PREGUNTAS SOBRE POESÍA DOMINICANA RECIENTE

breve

1.¿Por qué, tratándose de un estudio sobre poesía, aquello de “Breve teatro para leer”?

2. Comente lo de Néstor E. Rodríguez en La patria portátil, acerca del concepto de dominicanidad: “La producción cultural de la diáspora ofrece una salida audaz al sempiterno debate sobre la dominicanidad al abrir las puertas a la posibilidad de un comienzo sin antecedentes a la hora de teorizar lo dominicano, un comienzo en el cual la geografía deja de ser la marca definitoria de la nacionalidad”. Y aplique su reflexión, si es viable, a algún otro contexto latinoamericano.

3.Sintetizar lo específico que corresponde a la “poesía del pensar”, a los “muchachos de Gazcue para el mundo” y, finalmente, a los “errancticistas” respecto a la República Dominicana en el marco de la globalización. Ilustre con versos de los poetas.

4.¿Cómo anda la reflexión (crítica o teoría literaria) sobre poesía entre los escritores de la media isla?

5. Comente estos versos de “Antillas”, de Manuel García-Cartagena:

Antillas!

a los cuatro vientos, a los siete caminos,

a las treinta y seis ocasiones de amar la vida,

y ponte a amar esta encervezada, enrevesada,

embelesada

vida de las islas, donde errar es lo correcto.

6.¿Cuál es el motivo principal que ventila este poema de Pastor de Moya?

CARNAVAL

trajimos el pasado con el alba

nos intercambiamos los rostros en el vacío

comimos pan de otro tiempo

aterradora melancolía

al iniciar la fiesta

desnuda la memoria hace alarde

de la lozanía de sus piernas

todo es real si la fantasía existe

ese hombre que soporta el peso de sus días

se mira hacia adentro

y se le queda pegada la mirada en el olvido

esa es la presencia del ser en la

razón

de parecernos a los colores

cuando nos disfrazamos de nosotros mismos

 

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Isis, Valentín y Pedro

Isis

Saludamos la “madurez” de Isis Aquino; la intensidad de los versos de Valentín Amaro; y la lascivia, trocada en hostia consagrada, de Pedro Antonio Valdéz. Al primero de los nombrados, nuestra conocida poeta “erranticista” de comienzos del 2000, la encontramos esta vez acertando con unos poemas completos, contundentes y “antologables” entre la mejor poesía dominicana actual:

Ñ

Deja ya de definirte

a ti y a lo que haces

piensa

Que esta ciudad estuvo aquí antes que tú

Y será siempre

Y fue un monstruo que devoró lomas y cañadas

Y riachuelos antes de estar tan triste

Deja de definirte

solo piensa que eres otro

otro más que come y lee letreros

otro igual y distinto,

porque el otro siempre es alguien que no eres

¡El mundo no gira en torno a los poetas!

(eso ya lo sabemos)

Piensa que el universo es vasto

y tus átomos son muchos

y no sabes la mitad de lo que pasa en lo que cambia el semáforo

o acaba una canción

…que eres una cosa con neuronas y lecturas

Vallejo, Proust y Artaud

no se sientan a una mesa en el infierno

para hablar de ti y tus vulgares tragedias

No gastes más papel recordando a nadie

La gloria son tres líneas en un libro de texto de bachillerato

Y no cabemos todos

Piensa.

¿Quién soy yo o eres tú

para que le pongan tu biografía de tarea a los muchachos?

Lo que hay es ser feliz a toda costa

reescribir los diccionarios del olvido

porque no todos los viernes son de fiesta

y no todos los lugares comunes

son malos lugares.

(De: Esto no es una antología: Palabras que sangran. Colectivo El Arañazo. Santo Domingo, RD: Ediciones Ferilibro, 2012, 146-147)

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Se fue Chirinos/ Indran Amirthanayagam

Ch

Tenía cincuenta y cinco años

cuando se murió el poeta.

Tristísima noticia. Sólo hace

unos meses estuviste con él

junto con otras dos  niñas

bajo el manto de sus largas

manos, en un circulo

de asientos alrededor de

la mesa‎. Un poeta

y tres doncellas. Me sentí

augusto viendo la foto,

sabiendo que estabas

bien acompañada y no

necesitabas de mí, otro

cincuenton con manos sí

y sueños y una voz bastante

gentil pero no como aquella

que acaba de irse. Pienso

en su abecedario, tantos

animales fantásticos, desaparecidos,

que sobreviven en sus metáforas,

y a él, una luz central con

tres puertas y puntos de salida,

cada uno poeta y niña, tú

y tus amigas reunidas para tomar

el vino y comer la hostia en Granada,

en aquel festival ya historia.

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Nueva visita a El Conde, 2016

SD

Los cueros han envejecido, como el aspecto más visible de nosotros también. Como cierta alegría y cierta espontaneidad, acaso ya para siempre. El Conde es un burdel donde los otros negocios funcionan de escaparate, vestíbulo o toque de color distinto de lo mismo. Aunque con certeza, sus calles adyacentes han sufrido mucho menos y varias de ellas conservan la antigüedad, discreción y encanto –y la excelente sazón en su comida– de aquella entrañable Zona Colonial. Los mendigos son los mismos; junto a otros nuevos, por ejemplo, los venezolanos que vienen presurosos en botes porque su barco ha encallado. El Conde, junto con volverse mucho más caro, también se ha modernizado un tantico; en realidad, esto último, como toda la República Dominicana en lo que toca sobre todo a sus obras de infraestructura vial y centros comerciales. Aunque mucho menos en lo que toca al talante de su cultura letrada ni de su poesía culta.

Viajar a la República Dominicana, para ir al grano, a la sección de poesía criolla en la librería Cuesta es una experiencia de auténtica ciencia ficción; es decir, comprobar que se puede viajar en el tiempo y salir indemne de esta riesgosa experiencia. Poesía tan periclitada, obvio, es reflejo de una institución literaria toda ella absolutamente complacida en aquellos suspiros, discursos de ocasión y grandilocuentes nerudismos que se multiplican hasta el hartazgo. Salvo, también obviamente, algunas muy pocas excepciones. Eso sí, de ninguna manera entre éstas, la institución que por sí misma o más bien por sinécdoque de la otra más grande representa una “poesía” como la de José Mármol. El cual ha sentado sus reales –y ha sabido sentar a todos sus potenciales opositores que hoy en día incluso le dedican libros de “exégesis” a su obra–; ha ganado un Premio Nacional de Literatura; ha hecho migas con agentes semejantes de este atraso en el mundo hispánico (tipo Luis García Montero).  Y todo ello únicamente con un solo libro –sea de ensayo, entrevista o poesía–, en última instancia, aquél de su inalterable sonrisa.

Pero hemos facilitado (de facilitador, vaya palabrita) un taller de poesía en la media isla –esto constituye incluso un gesto más democrático, y loable, que el otorgarle este año el “Premio Pedro Henríquez Ureña” a Mario Vargas LLosa– y sabemos que la institución literaria vigente tiene sus días contados. Fueron alrededor de sesenta los participantes, algunos de ellos con libros publicados, ante los cuales movimos el cobre de lo que en poesía –tanto versos como conceptos, práctica y teoría– traían al taller y nos alcanzó tiempo para deconstruir aquel aguachirle, nombre postizo y afectada impostación. En suma, toda aquella sistemática y postiza sensibilidad; y todo aquel saber –además apenas a medias libresco– de espaldas a la realidad y a la gente: Todo aquel encumbrado colonialismo. La tarea será dura. El ninguneo, inevitable. La soledad, una amiga que nos traerá a manos llenas poesía. Ser famoso o ganar premios y ser poeta es acaso lo más antitético del mundo en estos días. Pero al menos nos queda asaltar, sino el cielo, la majadera institución literaria que produce vates tanto como smog; contaminantes ambos, pero ambos también susceptibles de desaparecer –más bien pronto que tarde– por la adopción de una gasolina mejor.

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Ángela Hernández, Premio Nacional de Literatura 2016

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“No existe nada más puro/ que la sed del paisaje sobre el ojo”

(“Paisaje del Tetero”)

Corría el año 2002 cuando escribimos lo que sería nuestro primer ensayo –luego vendrían algunos otros, hasta nuestro Breve teatro para leer: Poesía dominicana reciente (2014)– dedicado a la poesía de la media isla y, en particular, a la poesía de Ángela Hernández.  De ella nos llamaron poderosamente la atención los siguientes versos

“Lo que tengo es el vivo de los barrios

La culebrilla feliz de los mercados

míseros. Boca del alma rota por el vino. El tempranero

empeño de quien trueca la eternidad por alimentos”

(“Lo que tengo es un pulmón cerrado como piedra”).

Y precisábamos que esto era así porque aquí Hernández se salía de un formato muy extendido entre los escritores, y muy en particular escritoras, de aquella época; de aquel muy mal denominado lenguaje del cuerpo:

“golosina de nuestra pequeña burguesía intelectual latinoamericana. Y ella escapa del formato gracias, sobre todo, a sus lecturas (o al estudio) del Siglo de Oro español, particularmente del Barroco. Ahora, la tentación de Hernández es la elocuencia, el gran formato y el versículo, para la que no está preparada; su mejor factura está en el cuadro de escenas íntimas en formato pequeño; cuando habla bajito, no pretenciosamente, se deja escuchar mucho mejor”

Pues, ahora mismo estamos con un ejemplar del logrado Onirias.  Poesía e imagen (2012) y nos complace –haya o no leído Hernández nuestra crítica– que no andábamos descaminados y la presente propuesta de la autora, nacida en la más bien –para los estándares de calor en la República Dominicana– fría Jarabacoa (1954), está a la altura de cualquier merecido reconocimiento literario a nivel de nuestra región e incluso de la lengua.  Onirias, aparte de perfilarla como una “exquisita artista del lente” (José Alcántara Almánzar), constituye una lograda y muy sugestiva compilación de su poesía hasta la fecha.  O, si no, acaso de toda su poesía escrita porque últimamente no ha vuelto a publicar un poemario nuevo y sí, más bien, varias muy sonadas novelas.

Sin embargo, una vez leídos de modo minucioso y con fervor su presente antología, reparamos y recaemos de nuevo en aquellos densos, contenidos y poderosos versos de “Lo que tengo es un pulmón cerrado como piedra”.  Y en una coda, entre algunos otros versos, de este último cometa: “Uñas parpadean al turista/ … / El mercado envivece/ Corrompe.  Ampara.  Desgasta.  Reproduce/ Una bestia antigua merodea su lumbre incólume” (“Mercado Modelo”); “Es posible escapar a la convención y a la moda/ Más que andar por el mundo/ probar que nos habita” (Alma secreta”); “Yo les escribo a los sepultados por la belleza” (“Flama encerada”).  Poesía clásica, insuflada por la escritura automática y en específico por cierto surrealismo; poesía didáctica ventilada con no menos travesura e incluso oportuno y reparador sentido del humor.  Heterogeneidad, en suma, que cristaliza mejor en los poemas más especulativos y de corte, digamos, “de escarnio y deshora” que en los textos propia o declarativamente eróticos.  El sujeto poético de Hernández es demasiado equilibrado para acometer locuras de este tenor; en esto último luce más verosímil una poeta contemporánea y compatriota suya como es Soledad Álvarez.  Aunque ambas exploren el tema social y político con semejante inspiración y categoría.  Es muy probable que el país que vale la pena soñar, de un Pedro Mir, haya migrado al corazón y a la inteligencia de las poetas dominicanas, no al de  los hombres, y allí haya hecho su nido.  Nido o marmita o volcán más bien –pleno de lucidez y sensibilidad– para hacer de la poesía algo finalmente no solo encantador –aunque la crítica tradicional y, en particular, dominicana se complazca en el hechizo– sino también desnudo y cierto.

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Congreso Internacional Vallejo Siempre 2016 en Montevideo

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Lista de participantes confirmados:

Alain Sicard (Francia), Stephen M. Hart (Inglaterra), Antonio Melis (Italia), Guido Podestá (EEUU), Alan E. Smith (EEUU), Ricardo Silva-Santisteban (Perú), Jesús Cabel (Perú), Wellington Castillo (Perú), Jorge Kishimoto (Perú), Gladys Flores Heredia (Perú), Francisco Távara (Perú), Pedro Granados (Perú), Rosario Bartolini (Perú), Gustavo Lespada (Argentina), Bernardo Massoia (Argentina), Mara L. Garcia (EEUU), Joseph Mulligan (EEUU), Eduardo Espina (EEUU), Laurie Lomask (EEUU), Iván Rodríguez Chávez (Perú), Enrique Foffani (Argentina), Danilo Sánchez Lihón (Perú), Bernat Padró Nieto (España), Santiago Aguilar Aguilar (Perú), Annick Allaigre (Francia), Miguel Pachas Almeyda (Perú), Julio Islas (Perú), Julio Yovera (Perú), Hebert Benítez Pezzolano (Uruguay), Roberto Echavarren (Uruguay), Luis Bravo (Uruguay), Ricardo Pallares (Uruguay), Rafael Courtoisie (Uruguay), Wilfredo Penco (Uruguay), Jorge Arbeleche (Uruguay), Sabela de Tezanos (Uruguay),Gerardo Ciancio (Uruguay), Amir Hamed (Uruguay), Martín Palacio Gamboa (Uruguay), Elbio Chítaro (Uruguay), Virginia Lucas (Uruguay), Mariella Nigro (Uruguay), Juan Pablo de Marsilio (Uruguay), Silvia Prida (Uruguay), Carlos Rojas Galarza (Perú).

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[“Mano de Piedra” Durán]

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“Mano de Piedra” Durán

dando el paso definitivo

hacia el cuerpo de “Sugar” Ray Leonard.

Podía evadirse podía no arriesgar

y especular con el empate.

Pero lo intentó todo

y por eso triunfó.

No sobre Leonard, el chico de color

y pelo de pasa,

el confundido y tierno Ray.

Sino sobre sí mismo

y el mundo.

Lo de Durán fue una estocada

a su pobreza y a la miseria de todos.

“Mano de Piedra”

con el puño en alto hacia la muerte.

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Los peruanos y la Española

MVLL

Lo que puede fascinar a un peruano de la República Dominicana es el palpar todavía el “descubrimiento” y, en particular, el inicio de la cultura trasatlántica en español que se inició por aquí y subió hasta los Andes, no menos que a ambos océanos y bajó hasta la Amazonía.  Cultura híbrida o si se prefiere heterogénea; crisol, como el lema de una buena película peruana reciente, que “seguimos siendo”.  Pero lo que a un peruano puede atraer de Haití, es el inicio mismo de todo; es decir, del homo sapiens que –antes que español o francés o boliviano o brasileño– por principio cada uno de nosotros constituiríamos.  Haití, nada menos ni nada más que la cabeza de playa del África en América.  Por lo tanto, si el respeto guarda al respeto, antigüedad u origen se honran.  Tal cual efectivamente sucede con la inagotable creatividad en la música y la belleza de las gentes en ambos países.

Ignoro si en esto pensaba Mario Vargas Llosa cuando –usando un epíteto todavía vivo– motejó de fascista al gobierno dominicano por no reconocer y quitar la nacionalidad a todos los descendientes de haitianos nacidos en su territorio desde 1929.  Ignoro si él lo pensara,  pero es el caso que sí  lo hacemos nosotros.  Y una vez que, hace poco, hemos visitado ambos países, nos reafirmamos en estos conceptos.  En realidad, que se haga efectivo el “Premio Pedro Henríquez Ureña” al autor de Los cachorros, o que el gobierno dominicano ponga marcha atrás y lo declare improcedente, no es el foco de este breve texto.  Lo es, sí, el derecho a percibir y sentirnos más antiguos y en concordia con nuestra propia humanidad; negra o prieta, sin duda, como el carbón.  Y que, tal cual, se enciende, se esparce, aglutina y se torna promesa de sobrevivencia en cuanto hemos asistido, incluso tan sólo como espectadores, al reciente “Kanaval” en Puerto Príncipe.  El resto es política, ambición o acomodo.  Es decir, qué tanto revelamos en nuestros discursos –los de MVLL o los del gobierno dominicano– aquello que no podemos hacer claro y distinto a los demás: nuestros reales intereses –económicos y de poder– actuando, para variar, como auténticos fuelles de Vulcano.

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Soledad Álvarez: ¿sus versos de agua?

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Como aclara José Rafael Lantigua (“Soledad Álvarez, en el filo de la navaja”, Diario Libre, 24/10/2015), y llena de contenido Carmen Imbert Brugal (“La coartada de Soledad”, Hoy, 16/10/2015), citamos indistintamente:

Soledad Álvarez [1950] es una poeta sesentista por la cronología, pero es noventiañera por los hechos [“alguien la enamoró en una única noche hasta el alba. Y nunca más apareció. Ya nadie más pudo encontrarla”]. En 1994 publica su primer poemario, Vuelo posible. Entonces, espera que pasen doce años, en 2006, para publicar el segundo: Las estaciones íntimas. Y nueve años más tarde, entrega el tercero, Autobiografía en el agua.

Es decir, nuestra autora es una poeta la cual –aunque publicó esporádicamente desde finales de los 70′– escribe fundamentalmente en el recuerdo de lo vivido, como recomendaba Paul Valéry, y es quizá por este lúcido proceder que de modo invariable acierta. Acierta en el –desde su primer poemario– depurado control anti narcisista de su decir y en el verso ceñido y exacto de su arte. Aunque en particular en la presente compilación de sus poemas, Autobiografía en el agua (Santo Domingo, R.D.: Amigo del Hogar, 2015), constatamos una condescendiente y dominante convergencia del sentido hacia lo que en una reseña anterior ya esbozábamos: “el paso del tiempo, la toma de conciencia de nuestro paulatino deterioro y de nuestra indeleble máscara” (“Soledad Álvarez, sus señas íntimas”, blog de pedro granados, 21/01/08).

Y con esto, aunque honestos e incluso encantadores resulten sus versos, la poesía de Soledad Álvarez se torna previsiblemente conservadora; como releída un tanto desde la estética e ideología de los –inanes para la poesía– denominados poetas del “pensar” de los años ochenta. Nos explicamos, versos no claudicantes en sus temas o motivos ni en los briosos desplantes de su sujeto poético; pero sí paralizados –tanto ella como el resto de su generación: “describe una travesía que atañe a muchos” (Carmen Imbert Brugal)– en aquello de: “en la hora del vacío sólo queda regresar,/ lamernos las heridas” (“Decisión”, 1990). Poesía la de la dominicana, así como por ejemplo  la de Blanca Varela en el Perú, entonces, bajo candado y sin futuro. Y obvio esto sucede así, antes que por una decisión o alcance personal, por los mundos tan conservadores, discriminadores e injustos en que fueron concebidas ambas obras. Ningún poeta puede evadirse de su lugar de enunciación ni de la historia particular de su país. Y frente a lo absurdo del poder, y mientras más arbitrario sea éste, acaso sólo cabe mofarnos de él o detonar una potente epifanía para que todo se nivele bajo su irresistible y demoledora belleza.

¿Pero cabe escribir versos bellos todavía, pero cabe urdir una sutil filigrana ante la recia inercia del abismo, pero cabe insistir con el canon de lo oscuramente primoroso? No sólo una sociedad, sino también una cultura y una sensibilidad colectiva se quieren expresar a través del poeta. ¿Acertamos en ello? ¿Nos pasamos de largo? ¿La poesía es por esencia conservadora? ¿Y el lector, de modo necesario, un ser cínico o hipócrita? A todas estas y a otras preguntas más nos han llevado estos poderosos y persuasivos versos de agua.

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