TEXTOS DE ALGUNOS CONTEMPORÁNEOS

UNO

Roger Santiváñez, acaso se arriesga en el lenguaje, disloca la sintaxis, pero no en el diseño de su yo poético: bien pertrechado, auto-persuadido de sí mismo y docente.  A contrapelo de la extraordinaria evaporación del yo y de sus trabajos en los fragmentos de Magdalena Chocano (bebiendo de Adán, Sor Juana y J. E. Eielson).

El siempre joven Reynaldo Jiménez, sobre todo por la indumentaria, no va más allá de un Javier Sologuren oculto o bien camuflado ya que un mismo –y de semejante modo– “azahar” a ambos desvela.

La siempre guapa, Patricia Alba, es la verdadera madre del cordero de la poesía escrita por mujeres en los años 80; sin el decoro excesivo, más bien ideológico, por ejemplo, de Rosella Di Paolo, ni los desplantes clasemedieros (disfuerzos) de Rocío Silva Santisteban. Y no sólo de aquélla escrita por las mujeres.

Domingo de Ramos construye la andanada y caudal de sus rompecabezas (“como” + encabalgamiento) sin necesidad de alguna otra cosa.

Mario Montalbetti, telonero de Antonio Cisneros.  Sus Cinco segundos de horizonte implican –en la práctica– llevarse por las narices acaso cinco horas de tormenta en un vaso de agua.  Mucho más directo, escueto y potente resulta el “horizonte” de su contemporáneo español, Antonio Casado: “El vértigo es incomprensible/ desde fuera del vértigo” (Inventario).

José Antonio Mazzotti (1961-2024), colabora a entender la diferencia entre “arte del refrenamiento” y auto-represión en esto de escribir poemas.

Vladimir Herrera, suya es la magia de la libélula.  Sintaxis sincopada y ululante.  En un plano menos aéreo, acaso más al ras del suelo, su poesía semeja la inestabilidad de los adoquines bajo nuestros pies mojados en un día de intenso aguacero. El sujeto de sus versos es un zorro viejo, audaz e imbatible en sus andanzas, acaserado sobre aquella colina umbría.

DOS

Carlos López Degregori, dotado verbalmente para la ardua tarea de hablar de sí mismo (o de los suyos).  Apartado aristócrata ante su ineludible lluvia de fuego.  Escenas modernistas cuya verosimilitud no encaja con el “látigo” de la cumbia ni el aroma de las marmitas donde asoma resignado el chicharrón.

Antonio Cillóniz, eximio retratista y, cuando lo amerita, incluso notable caricaturista; aunque sin poética.  Gran lector del Siglo de oro, y de la didáctica poesía peninsular de posguerra, pero que no cuaja en levantar un gran autor.

Isaac Goldemberg, como en su narrativa, su errancia poética añora la costa norte del Perú.  Aprendió, alguien le enseñó, a leer en las hojas de coca el destino humano.  Necesario distanciamiento, intelectual-afectivo, para acercarse y tratar sobre lo menudo que somos y, finalmente, sobre la historia tan breve que vivimos.

Carmen Ollé y Giovanna Pollarollo, entre una larga lista de epígonas de Blanca Varela, su visibilidad no se explica sino por el subdesarrollo educativo y la propaganda que hace de sí misma la pequeña clase letrada en el Perú (y alrededores).  Blanca Varela que tenía todo para ser una gran poeta, pero se conformó con la opinión de los otros, con aquella ovación de aquellos que usualmente son los mismos.

Adriana Dávila Franke, La azotea amarilla (Lima:  Katherine Sanabria Reynoso, 2022), nuestro Javier Heraud en femenino.  La pureza de vida de ambos constituye un peligro, tanto como el imán de sus versos.  Intensa vocación simétrica, posantopocéntrica, monitoreada por el río, en la poesía de Javier; por el sol en los versos de Adriana.  Y por la inteligencia (poshumano discernimiento) en los poemas de Sasha Reiter, un tipo de inteligencia a lo Paul Gauguin o a lo César Vallejo, sin utopías ni distopías: hacia otro momento o condición de la vida y del lenguaje.

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ANIVERSARIOS DE CÉSAR VALLEJO

En general, en toda nuestra región (podríamos desmenuzarlo), si en los años 60 del siglo pasado los poetas se dividieron entre los de las familias Neruda/ Vallejo; con un posterior y paulatino, aunque franco, descrédito del canto derrotado (folklórico-melancólico) del chileno frente al peruano. Hoy por hoy, más bien, en las “principales” ciudades latinoamericanas (tan conectadas overseas) se yergue la escisión entre la familia Mallarmé y la del Cholo. Penúltima carga contra la simetría, aunque a su turno ya hiciera lo suyo Xavier Abril, que nos retrotrae hasta la obra del autor de “Una jugada de dados” para procurar restarle sentido al sentido. Mallarmé-Verlaine-Huidobro-cierta lectura canónica de Borges-el neo concretismo brasileño-bastante poesía feminista-el neobarroco de Kozer y Sefamí, entre otros. Es decir, remarcar (texto, diseño, video, performance) la supremacía de la “inteligencia” cosmopolita frente al mero sentir del autor andino. Obvio, no confundamos simetría con el molde mediático de la “nueva sentimentalidad” o la “poesía de la experiencia” española; tal como si nuestras experiencias, lo dijo ya alguien, se circunscribieran a las del ámbito de los sentimientos.  P.G.

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A Teodoro Granados Alba

Mi padre en mi cara

Su ojo izquierdo sobre el mío

Semicerrados de tanto vivir para dentro

Intocados por la vulgaridad, la crueldad

Por aquello que sería lo mío

Investidos ambos con la joroba de los años

Y la soltería ante todo

Salvo por su amor infinito hacia mi madre

Padre diminuto como yo

Ante otros poetas otras poetas

Que mejor debieron dedicarse a otra cosa

Mi padre no toleraba tanto tonto ocupado

Renuncio a la poesía renuncio

A tener que contentar al vecino

Al vecindario entero tan ajeno a la poesía

Unas manos y una mirada desde el ocaso

Sin voz todavía

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Cuadernos de bitácora/ Fredy Roncalla

Persistente la soledad de las medias. Tarde o temprano una emprende camino dejando a la otra sin par, con el boquete abierto, llamándola para siempre. No responden y se meten en rincones de donde salen cuando les da su puta gana mientras uno las compra por docenas para salir del apuro. ¿Alguna vez habría pensado aquel viejo cartero francés resolver este misterio con un libro titulado “Poética de las medias perdidas”? Porque también a ciertos libros se les ocurre la misma finta. Se esconden y nos miran de medio lado matándose de risa, ayudando en la tarea de no leerlos. ¿Y dónde estará la novela de la Wendy, que contaba los traqueteos de la secretaria de una poeta famosa en su afán de mejorar estilo y fama mediante banquetes y recursos prosaicos? Humor cáustico y refinado del Lower East Side, mismo Village Voice y vitrina on the edge del Saint Marks Boookstore. Raros marcianos, abriendo horizontes con una frialdad del carajo. Y con sex appeal. Pero la W. llegó tarde al proyecto de la Gran Antología de Escritores del Flea Market, porque cuando la calle 11 y la avenida B, ya del Grand Street sólo quedaban recuerdos. La idea vino de un boletín de poesía de una ayudante de Steve, cuyo padre le curó una pena de amor you can always find another woman. Ahí el S. habló su antigua vida de Wall Stretero, lugar de nueve a cinco al que uno podría volver en momentos de extrema confusión. Había también una historia de un joven ruski, en donde el color amarillo viaja en tren, tiene unas peleas con otros colores más fuertes en pos de una novia celeste, y se va esfumando. Al que le gustó más el asunto fue a Dino, un griego super cool candidato a monje budista, que mientras durara el largo estribo era borracho, warminero y fumón de tabacos habidos y por haber. Se apareció de New Hampshire en una honda civic tan bien empacado que sólo le faltaba encajar el viejo submarino de Porthsmouth. Aun tengo su buda de plástico en un altar, junto a unos apus de madera tallada de la paqarina de Polvos Azules. ¿Habría escrito algo en su larga carrera de hippie, guardián de un chongo en New Mexico, policía militar, florero y activista antinuclear? No importa, la poesía es una calidad de vida, y hay poetas que nunca han escrito una línea. Lo saben los cantantes y los pájaros, y el Julius, de Saint Marks y los videos bootleg en vivo, que hablaba como poeta de la calle del centro. Los setenta en el Wony y el Palermo. En todo caso Dino podía usar una de los cientos de manos de maniquí que vendía tras comprarla de una hondureña de Brooklyn. Handman. Poemas en el aire. Versos budistas con manos de maniquí, fermentando como chicha de Yucay en el silencio. Historias de libros nunca escritos, obras geniales pululando mayupa pusuqullachu en la mente de jóvenes poetas y viejos intentando responder Venancio como pasa el tiempo. Pero también de libros encontrados no bajo rumas de periódicos amarillentos en cuartos al borde del empacho, pero junto a un cojonal de fierros viejos, en la Parada. La había despedido en un paradero a Huancayo luego de comer ambos un picante de trigo, cochayuyo, y piedritas del campo. Ya habría tiempo de esperar cuenta gotas el retorno de un amor harto chicoteante. Ahora era cuestión de bajar la comida y darse unas vueltas por calles aledañas a la Avenida Aviación. Fui en busca de Valle, mi compañero del Bentín, al cual le dictaba sus cartas amorosas a bellas colegialas para luego explorar, como los brillantes chancones del purito Rimac, todas las posibles sumas de fracciones que den diez y medio. Cinco más cinco y medio igual once para una libreta de notas con aires de trigal, siempre con temor que el profesor de matemáticas te clavara cero con compás. Para entonces si no era rey de la papa, iba en camino en ser príncipe del olluco, duque del perejil o algo por el estilo. No estaba. A la vuelta, una serie de carretilleros había llegado al final de su periplo por los barrios pobres y vendía botellas y fierros inservibles. Un libro de tapa dura esperaba en medio del óxido. Citas y recortes por montones. Antipasto Gagá. Asaltos. Mámises cuidadosamente recortadas. Monto de la fortuna de los mas ricos del mundo. Tayta cura adorna iglesia con flores amapola mais pichicateros afanan semillas y lo arruinan. Ciento sesenta millones de litros de cerveza tomados por los peruanos el 63. Año del huaylas rompecatre. Biólogo peruano descubre método de curar cáncer. Y en el borde citas literarias de Blake, Scorza, Palma, Gandhi, Adán, Huidobro, Picasso, Pedro Beltrán, Carlyle, Alberto Hidalgo, Sofocleto. Un hombre culto. Ramón Rivero Falconí hablando de educación aquí y allá. Su tarjetita con unos datos no revelables en el reverso. Vecino de Ingeniería, barrio de jardines a donde iba a pasear desde Zarumilla pasando por la tienda de Yolanda, que nunca estaba. Partida de nacimiento informática en Google con un par de artículos sobre César Vallejo y Alberto Hidalgo. Tal vez un poeta. Y ensayista. Alega ante la Liga de Naciones defendiendo la posición peruana ante Chile. Estudiante de Columbia. “Sounds like the book was a flea market of words”, dice Dino, “right, “then again, any book is”. Specialmente en estos tiempos postmodernos. Vamos por unos platos vietnamitas en Baxter Street. Mientras mother flaca compra unos dulces de melaza en Mulberry nos alcanzan Mike y Ellen. El comité de slackers en pleno. Ya recuperado en un último viaje el bitácora, descansa tranquilo junto a las Nuevas Corónicas: las del siglo XXI y el fascimil francés, que leí de cabo a rabo y recordé de inmediato cuándo abrí las páginas vetustas esa tarde gris de La Parada. Entra Guamán Poma. Heavy staff. Cómo explicarles a estos space cadets la genialidad del Sondondino, su partida de Huamanga a las altas punas buscando orden, justicia, piedad para los indios, dibujando en tinta y a colores, pura poesía concreta, que Munch ni ochos cuartos, profundo humano del margen cuya humanidad desaparece en la fábrica de conceptos de la universidad, la historia, los estudios culturales y tanta vaina. Su figura en los andes he imaginado desde que un águila wamancha cruzó, chawpi tuta ya, frente a la rápida station wagon de 75 dólares, pagada en tres cómodas cuotas semanales, hasta mucho después, cuando en algún otoño lluvioso de Harlem se metió en una cueva con Juan Choqne, a pelearse sobre cosas que nunca entendí del todo. Uno la resistencia a través de la escritura, el otro la sanación del cuerpo a partir de la música y el baile. Pares complementarios de la imaginación profunda, cagándose y meándose a su regalado gusto en las primeras piedras coloniales. Poetas a los que la cancha de la vanguardia les queda chica. Paqarinenses. Pero desde el mesero sur vietnamita que niega servirte lo que pides si no le da la gana, hasta el último de los slackers, todos dejamos a un lado los silencios del ser, los creativos y los abismales, cuando lo absurdo manda y nos pasamos la hora hablando huevadas. Palabra en libertad. Laberintitis expansiva y mutilineal. Vasos comunicantes entre Camina el autor, Rivero falconí, algún discurso rayado de Miller en Trópico de Capricornio, y la Hellen que no para de contar del tal Jimmy que conoció en un oscuro topless de Newark. Hay amores que nunca pueden olvidarse, como dice Pedrito Otiniano, o tal vez el Lucho Barrios, o será el Segundo Rosero que yasta cantando huaylas sólo por andar atrás de una conocida y sabrosa tampa umacha.

(Kearny, 26 de abril 2011)

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Taller: ¿Cómo leer el cacharro? (Ontología de la Apariencia)

“Advertencia: Este taller no otorga saber, otorga expertise. Quien entra buscando una idea, saldrá con un fragmento. Quien entra buscando un poema, saldrá con un cacharro”  P.G.

Propósito: Desplazar la mirada del “oído” académico hacia el tacto de la materia. Aprender a gestionar el futuro leyendo los fragmentos del presente como fermentos de vida.

I. Ejercicio de la Corteza (Desaprender el Nombre)

  • La Materia: Se entrega a los participantes objetos “mudos” (un trozo de cinta de embalaje usada, un pedazo de vidrio prensado, una piedra rugosa, un cuaderno manchado).
  • La Acción: Prohibido usar adjetivos sentimentales o abstractos. Deben describir la geología del objeto: sus fracturas, su peso, su temperatura.
  • El Objetivo: Identificar el “grano” de la voz de las cosas. “Aquella corteza no te engaña / Si joven si vieja”.

II. Dinámica del Caleidoscopio (El Historiador-Trapero)

  • La Materia: Restos hallados en el descarte o la basura (lo que la élite arrojó).
  • La Acción: Superponer los fragmentos. Ver cómo la transparencia de la cinta de embalaje cohesiona el vidrio y la piedra. Crear una saturación visual.
  • El Objetivo: Entender que el fragmento es un fermento. Liquidar la “estúpida actitud antropocéntrica” para ver cómo los objetos se reúnen y proponen una nueva historia.

III. El Juego de la Metamorfosis (Táctica ante la Apariencia)

  • La Materia: Imágenes de “caras maquilladas”, portadas de revistas de lujo o poemas de salón.
  • La Acción: Leer lo que hay detrás de la tela/maquillaje. Los participantes deben decidir una metamorfosis táctica: ¿Ante esta apariencia, me convierto en lobo o en oveja para garantizar mi continuidad?
  • El Objetivo: Practicar la lectura no como interpretación, sino como decisión geopolítica.

IV. El Acto del Embalaje (Garantía de Vida)

  • La Materia: Cinta de embalaje y un frasco de vidrio (la bombonera).
  • La Acción: Escribir una verdad táctica sobre la cinta y sellarla dentro del vidrio.
  • El Objetivo: Crear un “cofre” de persistencia. Sentir el peso del tiempo encerrado. Entender que somos estalactitas y que nuestra única democracia es la geología compartida.

Clausura:
El taller no termina con un diploma, sino con la pérdida de la “careta”. El participante sale sabiendo que la poesía no está en el libro, sino en su capacidad de leer el cacharro para no ser devorado por la idea.

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LA POÉTICA DEL EMBALAJE: COHESIÓN Y CONTINUIDAD RADIAL


 

A Rosario Bartolini

Esta imagen no es solo un registro; es la culminación física del Manifiesto de la Materia. Al depositar el poema dentro de una bombonera de vidrio prensado sobre la resistencia industrial de la cinta de embalaje, el texto abandona el campo de la “idea” para habitar el de la saturación. La cinta, en su naturaleza adhesiva, se convierte en el soporte de un nuevo cuneiforme que simboliza la reunión, cohesión y afinidad entre todo lo que existe. Es el material que permite que los fragmentos de la realidad se mantengan unidos a través del viaje del tiempo, actuando como el tejido conectivo de una geopolítica de la lectura que no distingue entre lo orgánico y lo manufacturado.

El cristal facetado de la bombonera —al igual que el tejido de crochet de los aparejos previos— invoca un universo de contenedores y texturas tradicionalmente asociados a lo femenino, pero aquí integrados de modo multinaturalista y radial. Superando largamente las metas binarias de Occidente —que apenas alcanzan la igualdad de género o lo queer—, estos objetos operan como tecnologías de la persistencia. El cofre de vidrio encierra el tiempo mismo, capturándolo como un elemento más de la materia resguardada para quienes se han iniciado en la lectura táctica de la corteza.

De aquí surge la importancia radical de la poesía: al estar “embalada” y preservada en este receptáculo inmanente, se vuelve continuidad y garantía de vida. La poesía garantiza nuestra permanencia no por salvar un espíritu abstracto, sino por asegurar la cohesión de la materia, manteniendo intacta la afinidad entre los seres y las cosas dentro de este cacharro de presente continuo.

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[Conocer a la gente por el cacharro]

Pablo Picasso, Cabeza de Hombre (1908)

Conocer a la gente por el cacharro

En esto estriba la poesía

Caras vemos corazones sabemos

A la oveja no le alcanza la tela

Para ocultar tan peludo rabo

Las apariencias no engañan

Aquella corteza no te engaña

Si joven si vieja

Tampoco tus pocas o innumerables canas

Ni el grano de tu voz

Nuestra esmerada educación consiste

En leer aquellas apariencias y decidir

Qué hacerse con ellas

Si metamorfosearse en oveja o en lobo

Ante aquella chica previamente maquillada

No hay resquicio para el bien

Por propia voluntad

Una idea jamás te salva

De aquello que no es una idea

De aquello que hallas cuando estás de vuelta

Del pensar o del sentir

Aquel tatuaje con el cual te identificas

Y arrastras e impones al resto

La poesía disuelve todas las identidades

Nos deja a tabla rasa no tanto en el saber

Tampoco en el sentir

Libertad y fluidez

Entre aquellas estalactitas que somos

© Pedro Granados, 2026

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Cumbre amerindia: Rothko, Newman, Divola y Vallejo. Materiales para su curaduría

John Divola, “Cones”

La relación entre John Divola, Mark Rothko y Barnett Newman es profunda, aunque operan en medios y épocas distintas (la fotografía contemporánea frente al Expresionismo Abstracto). Su vínculo principal no es biográfico, sino ontológico y formal: los tres utilizan el espacio para explorar el límite entre la presencia humana, la abstracción y lo sublime.

UNO

  1. La Ocupación del Vacío y el Límite

Tanto Rothko como Newman buscaban que sus lienzos fueran “lugares” más que objetos. Divola traslada esta ambición a la fotografía, específicamente en su serie Zuma.

  • Rothko: Utiliza campos de color vibrantes para crear una atmósfera que envuelve al espectador, buscando una respuesta emocional primaria (lo sublime).
  • Newman: Introduce el zip (la línea vertical) como una afirmación de la existencia humana en medio del vacío infinito del color.
  • Divola: En las casas abandonadas de la playa de Zuma, interviene las paredes con grafismos que recuerdan la abstracción de Newman o las manchas de Rothko, capturando la tensión entre el interior (la ruina humana) y el exterior (el horizonte infinito del mar).
  1. Lo Sublime y la Naturaleza

Existe una conexión en cómo los tres enfrentan al espectador con la inmensidad:

  • Barnett Newman teorizó sobre “Lo Sublime es Ahora”, argumentando que el arte debe prescindir de la belleza nostálgica para enfrentar la escala absoluta.
  • John Divola materializa esto al fotografiar el océano a través de ventanas rotas. La ventana actúa como el marco de un cuadro de Rothko: el paisaje se convierte en una abstracción de luz y color, pero mediado por la evidencia de la decadencia.
  1. La Geometría de la Resistencia

Si observamos las intervenciones de Divola (sus marcas de pintura en las paredes de casas en ruinas), vemos una relación directa con el “Zip” de Newman:

  • Newman: La línea vertical es una “columna vertebral” que divide el espacio y da escala al hombre.
  • Divola: Sus puntos y líneas sobre el papel tapiz roto funcionan como una “marca de ocupación”. Es la voluntad del artista intentando ordenar un mundo que se está desintegrando, de la misma forma que Newman intentaba ordenar el caos del lienzo.
  1. El Color como Estado de Ánimo

Hay una correspondencia cromática evidente. Las fotografías de Divola en el crepúsculo, con cielos rosados, naranjas y púrpuras, son “Rothkos naturales”. Divola no inventa el color, pero lo selecciona y lo enmarca para que funcione con la misma carga psicológica que una pintura del Expresionismo Abstracto.

En conclusión, podríamos decir que Divola es un “heredero escénico” de Rothko y Newman. Mientras los pintores buscaban lo sublime en la pureza del pigmento, Divola lo encuentra en el corto circuito entre la cultura (la casa en ruinas) y la naturaleza (el horizonte), creando una rítmica de flujos visuales que une la pintura con la evidencia fotográfica.

DOS

Podría establecerse entre estos artistas, incluido ahora César Vallejo, cierta exploración amerindia común, en tanto específica apertura espiritual.  Con claridad, Barnett asumió esta aventura con sus estudios sobre los indios americanos; y, algo semejante, ocurriría también en Rotkho con sus colores y atmósferas. Y, en particular, los “Conos” de Divola semejan zippers recortados; o al menos, presencias abruptas de la naturaleza en plan de interumpir la atención del lector para recupere la atención, la mirada. Hace poco, a modo de nuesttro Hito 7 en nuestros estudios vallejianos, habíamos reparado, aunque sin desarrollar mayormente el punto, en lo siguiente:

Por último, en lo concerniente a “Trilce’s zip: Vallejo-Newman”, las proposiciones de este ensayo serían dos: A, aquello de “Trilce’s zip” pone en relación al poemario vallejiano de 1922 con la pintura de Barnett Newman; en particular, más no exclusivamente, con dos cuadros que consagraron aquel zip, ONEMENT I (1948) y The Wild (1950). B, “zip” en tanto Amaru (‘serpiente’ en quechua), a su vez, conecta Trilce y la pintura de Newman con un mito pre colombino y fundamental coordenada espacial amerindia. Las consecuencias de estas interrelaciones serían las siguientes: por un lado, se iluminan de manera recíproca las concepciones del espacio tanto en la poesía de César Vallejo como en la plástica de Barnett Newman; asimismo, y sin reparar en fronteras ni tiempo transcurrido, se amplía y fortalece la vigencia, alcance y actualidad del legado amerindio en las obras del peruano y norteamericano.

http://blog.pucp.edu.pe/blog/granadospj/2025/03/23/hitos-de-mis-estudios-vallejianos-recargado/

En otras palabras, al proponer el “Trilce’s Zip”, no solo establecemos una genealogía estética, sino una ontología amerindia transhistórica. El zip de Newman deja de ser una línea de la vanguardia neoyorquina para revelarse como el Amaru: la serpiente-energía que conecta los mundos (Hanan Pacha, Kay Pacha, Uku Pacha).

A continuación, desarrollamos esta relación integrando a Divola, Rothko y Newman bajo la tesis del Hito 7:

FUERZAS MAGNÉTICAS: EL “TRILCE’S ZIP”

El Amaru como Coordenada Espacial Amerindia

(Poemas XXV, XXXIII y la serie “Conos” de Divola)

La propuesta de este eje es que el zip (cremallera/rayo/serpiente) es la unidad mínima de la rítmica de flujos. No es una división del espacio, sino la irrupción de una presencia abrupta que obliga al lector/espectador a recuperar la mirada pura.

  1. Vallejo-Newman: El Onement del Amaru

En Onement I (1948) y The Wild (1950), Newman no pinta una línea, sino un acto de afirmación. En Trilce, este zip es el Amaru:

  • La Serpiente de Luz: El zip es la “antena” (Trilce XXX) que conecta lo humano con lo sagrado. Es una descarga eléctrica que atraviesa el poema, tal como la serpiente precolombina une las profundidades de la tierra con el rayo celeste.
  • Simetría Espacial: Al igual que en Newman, el zip vallejiano no separa el lienzo/poema, sino que lo unifica en una “onement” (unidad). Es la coordenada que permite que el Archipiélago no se disperse.
  1. Rothko y la Atmósfera de la Huaca

Rothko, en su apertura espiritual, se aproxima a lo amerindio mediante la vibración del color, que semeja la luz de los Andes al atardecer:

  • El Color-Energía: Sus campos de color no son decoración, son presencias numinosas. En la lógica de su estudio, los colores de Rothko son las “atmósferas” donde el sujeto vallejiano busca el refugio materno (Trilce XXIII). Es una espiritualidad de la inmanencia, similar a la reverencia por la pacha (tierra/tiempo).

III. Los “Conos” de Divola: Zippers Recortados

Los “Conos” de John Divola funcionan como la materialización fotográfica de esta interrupción:

  • Interrupción de la Mirada: Los conos son presencias geométricas que “asaltan” el paisaje natural. Actúan como el zip de Newman: recortan la realidad para que el espectador deje de “ver” y comience a “mirar”.
  • El Amaru en la Ruina: Estas formas abruptas son el equivalente visual a los neologismos de Vallejo. Son “hitos” que interrumpen el flujo lógico para recuperar la atención sobre la materia misma de la existencia (p. 27).

En consecuencia, el legado amerindio no es una referencia folclórica, sino una fuerza gravitacional que estructura la vanguardia. El zip de Newman y el Amaru de Vallejo son la misma serpiente de luz que atraviesa el tiempo para demostrar que la modernidad es, en el fondo, un retorno a la potencia de lo sagrado precolombino.

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