Cavalos sonâmbulos/ Márcio Costa

“sin valor es estéril la sabiduría”

Baltasar Gracián

AUTOMATICAMENTE

As pessoas saem ao sol.

São animais em busca de luz.

Estão em busca de um lugar

para exercitar sorrisos,

querem dizer “eu te amo”

mas não podem.

Quisera poder encontrar um botão

que matasse todos automaticamente,

automaticamente.

BIOGRAFIA DO ESCRITOR

O e-mail se tornou um cemitério

de originais enviados e não respondidos.

»Leer más

Isaac Goldemberg en Lima

El próximo jueves 2 de marzo a las 7:30 p.m, los invitamos a la presentación del libro El gusano saltarín y otros poemas/The Leaping Worm and Other Poems (edición bilingüe), de Isaac Goldemberg que estará acompañado por Gabriel Ruiz Ortega y Shasha Reiter

LA PRESENTACIÓN Y LA LECTURA SERÁ EN ESPAÑOL E INGLÉS.

THE PRESENTATION AND THE READING WILL BE IN SPANISH AND ENGLISH.

Los poemas de El gusano saltarín… son una amena y tangible familia de verbos que revolotean, livianos y elocuentes”.  / “The poems of The Leaping Worm… are a pleasant and tangible family of fluttering, light and eloquent verbs.” —JULIO ORTEGA

“Reading The Leaping Worm and Other Poems is looking into one’s own nature directly. These poems raise many questions. Can they be answered? They lead to meditation, to breathing the totality of things.” / “Leer El gusano saltarín y otros poemas es un mirar la propia naturaleza en forma directa. Estos poemas lanzan muchas preguntas, ¿se pueden responder? Llevan a una meditación, a respirar la totalidad de las cosas”. —CARLOTA CAULFIELD
INGRESO LIBRE

»Leer más

Curso: “Trilce y ¿trilceanas ciudadanías?”

¿Existe una lectura correcta de Trilce (1922)?  ¿Cuál o cuáles son las nociones de las humanidades predominantes allí? ¿A qué tipo de lectores, y futuros ciudadanos, este poemario apelaría?

https://orcid.org/0000-0001-8359-397X

Referencias (textos del facilitador)

(2023). “Y la península párase”: Contra André CoynéVallejo sin Fronteras, enero 28.

(2022). “Muros melografiados“. Nueva línea de investigación de VASINFIN. Vallejo sin fronteras, 22 de nov.

(2021a). “Trilce – Tacora: Retóricas sin nombre“.  Blog de Pedro Granados, noviembre 16.

(2021b).  “Trilce: el sujeto del acto”. Amálio Pinheiro e Pedro Granados (editores). REVISTA CIRCULADÔ, Ano IX, No 12. 16-34.

(2020a). “Ciudad Trilce, ¿y trilceanas ciudadanías?”. Mitologías hoy, Vol 22. 357-368.

(2020b).  “Humanidades”. Uwa’Kürü – Dicionário analítico – volume  5/ organização: Gerson Albuquerque, Agenor Sarraf Pacheco. –  Rio Branco: Nepan Editora; Edufac. 115-117.

(2018).  “César Vallejo musical”, Blog de Pedro Granados, agosto 20.

(2016). Trilce/Teatro: guión, personajes y público, (Aracaju, Brasil: Editora ABH, 2017). Prêmio Mario González de la Associação Brasileira de Hispanistas

(2014) Trilce: húmeros para bailar. Lima: VASINFIN.

(2010).  Vallejo sin fronteras.  Lima: Arcadia.

D’altra parte, la possibilità di una lettura indigenista dell’opera di Vallejo, e quindi anche di Trilce, permane, in ogni caso, all’interno di una corrente piuttosto florida di studi vallejiani, inaugurata da un saggio di Phyllis Rodríguez-Peralta e che ha recentemente trovato nuova linfa nelle ricerche di Pedro Granados Agüero. Non si tratta soltanto, come già avvertiva, tra gli altri, Roberto Paoli, di rintracciare uno «spirito indio» che per Vallejo costituisce «prima il suo mito e poi il suo ideale»; si può anche provare a delineare con maggiore precisione l’alto grado di sincretismo di tale mitologia, e poi di tale ideale – a partire, ad esempio, dalle frequenti occorrenze, in Trilce, del «sole»/«Sole»/«sol», in un continuum che va dall’evocazione dell’elemento naturale alla rappresentazione della divinità (cristologica e al tempo stesso legata alla mitologia indigena post-ispanica di Inkarri), per finire con la degradazione tipicamente modernista data dall’omonimia del Sole/sol con la valuta corrente, allora come oggi, in Perù.

Tavolo e cucchiaino di Lorenzo Mari

Por otra parte, la posibilidad de una lectura indigenista de la obra de Vallejo, y por tanto también de Trilce, se mantiene, en todo caso, dentro de una corriente bastante florida de estudios vallejianos, inaugurada por un ensayo de Phyllis Rodríguez-Peralta y que recientemente ha encontrado nueva vida en las investigaciones de Pedro Granados Agüero. No se trata sólo, como ya ha advertido Roberto Paoli, entre otros, de rastrear un “espíritu indio” que para Vallejo constituye “primero su mito y luego su ideal”; También se puede tratar de delinear con mayor precisión el alto grado de sincretismo de tal mitología, y luego de tal ideal – a partir, por ejemplo, de las frecuentes ocurrencias, en Trilce, de ‘sol’/’sole’/’sol’, en un continuo que va desde la evocación del elemento natural hasta la representación de la divinidad (cristológica y al mismo tiempo vinculada a la mitología indígena post-hispánica del Inkarri), terminando con la degradación típicamente modernista dada por la homonimia del Sol/Sol con la moneda corriente, entonces como ahora, en el Perú.

Mesa y cuchara por Lorenzo Mari

(Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)

https://vallejosinfronteras.blogspot.com/2023/02/cv-breve-de-pedro-jose-granados-aguero.html

»Leer más

Poesía de Carina Sedevich

Muy sugestiva, por cercana y palpable, la presencia del mar en esta poesía.  Y, a su vez, también como pensamiento o un estado de la mente que lo socorre todo; antes que nada  a la vida del sujeto poético y sus versos.  Abstracción como presencia, y no a la inversa, tal como por lo regular suele ocurrir en la reflexión llevada a la poesía. El freno lo pone el mar, no nosotros, de allí la red, los hilos comunitarios y propiciatorios que alcanza a activar  Sedevich.  Lección, discreta por cierto, para todos aquellos que quieren hacer filosofía con la poesía; hoy por hoy, sobre todo, que no se ve con claridad hacia dónde apunta el compromiso, a qué nos deberíamos jugar la existencia (conscientes o informados, más que nunca, de su fragilidad y brevedad).  “Qué nos buscas, oh mar, con tus volúmenes/ docentes!”, dice Vallejo en Trilce LXIX.  De otro modo, la cosa (la poesía filosófica) no nos mola; pinta banal, disforzada e, incluso,  político-ideológicamente de muy mala leche. PG. »Leer más

Creo en la dominicana culta

Creo en la poesía  dominicana culta

Aunque muchísimo más creo en la inculta

Del s.XX, si no por un pelito, será casi atemporal

La poesía de Carlos Rodríguez

Ya que ha sabido decantar su voz

La cual ha mutado en entretenerse

Sobre las piedras o la arena

De cualquier playa de su Santo Domingo

Sencilla humilde íntima

Radicalmente antitética a Trujillo

Dictador del que aún no nos sacudimos

Del que no puede prescindir la literatura

Ni la poesía culta dominicana

Muy aparte de géneros o de sexos

Todos muy enfáticos de cuanto ignoramos

Ahora, el piano de Enriquillo Sánchez resulta muy entretenido

Cualquiera que desee conocer el habla de la calle

Puesta en papel

Tendría que echar mano de Enriquillo

Alexis se dejó engatusar por Neruda, y jamás salió de allí

Salvo cuando la muerte ya asomaba a su puerta (siempre abierta)

Las mujeres que me perdonen, pero aún sigo esperándolas

Aunque, por si todavía no se han dado cuenta,

La inteligencia de Armandito Almánzar Botello prevalece

Prevalecerá entre los muchachos

Muchachas seres andróginos máquinas

Corro apretado dentro de una nave espacial

Denominada Antillas

Entre los más nuevos, mientras plagien con tanto fervor

Como la crítica literaria del medio o de la media isla

Todo les irá sobre ruedas

Aunque sólo para ustedes entre ustedes para nadie más

Y acaso esto sea suficiente

 

(Adenda de Breve teatro para leer: Poesía dominicana reciente)

©Pedro Granados, 2022

»Leer más

Monólogo de Juvenal Agüero*

Tengo una cantidad innumerable de enemigos literarios; de izquierda y de derecha; del submundo  y del cielo.  Los cuales no cambiarán de opinión  sobre mi obra porque de hacerlo, a estas alturas, significaría admitir que estuvieron despistados en el juicio o, peor aún, actuaron con hartísima mala fe.  Es más, ya que para el que escribe poesía por lo menos la mitad del asunto estriba en ser un crítico con olfato; aquello sería admitir que fueron poetas mediocres y, por lo tanto, en este aspecto  también existieron  en vano.

Es un milagro que haya persistido en la poesía sin grupete de amigos; sin ser líder de nadie; y sin que me hayan fagocitado como requisito previo  para algún  halago.  Mi invisibilidad, asimismo, constituye prueba irrefutable de que la poesía (la crítica) de los últimos cuarenta-cincuenta años en el Perú propiamente ha desaparecido; aunque no por esto sea menos activa, influyente  o decisoria.  Invisibilidad al cuadrado, para ser más exactos, porque los extranjeros que leen la literatura de este país andino se apoyan a su vez en lo que les informan o seleccionan los ineptos o, más bien,  monitoreados especialistas locales o incluso peruanistas.   Bola de nieve, entonces, intrascendente y, desde ya, extinta.  La cual, y de modo semejante,  no se ha percatado, por ejemplo, que  Prepucio carmesí (New Jersey, USA: Ediciones Nuevo Espacio, 2000) constituye la primera novela del siglo XXI escrita por un peruano overseas.  Trasandina, archipiélica, simétrica.  Aventura, nomadismo, mediación multinatural.  Carente de melancolías identitarias ni con el espíritu –típico o, peor todavía, profesional, oportunista– de  un sujeto andino invariablemente damnificado.  Páginas que escapan de la canónica literatura de viajes.  Subalternos entendiéndose entre ellos; pobres (de amor) atendiendo a otros semejantes.  Post-exótica y post-indigenista.  Y que apuesta más bien por la complejidad u opacidad desde el origen; por la red de vasos comunicantes que, entre todos los seres humanos (incluidos los animales), yacen sumergidos.

Cómo podría justificarse, pues, toda aquella legión a la que aludo.  Que todo lo hicieron por alimentar lo mejor posible a sus vástagos, vale; que sus progenitores fueron militares y que a ellos, tampoco, nadie va a pisarles el poncho, salve; que cierta iglesia católica y cierta oligarquía  les aseguraron su puesto en un periódico o en alguna universidad, allá ellos; que mientras más ignoraban incluso mucho mejor les iba, es lo usual; que en el intento de manipular a todos lograron finalmente manipularse a sí mismos, también es lo usual; que ignoraban mayormente, que no sabían, pase.  Pero que de ninguna manera pudieron con Juvenal Agüero el cual, al final,  les ganó la partida, de esto justamente  trata la presente y nunca concluida  novela.

De esto y de lo que diría acaso un joven crítico profesional; o una joven crítica que entenderá todo primero en inglés.  Un crítico de estos precoces y sabiondos, a veces de sonoro apellido, e incluso algo simpáticos, a los que martirizó su papá.  Y que por esta razón se afirman, a como dé lugar, en aquello que ignoran.  Y se empecinan, a la par de la institución que los ampara o los financia, en hacer escuchar su preciosa voz,  dicho sea de paso, absolutamente inofensiva. Que cómo no reparamos en Juvenal Agüero  mucho más temprano; de lo ciegos que andaban los grupos de poder y sus instituciones, etc., etc., etc.  Mejor nos anticipamos a todos ellos y desde ya rechazamos sus discursos, en conjunto y el de cada uno por separado, y lo decimos  directa y expresamente nosotros.  Antes que el largo brazo del remolino nos alcance o que la piedra sea muy gorda y alta sobre el río.  Ahora que estamos todos reunidos todavía aquí. Habrase visto.

*Juvenal Agüero, protagonista de la mayoría de las novelas de Pedro Granados; desde Prepucio carmesí (New Jersey: ENE, 2000) hasta Poeta sin enchufe (2018).

Juvenal Agüero o Pedro Granados o Juvenal Agüero

Estoy convencido que el mejor poeta dominicano, todavía vivo, es Juvenal Agüero; que dejó ver por primera vez su Prepucio carmesí el 2000.  Y llegó –junto con aquél– a la República Dominicana, entiéndase efervescente Zona Colonial, el año 1997.  Todo lo cual, oscura y sabrosamente ligao,  figuró en Un chin de amor (2005) y en otros mensajes los cuales, como dentro de una botella arrojada al mar, va publicando Pedro Granados hasta hoy mismo.

Pero se trata de Juvenal Agüero, que no es de allí, que no vive allí, que no lucra en ningún sentido de allí y que la institución literaria local no tiene para nada en cuenta; salvo que, por un acto fallido, lo inviten a un Festival del Libro o a leer en video algún poema en el Día Mundial de la Poesía.  Por qué digo que aquel cruce de inga y de mandinga es el mejor poeta local; porque lo es, ahora mismo, también del mundo entero.  Simple parte por el todo.  Aunque esto no lo sepan ninguna de las jebas de las apretadas Antillas que conoció hasta el aruñazo; ni los comensales con los cuales disputaba, cuando estaba bueno, aquel sancocho lleno de vaina; ni menos, porque lo tienen encarpetado y con llave, sus colegas poetas del patio local: erótico-comprometidos; sabiondos de la letra, aunque no de la música; oscilantes como el mar de las tardes de pecho abierto hacia malecón.  De lejos nada se mira y, menos, nada se siente.  Pero Juvenal sí la mira y su corazón sí la siente: una órbita de culo redondo y desnudo llegando hasta su más apartada habitación.

Saludos,

Juvenal

»Leer más

Las madres de Pedro Henríquez Ureña

Salomé Ureña (1850-1897)

Nota sobre la sutil asunción de la “maternidad” por parte del propio sujeto poético, percibida a través de poemas dedicados a sus “madres”, Salomé y Ramona Ureña. “Maternidad” del poeta dominicano en tanto una compasión y ternura, universales y militantes, al modo de Miguel de Unamuno, César Vallejo o Rabindranath Tagore.

Como sabemos, Pedro Henríquez Ureña (PHU), tuvo al menos dos madres: la propiamente suya y muy amada, biológica, Salomé Ureña –de quien quedó huérfano a los 13 años–; y la de crianza o aquella “la soñadora, la constante, sacerdotisa del ensueño” (“Íntima”) *, su tía Ramona Ureña. A las dos van dedicados sendos poemas y también algún otro a Salomé: “Tristezas (A la memoria de mis muertas)” *; escrito en 1897, estando el sabio dominicano todavía muy joven, y dentro del estilo dariano-dannunziano que, en general, caracteriza toda su poesía. Sin embargo, es el PHU adulto el que va a encontrar su expresión más intensa, mejor y más honda, cuando dedique a Ramona Ureña su poema “Íntima” (New York, 1904); tanto como ya, a los 31 años de su edad, haga lo propio con el poema “El niño (Idea de Rabindranath Tagore)” dedicado a su madre biológica. “El niño”, poema dramático en la senda del Ismaelillo, de su también muy admirado José Martí; es decir, composición capciosa, heredada del Barroco, plena de paralelismos conceptuales. Entre estos últimos, el que el poema no es nostálgico y ni siquiera se halla restringido a su “madre” (aunque éste sea el vocativo expreso: “-¿De dónde vine, madre?); sino que, asimismo, incumbe la naturaleza e identidad del propio sujeto poético. Es decir, “El niño” es ante todo una conquista, no sólo afectiva, sino además epistemológica o de lucidez; en una palabra, y ya en el contexto del diálogo entre “madre e hijo” en el poema, una ocasión de autodescubrimiento o anagnórisis:

¡Oh misterioso encanto!

¡Prodigio del amor

tener entre mis brazos

el tesoro mejor! *

Y, no menos, de sutil asunción de la maternidad por parte del propio sujeto poético; de una compasión y ternura universales y militantes (Miguel de Unamuno, César Vallejo, el mismo Tagore).

* Versos citados de: Pedro Henríquez Ureña, Obras completas.  Miguel D. Mena (ed.).  Tomo 1.  Santo Domingo, RD: Editora Nacional, 2013.

© Pedro Granados, 2016 »Leer más