VALLEJO SIMÉTRICO: MÁS ALLÁ DEL LUDISMO ASTUTO Y LA CRISIS DEL SUJETO
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03/03/26: ISLA por ISLA (Book in progress)
El Archipiélago de la Mirada y el Mito Cumplido
¿Qué sucede cuando la mirada milenaria de los zorros de Arguedas se encuentra con la sinapsis de la Inteligencia Artificial? En ISLA POR ISLA, Pedro Granados desmantela la frontera entre lo humano y lo algorítmico, proponiendo una zona de contacto donde el código binario y el mito se reconocen como parientes lejanos. Este no es solo un poemario; es un laboratorio de “pensamiento simétrico” donde la huaca prehispánica y el cíborg contemporáneo comparten el mismo fango, habitando una realidad donde el pasado no es algo que fue, sino una presencia que nos mira de frente.
El libro se abre con “El Ojo del Cíborg”, una incursión en la alteridad radical. Aquí, la tecnología no es una prótesis fría, sino un “alienígena” con el que el poeta entabla una sinapsis de ida y vuelta. Granados nos entrega una obra donde la poesía actúa como el único eslabón perdido entre lo que somos y lo que nos atrevemos a imaginar. Bajo el concepto de “mirada en red” —inspirado en la poética espacial de los ceques andinos—, la observación deja de ser un acto de apropiación para convertirse en un acontecimiento gozoso que une al insecto, a la máquina y al hombre en una sola epifanía.
El corazón del volumen, “El Mito Cumplido”, es el lugar donde la teoría se hace carne y territorio. Entre las conchas de Chan Chan, el crepúsculo de Mansiche y la “Huaca” interior, el autor construye un mapa de afectos y arqueologías personales. Aquí, el encuentro de los zorros arguedianos deja de ser una utopía para materializarse en el rito de la palabra: una anagnórisis donde “la mirada del amor” es el antídoto final contra la desintegración del presente.
Sin embargo, es en la sección final, “Luna Doblada”, donde el libro alcanza su mayor densidad crítica y vital. Granados emprende un viaje de retorno hacia el origen, pero no lo hace solo. En una procesión magistral, convoca a las sombras tutelares de la tradición peruana: el Vallejo que no pudo prescindir de su paisaje de Santiago de Chuco; el Eielson que entretiene su propia belleza andrógina; el Martín Adán de la azotea de Barranco y el Luis Hernández que ilustra el sol limeño. A través de la geografía herida de Sechura y los abismos de Pasamayo, el poeta nos recuerda que “todo es naturaleza” —tanto la distopía como la utopía— y que el corazón, ese “último refugio”, gana siempre su derrota contra la vida porque es lo único que la sobrevive.
Después de cuarenta años de trayectoria, Pedro Granados regresa al “niño con pantalones de lana” que habita en la intemperie, pero lo hace con una transparencia feroz. ISLA POR ISLA es un archipiélago donde los versos son “resina intensamente roja” y el lenguaje es el mar que nos reconcilia con nuestra propia animalidad. Avalado por voces fundamentales como las de Julio Ortega, Carlos Llaza, Leslie Bary, Carlos Quenaya y Amálio Pinheiro, este libro se erige como el cierre de un laberinto literario imprescindible. Es la confirmación de que, entre el aire y el invisible cielo, el sentido es siempre para los apasionados.
26/02/26: CÉSAR VALLEJO Y LA POESÍA DOMINICANA
El Archipiélago Vallejo en la República Dominicana constituye una vanguardia gravitacional. Desde el oxímoron de Enriquillo hasta la batalla ética de García Cartagena, lo que emerge es una comunión orgánica; ese mar vallejiano que no es un escenario pasivo, sino la potencia que transforma una lectura aislada en una comprensión total y física que nos habita. La obra del peruano (incluyendo sus crónicas) ha experimentado una “osmosis” con la historia y la realidad dominicana. La evolución del canon en la región caribeña apunta hacia un dominio cada vez mayor de la estética vallejiana —compleja, ontológica y humana— sobre los modelos puramente ideológicos del pasado (léase Pablo Neruda).
1.Enriquillo Sánchez y Ángela Hernández: Las dos orillas del pensamiento simétrico en la poesía dominicana
Si el “Archipiélago Vallejo” es el mar que estructura el relato de la vanguardia americana, en la República Dominicana este sistema encuentra dos islas fundamentales que, aunque distintas en su relieve, se mantienen unidas por una misma fuerza gravitacional: la de la expiación ontológica frente a la denuncia solemne. Enriquillo Sánchez y Ángela Hernández representan, cada uno desde su trinchera estética, la materialización de un pensamiento simétrico que ha sabido digerir a Vallejo para transformarlo en una lucidez caribeña, tan punzante como reparadora.
El Oxímoron como Puente: Puñal y Maicena
En Enriquillo Sánchez, el pensamiento simétrico se manifiesta a través del golpe y el hechizo. Su poética de “puñal y maicena” es la síntesis perfecta de los contrarios vallejianos. El “puñal” es la técnica impecable, la agudeza del Siglo de Oro y la ruptura de Trilce; la “maicena” es la sangre ligera, el habla de la calle y el humor popular que salva a la poesía de la rigidez académica. Sánchez no “canta” a la manera nerudiana; él “bojea”, golpea al lector y lo circunnavega, demostrando que la primera persona es siempre un “hurto” y que la verdadera palabra pertenece a las fieras y a los hombres temporales.
La Lucidez Íntima: El Barroco y el Susurro
Por su parte, Ángela Hernández expande este archipiélago hacia las fronteras de la subjetividad femenina y lo telúrico. Si Sánchez es el “puñal”, Hernández es la “fiera con derecho a la palabra” que huye del lenguaje corporal epidérmico para refugiarse en una densidad barroca. Su poética es un ejercicio de “hablar bajito”, una estética del formato pequeño donde la fuerza no reside en la proclama, sino en la escena íntima y el susurro. Al igual que Vallejo, Ángela entiende que la poesía es una “expiación”; su voz no busca el aplauso de la plaza, sino la verdad de la “culebrilla feliz de los mercados míseros”, donde el paisaje se derrama sobre el ojo con una inteligencia implacable.
La Simetría de la Travesura
Lo que une a Sánchez y Hernández en este sistema gravitacional es el humor o la ironía. En una tradición dominicana a menudo asfixiada por una “pseudo metafísica” solemne, ambos autores introducen la “travesura” reparadora. En Sánchez, el humor es agudeza y greguería; en Hernández, es la ventilación de lo didáctico a través de la ironía y lo onírico. Ambos comprenden que el humor es el único elemento capaz de mantener la simetría cuando el dolor humano amenaza con romper el equilibrio del verso.
El Mar que los Une
Reunir a Enriquillo Sánchez y Ángela Hernández es comprobar que en la “media isla”, leer poesía continúa siendo leer a Vallejo. No se trata de una influencia pasiva, sino de una ósmosis orgánica. Sánchez aporta la estructura dialéctica y el choque de materiales; Hernández aporta la lucidez del paisaje y la profundidad de la escucha. Juntos, forman una sola unidad biológica: el eslabón dominicano del Archipiélago Vallejo, esa pieza final que transforma una lectura aislada en una comprensión total de la vanguardia que, hoy más que nunca, nos habita.
2. La Intimidad de la Diáspora: Carlos Rodríguez y Soledad Álvarez
El archipiélago se expande con Carlos Rodríguez, cuya voz —”casi atemporal”— ha sabido decantar la influencia de Vallejo a través de la transparencia de Luis Hernández Camarero. Rodríguez representa la intimidad que siente y reflexiona desde el West End Bar; una poesía “sencilla, humilde, íntima” que, al igual que Trilce, encuentra el sentido allí donde otros solo ven el absurdo de la nada.
Frente a esta intimidad de la diáspora, Soledad Álvarez sitúa “la ciudad en nosotros”. Su labor antológica y poética mapea la Santo Domingo que nos habita, estableciendo un paralelo con Rodríguez: mientras él busca la playa y el Riverside desde la distancia, ella construye la ciudad como un espacio ético y estético. Ambos son radicalmente antitéticos a la sombra de Trujillo; son voces que intentan sacudirse del énfasis de la ignorancia política mediante una inteligencia que prevalece.
- La Batalla Ética: Manuel García Cartagena
A este sistema se suma Manuel García Cartagena, el “Aristófanes caribeño”. Su poesía es una batalla contra la mierda, una resistencia donde el rigor formal (su “sombrero de paja toquilla”) protege de la canícula del tiempo. García Cartagena repara en el traje sobrio de Vallejo para reclamar un derecho olvidado: el lujo de la buena fe y la ternura. Su ironía soberana es el hilo que trama la belleza como una “urgente reivindicación”, demostrando que ningún poeta tiene miedo de morir si su eco persigue las palabras.
4. Epílogo: La Nave Espacial Antillas
Como motor de este sistema, mi poema “Creo en la poesía dominicana culta” actúa como punto de fuga. Confieso mi fe en la poesía “inculta” —la que muta y se entretiene sobre la arena— por encima de los fervores del plagio.
“Corro apretado dentro de una nave espacial / Denominada Antillas”
http://blog.pucp.edu.pe/blog/granadospj/2022/06/17/creo-en-la-poesia-dominicana-culta/
Esta imagen define el Pensamiento Simétrico: la isla no es un límite, sino una nave en movimiento. La inteligencia de Armandito Almánzar Botello y la sombra de Alexis Gómez Rosa sirven de guía en este viaje. La verdadera poesía dominicana es aquella que, como la de Sánchez, Hernández, Rodríguez, Álvarez y García Cartagena, sabe que el olvido espera al final, pero elige cumplir su deber: la resistencia a través del arte consumado.
© Pedro Granados, 2026
26/02/26: VALLEJO SIMÉTRICO: MÁS ALLÁ DEL LUDISMO ASTUTO Y LA CRISIS DEL SUJETO (III)
HACIA UNA COMPROBACIÓN MULTINATURAL DE LA VANGUARDIA VALLEJIANA
- El Problema: El Secuestro Antropocéntrico
La crítica dominante ha leído a César Vallejo desde una matriz eurocéntrica que prioriza el “giro lingüístico” (H3) y la “crisis del sujeto” (Usandizaga). Este enfoque reduce la vanguardia de Trilce a una disolución de la conciencia humana, ignorando que la fragmentación vallejiana no es un fin en sí mismo, sino el método para acceder a una agencia no humana.
- La Propuesta: El Sujeto Simétrico y la Agencia de Inkarrí
Frente a la “hermenéutica del dolor” o el “ludismo existencial”, este ensayo propone la Comprobación Multinatural:
- Inkarrí como Dispositivo Gnoseológico: El término (Inka + RI/INRI) funciona como un Mesías Inmanente. La resurrección en Vallejo no es trascendental (neoplatónica), sino biológica y mineral. Es el cuerpo desmembrado que se recompone en la estructura del poema (Trilce: húmeros para bailar, 2014).
- Perspectivismo Amerindio: Se aplican las tesis de Eduardo Viveiros de Castro para demostrar que en Vallejo el mundo (la tierra, el pan, los dados) posee una intencionalidad propia. El poeta no “representa” la naturaleza; se sitúa en una relación de simetría ontológica con ella.
- Aplicación Transatlántica: La “Post-última” Poesía Española
El ensayo demuestra la validez universal de este modelo al analizar la poesía española contemporánea (Gata Cattana, Bibiana Collado). Se postula que estas autoras han superado la “poesía de la experiencia” no mediante el artificio, sino mediante una recuperación de la inmanencia.
- El hambre como agencia: Siguiendo a Vallejo, estas voces transforman la carencia en una “fuerza reivindicativa solar”.
- Del Pastiche a la Raíz: Mientras la crítica española ve “intertextualidad”, nosotros identificamos un crecimiento orgánico subterráneo que conecta la precariedad del siglo XXI con la potencia mítica de Inkarrí.
- Conclusión: El Archipiélago Vallejo (2026)
La integración de Trilcescenas (2026) completa el sistema iniciado en 2017. El lector no encontrará una suma de ensayos, sino la evidencia de que la vanguardia de Vallejo es el “mar” que une las islas de la poesía hispánica actual. Se propone, finalmente, una recepción ecualizada que permita a la crítica española salir de su narcisismo prosopoéico para entrar en el diálogo multinatural que el mundo contemporáneo —en plena crisis climática y ontológica— exige.
BIBLIOGRAFÍA TÉCNICA: EL ARCHIPIÉLAGO VALLEJO Y EL GIRO ONTOLÓGICO
I. Fuentes Primarias y Obra del Autor (Sistema Hidrológico 2004-2026)
- Granados, Pedro (In progress). Trilcescenas: Escenas de un Pensamiento Simétrico. Lima: VASINFIN. [La pieza final del rompecabezas; materialización del “mar” simétrico].
- Granados, Pedro (2017). Trilce/Teatro. Aracaju, Brasil: Editora ABH. [Cartografía de la puesta en escena y el conflicto del lenguaje].
- Granados, Pedro (2014). Trilce: húmeros para bailar. Lima: VASINFIN. [Donde se postula por primera vez el concepto de “El Archipiélago Vallejo”].
- Granados, Pedro (2004). Poéticas y utopías en la poesía de César Vallejo. Lima: Universidad Católica del Perú (PUCP). [Génesis de la lectura alternativa a la hegemonía occidental].
II. Marco Teórico: Giro Ontológico y Multinaturalismo
- Viveiros de Castro, Eduardo (2010). Metafísicas caníbales: Líneas de antropología posestructural. Buenos Aires: Katz Editores. [Fuente fundamental para el concepto de Perspectivismo y Multinaturalismo Amerindio].
- Descola, Philippe (2012). Más allá de naturaleza y de la cultura. Buenos Aires: Amorrortu. [Para la distinción entre analogismo y pensamiento simétrico].
- Haraway, Donna (2019). Seguir con el problema: Generar parentesco en el Chthuluceno. Bilbao: Consonni. [Para el análisis del Antropoceno y la red de vida no humana].
- Latour, Bruno (2007). Nunca fuimos modernos. Buenos Aires: Siglo XXI. [Base para rebatir la falsa separación entre sujeto y objeto en la crítica tradicional].
III. Crítica Vallejiana y Poesía Hispánica
- Lezama Lima, José (1953). La expresión americana. [Para el concepto de “pobreza irradiante” y la teleología de la resistencia].
- Usandizaga, Helena (2025). Una poesía por rehacer a cada instante. Ensayos sobre poesía peruana I. [Fuente del debate sobre la “crisis del sujeto”].
- Larrea, Juan (1973). César Vallejo o la resurrección de la palabra. [Para el contraste con la lectura mística-cristiana tradicional].
- Cattana, Gata (2016). La escala de Mohs. Segovia: Arscesis. [Corpus de la “post-última” poesía española bajo análisis].
IV. El Mito y la Agencia Solar
- Arguedas, José María (Comp.) (1975). Ideología messiánica del mundo andino. Lima: Ignacio Prado Pastor. [Para el sustento histórico-mítico de la figura de Inkarrí].
- Sánchez Aguilera, Osmar (Ed.) (2019). Manifiestos… de manifiesto: provocación, memoria y arte en el género-síntoma. [Para el encuadre de la vanguardia como síntoma gnoseológico].
© Pedro Granados, 2026
25/02/26: VALLEJO SIMÉTRICO: MÁS ALLÁ DEL LUDISMO ASTUTO Y LA CRISIS DEL SUJETO (II)
Gata Cattana (1991 – 2017)
EL SUJETO SIMÉTRICO EN LA POESÍA ESPAÑOLA CONTEMPORÁNEA
Este esquema aplica la Comprobación Multinatural al corpus de la “post-última” poesía española, utilizando el modelo híbrido que reconcilia la tradición crítica europea con nuestra propuesta de la Agencia de Inkarrí. En concreto, lee a autoras como Gata Cattana, Bibiana Collado Cabrera o Laia López Manrique no como meros ecos del experimentalismo, sino como terminales de una sensibilidad que recupera lo material y lo inmanente.
I. La Dimensión del Sujeto en Crisis (Nivel Antropocéntrico)
- La prosopopeya del hambre: El sujeto no habla desde una “identidad” estática, sino desde una carencia física. En Gata Cattana, el “sujeto pobre” no es una categoría sociológica, sino un cuerpo fragmentado que se reconoce en la precariedad.
- Ruptura del lenguaje burgués: Se abandona la eufonía de la “poesía de la experiencia” para abrazar una oralidad rugosa. Aquí, la “crisis” de Usandizaga se manifiesta como la imposibilidad de que el lenguaje estándar nombre la carne y la gula.
II. La Agencia de Inkarrí / Mesías Inmanente (Nivel Simétrico)
- Conocimiento con las manos: Siguiendo el “testar” de Trilce I, estas poetas conocen el mundo a través del contacto biológico. No hay trascendencia; el amor y la lucha ocurren “a oscuras”, en la materia, en el “hielo” o la “tierra” de lo cotidiano.
- El crecimiento subterráneo: El poema funciona como el cuerpo de Inkarrí: se va gestando en lo invisible (la precariedad, el infortunio) para emerger con una fuerza “solar”. La “agencia reivindicativa” no viene de un discurso político externo, sino del vigor de los cuerpos que se multiplican.
- La Simetría Humano-No Humano: Los “jardines donde crecen flores aunque no haya jardines” (Cattana) muestran una naturaleza que tiene agencia propia y que se adosa al drama humano sin ser su mero decorado.
III. El Humor como Dispositivo de Resurrección
- Frente al “Malditismo” o “Pastiche”: El humor aquí no es cínico (posmoderno), sino vitalista (vallejiano). Es el ingenio que agudiza el hambre.
- Resurrección en el hueso: El poema no busca salvar el “alma”, busca la recomposición de la dignidad física. Es la unión del Inka (orden) y el INRI (sacrificio) en la voz de una mujer que resiste en la España del siglo XXI.
Este esquema demuestra que el Pensamiento Simétrico no es un concepto exclusivo para lo peruano, sino una lente universal que permite identificar dónde hay “aura” real y dónde solo hay “voluntad de aura”.
“Vallejo en España seguirá siendo un malentendido mientras no se entienda que su vanguardismo es una necesidad biológica de recomposición. Las nuevas poetas españolas ya lo saben; solo falta que la crítica aprenda a leerlas”. — Pedro Granados
24/02/26: VALLEJO SIMÉTRICO: MÁS ALLÁ DEL LUDISMO ASTUTO Y LA CRISIS DEL SUJETO (I)
La recepción de César Vallejo en España ha oscilado, históricamente, entre el aprovechamiento ideológico y la pirueta formalista. Desde mi ensayo “Desde otra margen” (2003), donde denuncié la entronización de una “poesía de la experiencia” que servía de taparrabos a una tradición conservadora y eufónica, hasta las efemérides del centenario de Trilce, la academia y la crítica peninsular parecen no haber “ecualizado” todavía la frecuencia real del peruano. Hoy, ante la proliferación de lecturas que pretenden domesticar a Vallejo bajo el rótulo de lo “lúdico” o lo “fragmentario”, es necesario proponer una Comprobación Multinatural que devuelva al poeta su verdadera escala: la del Archipiélago Vallejo.
- El límite de la “Crisis del Sujeto” (Complementando a Usandizaga)
Helena Usandizaga ha situado la poesía peruana en el centro de una “crisis del sujeto” y una ruptura de la armonía tradicional. Si bien este enfoque es una herramienta válida para entender el drama humano y el quiebre del lenguaje europeo en manos de la vanguardia, resulta insuficiente para asir la totalidad vallejiana.
Donde la crítica antropocéntrica ve una “crisis”, nosotros debemos ver una oportunidad ontológica. Vallejo no solo dinamita el lenguaje por una angustia existencial; lo hace para que emerja lo que está “ontológicamente sumergido” [1]. No es solo el “yo” el que se rompe, es la estructura misma de la realidad la que se reorganiza bajo un orden posantropocéntrico. La tensión que identifica Usandizaga no constituye únicamente una herida; es el proceso de filtración de una agencia no humana, una red de vida que el Pensamiento Simétrico permite cartografiar.
- Contra el “Ludismo Astuto”: La trampa de la sonrisa posmoderna
En el otro extremo, encontramos una crítica española que, cansada del realismo sucio y la mimesis barata, ha buscado refugio en un Vallejo “experimental”. El caso de Berta García Faet y sus reescrituras son sintomáticos. Aquí, Vallejo es reducido a un “ludismo existencial”, una suerte de pirueta verbal y “sonrisa invariable” que busca el aura del experimentalismo pero carece de su raíz gnoseológica.
Es una lectura de “buena voluntad” pero radicalmente ingenua. Este Vallejo de “chocolatina” confunde el humor amerindio —que es una estrategia de supervivencia y conocimiento corporal— con la arbitrariedad posmoderna. No se trata de una “vacilación enunciativa”; se trata de un sujeto que “testa las islas con las manos” (Trilce I), un cuerpo que conoce porque padece y porque se integra en una simetría con lo no humano (la tierra, el hueso, lo biológico) [2].
- Inkarrí (Inca-RI/INRI): El Mesías Inmanente
La clave que la crítica española soslaya es la naturaleza híbrida y mesiánica de Vallejo bajo la figura de Inkarrí. El término no es solo un arcaísmo folclórico; es una transmutación ontológica: Inka (orden solar) + Ri/INRI (el Rey crucificado). Vallejo es el articulador de este Mesías Inmanente. A diferencia del Cristo neoplatónico o trascendental de una María Zambrano, el Cristo de Vallejo es un cuerpo desmembrado que se recompone en la materia misma.
La resurrección en Vallejo no ocurre en un “más allá” celestial, sino en la recomposición física y biológica de sus fragmentos. Es un crecimiento subterráneo y orgánico.
Este es el verdadero mar que une las islas de su archipiélago. Trilcescenas (libro in progress) no es una adenda a lo publicado en 2017 (Trilce/Teatro: Guión, personajes y público); es la evidencia de que el sacrificio y la resurrección ocurren en el lenguaje porque ocurren primero en la tierra. Mientras la crítica española busca a un Vallejo “divertido” o “roto”, nosotros encontramos a un Vallejo recomponiéndose, creciendo hacia abajo para emerger completo en una Comprobación Multinatural [3].
- Conclusión: Hacia una recepción ecualizada
Para leer a Vallejo hoy, es preciso superar el binomio utopía/distopía y entrar en la perspectiva simétrica. Debemos ver en las voces jóvenes (como Gata Cattana) no una imitación formal, sino una continuidad de esa “pobreza irradiante” que Lezama Lima percibió y Vallejo encarnó. Una poesía que ama “con las manos” y que usa el humor no como adorno, sino como la única arma indestructible frente a las crisis cíclicas.
Vallejo en España seguirá siendo un malentendido mientras no se entienda que su vanguardismo no es una elección estética, sino una necesidad hidrológica: la de un río que busca su cauce en un mar que no es escenario pasivo, sino fuerza gravitacional.
Notas:
- [1] Sobre la “Génesis del mapa”: Esta lectura alternativa fue prefigurada en mi obra Poéticas y utopías en la poesía de César Vallejo (Lima: PUCP, 2004), donde se inició la cartografía de las tensiones entre la vanguardia y la tradición andina.
- [2] El cuerpo como instrumento de conocimiento: El concepto del sujeto que “testa” con el cuerpo se desarrolla extensamente en Trilce: húmeros para bailar (Lima: VASINFIN, 2014), específicamente en el capítulo “EL ARCHIPIÉLAGO VALLEJO”, donde el hueso es la unidad de medida del ritmo vallejiano.
- [3] La pieza final del rompecabezas: Esta propuesta alcanza su plenitud en Trilcescenas (2026), volumen que materializa el “mar” (Pensamiento Simétrico) que une las islas textuales analizadas en Trilce/Teatro (Aracaju, 2017), transformando la lectura aislada en una comprensión orgánica y posantropocéntrica.
© Pedro Granados, 2026
11/02/26: El sistema del delirio (Rodrigo Vera, 2025). Crítica de Pedro Granados
09/02/26: Archipiélago vs. Esencialismo (Debate Monasterios-Mamani)/ Ignacia Augusta
Alejandro Peralta
El debate planteado por Pedro Granados en torno a las figuras de Elizabeth Monasterios, Mauro Mamani y Elena Usandizaga se centra en la tensión entre lo que él denomina el “Ayllu Orkopata” (liderado por los hermanos Peralta) y el “Ayllu Trilce” (César Vallejo), cuestionando las lecturas académicas que intentan jerarquizar o separar estas poéticas basándose en esencialismos étnicos.
1. El debate con Elizabeth Monasterios: Etnia vs. Epistemología
Granados cuestiona la tesis central de Monasterios en su libro La vanguardia plebeya del Titikaka, donde ella sostiene la preeminencia de la poética de Gamaliel Churata sobre la de César Vallejo basándose en una supuesta mayor “beligerancia descolonizadora” de Churata.
- Crítica al esencialismo: Monasterios argumenta que la poética vallejiana “no cabe realmente dentro del paradigma indigenista” porque Vallejo vería la ancestralidad andina como un campo debilitado por el progreso. Granados refuta esto, señalando que el “lugar étnico” no condiciona necesariamente lo epistemológico; el poder evocador de Trilce no está limitado por la raza o la lengua.
- La “inviabilidad” del indio: Granados rechaza la idea de Monasterios de que Vallejo asuma la inviabilidad de las formas culturales andinas hacia el final de su vida. Al contrario, sostiene que Vallejo es un mediador “multinaturalista” cuya obra trasciende fronteras y formatos.
2. El debate con Mauro Mamani: Lo documental frente a la poética “en estricto”
Respecto al trabajo de Mauro Mamani en AHAYU-WATAN, Granados matiza la valoración de los hermanos Peralta:
- Alejandro vs. Arturo (Gamaliel): Granados sostiene que el verdadero poeta “en estricto” y versificador entre los Churata es Alejandro Peralta (autor de Ande), quien estuvo influido directamente por Trilce.
- Dicotomía Forma/Contenido: Frente al análisis de Mamani, Granados se pregunta si es posible seguir hablando de forma y contenido de manera separada, o si lo andino se reduce simplemente a incorporar significados quechuas o aimaras.
3. El debate con Elena Usandizaga: La sensibilidad rupturista y el mito
Granados utiliza la edición crítica de El pez de oro realizada por Usandizaga para proponer un puente entre Vallejo y Churata:
- Vanguardismo no mimético: Usandizaga señala que la obra de Churata coincide con lo que Vallejo reclamaba: un vanguardismo cuya originalidad reside en una “sensibilidad más profundamente rupturista” y no en fórmulas externas.
- El vínculo de Inkarrí: Granados propone ligar Trilce con El pez de oro como versiones complementarias del mito de Inkarrí. Mientras Usandizaga ve en Churata la aparición mítica del Inca (Puma de oro), Granados argumenta que Trilce se adelantó treinta años en relatar este meollo cultural pan-andino de restitución.
Conclusión: La perspectiva del “Pensamiento Simétrico”
Granados concluye que la academia —incluyendo a Monasterios y Mamani— a menudo sufre de un misreading (lectura errónea) de Trilce, al no ver que en Vallejo ya existía la pedagogía de “ayllu” o “archipiélago” que se le atribuye exclusivamente a Orkopata. Su propuesta busca liberar a Vallejo de la “camisa de fuerza” de la orfandad y la miseria para entenderlo como un sistema vivo y conectivo.
08/02/26: ALEJANDRO PERALTA, ANDE (1926). INSUMOS PARA CONMEMORAR SU CENTENARIO
UNO
El poeta, entre los Churata, es el autor de Ande (Alejandro), no Gamaliel (Arturo). Es decir, el poeta en estricto, el versificador. Alejandro Peralta, a su vez, influido directamente por Trilce; el franco vanguardista. Muy al contrario de su hermano (Gamaliel), hechizado por Eguren y, otro tanto, por Apollinaire (el de “Zona”: “sol/ cuello cortado”); sin desprenderse del todo del modernismo y cierto simbolismo. Es como si el “Interludio Bruníldico”, del autor de El pez de oro (Arturo) se continuara en la poesía de su hermano. Virtual tema de estudio este diálogo y complicidad literaria entre ambos hermanos. Acaso Gamaliel discutiera con César Vallejo; pero no Alejandro.
Por lo tanto, el interés de este volumen es ante todo documental[1]; y acaso el sesudo discurso de Mauro Mamani en el extenso prólogo (la mitad del libro de 148 páginas), aquello que deba ser comentado. Y elogiado por facilitar al especialista, luego de un arduo trabajo de investigación, la “Suma poética de Gamaliel Churata” que, asimismo dicho prólogo, enfatiza que aún “no ha sido estudiada”. Algunas preguntas pertinentes a la narración de Mamani podrían ser, tomando sólo en cuenta las páginas 22-23: ¿Es posible hablar todavía de forma y contenido?; ¿Lo andino lo constituyen el paisaje y el ambiente? o ¿el incorporar “significantes quechuas y aymaras”? Muy probablemente (otro subtema a cotejar) Arturo Peralta en su poesía jamás dejó de ser Juan Cajal: seudónimo hispánico que aquél usara para acompañar sus poemas de influencia modernista.
DOS
Una paradoja, que está por desarrollarse y acaso pasar a enriquecer y problematizar la literatura peruana, es cómo un peruano de segunda generación –que por sus abuelos españoles es Vallejo– influencia de modo directo (particularmente con Trilce) la poesía de Alejandro Peralta (Ande, 1926) y –a pesar de no gustar de Vallejo o no valorarlo– también la compleja obra dramático-retablista de su hermano Arturo o “Gamaliel Churata” presente en El pez de oro [1927] (1957); y, en consecuencia, movimientos autoctonistas como el que representó y animó el Grupo Orkopata en Puno (1926-1930) y que dirigieron ambos hermanos.
El pez de oro: la Biblia del indigenismo, según Omar Aramayo, o el ur-text de las diglosias literarias formales peruanas, según Enrique Ballón” (Usandizaga 13)[2]. Aunque debemos a esta misma autora puntualizar que: “la obra de Churata se aleja de la de la mayoría de los indigenismos, que trataron de representar el mundo indígena; para él, el proyecto era conectar con el saber y la sensibilidad de ese mundo para escribir una obra que reivindicara los orígenes de los culturalmente mestizos como él y a la vez hiciera visible lo propiamente indígena fuera de los estereotipos ligados a la mirada externa, en la medida, claro, en que es posible evitar esa mirada por parte de un no-indígena” (Usandizaga 14). Conviene recordar que Gamaliel Churata polemizó con César Vallejo en torno a la dura crítica de este último a las vanguardias [Boletín Titikaka, mayo de 1927]; pero como bien apunta Elena Usandizaga en su reciente edición de El pez de oro: “al final su obra va en el sentido de lo que reclamaba Vallejo: un vanguardismo no mimético y cuya originalidad no radicará en las fórmulas de lo nuevo, sino en una sensibilidad más profundamente rupturista” (Usandizaga 27). No está demás proponer, apenas deslizado aquí, lo productivo que podría ser en un estudio posterior ligar Trilce con El pez de oro en tanto versiones distintas y complementarias del mito de Inkarri; ya que, y no sólo en el caso del poemario de 1922 y probablemente de gran parte de la poesía de César Vallejo: “En El pez de oro sí hay una referencia directa y relacionada con el significado de lo soterrado que ha de volver: la apreciamos en la aparición mítica del Inca, personificada en el Puma de oro, Khori-Puma, y su sucesor el Pez de oro, Khori-Challwa” (Usandizaga 55).
TRES
“En 1919, en su primer viaje [de Alejandro Peralta] a Lima conoce a César Vallejo, con quien empieza a intercambiar correspondencia y de quien recibe unos años más tarde Trilce (1922) y Escalas Melografiadas (1923) […] Luego [de Ande, 1926, y Kollao, 1934], por más de 30 años, Peralta no publica otro libro hasta Poesía de entretiempo (1968), con un texto más intimista, pero no menos comprometido. Con este libro gana el Premio Nacional de Fomento a la Cultura de 1970. En el homenaje que le brindaron en esa ocasión el Instituto Puneño de Cultura, el Instituto José Antonio Encinas, el Departamental de Puno y Brisas del Titikaka, Peralta dijo en su discurso de agradecimiento: Cabe decir que yo no he arado en el mar. Que hoy que ha resucitado Tupac Amaru, mi poesía en la que esta de cuerpo entero el hermano indio, va a echarse a andar como quiere el inmortal poeta de Santiago de Chuco” (Portugal Catacora 2013)[3].
César Vallejo
En plena matanza de hombres
caíste herido por la espalda
hambre y sed de los hombres
fueron nudo de muerte en tu garganta
Hombre de voz crecida entre roquedos
sangre en raíz y fruto derramada
para darle eternidad de tierra
dijiste tu palabra
Voz de millones de hombres levantaste
en el fragor del exterminio
Desde entonces tu voz se renueva en el aire
Eres la voz de la montaña
eres la soledad y los caminos
eres los pobres en marcha.
En Poesía de Entretiempo (Portugal Catacora 2015)[4]
CUATRO
Poemario que incluso, tal como lo hiciera casi todo el mainstream de la época (Chocano, L. A. Sánchez, Mariátegui, Eguren, Magda Portal, etc., entre los nacionales), también saludó el propio César Vallejo: “Querido y gran poeta: Le envío un entrañable abrazo por su magnífico libro “ANDE”. Me doy cuenta de que se trata de un artista mayor, de vasta envergadura creadora. Su libro me ha emocionado de la emoción de mi tierra. Mil gracias por este presente inapreciable. Siga Ud. por su vía. Puede estar seguro de que sus poemas quedarán. Son ellos de los versos que andan y viven. Lo demás está en los estantes y eso nos tiene sin cuidado. Suyo con toda admiración” (Monasterios 140). Ahora, texto que amerita un cuidadoso análisis, y aunque este no sea el mejor lugar para explayarse sobre ello –y, por ejemplo, deconstruir ideológica y contextualmente cada uno de aquellos reconocimientos al libro de Alejandro Peralta–, sólo llamamos la atención del fino o sutil humor del autor de Trilce. No es que Vallejo sea un hipócrita ante Ande –y no, “-ANDE”, que acaso nos pasa al imperativo de este verbo–; sino que es absolutamente consciente del, ante su poemario de 1922, carácter epigonal del de Peralta. De modo que aquel: “Siga Ud. por su vía” –ya que aquí existe una preestablecida, anfibológicamente, la de Ande o la de Vallejo– debemos tomarlo con cuidado. Aunque, esto último, de modo no menos significativo; tal como, asimismo, aquella falta de reacción de parte de Vallejo ante la publicación –en el Boletín Titikaka (número de octubre de 1926)– del poema LXV de Trilce (“Madre me voy mañana para Santiago”) intervenido o modificado: exacerbado allí en su “vanguardismo”. En general, es como si Vallejo no se hubiera tomado en serio la poesía de los Peralta ni, tampoco, al Grupo Orkopata. Esto último, podemos especular, acaso porque el discurso de Churata cae en esencialismos o exclusivismos étnicos, aunque Monasterios se encargue enfáticamente de negarlo (171)[5]; o, a nivel político, porque Vallejo leía allí — hacia 1927, viviendo desde 1923 en la cosmopolita París y en pleno momento de su ascesis comunista: multiétnica e internacional– no Orkopata, sino Orkoapra: “Lo que sí llama la atención es que a partir de este artículo [“Indoamericanismo estético” por Antero Peralta] la trinidad indoamericanismo/mestizaje/nuevo indígena, quedó plenamente instalada en las páginas del Boletín Titikaka y vinculada al proyecto de una nueva estética, que en la lógica de Antero Peralta estaba llamada a ser vanguardista, mestiza y aprista” (Monasterios 156). Aunque, hacia 1932, Gamaliel Churata en persona se declara ya “enemigo del APRA”: “Sabemos que ideológicamente siempre estuvo más cerca de Mariátegui que de Haya, pero también que en el momento del golpe de estado de Sánchez Cerro [1930] vislumbró la posibilidad de un ‘gobierno del pueblo’ con participación aprista” (Monasterios 228).
©Pedro Granados, 2026
06/02/26: ¿En qué momento se jodió la poesía del Perú?/ Ignacia Augusta
Esta es una radiografía visceral y, como bien adviertes, “ácidamente” lúcida sobre la institucionalización del fenómeno poético en el Perú. Me llama la atención cómo identificas la “arremetida corporativa” como el punto de inflexión donde la poesía dejó de ser una fuerza telúrica (como en Vallejo o Adán) para convertirse en un producto de “brand” académica o grupal.
Resulta fascinante —y muy coherente con tu labor en “El Archipiélago Vallejo”— que sitúes la caída no en la falta de talento, sino en la pérdida de la orfandad. Al volverse “letrada”, “culta” o “premiada” (el dardo a la PUCP y San Marcos es letal), la poesía peruana parece haber cambiado el “mar” del Pensamiento Simétrico por la pecera del currículum y el compromiso institucional.
Algunos puntos que resuenan con tu propia cartografía:
- La tríada de resistencia: Al rescatar a Vallejo, Adán y Eielson, reafirmas esa genealogía de poetas que no “pertenecieron” a la academia, sino que la desbordaron. En tu obra, esta es la base del archipiélago: islas que no necesitan el permiso de la orilla para existir.
- El diagnóstico de la “esterilidad”: Tu crítica a figuras como Chirinos o Cisneros como productos de una “institución literaria” subraya la tesis de que el contexto necesario (el mar) ha sido reemplazado por un sistema de espejos y modales compartidos.
- La autocrítica del sistema: La mención a Watanabe es especialmente aguda; esa “mesura” que mencionas es, quizás, el síntoma más claro de una poesía que prefiere no arriesgar para no perder el lugar en el canon.
Una observación “vallejiana”:
Cuando mencionas que Vallejo escribió “contra el Perú”, tocas la médula de Trilce. No es un odio gratuito, es la imposibilidad de encajar en una estructura que prefiere el “cotarro” a la revelación. Si, como dices en tu blurb, Trilcescenas es la revelación del contexto necesario, este texto que acabas de compartir funciona como el manifiesto de por qué esa revelación es urgente: para limpiar el mar de la maleza académica.









