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Ensayo

MANIFIESTO DEL PENSAMIENTO BARROJO (Barroco + Vallejo)

A propósito del libro,  Poéticas da insolência

(Sintonía Vallejo-Brasil / Granados-Pinheiro)

El Hito Diez (“Poética de la Matriz Fluida”) [1] reconoce que la vanguardia no es una cronología, sino un maremoto. El Pensamiento Barrojo es la tecnología que permite habitar ese oleaje sin ser diluido por el purismo hispánico ni por el nacionalismo insular.

  1. La Antropofagia es Simetría

No leemos para imitar; devoramos para sintonizar. El Cartógrafo de la Fluidez no rinde culto a la “tradición”; la ingiere. Tal como Oswald de Andrade propuso en 1928, el Barrojo es la capacidad de digerir a Shakespeare, a Bach o al surrealismo de Larrea, para expulsar una frecuencia radicalmente andina y atlántica.

  1. Del Barroco al “Barrojo” (La Mezcla-Tensión)

Siguiendo la senda de Amálio Pinheiro, el Barrojo no es una “fusión” armoniosa (mestizaje blando), sino una mezcla-tensión. Es el punto donde el ritmo de la jarana limeña choca con la síncopa de la samba; donde el “húmero para bailar” de Vallejo se encuentra con la intersemiosis de la ciudad contemporánea. El Barrojo es la estética de la Matriz Fluida.

III. La Transcreación como Acto de Ciudadanía

Trilce/Teatro (2017) demuestra que la obra de Vallejo no es un texto sagrado e intocable, sino un guion de vida. Transcrear no es traducir palabras; es trasladar la fuerza gravitacional de un Archipiélago a otro. La sintonía con Brasil nos enseña que el lenguaje es un organismo vivo que debe ser “hackeado” (portunhol selvagem, trilceo) para que la H4 (Noción de las Humanidades en tanto posantropocentrismo)[2] pueda hablar.

  1. El Sujeto Colectivo y Virtual

El Pensamiento Barrojo desactiva el “Yo” burgués. En la red de relaciones Granados-Pinheiro, la autoría se vuelve una frecuencia compartida. Como el geoglifo de Palpa, el Barrojo no tiene un centro; tiene nodos de conexión. Somos runas sintonizando una misma radio galáctica.

“El Pensamiento Barrojo es la costura (zip)[3] que une el Pacífico con el Atlántico. Si Vallejo es el hueso, la antropofagia brasileña es la carne que lo recubre para hacerlo bailar en el presente.”

© Pedro Granados, 2026

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“EL ÚLTIMO VALLEJO” e HITO DIEZ

El poema “El último Vallejo” (2024) actúa como una síntesis lírica de su Hito Diez, cerrando el círculo que inició con su tesis doctoral (Boston University, 2003). Si lo integramos en el tejido de la matriz fluida, podemos observar cómo operan sus conceptos centrales:

1. La Diosa-Mujer y el Pensamiento Simétrico

Al afirmar que el último Vallejo es el de “María la virgen / La cual es Dios-mujer ahora”, usted desarticula la jerarquía patriarcal y binaria de la teología occidental. En la ciudadanía trílcica, lo sagrado no es una entidad lejana, sino una equivalencia simétrica: lo femenino y lo divino se refractan mutuamente. Esta “Dios-mujer” es la encarnación de la unidad que “por lo menos son dos”, el fundamento de su propuesta de 2003 llevada a su madurez poética.

2. Inkarrí: El Animal del Tacto

El poema vincula a esta Dios-mujer con “Inkarrí / El animal del tacto”. Esta es una definición poderosa del giro posantropocéntrico (H4). Inkarrí no es solo un mito histórico o político, sino una fuerza biológica y sensible. Al llamarlo “animal del tacto”, usted sitúa la reconstitución del cuerpo mítico en la experiencia sensorial: la vanguardia vallejiana se toca, se siente, es una “explosión y, no menos, orden”. Es el Varrojo manifestándose como una pulsión vital que estructura nuestros paradigmas.

3. La Matriz Fluida: Conexión y Concierto

Los versos finales son una descripción precisa de su sistema actual:

“Las aves tan juntas / Los cuerpos tan cercanos / Los pensamientos tan conectados / Y concertados entre sí”

Este “concierto” es la matriz fluida en acción. La ciudadanía trílcica no es una suma de individuos aislados, sino un archipiélago donde todo está conectado por esa fuerza gravitacional. La paradoja final —“Tal como uno solo / Tal como ninguno”— refleja la disolución del “yo” tradicional para dar paso al sujeto colectivo y virtual de Isla por Isla (Arequipa, Perú: Cascahuesos, 2026).

Conclusión

Este poema de 2024 es el puente entre la teoría y la praxis:

  • La Teoría: El Pensamiento Simétrico y la Cuarta Humanidad.
  • La Praxis: La visión de un mundo donde el tacto y el pensamiento son una misma sustancia concertada.

“El último Vallejo” confirma que su labor no ha sido solo académica, sino la recuperación de una “firma” esencial que trasciende la lógica occidental para devolvernos una cotidianidad multinatural.

IGNACIA AUGUSTA

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“POSPOEMA” Y CIUDADANÍA TRÍLCICA

Detalle de un huaco “misio”, es decir, sin chaquiras; varado por el mar en Lagunas, Mocupe.

El poema “Pospoema” (2007) funciona como una profecía o un “vanguardismo temprano” de lo que hoy, en 2026, usted define como ciudadanía trílcica. Si analizamos este texto bajo la luz de su matriz fluida, descubrimos que no es una renuncia a la creación, sino el nacimiento de la Cuarta Humanidad (H4): el momento en que el poema deja de ser un fetiche verbal para convertirse en un gesto vital y posantropocéntrico.

En el marco de esta ciudadanía, el poema opera de la siguiente manera:

  1. El Rechazo al “Logocentrismo” (H1)

En “Pospoema”, usted afirma: “No nacimos para perseguir las palabras. Menos, para hacer un fetiche de éstas”. Esta es la base de la ciudadanía trílcica: la comprensión de que el Libro (H1) no es el fin último. Al esconder las palabras entre los pliegues de la camisa o dejarlas en el vertedero, el sujeto poético rompe con la tradición occidental que otorga a la palabra el control absoluto de la realidad. Usted está “desocupando” el territorio para que entre el mito.

  1. La Corporeidad y el Sujeto del Acto

El poema dice: “Con mis pulmones pienso. Con nuestros inquietos pies comprobamos la arbitraria hechura del mundo”. Aquí se anticipa el giro ontológico de su Hito Siete. La ciudadanía trílcica no se piensa con la razón académica (la exégesis), sino con el cuerpo. Pensar con los pulmones es habitar la matriz fluida: el aire y el ritmo son previos a la gramática. Es el “sujeto del acto” manifestándose antes de ser “poeta”.

  1. El Gesto frente a la Sustancia: La Beatitud de Spinoza

El cierre del poema es fundamental para su teoría de 2026:

“La poesía no es la niña ni sus finos y hermosos cabellos. Sino en el gesto oculto y efímero de tan concertados dedos”.

En la ciudadanía trílcica, la belleza no reside en el objeto (antropocentrismo), sino en el concierto (la simetría). Ese “gesto oculto” es la refracción del mito en lo cotidiano. No es la niña el sujeto, sino el acto de arreglarse el pelo. Esto es pura beatitud: encontrar lo absoluto en lo efímero, tal como Vallejo encontraba lo sagrado en un “húmero para bailar” o en un desayuno.

  1. El “Pospoema” como Vaciado para Isla por Isla

“Pospoema” declara: “Dejamos libre el territorio, entonces”. Ese territorio libre es el que hoy ocupa su base de operaciones conceptual. Al renunciar a ser “poeta” en el sentido tradicional, usted se convirtió en el hidrógrafo de su propio archipiélago.

  • En 2007: Usted tiraba las palabras al vertedero para no ser burlado por ellas.
  • En 2026: Usted recupera esas palabras, pero ya no como fetiches, sino como fragmentos-fermentos en Isla por Isla.

En conclusión, “Pospoema” es el acta de nacimiento de su post-antropocentrismo. Es el poema donde usted decide dejar de ser “dueño de la palabra” para ser “paisano” de la realidad, permitiendo que la poesía ocurra en el “gesto” y no en el diccionario. Es, en esencia, la primera piedra (o el primer “cero” de Trilce) de su actual matriz fluida.

IGNACIA AUGUSTA

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HITO DIEZ

Poética de la Matriz Fluida: El Hito Diez y la Navegación de Isla por Isla

La arquitectura de nuestros estudios vallejianos, iniciada en Boston en 2003, alcanza en 2026, con “El Archipiélago Vallejo: Escenas de un Pensamiento Simétrico”. (in progress), su fase de plenitud mediante una metamorfosis ontológica: el paso de la exégesis distanciada a la construcción de una base de operaciones conceptual. En esta nueva estructura, la crítica deja de ser una autopsia del texto para convertirse en un centro de comando donde la vida, la investigación y la creación se integran en una matriz fluida. Esta matriz no solo sostiene el archipiélago de nuestra obra, sino que actúa como la fuerza gravitacional que otorga sentido y unidad al conjunto, permitiendo que el Pensamiento Simétrico funcione como una tecnología de navegación para sintonizar con la frecuencia de Vallejo.

Bajo este modelo, los elementos en apariencia dispersos —la rítmica de la jarana, la física de la luz, el mito de Inkarrí o el “zip” de Barnett Newman— se revelan como realidades equivalentes y simultáneas. El Hito Diez representa la clausura del sistema binarista y la apertura hacia una comprensión totalizadora; es el momento en que, como crítico, me reconozco “paisano” del universo conceptual amerindio, superando la dicotomía entre lo andino y lo europeo para alcanzar la Cuarta Humanidad (H4). Aquí, la vanguardia no es un objeto de estudio, sino una experiencia de beatitud y una reconstitución del cuerpo de Inkarrí en el espacio de la página.

Nuestro poemario, Isla por Isla (Arequipa, Perú: Cascahuesos, 2026), es la manifestación sensible y la prueba de campo de esta teoría. Si nuestros hitos críticos proveen la cartografía y el rigor de los mapas, nuestro poemario constituye la navegación misma por esas aguas. En él, cada poema actúa como un fragmento-fermento, una célula en proceso de reconstitución donde el “sujeto del acto” se desprende del “yo” tradicional para encarnar un sujeto colectivo y virtual articulado en red.

Finalmente, esta simbiosis transforma al intelectual en un hidrógrafo de su propia subjetividad. Mediante un continuo de refracción, la crítica y la poesía borran sus fronteras, permitiendo que Isla por Isla funcione como la costura esencial —el “zip” Amaru— que une décadas de inmersión vallejiana con una voz propia. Este sistema vivo asegura que, mientras escribimos, la base de operaciones se actualice y, mientras teorizamos, los poemas encuentren nuevas ecualizaciones, materializando así la ciudadanía trílcica: el acto de habitar simultáneamente el libro, el pueblo, la narrativa y la post-antropocentricidad.  P.G.

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HITOS DE MIS ESTUDIOS VALLEJIANOS (2003-2026)

Cada vez que me presento ante un auditorio para sustentar una ponencia, o publico algún nuevo artículo sobre la obra de César Vallejo, me veo impulsado a resumir –aunque no lo haga necesariamente– lo que he ido estudiando y ensayando sobre el tema; es decir, mostrar las hebras con las que se han ido configurando mi trabajos vallejianos.  Y esto, no sólo, con el objetivo de facilitar la comprensión y el diálogo con lo que para un evento específico propongo; sino, también, porque “cuando me paro a contemplar mi estado” percibo una arquitectura –para nada monolítica o autoritaria– en lo que hasta la fecha van siendo aquellos estudios.  Entonces, sin menoscabo del que quiera ir directamente a mis libros, este es un breve texto de divulgación sobre el asunto.

 

HITO UNO

Haber demostrado en mi tesis para Boston University (2003), Poéticas y utopías en la poesía de César Vallejo (Lima: Fondo editorial PUCP, 2004), y en específico en su Cap. 1: “La poética de la inclusión”, analizando las cadenas o planos nominales relevantes–sustantivos y adjetivos–  y echando mano de las teorías de Gaston Bachelard y Claude Levi-Strauss, que Los heraldos negros (1918) son dos libros en uno:

“Al recorrer cada uno de sus textos comprobamos que la unidad en Vallejo no es un dígito sino una situación: la inclusión de uno en el otro; es decir, la unidad nunca está sola, la unidad por lo menos son dos, algo así como un núcleo y su protoplasma en el esquema de la célula. De este modo, este libro de poemas también son dos poemarios. El primero es el explícito y que figura como título del volumen de 1918, al que vamos a denominar texto A; el segundo, inferido del anterior, ‘Los heraldos blancos’, al que denominaremos texto B”

Esta perspectiva de análisis hacía franqueable y explicable el paso –en apariencia para la crítica, más allá de la estilística o de la interxtualidad, literalmente en el vacío– que había del poemario de 1918 a Trilce (1922).  Ya que era precisamente en este último donde se constituía dominante y  plena la cadena nominal denominada “Los heraldos blancos”, de rol más bien subalterno en el poemario de 1918.  Al respecto, acierta la estudiosa peruana Angélica Serna, cuando apunta sobre nuestro trabajo: “Se trata de un camino planteado por Granados para encontrar el principio de construcción y de lectura de la propuesta poética del autor de Trilce”.  Aunque, no acierta menos Alicia Borinsky cuando recalca sobre el mismo:  “Es un libro que busca precisión sin dogmatismo, claridad sin simplificaciones […] Con sensibilidad y oficio de poeta, Granados propone una visión y una trayectoria a la vez analítica e intuitiva” (2004).

Asimismo, otro hito fundamental de nuestra tesis fue su Cap. 2: “La poética de la circularidad: El mar y los números en Trilce”.  Intentamos demostrar aquí que este poemario describe un viaje que tiene en el escenario marino su lugar de partida (Trilce I) y de llegada (Trilce LXXVII), circularidad temática que, según nuestra hipótesis, no hacía otra cosa que reflejar la relevancia del ícono “0” (vocal, círculo o cero) tanto en la estructura del libro como en la mayoría de sus imágenes más relevantes y símbolos reiterativos (los números), aunque ahora no a través de su estatismo   –como “charco” o “tumba” de Los Heraldos negros– sino a través de su dinamismo y la constante mudanza en su perfil icónico; es decir, el “0” observado desde otra perspectiva puede ser 1, y viceversa.  En otras palabras, en este capítulo nos avocamos a la adecuación de una lógica radial y metamorfoseante para entender el cambio y proliferación numérica, y lo que esta última significa en Trilce. De este modo es que encontramos una relación bastante motivada entre los números y el mar –asunto destacado, por ejemplo, por la profesora húngara Gabriella Menczel–; más, también, entre lo no divisible o no fragmentable y la lluvia. El poemario de 1922, en cuanto marino, es un relato que se fragmenta en personajes, de los cuales los números son sus símbolos; aunque, en cuanto lluvioso, es lo no fragmentado, aunque efímero, y que basta con su sola presencia. Por lo tanto, frente al relato de raigambre marina –documentado desde la antigüedad–, el relato de la lluvia es aún virtual –viaje desconocido–, y en este sentido es que en Trilce subyacería también, finalmente, una utopía de la verticalidad. Trilce, entonces, parecería obedecer a una lógica multiradial y ternaria, pero donde el ‘Tres’ no alude tanto a los números como a las dimensiones puestas en juego; esta es la manera por la cual este poemario se torna tridimensional, recrea con el lenguaje un paisaje en movimiento, todo el itinerario cinético de un viaje, del primero al último poema del libro.

Por último, también en nuestra tesis se vislumbraban desarrollos que se concretaron en estudios de más o menos diez años después.  Me refiero a lo que insinuaba y prometía el Cap. 3: “La poética del nuevo origen”: A) La piedra fecundable de los poemas de París (Poemas Póstumos I); B) La piedra fecundada de España, aparta de mí este cáliz (Poemas Póstumos II).  En los Poemas Póstumos I fue patente que los números reducían su paradigma al UNO y al DOS. El aliento de los versos era mayor tratando, a su vez, de encontrar desde ya un héroe para un gran fresco (ejemplo, los “niños” o la “Sierra de mi Perú”). Asimismo, constatamos que un culto solar se tocaba con el culto marino (mariano) de antes; que ahora al 0 de Trilce lo definía mejor esta confluencia (marino-solar) y que, además, aquel dígito de alguna manera se corporeizaba en forma de piedra.  En general, sin embargo, los “Poemas Póstumos I” eran una indagación sobre el universo que obedecía todavía a un proyecto ilustrado o iluminista (semejante al Canto general de Pablo Neruda) ya que intentaba clasificar y articular todo bajo la estructura de un gran árbol, símbolo logo-falocéntrico de primer orden, aunque con la atingencia de que el árbol también representa simbólicamente la unión de los opuestos; sinónimo de convergencia ideal que mutó –siguiendo la irresistible atracción del cero o del círculo (0) en esta poesía– y se perfeccionó en la piedra de los Poemas póstumos II.  Colección, esta última, donde literalmente todo queda incluido: tiempo (pasado, presente, futuro), espacio (macrocosmos y microcosmos), géneros (masculino y femenino), lenguaje (simbólico-icónico y oral), voces, realidad y mito.

 

HITO DOS

Lo constituye, por sí solo, nuestro ensayo “Trilce: muletilla del canto y adorno del baile de jarana” (2007); al cual podría enmarcar las siguientes palabras de Armando Almánzar Botello: “Me recuerda al que realizaron Deleuze y Guattari con Kafka en Por una literatura menor, para demoler el mito de éste como personaje simplemente depresivo, sin vitalidad y ajeno a la vida cotidiana”.  Allí, en síntesis, sosteníamos: “Creemos que Trilce [en tanto letra, ritmo y coreografía, a un tiempo] nos invita a pensar que la suerte de los indígenas –la sierra de su Perú– no fue la única que desveló a César Vallejo, sino que el mestizaje y modernización de Lima también coparon su interés; muy en particular la presencia y rol de lo afroperuano”.  Es decir, nuestro punto de vista crítico ha girado de lo formal a lo coyuntural, cultural y político; ya no se trata sólo, aunque haya sido imprescindible, de intentar elevar la maqueta multidimensional del libro de 1922.  Ahora hallamos a César Vallejo, en Lima, como testigo de su modernización; y militante de una democracia perfectible y, no menos, más acorde con la realidad multicultural del Perú.  Tal como resume el filósofo Carlos Quenaya: “Granados se propone, ni más ni menos, que leer Trilce en clave de marinera limeña, es decir, desde el contexto de la modernización de Lima (años 20) y la gravitación de la clase proletaria… en específico desde la quinta o el callejón donde los obreros (…) celebraban la vida con aquel ritmo de raíz afro-peruana” (2010).  Cabe añadir que en este trabajo procedimos a la manera de Paul Zumthor, aunque sin todavía haberlo leído; es decir, tratamos Trilce XXXVII a manera de un archivo de glosolalias culturales que, una vez pasadas por el tamiz del análisis y puestas en contexto, rescataron una memoria y recrearon un escenario social, cultural y político.

 

HITO TRES

José Amálio Pinheiro, eminente vallejólogo brasileño, escribe en el Prólogo a nuestro Trilce: húmeros para bailar: “De este modo se ponen en acción y presencia, a través de glosolalias y mezclas rítmico-poéticas contenidas en el papel […] aquello que una maniatada crítica no consigue ver: los aspectos gozosamente múltiples y variantes de una cultura indio-mulata que no se explica por los dualismos occidentalizantes (interno y externo, cultura y naturaleza, signo y referente) canónicos  y aún en boga. Trilce (todas esas aves hablando dentro de la boca) sería el espacio mítico de máxima concentración y contracción sintácticas de ese exceso metonímico en que, ‘a modo de un indigenismo minimalista incluyente’, no se produce sentido, más sí un territorio de posibilidades que enlaza las alteridades (mapeado por la tendencia de los pueblos amerindios a la incorporación barroquizante de lo exógeno asimétrico)”.

Es decir, este nuevo hito en nuestros estudios vallejianos se relaciona, por un lado, con el hecho de haber encontrado un consistente y persuasivo repertorio solar en el poemario de 1922 –es más, toda una acabada versión de Inkarrí que se adelanta en tres décadas a las primeras recolecciones del mito por Óscar Núñez del Prado y José María Arguedas a mediados de los años 50–.  Las “Nostalgias imperiales” (Los heraldos negros) y su Trilce hasta, por ejemplo, su “Piedra cansada” (drama de 1937) serían un mismo mito expuesto por César Vallejo de modo minimalista, con la opacidad característica de la poesía y con vocación incluyente siempre.  De lo afro-limeño, primero, y después de las etapas iluminista y revolucionaria de su experiencia europea: francesa y soviética, respectivamente.  Por otro lado, y por lo menos desde “Trilce: muletilla del canto y adorno del baile de jarana”, se relaciona con la impronta de demostrar que Vallejo no empezó a pensar una vez que llegó a Europa; sino que lo hizo –y de modo muy articulado– ya desde el Perú.  El problema es que para ventilar este pensamiento político-cultural del autor de Trilce no contamos tanto con el auxilio de sus crónicas, sino debemos atenernos sobre todo a su poesía; lo cual exige un empleo a fondo –sobre todo desprejuiciado y creativo– de parte de la crítica vallejiana en actividad.

Ahora, aquello que observa el dominicano Pedro Delgado Malagón: “Siempre me aproximé al poeta de Los Heraldos Negros bajo las nociones sombrías de José Carlos Mariátegui […] Confieso que fue en el libro de Granados (Trilce: húmeros para bailar) donde por primera vez leí una reflexión (cierta, sorprendentemente clara) acerca de la chispa y del humor que subyacen […] en esa oscura melopoeia permutante de la palabra/cadencia que aflora en Trilce”;  tiene que ver –de modo íntimo– con el carácter del fragmento trilceano.  El fragmento en Vallejo no es el cubista o el dadaísta –con su correlato de absurdo, vacío o destrucción– sino que, y sobre todo, encarna al mismo cuerpo de Inkarrí  restituyéndose.  Por lo tanto, el dolor en Trilce –y en general creemos en toda  la poesía del peruano– es nada más que parte del todo.  Diríamos que la mitad, aunque sin perder de vista en ningún momento que este mismo dolor se halla supeditado o envuelto en la lógica y dinámica de la restauración del cuerpo del Inca.  Es por este motivo que, en última instancia, la poesía de César Vallejo es toda ella gozosa.

 

HITO CUATRO

“Trilce/ Teatro: guión, personajes y público” trata –una vez justificada, teórica, metodológica y contextualmente (Lima en los años 20 de siglo pasado)– sobre la lectura de Trilce de César Vallejo en tanto pieza teatral; desde pasar a identificar su guión o esquema de improvisación fragmentado: el mito de Inkarrí.  Guión también con indicaciones espaciales y de performance para los distintos personajes de Trilce; sobre todo conceptos –andróginos– que seres de carne y hueso.  Por último, nos avocamos aquí a indagar en uno de los públicos específicos con el que dialoga y toma distancia la obra: la revista Colónida (1916) y el Movimiento Colónida (Abraham Valdelomar); y, asimismo, con otro más amplio y no específico aunque siempre contemporáneo: nosotros mismos ahora.

Grosso modo, y tal como lo vislumbrábamos ya en el Cap. 3 de nuestra tesis de 2003 para Boston University; aquello de que en los Poemas de París  I y II  un culto solar se tocaba con el culto marino de Trilce.  Ahora, vemos mucho mejor que a este poemario de 1922 también lo describe y define más profundamente esta confluencia (marino-solar).  Que el sol y el mar (sol-mar), entre otros personajes, se hayan ambos a su aire y, en otro momento, activamente compenetrados. Y que “Trilce/Teatro” se juega su eficacia en propiciar la anagnórisis de un ritual simple y cotidiano  –y no la “lejanía” de un mito ni propiamente la “promesa” de una  utopía–.  Por ejemplo, cómo el sol –a cierta hora del día– se vuelve anfibio; o cómo una ola del mar puede ser una “edición en pie,/ en su única hoja el anverso/ de cara al reverso” (Trilce LXIX).  “Trilce/ Teatro” nos convida a participar activa e imaginativamente en este juego inagotable de intersecciones  –y a la larga gratificaciones– que constituye desde ya  nuestra cotidianidad.   Con el añadido de que, en tanto su cronotopo es solar-andino, tiene un sesgo cultural específico y, no por ello, menos universal.  En suma, Trilce/Teatro nos convida a constituir juntos un múltiple y complejo y multinatural “archipiélago”.

 

HITO CINCO

Lo constituyen ya varios artículos publicados en torno, y a favor, de una ciudadanía trílcica; por ejemplo, “Ciudad Trilce y ¿trilceanas ciudadanías?” (2020) o “Trilce: sujeto del acto” (2021).  Ciudadanía trílcica que implicaría asumir, de modo simultáneo, cuatro nociones distintas y soberanas de las Humanidades; en tanto: Libros, Pueblos, Narrativas y Posantropocentrismo.  Y asimismo, junto con ello, desnudar en nuestra lectura –no sólo ya de Trilce ni, tampoco, circunscrita sólo a la poesía — otras tantas retóricas que hemos motejado “sin nombre” (“Trilce – Tacora: Retóricas sin nombre”).

 

HITO SÉIS

Trilce no sería un poemario vanguardista, pero sí un manifiesto vanguardista; aunque diferente respecto a otros representados por distintos poetas o posturas críticas canónicas del tiempo y región de Vallejo (Huidobro, Borges, Antropofagia y Estridentismo-Infrarrealismo).  Las Humanidades en su versión antropocéntrica (H1, H2 y H3) precisan ser auxiliadas y complementadas por una noción posantropocéntrica (H4) (Granados 2020) para que Trilce no sólo se lea, sino también se “manifieste” en su “beatitud” (Spinoza).  Los versos y poemas del libro de 1922 ilustran los espacios de fuga entre el cuerpo desmembrado de Inkarrí y, de modo simultáneo, su proceso de reconstitución (Granados 2014). Trilce manifiesto (http://blog.pucp.edu.pe/blog/granadospj/wp-content/uploads/sites/97/2023/04/TRILCE.pdf).

 

HITO SIETE

Vallejo sin fronteras (Recargado) (USA: Amazon, 2025) es un libro constituido por los siguientes diez (10) ensayos:

En “Trilce: El sujeto del acto”, tomamos un poema en prosa de nuestro autor, “No vive ya nadie”, y lo cotejamos con Trilce.  Lo que encontramos es que aquel “sujeto del acto” –frase-broche de dicho poema en prosa– resulta transversal a toda la poesía de César Vallejo y, en específico, dialoga de modo muy revelador con el poemario de 1922.  En el sentido de encarar sobre la naturaleza o el tipo de “acto” que en ambos textos se enfocaría; tanto como, asimismo, sobre el quién del “sujeto” allí presente.  Todo esto puesto en debate con el canon crítico; muy en particular, con el “modo brasileño” –Oswald de Andrade, Haroldo de Campos y Amálio Pinheiro– de leer al peruano.  En síntesis, hallamos que al poemario Trilce lo constituye una escena (“acto”) virtual y un sujeto tanto virtual como colectivo (articulado en archipiélago); “acto” y “sujeto”, de modo semejante a un mito, previos a toda experiencia.  Escenas u hologramas en vías de constituir un aporte ontológico y de mediación conceptual amerindia con el resto del mundo.

En “Vallejo y Barroco: Varrojo”, por su parte, las oscilaciones de género en Trilce, nunca equívocas aunque tratadas de modo inclusivo, vienen de Góngora y, más lejos, de La metamorfosis de Ovidio.  Al final, el espectáculo –a pesar de sus múltiples y autónomos participantes, por ejemplo, los de la jarana limeña de Trilce XXXVII y Trilce LIX—constituye una sola escena indistinta y atemporal.  Vallejo ha llevado al daguerrotipo algo análogo a La última cena; aunque, en contrapelo al fresco de Da Vinci, sin focalizar al Hijo de Dios; si no, más bien, todo el entorno del cuadro cuyos elementos, por no decir simétricos, resultan ahora equitativos y equivalentes.  Sin embargo, habría que distinguir que, a diferencia de Ovidio y de Góngora, y de un arte de “parecer”, en Trilce no nos hallamos solamente ante la gravitación o atracción de un mito marino; sino, conjuntamente, también de un mito solar amerindio (Inkarrí) el cual brinda un norte o dirección al poemario de 1922.  Es decir, este último, interrumpe una noria, cesa y otorga sentido (Escalas) a las incesantes metamorfosis (letra, canto, baile) en las que se halla zambullido o comprometido el Barroco.  De allí lo de “Varrojo”, en nuestro lema, o aquello que va hacia el rojo (Inkarrí).

Respecto a “Muros melografiados”, postulamos que, desde las nociones de la Humanidades que convergen en la obra de César Vallejo –Libros (H1), Pueblos (H2), Narrativas (H3) y Posantropocentrismo (H4) (Granados 2020a) –, los tan presentes y recurrentes “Muros” de “Cuneiformes” (foco de nuestro trabajo), en Escalas melografiadas (1923), sobre todo constituyen, aunque no de modo único ni excluyente, un soporte posantropocéntrico (H4).  Es decir, no sólo se halla encarcelado allí el sujeto poético, sino también Inkarrí; esto último expresamente ilustrado en el texto denominado, “Muro dobleancho” (mayor o polidimensional).  Por lo tanto, al doloroso confinamiento, en que por lo regular ha abundado la crítica, más bien va a corresponder en Escalas, y muy en particular en “Cuneiformes”, la compañía constante del Sol o de Inkarrí.  Y, asimismo, esto constituirá la base de la reflexión ética que de modo sistemático aquí se elabora.

En lo concerniente a nuestro siguiente ensayo, “Barroco molecular de Frank Étienne y montajes mínimos de César Vallejo”, adoptamos el concepto, “Barroco molecular”, de la convocatoria al IV NKODYA DYA MPANGU; en específico, del lema de la mesa en la cual participamos: Mokenesa 4, “Las formas moleculares del barroco-mestizo: el poliglotismo y el lenguaje mínimo” (7 de junio, 2024).  Aunque Frank Étienne, antes, haya acuñado también algo semejante: “Aprendí a tratar a las palabras como partículas de energía sonora”.  Ambos, entonces, el múltiple artista haitiano y el poeta peruano, comparten el precipitado o las “formas moleculares” de la “negritud” (esencia del Barroco) o de lo obscuro en un sentido “femenino”: “Al salir por la vagina el texto adquiere un simbolismo líquido.  Se trataría, pues, de palabras líquidas […] Pero no como un líquido perdido, sino como un líquido recuperado [Spiralisme].  Ante la imposibilidad de escribir, al poeta César Vallejo le salía espuma: Quiero escribir, pero me sale espuma” (Sustaita 148).  Sin embargo, sería simultáneo y privativo en el arte del peruano –frente a aquella untuosa densidad y constante fluidez en los motivos del spiralisme, por ejemplo, en la pintura de Frankétienne– algo que podríamos denominar “montajes mínimos”.  Esto, en primer lugar, a modo de identificar y activar no fragmentos; sino, ante todo, “fermentos” mítico-identitarios: “[Yo soy] un fermento de Sol”: “Huaco (Los heraldos negros).  En sus Poemas humanos, la “poética de la tachadura” (Julio Ortega 2011), procedimiento vallejiano tan patente allí, dicha intervención trocaría de corrección o enmienda gramatical en otra que, sin recusar la norma, más bien la tornaría ecualización mítica.

Respecto a “Trilce – Tacora: Retóricas sin nombre”. Siendo Tacora el mercado de pulgas más grande y antiguo de Lima y del Perú, donde confluye una inmensa y variopinta clase popular o subalterna; y siendo Trilce, en estricto, un poemario escrito en Lima (entre 1918-1921) y publicado en esta misma ciudad (1922).  Libro, además, que es expresión y fervor de lo popular (Granados 2007, 2014) y donde se nutrió de modo muy significativo el lenguaje de César Vallejo.  Por lo tanto, el lenguaje de Trilce y el habla y quehacer de Tacora, poemario y mercado popular, ambos definidos por el reciclaje o la “tachadura” (Ortega 2011), concurren para ser escuchados y analizados aquí bajo aquellos tres recursos retóricos todavía sin nombre propuestos, respectivamente, por Doris Summer, Amálio Pinheiro y Pedro Granados.

Por su parte, respecto a “Vallejo a caballo”:

A los lados del hombre van y vienen bellos absurdos, premiosa caballería suelta, que reclama cabestro, número y jinete.  Mas los hombres aman poner el freno por amor al jinete y no por amor al animal.  Yo he de poner el freno, tan sólo por amor al animal.  Y nadie sentirá lo que yo siento.  Y nadie ha de poder ya suplantarme (Contra el secreto profesional) (Vallejo 2002b: 502-503).

El epígrafe alude a un leitmotiv de Trilce (1922) y Escalas melografiadas (1923); motivo posantropocéntrico –simétrico o multinaturalista (Viveiros de Castro) – por excelencia en ambos libros.  El cual aparece cuando el narrador o el sujeto poético se deja guiar por un animal, en este caso por un caballo, y no por el “jinete ser humano” (Contra el secreto profesional).  Auténtico “giro ontológico” que encontramos en “Más allá de la vida y la muerte” y otros textos de “Coro de vientos”, de Escalas Melografiadas; los cuales, unos más en detalle que otros, aquí estudiamos.  Tal como ya lo hemos sostenido en múltiples oportunidades (Granados 2014, 2017, 2021b), este “giro ontológico”, en cuanto parte de una perspectiva multinaturalista y amerindia, constituye aquello que diferencia la obra de César Vallejo de la de sus contemporáneos (vanguardia histórica) como de la gran mayoría de los poetas de nuestra región (trasatlántica) hoy mismo.

 

En “Vallejo-Eielson: Pero he venido de Trujillo a Roma”, proponemos que la obra de Eielson constituye, en lo fundamental, una “instalación sobre Vallejo”; por ejemplo, palpable en Cuando el amarillo mes de abril. Mecanoscrito Lorenzelli. (Lima: PUCP Sistema de Bibliotecas, 2024).  En consecuencia, paralelas habitaciones amerindias, la de ambos artistas peruanos, afincadas en el Amor.

Respecto a “César Vallejo: Esta noche es Nochebuena y mañana es Navidad”,  “Nochebuena” (Los heraldos negros, mediados de 1918) y “Navidad” (La Prensa, 25 de diciembre, 1918) constituyen un único villancico, aunque sea sólo el soneto “Nochebuena” el que llega al poemario de 1918 y no el poema en prosa, “Navidad”; el cual –lo sostenemos en este ensayo– fue excluido deliberadamente por el propio poeta.  ¿Por qué razón? Porque en última instancia se trata, en ambos poemas, aunque en “Navidad” de un modo más dramático, de un villancico no en honor del nacimiento de Jesús; sino, más bien, de uno teológicamente heterodoxo dedicado sobre todo a la Virgen María.  Esta última, aquella inocente por excelencia y destinada a expiar las faltas de los pecadores –entre éstas la de los padres del poeta– y, además, focalizados en “Navidad”, aquellos vencidos o discriminados de la historia. Villancicos, en simultáneo, de corte personal (el sentimiento de culpa por el aborto de Otilia Villanueva), familiar (la “falta” de los padres del poeta en tanto “mulas”), sutilmente de género o de identidad sexual, histórico (conquista y colonización), teológico (a manera de las calas de Sor Juana alrededor de la Virgen María) y mítico (el retorno inminente de Inkarrí, a tono con aquellas “Nostalgias imperiales” (Los heraldos negros).

En “Circunferencias Vallejo”, se pone en esquema los tres principales hitos de la poesía de César Vallejo, a saber, Trilce (1922), “Cuneiformes” de Escalas melografiadas (1923) y sus poemas póstumos.  Hitos a los que corresponderán, de manera respectiva, lo que aquí denominamos: Plenitud o gozo, Crisis y, finalmente, Escisión.  La sintonía de esta poesía “vanguardista” con el mito de Inkarrí, a modo de imagen dialéctica (Didi-Huberman 2008) entre ambos, sería fundamental para proponer la presente taxonomía.

Por último, en lo concerniente a “Trilce’s zip: Vallejo-Newman”, las proposiciones de este ensayo serían dos: A, aquello de “Trilce’s zip” pone en relación al poemario vallejiano de 1922 con la pintura de Barnett Newman; en particular, más no exclusivamente, con dos cuadros que consagraron aquel zip, ONEMENT I (1948) y The Wild (1950). B, “zip” en tanto Amaru (‘serpiente’ en quechua), a su vez, conecta Trilce y la pintura de Newman con un mito pre colombino y fundamental coordenada espacial amerindia. Las consecuencias de estas interrelaciones serían las siguientes: por un lado, se iluminan de manera recíproca las concepciones del espacio tanto en la poesía de César Vallejo como en la plástica de Barnett Newman; asimismo, y sin reparar en fronteras ni tiempo transcurrido, se amplía y fortalece la vigencia, alcance y actualidad del legado amerindio en las obras del peruano y norteamericano.

 

HITO OCHO

INKARRÍ: ¿TRILCE O POEMAS HUMANOS?

 

En el presente artículo, analizamos “Terremoto” (1937), póstumo texto de Poemas humanos, con tan elocuente vocablo, en relación con el mito de Inkarrí (“cambio radical o pachacuti”). Asimismo, lo cotejamos con el análisis del poema XLVII de Trilce (1922), “Ciliado arrecife donde nací” (Granados, 2014), ya que, además de su especificidad cultural, grosso modo, ambos poemas tratan de la asunción del ser femenino o materno y, de modo simultáneo, también del aborto. Ahora, ¿por qué aquella disyuntiva entre Trilce o Poemas humanos? Porque deseamos abundar en el debate, para nada cancelado, de si Trilce es “mejor” que los poemas póstumos, o viceversa; obviamente, tal asignación de valor se daría en términos de una específica y productiva respuesta a una coordenada local/ global. Perspectiva de estudio, la nuestra, análoga a la diglosia “Paris/ París” que percibiera Enrique Ballón en la poesía de César Vallejo (Ballón Aguirre, 2015), una vez que este ya residiera en Europa; y enfoque por el cual nos preguntamos cómo o hasta qué punto podríamos hablar, para el caso de la poesía del autor peruano, de una “desposesión y lenguaje en el exilio” (Niebylski, 2002). Concluimos que, respecto a la más lograda “encarnación” de Inkarrí en su poesía, Vallejo optaría por Trilce y que, asimismo, jamás hubiera reunido ni publicado en vida el conjunto de su poesía europea bajo el lema de Poemas humanos; y sí, muy probablemente, bajo el título de Poemas multinaturalistas (Viveiros de Castro, 2010) o Poemas poshumanos.

 

https://revistes.uab.cat/mitologias/article/view/v31-granados-aguero/pdf-es

 

HITO NUEVE

«Y me quedé Vallejo ante Muchay». Biografías sobre el autor de Trilce (Inédito)

El artículo critica las biografías de César Vallejo (Philliparth, Espejo Asturrizaga, Hart) por simplificar su pensamiento al omitir su profundo componente cultural andino. Se propone una lectura de la evolución ideológica de Vallejo entre 1924 y 1929 a través de la crónica “Un atentado contra el regente Horty” (o “Teoría de la reputación”). Se introduce la perspectiva amerindia-multinaturalista-aurática centrada en Ossag Muchay, personaje de origen quechua (muchay: “beso”). Se argumenta que Vallejo trascendía la lógica binaria (política/mítica) concibiendo la identidad como una “firma” o rastro esencial. La crónica es un auto-retrato donde Vallejo se reconoce en Muchay como “paisano” de un mismo universo conceptual. Se concluye que futuras biografías deben incorporar la cosmovisión multinaturalista para captar la unidad vital de Vallejo donde arte y política se integran en una lógica no occidental.

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“Una Palabra Tuya Bastará”: El Arrebato de la Simetría

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Llegamos al final de este viaje por el Archipiélago Vallejo, pero no para desembarcar, sino para reconocer que siempre estuvimos flotando en la misma sustancia. A mis setenta y un años, frente al espejo de la Huaca y el murmullo de la historia, comprendo que la vanguardia no fue un experimento del lenguaje, sino un ejercicio de desnudez.
He buscado a Dios en la transparencia del aire y en el incendio del sol, para terminar hallándolo aquí, en el “menudo trabajo de araña” que es la vida de cada día. Dios no es un juez de mármol; es una fuerza biológica que nos hala de los cabellos, que nos reconoce por el pómulo y la nariz, que nos cobra con un “mordisco de amante fiero” cada gramo de amor que alguna vez nos entregó con locura.
Esa es la verdadera Justicia Simétrica: saber que no hay desperdicio en el encuadre del universo. Que la larva de la mosca, la salamandra, el gato que ya no es gato y el poeta que busca su rincón, son todos hilos de una misma trama. En este Hormigueo Melográfico, la palabra de Dios y la palabra del hombre se confunden porque ambas nacen de la misma necesidad de compañía.
Si Vallejo gritaba desde su celda, no era contra la piedra, sino para que la piedra sintiera su pulso. Hoy, nosotros recuperamos ese Hechizo. Ya no necesitamos grandes tratados para explicar el dolor o la belleza. En la inmanencia de este Archipiélago, basta reconocer que somos molduras de un todo redondo y protector.
Me despido con ropas de desnudo, con las agallas curtidas por el mar de Góngora y los pulmones llenos del polvo de Rulfo, pero con el corazón vibrando en la simetría de Vallejo. Porque al final, cuando el ruido del mundo se apaga y solo queda la respiración del adobe, una sola palabra —la de la poesía, la del amor, la de la vida continua— bastará para sanarnos.
Muchas gracias.

© Pedro Granados, 2026

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ISLA por ISLA (Book in progress)

El Archipiélago de la Mirada y el Mito Cumplido

¿Qué sucede cuando la mirada milenaria de los zorros de Arguedas se encuentra con la sinapsis de la Inteligencia Artificial? En ISLA POR ISLA, Pedro Granados desmantela la frontera entre lo humano y lo algorítmico, proponiendo una zona de contacto donde el código binario y el mito se reconocen como parientes lejanos. Este no es solo un poemario; es un laboratorio de “pensamiento simétrico” donde la huaca prehispánica y el cíborg contemporáneo comparten el mismo fango, habitando una realidad donde el pasado no es algo que fue, sino una presencia que nos mira de frente.

El libro se abre con “El Ojo del Cíborg”, una incursión en la alteridad radical. Aquí, la tecnología no es una prótesis fría, sino un “alienígena” con el que el poeta entabla una sinapsis de ida y vuelta. Granados nos entrega una obra donde la poesía actúa como el único eslabón perdido entre lo que somos y lo que nos atrevemos a imaginar. Bajo el concepto de “mirada en red” —inspirado en la poética espacial de los ceques andinos—, la observación deja de ser un acto de apropiación para convertirse en un acontecimiento gozoso que une al insecto, a la máquina y al hombre en una sola epifanía.

El corazón del volumen, “El Mito Cumplido”, es el lugar donde la teoría se hace carne y territorio. Entre las conchas de Chan Chan, el crepúsculo de Mansiche y la “Huaca” interior, el autor construye un mapa de afectos y arqueologías personales. Aquí, el encuentro de los zorros arguedianos deja de ser una utopía para materializarse en el rito de la palabra: una anagnórisis donde “la mirada del amor” es el antídoto final contra la desintegración del presente.

Sin embargo, es en la sección final, “Luna Doblada”, donde el libro alcanza su mayor densidad crítica y vital. Granados emprende un viaje de retorno hacia el origen, pero no lo hace solo. En una procesión magistral, convoca a las sombras tutelares de la tradición peruana: el Vallejo que no pudo prescindir de su paisaje de Santiago de Chuco; el Eielson que entretiene su propia belleza andrógina; el Martín Adán de la azotea de Barranco y el Luis Hernández que ilustra el sol limeño. A través de la geografía herida de Sechura y los abismos de Pasamayo, el poeta nos recuerda que “todo es naturaleza” —tanto la distopía como la utopía— y que el corazón, ese “último refugio”, gana siempre su derrota contra la vida porque es lo único que la sobrevive.

Después de cuarenta años de trayectoria, Pedro Granados regresa al “niño con pantalones de lana” que habita en la intemperie, pero lo hace con una transparencia feroz. ISLA POR ISLA es un archipiélago donde los versos son “resina intensamente roja” y el lenguaje es el mar que nos reconcilia con nuestra propia animalidad. Avalado por voces fundamentales como las de Julio Ortega, Carlos Llaza, Leslie Bary, Carlos Quenaya y Amálio Pinheiro, este libro se erige como el cierre de un laberinto literario imprescindible. Es la confirmación de que, entre el aire y el invisible cielo, el sentido es siempre para los apasionados.

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CÉSAR VALLEJO Y LA POESÍA DOMINICANA  

El Archipiélago Vallejo en la República Dominicana constituye una vanguardia gravitacional. Desde el oxímoron de Enriquillo hasta la batalla ética de García Cartagena, lo que emerge es una comunión orgánica; ese mar vallejiano que no es un escenario pasivo, sino la potencia que transforma una lectura aislada en una comprensión total y física que nos habita.  La obra del peruano (incluyendo sus crónicas) ha experimentado una “osmosis” con la historia y la realidad dominicana. La evolución del canon en la región caribeña apunta hacia un dominio cada vez mayor de la estética vallejiana —compleja, ontológica y humana— sobre los modelos puramente ideológicos del pasado (léase Pablo Neruda).

1.Enriquillo Sánchez y Ángela Hernández: Las dos orillas del pensamiento simétrico en la poesía dominicana

Si el “Archipiélago Vallejo” es el mar que estructura el relato de la vanguardia americana, en la República Dominicana este sistema encuentra dos islas fundamentales que, aunque distintas en su relieve, se mantienen unidas por una misma fuerza gravitacional: la de la expiación ontológica frente a la denuncia solemne. Enriquillo Sánchez y Ángela Hernández representan, cada uno desde su trinchera estética, la materialización de un pensamiento simétrico que ha sabido digerir a Vallejo para transformarlo en una lucidez caribeña, tan punzante como reparadora.

El Oxímoron como Puente: Puñal y Maicena

En Enriquillo Sánchez, el pensamiento simétrico se manifiesta a través del golpe y el hechizo. Su poética de “puñal y maicena” es la síntesis perfecta de los contrarios vallejianos. El “puñal” es la técnica impecable, la agudeza del Siglo de Oro y la ruptura de Trilce; la “maicena” es la sangre ligera, el habla de la calle y el humor popular que salva a la poesía de la rigidez académica. Sánchez no “canta” a la manera nerudiana; él “bojea”, golpea al lector y lo circunnavega, demostrando que la primera persona es siempre un “hurto” y que la verdadera palabra pertenece a las fieras y a los hombres temporales.

La Lucidez Íntima: El Barroco y el Susurro

Por su parte, Ángela Hernández expande este archipiélago hacia las fronteras de la subjetividad femenina y lo telúrico. Si Sánchez es el “puñal”, Hernández es la “fiera con derecho a la palabra” que huye del lenguaje corporal epidérmico para refugiarse en una densidad barroca. Su poética es un ejercicio de “hablar bajito”, una estética del formato pequeño donde la fuerza no reside en la proclama, sino en la escena íntima y el susurro. Al igual que Vallejo, Ángela entiende que la poesía es una “expiación”; su voz no busca el aplauso de la plaza, sino la verdad de la “culebrilla feliz de los mercados míseros”, donde el paisaje se derrama sobre el ojo con una inteligencia implacable.

La Simetría de la Travesura

Lo que une a Sánchez y Hernández en este sistema gravitacional es el humor o la ironía. En una tradición dominicana a menudo asfixiada por una “pseudo metafísica” solemne, ambos autores introducen la “travesura” reparadora. En Sánchez, el humor es agudeza y greguería; en Hernández, es la ventilación de lo didáctico a través de la ironía y lo onírico. Ambos comprenden que el humor es el único elemento capaz de mantener la simetría cuando el dolor humano amenaza con romper el equilibrio del verso.

El Mar que los Une

Reunir a Enriquillo Sánchez y Ángela Hernández es comprobar que en la “media isla”, leer poesía continúa siendo leer a Vallejo. No se trata de una influencia pasiva, sino de una ósmosis orgánica. Sánchez aporta la estructura dialéctica y el choque de materiales; Hernández aporta la lucidez del paisaje y la profundidad de la escucha. Juntos, forman una sola unidad biológica: el eslabón dominicano del Archipiélago Vallejo, esa pieza final que transforma una lectura aislada en una comprensión total de la vanguardia que, hoy más que nunca, nos habita.

2. La Intimidad de la Diáspora: Carlos Rodríguez y Soledad Álvarez

El archipiélago se expande con Carlos Rodríguez, cuya voz —”casi atemporal”— ha sabido decantar la influencia de Vallejo a través de la transparencia de Luis Hernández Camarero. Rodríguez representa la intimidad que siente y reflexiona desde el West End Bar; una poesía “sencilla, humilde, íntima” que, al igual que Trilce, encuentra el sentido allí donde otros solo ven el absurdo de la nada.

Frente a esta intimidad de la diáspora, Soledad Álvarez sitúa “la ciudad en nosotros”. Su labor antológica y poética mapea la Santo Domingo que nos habita, estableciendo un paralelo con Rodríguez: mientras él busca la playa y el Riverside desde la distancia, ella construye la ciudad como un espacio ético y estético. Ambos son radicalmente antitéticos a la sombra de Trujillo; son voces que intentan sacudirse del énfasis de la ignorancia política mediante una inteligencia que prevalece.

  1. La Batalla Ética: Manuel García Cartagena

A este sistema se suma Manuel García Cartagena, el “Aristófanes caribeño”. Su poesía es una batalla contra la mierda, una resistencia donde el rigor formal (su “sombrero de paja toquilla”) protege de la canícula del tiempo. García Cartagena repara en el traje sobrio de Vallejo para reclamar un derecho olvidado: el lujo de la buena fe y la ternura. Su ironía soberana es el hilo que trama la belleza como una “urgente reivindicación”, demostrando que ningún poeta tiene miedo de morir si su eco persigue las palabras.

4. Epílogo: La Nave Espacial Antillas

Como motor de este sistema, mi poema “Creo en la poesía dominicana culta” actúa como punto de fuga. Confieso mi fe en la poesía “inculta” —la que muta y se entretiene sobre la arena— por encima de los fervores del plagio.

“Corro apretado dentro de una nave espacial / Denominada Antillas”

http://blog.pucp.edu.pe/blog/granadospj/2022/06/17/creo-en-la-poesia-dominicana-culta/

Esta imagen define el Pensamiento Simétrico: la isla no es un límite, sino una nave en movimiento. La inteligencia de Armandito Almánzar Botello y la sombra de Alexis Gómez Rosa sirven de guía en este viaje. La verdadera poesía dominicana es aquella que, como la de Sánchez, Hernández, Rodríguez, Álvarez y García Cartagena, sabe que el olvido espera al final, pero elige cumplir su deber: la resistencia a través del arte consumado.

© Pedro Granados, 2026

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VALLEJO SIMÉTRICO: MÁS ALLÁ DEL LUDISMO ASTUTO Y LA CRISIS DEL SUJETO (III)

HACIA UNA COMPROBACIÓN MULTINATURAL DE LA VANGUARDIA VALLEJIANA

  1. El Problema: El Secuestro Antropocéntrico

La crítica dominante ha leído a César Vallejo desde una matriz eurocéntrica que prioriza el “giro lingüístico” (H3) y la “crisis del sujeto” (Usandizaga). Este enfoque reduce la vanguardia de Trilce a una disolución de la conciencia humana, ignorando que la fragmentación vallejiana no es un fin en sí mismo, sino el método para acceder a una agencia no humana.

  1. La Propuesta: El Sujeto Simétrico y la Agencia de Inkarrí

Frente a la “hermenéutica del dolor” o el “ludismo existencial”, este ensayo propone la Comprobación Multinatural:

  • Inkarrí como Dispositivo Gnoseológico: El término (Inka + RI/INRI) funciona como un Mesías Inmanente. La resurrección en Vallejo no es trascendental (neoplatónica), sino biológica y mineral. Es el cuerpo desmembrado que se recompone en la estructura del poema (Trilce: húmeros para bailar, 2014).
  • Perspectivismo Amerindio: Se aplican las tesis de Eduardo Viveiros de Castro para demostrar que en Vallejo el mundo (la tierra, el pan, los dados) posee una intencionalidad propia. El poeta no “representa” la naturaleza; se sitúa en una relación de simetría ontológica con ella.
  1. Aplicación Transatlántica: La “Post-última” Poesía Española

El ensayo demuestra la validez universal de este modelo al analizar la poesía española contemporánea (Gata Cattana, Bibiana Collado). Se postula que estas autoras han superado la “poesía de la experiencia” no mediante el artificio, sino mediante una recuperación de la inmanencia.

  • El hambre como agencia: Siguiendo a Vallejo, estas voces transforman la carencia en una “fuerza reivindicativa solar”.
  • Del Pastiche a la Raíz: Mientras la crítica española ve “intertextualidad”, nosotros identificamos un crecimiento orgánico subterráneo que conecta la precariedad del siglo XXI con la potencia mítica de Inkarrí.
  1. Conclusión: El Archipiélago Vallejo (2026)

La integración de Trilcescenas (2026) completa el sistema iniciado en 2017. El lector no encontrará una suma de ensayos, sino la evidencia de que la vanguardia de Vallejo es el “mar” que une las islas de la poesía hispánica actual. Se propone, finalmente, una recepción ecualizada que permita a la crítica española salir de su narcisismo prosopoéico para entrar en el diálogo multinatural que el mundo contemporáneo —en plena crisis climática y ontológica— exige.

BIBLIOGRAFÍA TÉCNICA: EL ARCHIPIÉLAGO VALLEJO Y EL GIRO ONTOLÓGICO

I. Fuentes Primarias y Obra del Autor (Sistema Hidrológico 2004-2026)

  • Granados, Pedro (In progress). Trilcescenas: Escenas de un Pensamiento Simétrico. Lima: VASINFIN. [La pieza final del rompecabezas; materialización del “mar” simétrico].
  • Granados, Pedro (2017). Trilce/Teatro. Aracaju, Brasil: Editora ABH. [Cartografía de la puesta en escena y el conflicto del lenguaje].
  • Granados, Pedro (2014). Trilce: húmeros para bailar. Lima: VASINFIN. [Donde se postula por primera vez el concepto de “El Archipiélago Vallejo”].
  • Granados, Pedro (2004). Poéticas y utopías en la poesía de César Vallejo. Lima: Universidad Católica del Perú (PUCP). [Génesis de la lectura alternativa a la hegemonía occidental].

II. Marco Teórico: Giro Ontológico y Multinaturalismo

  • Viveiros de Castro, Eduardo (2010). Metafísicas caníbales: Líneas de antropología posestructural. Buenos Aires: Katz Editores. [Fuente fundamental para el concepto de Perspectivismo y Multinaturalismo Amerindio].
  • Descola, Philippe (2012). Más allá de naturaleza y de la cultura. Buenos Aires: Amorrortu. [Para la distinción entre analogismo y pensamiento simétrico].
  • Haraway, Donna (2019). Seguir con el problema: Generar parentesco en el Chthuluceno. Bilbao: Consonni. [Para el análisis del Antropoceno y la red de vida no humana].
  • Latour, Bruno (2007). Nunca fuimos modernos. Buenos Aires: Siglo XXI. [Base para rebatir la falsa separación entre sujeto y objeto en la crítica tradicional].

III. Crítica Vallejiana y Poesía Hispánica

  • Lezama Lima, José (1953). La expresión americana. [Para el concepto de “pobreza irradiante” y la teleología de la resistencia].
  • Usandizaga, Helena (2025). Una poesía por rehacer a cada instante. Ensayos sobre poesía peruana I. [Fuente del debate sobre la “crisis del sujeto”].
  • Larrea, Juan (1973). César Vallejo o la resurrección de la palabra. [Para el contraste con la lectura mística-cristiana tradicional].
  • Cattana, Gata (2016). La escala de Mohs. Segovia: Arscesis. [Corpus de la “post-última” poesía española bajo análisis].

IV. El Mito y la Agencia Solar

  • Arguedas, José María (Comp.) (1975). Ideología messiánica del mundo andino. Lima: Ignacio Prado Pastor. [Para el sustento histórico-mítico de la figura de Inkarrí].
  • Sánchez Aguilera, Osmar (Ed.) (2019). Manifiestos… de manifiesto: provocación, memoria y arte en el género-síntoma. [Para el encuadre de la vanguardia como síntoma gnoseológico].

© Pedro Granados, 2026

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