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Poesía

[Poetas que alcanzan fama o aplauso]

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Poetas que alcanzan fama o aplauso

No son necesariamente lo mismo

A los poetas que provocan la lectura.

Fama y aplauso son efecto

de las pujas del mercado;

el apetito por leer,

consecuencia de un hallazgo.

Ambos son por la persuasión.

Aunque en el segundo de los casos

No menos por lo fortuito

Y acaso lo inevitable.

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22/ Mario Eduardo Arteca

http://poesialaplata.blogspot.com/2007/12/once.html

22

¿La mar de Saint-John Perse? Vamos
por partes. “La otra mitad quedó en la lluvia”
(Molina). Qué incendio por desvanecerse
se inclina en esa lluvia de Enrique Molina.
“Porque primero se llega, después también”
(Álvaro Marín), y puesto que nadie podrá
deshacer este esquema habrá de ahorrarse
la pista en genitivo.

Creo que los mares de Perse son manes,
es decir, síntomas de una escintilación
de la que ya hablamos, con toda la ignorancia
recogida por una coincidencia de actos,
o actos de lenguaje. Vuelven los chuchos
en empalizada, en quirófano, hacia ellos,
los manes. Cuando mueren lo hacen
por mitades: una queda prendida de la lluvia;
la otra es una enmienda patafísica, escrita
por Rafael Cipollini. Los chuchos tienen
un sabor especial, por eso nadie los pesca.
Lo que algunos pescadores de mar entienden
como cuestión de gusto. O estilo. ¿Es el estilo
lo que primero llega, después también?
¿No estaré bailando en un circuito?

“Nos visita raramente ahora…”;
“Sí, me estoy convirtiendo en un solitario”.

Retengo mi mano sobre la suya
más suave que una tela.

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[Yo soy el que se abraza]

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Yo soy el que se abraza

El que se echa a llorar

A tu cuello

Enloquecido por la piedad.

En esta habitación,

Juntos el pasado

Con el presente.

El iluminado exterior

y los negros sentimientos.

Ser un viejo conocido

No me faltaba más

-Salud, señor.

Alud, mejor

El de estos años

Y el de esta conciencia

Escapada terca

Por la ventana

Como alma que lleva

El pensamiento.

Culpable no soy

Inocente, mucho menos.

Ser un pinche simple y práctico

Pensante. No un tontuelo más.

Garra contra aquel maniquí.

Aullido, dinero

Para comprarme mi salvación.

Porque mi salvación anda por ahí

A la venta.

No soy culpable. Tampoco inocente.

Y aquella imagen

La del caballo martirizado sobre la nieve

También soy yo.

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Lima/ Eielson

robertorihuela.blogspot.com
Lima, 13 de abril de 1924 – Milán, 8 de marzo de 2006

Sin embargo, para mí que nací exiliado y moriré exiliado, porque el exilio es mi estado natural, geográfico, social, afectivo, artístico, sexual, Lima no es una ciudad para vivir sino, al contrario, un lugar ideal para morir: un cementerio. En ningún lugar creo yo, la presencia de la muerte es tan palpable y persistente; en ninguna otra ciudad, su mano enjoyada nos invita, a cada paso, con tanto cinismo, tan exquisita seducción. La población subterránea de Lima es otra invisible metrópoli de huesos que duplica la ciudad visible. Cráneos y esqueletos prehispánicos, a varios metros de profundidad, aderezados de plumas, mantos y collares, soportan el peso de otros cráneos y esqueletos de capa y espada, sayo, sotana y crucifijo. Si bien la muerte, como la gripe de triste memoria, siempre ha sido española, su versión limeña resulta quizás menos filosófica, pero mucho más chistosa y presumida. Nada que hacer tampoco con la muerte mexicana, alegre y bulliciosa, siempre dueña de la fiesta, populachera. No. La muerte limeña ¡no faltaría más! es una dama callada, distinguida, dignamente ataviada, aunque muy venida a menos, gracias a la proliferación de los temblores, asesinatos indiscriminados y accidentes de tráfico, que todo lo confunden. Ya no hay religión. Hasta los gallinazos planean alto y los pericotes y la polilla retroceden ante el avance de productos que cualquiera puede comprar en la botica. La televisión, además, es una peste en colores, un pequeño ataúd de 22 pulgadas, la muerte catódica para los amantes de la tertulia familiar, y de los noviazgos a la antigua. En cambio, eso sí, Lima ha crecido mucho. Hay de todo. Desde caviar danés hasta revistas porno. Barrios enteros y rascacielos crecen a vista de ojo, sin miedo de terremotos, bancarrotas ni golpes militares. Las arenas movedizas son fascinantes, peligrosas y seguras a un tiempo, porque prometen lo imposible y, si las cosas van mal, no queda nada ni nadie para contarlo. Es ya bastante. Pero, volviendo a la arena, demás está decir que ella es mi aliada, mi única, vieja amiga limeña. Ella ha sido, durante mi breve infancia (casi no la recuerdo) y mi larga adolescencia playera, el gozoso escenario de mis juegos marinos, gimnasio natural de mis primeros músculos, mi primera paja, mis primeros versos (escritos en la arena), que ni las olas ni el tiempo han borrado todavía.
Si algo añoro de Lima es, pues, ese lado suyo, cálido y salobre como la arena: un calor que las amistades de entonces nunca pudieron darme, y un precario amor sin olor ni sabor, un estrellado recuerdo de juventud y de lágrimas junto al mar.
Sólo más tarde comprendería que esa misma arena -siempre hollada por la planta de mis pies y mis versos de niño- era también un inmenso lienzo tendido sobre la faz dorada de mis antepasados.
Todo esto para explicar, a la vez, mi alejamiento y mi secreta pasión por la ciudad: muy grande el primero, subterránea la segunda, en inestable, dolorosa contradicción. A las insípidas, muchas veces cómicas, veleidades de la superficie, a la inconsistente ciudad colonial, opongo la fulgurante majestad subterránea: templos, reinos y ciudades sepultadas bajo una estéril cáscara de polvo, bajo el obtuso oropel hispano, hoy convertido en cemento, harina de pescado, frustración, patética soberbia.

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Sobre el cemento fresco

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Sobre el cemento fresco

del mudo mar de mi ciudad

–entre los tristes botes

del muelle de pescadores–

echo mis redes. Desanudadas

mis preguntas

son unos desechos más

sobre la imantada superficie.

Sombras efímeras

mis anhelos.

Quiero morir. Morir.

Ponerme al día,

como dijo alguna vez de viejo

mi cansado padre.

Quiero morir

y hacer todo de nuevo.

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Cuarenta acres: un poema para Barack Obama/ Derek Walcott

www.esquife.cult.cu/.../No61/walcott02.jpg
Derek Walcott

(Versión de León Félix Batista)

Emerge un emblema del tumulto, un grabado:

un joven negro al alba con sombrero de paja y overol,

un emblema de imposible profecía, muchedumbre

dividiéndose como el surco arado por una mula,

separándose para su presidente: un campo de algodón

nevado

de cuarenta acres de extensión, de cuervos con presagios predecibles

que el joven labrador desdeña por sus memorables

ancestros de cabellos de algodón, mientras, alineada en una rama, hay

una tensa

corte de búhos con gafas y, en el borde lejano

del campo,

un espantapájaros burlón apunta hacia él con rabia.

El pequeño arado continúa en esta página con líneas

más allá de la tierra quejumbrosa, el árbol del linchamiento, la venganza negra del tornado,

y el joven labrador siente el cambio en sus venas,

corazón, músculos, tendones,

hasta que la tierra yace abierta como una bandera cuando la firme

luz del alba raya el campo y los surcos esperan al sembrador.

Forty Acres: a poem for Barack Obama
Derek Walcott

Out of the turmoil emerges one emblem, an engraving —
a young Negro at dawn in straw hat and overalls,
an emblem of impossible prophecy, a crowd
dividing like the furrow which a mule has ploughed,
parting for their president: a field of snow-flecked
cotton
forty acres wide, of crows with predictable omens
that the young ploughman ignores for his unforgotten
cotton-haired ancestors, while lined on one branch, is
a tense
court of bespectacled owls and, on the field’s
receding rim —
a gesticulating scarecrow stamping with rage at him.
The small plough continues on this lined page
beyond the moaning ground, the lynching tree, the tornado’s
black vengeance,
and the young ploughman feels the change in his veins,
heart, muscles, tendons,
till the land lies open like a flag as dawn’s sure
light streaks the field and furrows wait for the sower.

NOTAS:

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Hostalrich/ Edgar Altamirano

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Autos invisibles. Apenas delineados.

Una bella joven de silueta en forma de árbol,

sus brazos se enredan en tu mente;

“Hemos comido Emu, y fideos con mariscos,

el Emu es un animal parecido al avestruz,

natural de Australia o de las islas Mauricio”.

El mezcal de Oaxaca es amargo,

¿No sabes quien soy ? –dijo.

La Masía de Hostalrich es un buen sitio para comer y beber,

nos emborrachamos hasta quedar abrazados.

El edredón de la noche nos cubrió

y se hizo el tiempo muy frío,

pero no cogimos ninguna fiebre

como aquélla otra vez

en el museo de Salvador Dalí.

Regresamos para ver el juego de fútbol

entramos en un Bar repleto de gente

que gritaban “fillo de puta”.

Si no sabes quién soy, estás perdido

-recuerdo que dijo.

La bella joven estaba desnuda

y me apuntó con el dedo:

“uno solo en la cabina” -lo dijo

y yo contesté: estoy solo,

estoy solo en el mundo.

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Cuatro Haikus A The Smiths/ Antonio De Saavedra

www.askmeaskmeaskme.com/photos/smiths3b.jpg

a Andy

los peces nos miran
portamos trompos
el girar es inminente

a Johnny

en la placentera noche
el Marr está tranquilo
solo veo sus ojos

a Mike

balas azules cruzan
el largo camino
ilesas flores

a Morrissey

la leve lluvia
hermosa forma de caer
sobre la cama y dormir

Marzo – Mayo de 1997

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LA BALADA DE HARRY HALLER/ Gaspare Alagna

franciscamoreira.blogspot.com

Para M. R. S.

(Miraflores, 28 de enero – 14 de febrero de 2006)

Una noche en el teatro mágico

Ella dormía plácida y serena. Un deslumbramiento repentino se apoderó de Harry, después experimentó la transfiguración de su persona para poder entrever mejor el orden complejo de las realidades subjetivas. En ese estado de iluminación, como algunos piensan, compuso la siguiente canción de amor

1

Eso. Partir. Naufragar.
Incendiar mis campos para recuperar la memoria.
Los palomares clausuraron sus puertas con la llegada del otoño.
Mis manos se volvieron diestras para rescatar sombras fugitivas,
mendrugos de pan para alimentar el olvido y la indigencia.
Mis dedos aprendieron a tañer el silencio que llegaba de lejos
y tambien a devolver sus ecos en el aire fresco de la tarde.

Su cabellera siempre volvía a desvanecerse ante mis ojos.
Un cuerpo desasido.
Una pared sin poros
Sin palabras

Y tu misma piel se alargaba en el tiempo…..
Al infinito…

3

Lifting de corazón

El viaje por fin había terminado
y el viejo palomar volvió a poblarse de alas y plumas.
Ahora consentir el contacto, cubrir el altar con ofrendas propiciatorias,
[a veces sin respuesta]
En ese momento Harry creyó sentirse jóven (como nuevo).
Solo entonces comprendió.
Los frutos caídos en el otoño también podían iluminar
el esmalte de algunas hojas en blanco

Y tuvo la sensación de haber recobrado la voz.

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¡Rompe Saraguey!

No creo en gelman

No creo en kozer

No creo en zurita

Menos en milán

Tampoco en otro garcía

Aunque sea montero.

El maquillaje

Los traiciona. La mirada

Los delata.

No son poetas. Jamás

Lo han sido. Su obra

Es un desperdicio del tiempo.

No sus mañas.

Políticos, funcionarios,

Árbitros y racioneros

De la imaginación

Por estos feudos.

Te descuidas y te endilgan

Alguno de sus halagos.

Y entonces,

Escapas de la caverna

De la opinión para figurar

En el entremés como telonero.

Voceadores profesionales

Demiurgos al centavo.

Preferible creer en la antipoesía

Pero no de don de Nicanor Parra.

Creo en Rafael Cadenas

Creo en Alejandra Pizarnik

En varios versos de Javier

Sologuren

Que hasta el día de hoy me acompañan.

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