocer y de entablar casi un diálogo con Raúl Gómez Jattin, alias El Putas, como se lo conocía en Colombia, a quien me parece haber escuchado como a una música, algo lejana e irreal, como las voces que nos alivian la carga en los sueños, este poema sobre la burrita que nos trascribe Juvenal para nuestro conocimiento y solaz y por la memoria de Raúl. CITO: pag. 60 y 61.

La mención de Raúl Gómez Jattin y el elocuente ejemplo de su poesía, de un repertorio más vasto, se convierte, pues, de por sí, en una enumeración inclusiva de todos los prontuariados amigos, amigas y familiares con los que Juvenal comparte esta celebración y, también, este padecimiento de la vida. Y aquí me permito hacer una distinción con su hermano Germán, inmortalizado como un muy querido y recurrente personaje: los episodios en los que recrea a ese hermano mayor, a ese hermano padre, se vuelven tan reales y tan presentes en la narración, que nos hace descreer del pensamiento expresado por Juvenal que la vida y la muerte es sólo una ilusión, si no más bien, nos hace pensar en los palpitantes “labios de una misma herida” que habremos de sentir, como él dice, al palparnos las costillas, día a día, en nuestro paso hacia otra dimensión.

Hasta aquí con el Prepucio Carmesí [New Jersey, USA: ENE, 2000]… Juvenal ha convertido a los mares encrespados y a los escollos peligrosos en olitas monses y en pampitas de arena donde la vida misma, por azarosa y sorprendente, puede, a pesar de todo convertirse en un juego.

Qué les puedo decir ahora del segundo portulano, de aquel que da nombre al libro, Un Chin de Amor. Nada más ni nada menos que es la continuación del primero, el aprendizaje, para poder paliar el dolor y corregir ciertos rumbos donde la brújula del navegante pareció haber sido encantada y extraviada; para enmendar la ruta hacia ciertos lugares a donde llegó a morir de un “sinnúmero de muertes lentas” o, también, para encallar y naufragar adrede y conocer así personas maravillosas con cuyas anécdotas nos vuelve a divertir y a emocionar.

Vaya, pues, opuesta a la muerte lenta, la descripción de las hermosas mujeres caribes, de las aventuras y también de los pesares en la República Dominicana, tan tiernas y disparatadas, y de personajes como Tony Bachata. CITO: Pág. 163, 164. CITO: Pág. 142, 144.

Podríamos seguir haciendo nuestras propias citas, conjeturas y relaciones a partir de este texto que viene a enriquecer la siempre prolija producción de Pedro, pero le debemos eso, la limpieza. Esta novela se sostiene y vale por sí misma, poco o nada podemos hacer con nuestras palabras y comentarios mas que felicitarlo una vez más, desearle siempre éxito, salud y un chin de amor, y pedir por él y por Juvenal un fuerte aplauso. Muchas gracias.

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