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Poesía

AL FILO DEL REGLAMENTO (Poesía: 1978-2018)

Mi hermano Germán o el arte de la poesía

Hermano, si tú supieras con tanto amor. Con tanta luz apagada en los muros de nuestro pequeño barrio. Con tanto cariño por ti, hermano. Porque tú has sido de otra manera mi padre, mi amigo, siendo mayor has sido mi pequeño. Si supieras cómo ilumina tu espíritu hecho de tantísimas muertes con sentido, de tantísimo amor desbordado, hecho de la misma gratuidad que merecen las flores, los actos en los cuales se puede morir por un amigo, la belleza que sutilmente nos aniquila. Si tú supieras hermano querido, ahora que las palabras te buscan para ofrecerte su mejor ungüento, el más caro, el más fino. Ahora que lo gasto todo, que lo invierto todo siquiera para espantar aquello que te pueda injuriar, aquello que te pueda hacer daño, aquello que ni tu sombra merece. Por eso, hermano, por esos retazos de humanidad con los que aún nos cubrimos, por ese paisaje de la ciudad que tú purificas, por tu ternura de ratón, y el vuelo sosegado con que atas los cabos de nuestra cada vez más extensa familia.  Por eso, hermano, por eso te celebro.  Mudo ante estas entrecortadas letras.  En espíritu de peregrino y adorador. Jugándome la camisa y el corazón tal como tú me has enseñado. Justo eso, la camisa y el corazón.

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Leyendo Roxosol en Cuernavaca

ROXOSOL (Cuernavaca, México: La Cartonera, 2018), a modo de celebrar los cuarenta años de Pedro Granados publicando, desde Sin motivo aparente (1978), poesía.  ROXOSOL que constituye, también, como la plasmación de una ensoñación, un fantasma o un presagio: tres soles simultáneos y en paz –amarillo, rojo y azul– poniéndose lentos sobre el horizonte.  Y, finalmente, libro sobre el cual Julio Ortega, en su presentación, concluye: “Como si la poesía  fuese capaz de concedernos todavía verdad y piedad”.

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Salud y poesía/ Escuela de EE. GG. (UNMSM)

15 lágrimas

Caían sobre su rostro

Lenta y tristemente

Lágrimas amargas.

¿negras?

¿mares?

Como el color

Del espacio

 

La monotonía

Era una mañana templada

No entiendo

No veo

No sé a dónde fui a parar

A la calle

Tal vez, o al río, tal vez

A nadie

En sus recuerdos quedé

 

Heraldos negros

Grandes

Sabrosos

Y suculentos

Hay golpes en La

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[No es necesaria tu historia]/ Américo Yábar

No es necesaria tu historia

cuando el silencio basta.

Solo, permaneces ahí parado

cuando el viento

que te sabe desnudo y vivo

cimbra el salto de la ardilla.

Cuenta poco la sangre que te vació

la nieve

y poco el rocío de la noche

que remojó tus penas,

por tus manos de palo se filtran

los hielos de los lugares fríos,

por tu boca andrajos de la

luna llena.

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PIERNA SILVESTRE/ Nicomedes Suárez Araúz

La pierna se lava y se raspa
el exceso de gordura que hubiera.

Se pone en una asadera al horno.
Una vez que larga un poco la gordura,
se cuece hasta secarse y se cubre
en azúcar y caldo de piña.

Se deja en horno fuerte
cociendo unos veinte minutos.

Al retirar del horno
se corta la pierna de indio formando rombos
colocando un clavo de olor
en cada uno.

Los rombos se comen
con yuca hervida
y una tajada de silencio.

Tomado de Recetario amazónico de Dios (Fayetteville, NY, EUA: Editorial 3600, 2014)

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La Ballena/ Eduardo Tokeshi 

Una enorme ballena se tragó a mi abuelo
cerca de las playas de chilca en el año 1928.
mi abuelo fue uno de los primeros inmigrantes japoneses venido de Okinawa.
Tenia 23 años.
Muchos lo lloraron según consta en un documento, hallado en casa al lado de miles de sobres negros vacíos.
En 1983 cuando cumplí 23 años, es decir la misma edad de mi abuelo al momento de desaparecer, una ballena gigante fue varada en las costas de paracas.
Viajé unas tres horas para ver a ese enorme animal.
no es difícil encontrar una ballena varada te diré.
Aún respiraba y los curiosos eran pocos.
A eso de las seis de la tarde la ballena convulsionó y de pronto empezó a vomitar peces pequeños, algas y basura.
Mi abuelo asomó asustado por la boca de la ballena.
nos miramos sorprendidos.
él estaba desnudo
le ofrecí mi ropa
él se la puso entre apurado e intrigado
como siguiendo instrucciones secretas
mi abuelo me abrazó y emprendió camino
hacia la carretera.
segundos después
entré en la ballena
totalmente desnudo.

Desde ahí te escribo.

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[Pasé el muro]

Para Rosario

Pasé el muro

Vuelvo a él y lo atisbo

Viejas serpientes levantadas

Sobre la piel de la piedra

Serpientes después del barro

El fuego el amor

El descuartizamiento

Juguetes de la infancia

Que abren sus ojos

Mientras atónitos

Los integrábamos

Nos integraban

A sus juegos

Aquellos del gozo

De la más sencilla

Y cotidiana eternidad

Vuelvo pues a mí mismo

Al olvido

A la muerte de mí mismo

Con el rabillo del ojo

Más bien lo oteo

Entre el fango

Entre la piedra

Entre las sobras de mi corazón

Todavía erguido

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LO QUE ES DE CÉSAR/ Pedro Granados (trad.)

un huracán de soles
peruanos controla
los horrísonos
grafemas
derrocadas
nieves incendian
de frío
papel y
tinta
!desciende
del vasto cielo
topazion-flor!
evoco el
nombre griego de
sousândrade — genio
de letras afiladas
hasta la undécima:
sha-kes-pea-re–
para loar al césar!
y aguanto sobre el
pecho abierto de
esta página
vallejo — una
bala a quema ropa.

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