
Los recuerdos más fuertes, sean del tópico que sean, desbordan lo que se llama el corazón y el espíritu y terminan palpitando en la genitalidad.
Prepucio carmesí, p. 36
No solo la amplitud, sino también el galopante ritmo con que viene publicando, nos coloca frente a una obra que se expande y se ofrece al lector como un proliferante collage, un desbordante pastiche que ha ido construyendo una personal imagen del mundo. La de Granados no es una literatura que nazca de un proyecto, de una voluntad de coherencia que ordene sus libros como un conjunto perfecto y acabado en sí mismo. No hay, creemos, un diseño deliberadamente trazado en la obra de Granados.
Por el contrario, uno diría que leer un ensayo de crítica literaria firmado por Pedro Granados es otra forma de leer a Juvenal Agüero –protagonista de las novelas que presentamos–, y, a su vez, leer a Juvenal Agüero es otra manera de leer la poesía del poeta Pedro Granados, quien le atribuye libros y poemas suyos al personaje. No está claro dónde empieza o dónde acaba el crítico, el poeta, el profesor o el blogger. La identidad de uno se diluye en la del otro. Una poética del palimpsesto, una identidad líquida –se nos ocurre– podrían, quizá, dar cuenta del signo de la propuesta artística de Granados.









