La peruchada literaria

No nos queda otra cosa que hacernos los cojudos

Mirar y no mirar

Escuchar y no escuchar

Como si un parpadeo nos liberara

Del absurdo de nuestras existencias

Y de nuestras opciones literarias

Gustos y vidas como divorciados

Algún momento que en nuestra “cuidada” educación

Nos traspapelamos perdimos el balón

Se esfumó el ovillo de nuestra propia madeja

No nos educaron para estar en el Perú

Y por ende en ningún otro lugar de la tierra

Que ambas cosas conviven en una sola vaina

Un único edificio con varias puertas

De briosas entradas y titubeantes salidas

La micro política en el Perú es suicida

Porque es de profunda vocación colonial

Y es micro también porque es mezquina

Y muy bruta aunque con su suspiro de limeña

El humo desde aquella parrilla de anticuchos

O este instante tan poéticamente efervescente

Caben dentro de una servilleta

Hasta que alguien nos enseñe a respirar

Hasta que con alguien aprendamos a amar

Al margen de los intereses de nuestro estrecho círculo

Desconfiada anuente y tan pendeja familia

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Dossier dominicano

Respuesta al correo de una gran poeta dominicana y mejor amiga

Queridísimo:

Me leí tu libro [Breve teatro para leer: Poesía dominicana reciente]. Agudo, diferente, apasionado. Insisto en que debe publicarse [en la República Dominicana]…

Un gran abrazo, amigo cevichero…

Siempre siempre

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Querida amiga:

Me has captado.  Parte esencial de mi amor a la Española es la crítica.  Milito, desde que era un muchacho y me enamoré por primera vez, en el encuentro cultural de lo andino y lo caribeño (incluido el Brasil).  Mi ejercicio crítico, aunque casi invisible, no es indiferente al poder institucional a nivel regional (el Perú a la cabeza).  Recuerdo que cuando destrocé una antología infrarrealista desde Lima, que salió con los mejores auspicios y de lo más contenta de sí misma en el DF, un escribiente mexicano dijo por ahí que “Granados, otra vez jodiendo desde su ratonera” (mi blog).  Y es que a una ratonera o a la posteridad estamos confinados los que ejercemos la poesía y la crítica de modo gratuito; es decir, y en primer lugar, agradecidos íntimamente de su propia epifanía y recurrencia.  Incondicionales.  Por lo tanto, ejerciendo una práctica por la cual no se cobra; ni se ahoga por un cupo académico ni poder mediático.  Obvio, sin soslayar asimismo que este tipo de postura creativa y crítica tenga –a fin de cuentas y a pesar de su opacidad o apariencia inocua– un peso político extraordinario.  Esto lo saben muy bien aquellos que dirigen las instituciones culturales –los cuales son los pocos que piensan y se ciñen a  una agenda política predeterminada, los demás son funcionarios que repiten y aplican– y por este motivo, y por lo general, Granados les jode.  Ojalá la poesía se nos siga presentando, hasta el final, como un regalo.  Gratuitamente.

Con mis especiales saludos a la Casa de la Literatura Peruana.  Porque, acaso en un próximo gobierno, se convierta verdaderamente en casa de todos; y no sólo de los más anuentes o mediocres.

PREGUNTAS SOBRE POESÍA DOMINICANA RECIENTE

1.¿Por qué, tratándose de un estudio sobre poesía, aquello de “Breve teatro para leer”?

2. Comente lo de Néstor E. Rodríguez en La patria portátil, acerca del concepto de dominicanidad: “La producción cultural de la diáspora ofrece una salida audaz al sempiterno debate sobre la dominicanidad al abrir las puertas a la posibilidad de un comienzo sin antecedentes a la hora de teorizar lo dominicano, un comienzo en el cual la geografía deja de ser la marca definitoria de la nacionalidad”. Y aplique su reflexión, si es viable, a algún otro contexto latinoamericano.

3.Sintetizar lo específico que corresponde a la “poesía del pensar”, a los “muchachos de Gazcue para el mundo” y, finalmente, a los “errancticistas” respecto a la República Dominicana en el marco de la globalización. Ilustre con versos de los poetas.

4.¿Cómo anda la reflexión (crítica o teoría literaria) sobre poesía entre los escritores de la media isla?

5. Comente estos versos de “Antillas”, de Manuel García-Cartagena:

Antillas!

a los cuatro vientos, a los siete caminos,

a las treinta y seis ocasiones de amar la vida,

y ponte a amar esta encervezada, enrevesada,

embelesada

vida de las islas, donde errar es lo correcto.

6.¿Cuál es el motivo principal que ventila este poema de Pastor de Moya?

CARNAVAL

trajimos el pasado con el alba

nos intercambiamos los rostros en el vacío

comimos pan de otro tiempo

aterradora melancolía

al iniciar la fiesta

desnuda la memoria hace alarde

de la lozanía de sus piernas

todo es real si la fantasía existe

ese hombre que soporta el peso de sus días

se mira hacia adentro

y se le queda pegada la mirada en el olvido

esa es la presencia del ser en la

razón

de parecernos a los colores

cuando nos disfrazamos de nosotros mismos

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[Forma de la poesía peruana]

Forma de la poesía peruana

El zorro de arriba y el zorro de abajo

Lo cual es equivalente a decir

Cierto momento del crepúsculo

Una cabeza con el agua hasta la cintura

Dos mil quinientos años por lo menos

Antes que Trilce (Inkarrí) o La tortuga ecuestre (Naylamp)

Y muy anterior a la obra del mismo José María Arguedas

Un instante de equilibrio o de balance

Una boca engullendo su propia cola

Tan sólo un minuto de acuerdo

Y el modo lúcido: el encuentro de lo binario

O la esquizofrenia: gato debajo de su silla

Las tímidas telas vespertinas de Eguren

Ante la serpiente cabal o el mismísimo horizonte

Límite ubicuo y tan humano como nuestro límite

Constancia de aquel efímero y cotidiano equilibrio

Cabeza – boca – fauces – larguísima lengua viperina

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Alejandro Abdul: Dossier

¡Alejandro Abdul vive! Y todos los días, hecho broma, sangra su caudalosa sangre de grosella.
Si, Alexander Abdol es un lord del Paraná en su cruzada mensual de quitar boletos. Fisiológicamente se compone de carne y hueso contrabandeados, pero su vida trivial es lavada todos los días por las cataratas del Iguazú.
No busque entenderlo, pues Alexandro Abdil jamás quiso “escribir derecho”, pero si escalar carrera y fama universal en la babel de la multifrontera Argentina-Brasil-Paraguay-Perú-Beirut-malditas-sean.
Abdul, Abdol, Abdil, Abdel son, bajo una otra perspectiva, los vocativos del vudú-santería en contra de la cursería casi-que-generalizada de una poesía que se lleva en serio. Evoca Abdul y: — ¡Nada de dolores en los cuernos intelectualizados! Clama Abdil y: — ¡Basta con folklores postizos! Repite tres veces Abdel y: — ¡Escribe en paz y sin meta!

Edney Cielici Dias (Traducido por Amálio Pinheiro)

Alejandro Abdul constituye la primera cosecha o el producto más orgánico (2013) de nuestro trabajo en tanto docente de la Universidade Federal da Integração Latino-Americana (UNILA). Alejandro Abdul, prototipo de poeta híbrido, post-genérico y transfronterizo (brasiguayo que vive en Foz do Iguaçu, trabaja como agente turístico en la triple frontera argentino-brasileña-paraguaya, tiene ascendencia árabe y compone sus versos en guaranhol). Cristalización creativa que ha constituído, igualmente, un intento de no quedar constreñidos al performance, al graffiti o a recontar en voz alta algunos cuentos del canon; sino, más bien, abiertos al reto de escribir poesía, crear literatura, de modo post-romántico (colectivo), crítico y a la vez intensamente “personal”.

Pedro Granados

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“En la azotea”: Martín Adán amerindio

Para la lectura de La casa de cartón ya se han identificado y diferenciado tres motivos: rosa y piedra: “El ámbito de la rosa: los áridos y helados páramos del pensamiento y de la abstracción donde los objetos son presencias que hacen sufrir con su lucidez. El ámbito de la piedra: las alturas de Machu Picchu, la tentación del abismo […] ahí donde los objetos no son sino son tangibles, donde la vida se vuelve piedra porque la vida es tacto” (Aguilar Mora 68-69). Y el motivo del agua o mar: “El mar es uno de los elementos empleados con mayor frecuencia en la obra. Participa como elemento natural como elemento personificado y como espacio. El mar tiene todas las características de un actante, es descrito y expuesto en sus acciones” (Casule 91). Sin embargo, al motivo del Sol, tan recurrente asimismo en La casa de cartón, la crítica no lo ha atendido o lo ha hecho sólo de modo tangencial u oscilante (Chocano). Invierno/verano, tramonto, seis de la tarde, oro rojizo, oro creciente, calor, posmediodía, resolana, helioterapia, luz del filo de la acera, entre otros muchos testimonios de aquella poderosa red; y sin de ningún modo agotar el sustantivo o sinónimos u otras palabras derivadas o anagramáticas (ejemplo, los recurrentes “soltero” o “solterona”). Lo que hoy postulamos es que Martín Adán, por lo menos en su libro de 1928, aunque podríamos rastrearlo perfectamente hasta Diario de poeta (1973), también se orientó hacia el “Vallejo + Barroco: Varrojo” (Granados 2022). Es decir, no sólo identificamos el motivo del Sol y explicamos su compleja y decisiva red aquí presente; sino, desde una mirada simétrica (y no menos vallejiana), percibirlo como aquel motivo que estructura la obra y devela u otorga sentido a la identidad amerindia del propio narrador-personaje (frente a “Ramón”). Motivo solar, su demostración queda pendiente, asimismo gravitante en toda la producción literaria posterior de Martín Adán.  P.G.

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Raíces de una vida a plazos

Centro Cultural Peruano-Japonés, 05/02/2025

A la hora de partir de este mundo, un judío que se preste no solicita urgente confesión, sino puntual testamento.  A partir de esta inequívoca señal, César Vallejo es judío, Isaac Goldemberg es cristiano y nosotros acaso devotos de la poesía; hemos estado aquí para dar testimonio.  Es decir, y para bajar al llano, como atinadamente acomete siempre Goldemberg en su poesía y en su narrativa, todos al final reculamos ante el portento de los valses de Los embajadores criollos y, en particular, ante la voz de arena de Rómulo Varías, nuestro Roberto Goyeneche peruano.  Voz pura, como a capella, aunque carne que desde su origen ya venga como sazonada; marinada con su agilísima cebolla (en cuadrados muy pequeños), su urticante y destellante rocoto e inundada generosamente de limón.   Vallejo, entonces, se halla en la raíz del Libro de las Raíces: “Wayno zapateado de Chepén a Santiago de Chuco”; tanto como en la flamante edición “aumentada” de esta memorable novela, La vida a plazos de Don Jacobo Lerner (Lima: Revuelta Editores, 2025), percibimos un homenaje poliédrico (no podría ser de otra manera) a la poesía del “Cholo”, aunque el anzuelo  al lector parecería constituir aquí sólo una propia versión  de Trilce XXVIII (“He almorzado solo ahora, y no he tenido”).  Pero no es así,  en esta breve y postrera sección de La vida a plazos…,, asimismo hallamos otros poemas en diálogo entre el nacido en el frío Santiago de Chuco y aquel nativo del muy caluroso Chepén; se alude, entre otros textos, también a La araña (“Es una araña enorme que ya no anda”) o a Trilce III (“Las personas mayores/ ¿a qué hora volverán?”).  Obvio, no se trata de un calco, de ninguna manera, sobre todo si reseñamos  la obra reciente de un gran escritor, sino que aquellas líneas de Vallejo actúan, sobre todo, como un catalizador o un lubricante para liberar  algo atascado.  Pocas páginas tan intensas y finas, en la literatura peruana y de nuestra región, estas de “Trilce XXVIII (Efraín.  San Sebastian: 1935)” que cierran el actual estado de cosas (a ser testamentadas) de esta novela. Un Macario (Juan Rulfo) concertado con un niño Ernesto (JMA), tejen la prosodia de su hechizante entramado; una especie de Alicia en el país de las maravillas, recitado en runa simi o en tono de huaynito, algo más que únicamente la fiesta de su imaginario. 

©Pedro Granados, 2025

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