[Viajar ya no es necesario]

Viajar ya no es necesario

Luego del covid 19 el ser humano

A retornado a ser lo que siempre fue

Una única cosa con apariencia de muchas

Un único o completo pulmón

Al setenta por ciento menos

De su real capacidad para maquillarse

Y estar al cien por ciento de algo

Respirar follar desplazarse

Existir en suma

Así que la película se nos quemó

Y al caldo le añadieron sin pudor

Más agua frente a nuestras narices

Justo cuando nos disponíamos a partir

A visitar a perdernos a hacer nuestro

Aquel lejano y tan distinto paisaje

De losetas pulcras y mudas

De gentes adosadas a sus colosales edificios

Donde cada una ellas constituye en realidad 

Un aviso mucho más elocuente y anónimo

Que la pareja de la pared junto a su menor hijo

La cual acaba de conocerse y juntar

Para el comercial que ahora mismo

Captura y envuelve los edificios

Y los transforma en larvas desde lo alto

Y no menos desde este portal

Que escribo entre el tronar de los parlantes

De mi modesto hotel en Santa María de Nieva

Y los recios motores de un taller cercano

Que pareciera quedar aquí mismo

Y al compás de unas trajinadas y como desvencijadas

Hélices que me dictan estos versos

Un pulpo de ventilador detenido al constatar

Que no hay dónde ni objeto en tratar de llegar más lejos

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Taller de poesía online por cuencas culturales: “para encontrar tu propio ritmo o ecualizarlo”

Taller de poesía online por cuencas culturales: “para encontrar tu propio ritmo o ecualizarlo”

Caribe, para sacudirse de Pablo Neruda.

Cono Sur, para que en nuestro contrato con el lector no intentemos, desde un principio, pasar por sujetos listos.

Brasil, para que nuestro performance (cuerpo y ritmo) aterrice mejor en nosotros mismos y luego, y con más potencia, en el papel u otro soporte a través de la escritura. No estamos conminados a la poesía de autoayuda (“acción poética”); ni, tampoco, limitados a trascribir en portunhol selvagem.

Andina, para que leamos en su real expresión, de modo gozoso, a nuestro César Vallejo.

Amazonía, para sacudirse del espejismo y culto de los medios –exotismo, multiplicidad de lenguas u otros mimetismos– y optemos siempre, más bien, por las sensibilidades (ejemplo, la poesía de Luis Urteaga Cabrera); éstas, nuestra lengua común.

Latina (USA), para, a ejemplo de Tino Villanueva, dialoguemos más fluidamente con las demás cuencas culturales; y encontremos que nos ligan más afinidades que nos separan diferencias.

España, para que una vez superadas la “poesía de la experiencia” y la “poesía de la conciencia” y la “poesía de la chocolatina”, etc., percibamos todo ello como desde otra margen, la de América Latina; para, luego, permitir filtrarse a borbotones toda esa oralidad y poesía –a cada paso y a cada minuto y a cada lectura de los clásicos– del territorio de España.

México, porque no todo fue Octavio Paz ni todo debe ser ahora infrarrealismo o un Bukowski, no de sótano, sino de vitrina. Porque en nuestro contrato con el lector no empecemos por apuntarle con un revólver.

En español, portunhol selvagem, spanglish y un largo etcétera.

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Climber (Enredadera): Pedro Granados, translated by Leslie Bary

Diseño carátula: Marita Ibáñez S.

Climber

I
Grab that pole and soar like a creeping vine
The night cold will not bother me at all
The relentless frost of dawn
If I eat drink breathe
It is grace already
Toward my instinctual goal
Sleepwalking automatic
To one side papers packages debris
Foul air
Dense and impure words
Between my root and me
Between that pole and me
Visible and invisible threads
To climb slowly like a sloth
True and sure like a snake
Among those filaments
The unseen strand
That put me back in Lima
That threaded me to your love
Blind night the one that sees
Beyond our eyes
Now that it wets my cheeks
Mud and rough concrete
I crawl upon
With my gaze and feel with thought
With the half-open corners of my lips
And part of my tongue yes indeed
With my breath clogged by mud
Which is the earth I breathe
The same as a dog
Just like the hyena
Gobbling its prey in desperate pieces
Like the little bird who can take no more
And adds another lump to the earth
I head on and climb then
Guiding myself by the voice that calls me
By the one who shouts my name
And stretches loving arms out to me
And disappears again
Or delays
Because that’s how she gets me to keep climbing
Like the creeping vine that I am
Mud flowers that we all really are
Each one
And never only poets

II

Reach for that nail
It will be a bit tough
Peninsula exposed to the sea
Wave inside
Snail reptile
Extension of the shadow
Gradual
But sure and inevitable
Toward what we need
The wave or nothing
Nothingness or the wave
Naked in socks
Or altogether naked
As on a set of scales
My fish
My hands steady
Greedy
“I love your style”
Against those street haunches
Incense caught in skin
That I am heading for now
Towards which against everything
I guide myself
As if
Toward a parallel heart
Or parallel breath
Remember it remember it
A loose sun
Untied for a time from its other
Night against night my days
Until perhaps
Reaching for that nail
And spilling ourselves down from there
Pure wings on air
Hanging swinging
Pure green on an untouched landscape
All trembling besides
All accomplished

Enredadera

[Agarrar mi guía y elevarme]

Agarrar mi guía y elevarme tal una enredadera
El frío nocturno no será nada tampoco
La escarcha inevitable del amanecer
Si como si bebo si respiro
Ya es una gracia enorme
Para mi objetivo inconsciente
Sonámbulo o en automático
A un lado papeles bultos desperdicios
Aire viciado
Palabras densas e impuras
Entre mi raíz y yo
Entre mi guía y yo
Hilos visibles e invisibles
Para escalar lento como el perezoso
Seguro y cierto como la serpiente
Entre aquellos últimos
El hilo invisible
Que me puso de nuevo en Lima
Que me ensartó otra vez a tu amor
Noche ciega la que ve más allá
De nuestros ojos
Ahora que humecta mis mejillas
El barro e incluso el hormigón
Sobre el que me arrastro
Con la mirada no siento menos con el pensamiento
Con las comisuras entreabiertas de mis labios
Y parte de mi húmeda lengua eso sí
Con mi respiración taponeada por el lodo
Que es tierra la que respiro
Igual que el can
Igual que la hiena
Cuando engulle a trozos desesperados su presa
Igual que el pajarillo que no pudo más
Y añade un grumo más a la tierra
Enfilo y trepo entonces
Me oriento por la voz que me llama
Por la que pronuncia mi nombre
Y me extiende sus brazos amorosos
Y desaparece de nuevo
O tarda
Porque así me va animando a subir
Como la enredadera que soy
Flores de fango que en realidad somos todos
Cada uno
Y jamás únicamente los poetas

[Alcanzar aquel clavo]

Alcanzar aquel clavo
Será algo difícil
Una península al mar expuesta
Ola dentro
Reptil caracol
Extensión de la sombra
Paulatina
Pero segura e inevitable
Hacia aquello que necesitamos
La ola o nada
La nada o la ola
Desnudo en calcetines
O del todo desnudo
Y como sobre balanzas
Mis peces
Seguras mis manos
Golosas
-me encanta tu estilo
Contra aquellas nalgas de barrio
De incienso de piel de esclava
Hacia las que enfilo ahora
Hacia las que contra todo
Me oriento
Como si hacia un corazón paralelo
Se tratara
O respiración paralela
Recuérdalo recuérdalo
Un sol suelto un tiempo
Del otro desprendido
Noche contra noche mis días
Hasta acaso
Alcanzar aquel clavo
Y desde allí derramarnos
Alas puras sobre el aire
Batientes suspendidas
Puro verde sobre un paisaje intocado
Todo trémulo por demás
Todo cumplido

https://www.beltwaypoetry.com/climber-enredadera-pedro-granados-translated-by-leslie-bary/

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AMERINDIOS/AMERINDIANS

Artepoética Press, con sede en la Ciudad de Nueva York, ha publicado, en edición bilingüe español-inglés, Amerindios/Amerindianspoemario del poeta peruano Pedro Granados. Amerindios/Amerindians contiene dos libros: Roxosol/Sunredsun (traducido por Leslie Bary) y La mirada/The Gaze (traducido por Sasha Reiter e Isaac Goldemberg).

En su introducción, Leslie Bary escribe que la poesía de Granados “evoca el dislocado sentimiento de identificación con un terreno síquico y físico repleto de signos de un pasado desconocido y al mismo tiempo visible; físicamente, en las líneas que las ruinas subterráneas trazan en la tierra, y síquicamente, en la leyenda del cuerpo enterrado y el espíritu emergente del antiguo sol o Inkarrí”.

Por su parte, en su introducción Sasha Reiter afirma que “Mediante la mirada, el poeta crea una relación con el mundo, una relación que tiene que ver con la realidad física, emocional y cultural que lo rodea. En este nivel, Granados ha creado su propia versión poética del escenario-espejo sicoanalítico de Jaques Lacan. Ambos parecen decir que la manera en que los seres humanos se relacionan con el mundo es a través de una mirada muy solitaria. Una mirada que nos revela que estamos separados de todo”.

Según Julio Ortega, “La poesía de Pedro Granados es el hilo de habla que emerge de una herida en el cuerpo del lenguaje español. Habla que es hilo de vida, huella de sangre, texto de la voz que borbotea con asombro y convicción”.

Asimismo, Carlos Llaza ha declarado que en “La mirada Pedro Granados demuestra una vez más que es un artista con calle poética, cuya voz se resiste a categorizaciones simplistas y revela el lugar que la poesía, como epistemología y concepción del mundo, ocupa en la vida diaria. Así, al reconciliar los caóticos mundos interno y externo a través de un intelecto cruelmente tierno y sensual, La mirada se erige como un referente en la poesía contemporánea”.

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Lomismo/Islismo: Poéticas gemelas de César Vallejo (PDF)

Este breve ensayo de 2017 (Revista Laboratorio) iba en “busca de un método” para intentar estudiar las culturas “opacas” (Canclini, Glissant); el cual, desde nuestra propuesta sobre la convivencia simultánea –en la obra de César Vallejo– de cuatro nociones distintas y autónomas de las Humanidades (Libros, Pueblos, Narrativas y Posantropocentrismo) creemos haberlo encontrado [Granados, Pedro.  “Humanidades”. Uwa’Kürü – Dicionário analítico – volume 5 / organização: Gerson Rodrigues de Albuquerque, Agenor Sarraf Pacheco. – Rio Branco: Nepan Editora; Edufac, 2020.   pp. 115-117 ].  Es decir, en oxímoron con la radical libertad y “vanguardia” de la obra del peruano, existiría un modo “correcto” de leer a Vallejo; siempre y cuando, y no menos de manera paradójica u oximorónica, nos manejemos simultáneamente con aquellas cuatro nociones de las Humanidades  toda vez que leamos aquella poesía, crónica, ensayo, etc.   Método del cual mostramos, en detalle, su pertinencia en un ensayo de muy próxima publicación, Trilce: “el sujeto del acto” (Dossiê “100 años de Trilce de César Vallejo”, Revista CirculadôCasa das Rosas, São Paulo, diciembre 2021).  

https://biblat.unam.mx/hevila/Revistalaboratorio/2017/no16/3.pdf

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Hasta que no haya luna/ Alan Smith Soto

MARTES 26 DE OCTUBRE DE 2021, 19 HORAS

BIBLIOTECA MUNICIPAL EUGENIO TRÍAS

CASA DE FIERAS DE EL RETIRO

CALLE FERNÁN NÚÑEZ 24, MADRID

ALAN SMITH SOTO presenta su tercer poemario, en el que contempla la asombrosa ternura de nuestra tierra, y aquel barro animado perdido en ella, bien que haya aprendido a conocer las pulsaciones repetidas que nacen y mueren muy arriba, muy abajo, y muy adentro. Lo acampañan ALFONSO DOMINGUEZ, escritor y cineasta, CARLOS EUGENIO LÓPEZ, poeta y narrador y ANTONIO J. HUERGA, editor.

Carta de Presentación Hasta que no haya luna (2)

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Martín Adán [Intervención]

Qué instante no es toda la vida  

El tiburón devora lo que devoraba

Como en el mar late la ola

Sangre en largura de camino

Doblado por el peso de su eternidad

Inadvertida

Y en vano huyes del país nativo

Y en vano tornas sarco

Como el chivo

Y en vano evitas

Lo que está en tu mente

Que todo es tu principio atroz

Poeta

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VASINFIN del Brasil

Vallejo sin Fronteras Instituto (Lima, 2014), del cual soy su actual presidente, se multiplica.  En este sentido, damos la más cordial bienvenida y nos congratulamos de su proyección al Brasil, en concreto a São Paulo, donde funcionará bajo la dirección del poeta, profesor, investigador y traductor Amálio Pinheiro (en la foto).  Qué le deparará el futuro a VASINFIN, esperamos siga multiplicándose por el mundo; y, con esto, el meollo de su labor: “VALLEJO SIN FRONTERAS se abre a la difusión del estudio y la creación artística en torno a la obra o figura de César Vallejo. Se distancia de las lecturas típicas y tópicas sobre este autor universal y, más bien, apuesta por lo heterodoxo; aunque con hondura intelectual, rigor persuasivo”.  Así sea.

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Los autobiografemas de Cícera

Desde la década del sesenta ha venido afianzándose, dentro de la producción cultural hispanoamericana, una práctica escritural que privilegia la función testimonial de su discurso. Para la crítica del testimonio, estimamos importante los postulados teóricos propuestos por Miguel Barnet, quien ha dedicado bastante espacio a la teorización de su trabajo. Barnet considera que este tipo de literatura busca la realidad latinoamericana a través de sus propias vías: “despojados de los prejuicios y hábitos europeizantes” (1985). La novela testimonio pretende describir un periodo histórico-social específico, a través de la voz de un testigo ocular, para así aportar una nueva perspectiva de la época. Sus protagonistas pertenecen a la “gente sin historia” y, en este sentido, este tipo de novelas se propone una reinterpretación y una relectura del acontecer histórico desde la marginalidad.

Pero el testimonio no es sólo un discurso de marginados; también es, no menos, un discurso marginado dentro del espacio crítico latinoamericano. Ya que se aparta del modelo formal o institucional –aprobado para lo literario– al basarse en el principio realista de referencialidad. Y, acaso algo aún más relevante, porque este discurso marginal decodifica el discurso dominante. Es decir, el testimonio implica una “desterritorización” de ciertos modelos discursivos latinoamericanos (la novela indigenista, la novela de la revolución mexicana, la novela del proletariado), [1] para luego efectuar una reterritorización: el establecimiento de una imagen más compleja de lo que es el sujeto marginal o subalterno frente a los discursos o expectativas urbanas y hegemónicas.

Sin embargo, y paradójicamente –ya que al protagonista se le brinda la voz, pero no la escritura– aquella reterritorización del espacio cultural que propone la literatura de testimonio (prismática, multiforme y siempre política) no pocas veces también supera en complejidad o sutileza al mismo bien intencionado “gestor”. Este último es, creemos, el caso de Cícera, um destino de mulher (biografia de uma operária nordestina no Rio de Janeiro), en donde la gestora Danda Prado –tanto en la “Introducción”, pero sobre todo en el “Epílogo”– propone una interpretación simplista de los hechos. Tampoco hacen justicia al discurso de Cícera (la informante) las noticias periodísticas que figuran al empezar y terminar la obra. Si lo que pretenden éstas es inspirar nuestra solidaridad, tal vez lo logran; pero a costa de carnavalizar los hechos y rebajarlos al sensacionalismo. Cícera, entonces, se escapa de las manos del discurso profesional que la pretende formatear. Y esto porque deja de ser parte de una agenda teórica y pasa a convertirse –para los acaso desprevenidos lectores– en una persona.

Sin embargo, y para descargo del trabajo y función de Danda Prado, tratándose este libro de una autobiografía consideramos atinado su esquema. En el capítulo I, capturar nuestra atención refiriendo directamente los aciagos hechos ocurridos a Jacilene. Luego, reservar recién para el capítulo II la mayoría de los “autobiografemas”. [2] Y, finalmente para el capítulo III, presentar la “asunción del propio destino” por parte de la heroína (“Depois que foi embora me sinto mais feliz”). Este contrapunto otorga un entramado dialéctico al discurso, evitando la monotonía. También nos parece muy conveniente haber insertado canciones nordestinas, obviamente a partir del capítulo II. Estas hermosas composiciones tornan aun más viva la recreación de la memoria y agregan volumen al personaje, además del valor expresivo que aquéllas por sí mismas poseen.

Por lo tanto, lo que pretendemos es analizar los principales “autobiografemas” de Cícera; e indagar de qué manera reconstruyen o reterritorializan nuestra percepción del marginal latinoamericano.

Los autobiografemas

Como dijimos en la “Introducción”, el núcleo de los autobiografemas de Cícera lo encontramos en el capítulo II: “Minha vida dava para escrever um livro” y “Nao queria casar com aquele homem” contienen, como apunta Ana Caballé: “las figuras invariables del relato autobiográfico”. En realidad, este capítulo de alguna manera resume todo el testimonio ya que, dialécticamente también, “Nos, mulheres, sofremos mais do que os homens” supone ya una toma de conciencia de lo dolorosa e injusta que es la condición femenina en un contexto machista. Aunque además, y de modo no menos paradójico, lo que tenemos en síntesis es también la afirmación feliz de una identidad sexual, social y política que nuestra heroína anuda en una frase: “mas não queria ser homem não, queria nascer mulher”.

Asimismo, indagando el mundo a través de Cícera, su mundo, asistimos a una evocación que nos gustaría calificar como sabiduría popular de Julián Mesa, héroe de otra novela de testimonio: “En mi pueblo, a decir verdad, no se podía vivir en crudo” (Barnet, 1984). Este “vivir en crudo” significa, creemos que entre otras cosas, la realidad literal sin fantasía. Es decir, cada vez que estos informantes se adentran en su pasado hacen de la memoria –como bien sostiene Barnet en el prólogo de este último libro– “parte de la imaginación”. No es que se oponga a la dura vida la fantasía, sino que la misma evocación está teñida de ella. Y es justo aquí donde el lector establece otra fundamental paradoja en el relato de Cícera: “no escribe [en este caso dicta] sus memorias quien, en lo más profundo, no asume activamente su identidad” (Caballé).

Es más, al menos para el caso de estos dos protagonistas, aventuraríamos la hipótesis de que lo que les permite perseverar en su proyecto vital y contar sus historias es – al mismo tiempo que la evolución de su conciencia político-histórica—lo que en ellos ha pervivido de la sensibilidad de la infancia. Prueba de ello la brinda, en primer lugar, la tesitura del relato: al centro de la exposición de sus desgracias y aún de sus inevitables resentimientos existe una enorme compasión por todo. Añadiríamos, sus propias desgracias los tornan más fuertes y capaces inclusive de –estando desamparados– brindar protección: “Por isso digo que ñao tenho medo de nada, me levanto a cualquier hora, ñao tenho um tico de medo de nada”. Esto nos hace recordar la extraña lógica que exponía José María Arguedas a través de su héroe Rendón Huilca, en Todas las sangres, y que a la larga lo definió a él mismo como hombre y artista: “la teoría socialista no sólo dio un cauce a todo el porvenir sino a lo que había en mí de energía, le dio un destino y lo cargó aún más de fuerza por el mismo hecho de encauzarlo. ¿Hasta dónde entendí el socialismo? No lo sé bien. Pero no mató en mí lo mágico” (“No soy un aculturado”, discurso de José María Arguedas en el acto de entrega del premio “Inca Garcilaso de la Vega”, Lima, Octubre de 1968).  La segunda prueba de aquella pervivencia de la niñez, ahora para el caso concreto de Cícera, sería su rapto de amor por su hija Jacilene de siete años; cuando ésta –y a esa edad– sufre una grave quemadura: “é a única que me comprende”.

En estos autobiografemas, pues, y en general en todo este testimonio, constatamos que hay algo que evoluciona dialécticamente (autoestima, consciencia política, creatividad para sobrevivir) y algo que permanece (la infancia). Es precisamente la convivencia de esta alteridad la que otorga consistencia y complejidad al personaje; y también, obviamente, al discurso. Otros elementos que tornan prismático al relato de Cícera son el exilio económico-social de una nordestina; estar mentalmente al margen de los prejuicios de su generación; y el amor en infinidad de matices. Respecto a esto último consideramos, a riesgo de parecer francamente cínicos o crueles, que lo más patético de la obra no es lo que le pasó a Jacilene, sino también las diversas formas de desencuentro y desamor en esta novela. Existen pasajes memorables que ilustran esta percepción del amor de parte de la mujer; episodios que hacen preguntarnos por qué Cícera no fue feliz; o, por lo menos, nos dejan perplejos ante la ingratitud que constantemente la pagó.

Entre estos pasajes están, naturalmente, las canciones “Amor infeliz”, “Saudades da terra”, “Ingratidão”. Pero, asimismo, existen también otros que van formando, digamos, el tejido lírico sistemático y subyacente, por ejemplo: “Ainda esperei um ano e 6 mese sem ter outro homem… Mas para mim no começo foi tudo muito bonito, até desmaiei quando comecei a namorar ele. A primera noite em que fomos dormir juntos, desmaiei”. O aquel otro pasaje memorable, casi al comienzo del relato, en ocasión del primer par de zapatos de nuestra heroína: “Tinha 8 anos, todo mundo ia para a missa quando eram 6 horas da manhã. Então… calcei meu sapato, e quando chequei na rua levei um tombo, sujei o sapato novo. O bicho era tão bonitinho, peguei a barra do vestido e limpei”. Este otro contrapunto, entre lo prosaico y lo lírico, es también el que le infunde constante vivacidad a esta novela.

Desde los autobiografemas de Cícera lo que se reterritorializa es la humanidad de los marginados. Otra de las cosas que cobra su justa dignidad es el lenguaje popular; incluidas las canciones nordestinas probablemente consideradas kitch por la gente culta. Lenguaje que, asimismo, sostiene una visión del mundo no secularizada (en el sentido menos religioso, pero no menos humano, de abierto a compartir). Lenguaje de marginados que nos enfrentan al reto de no perder de vista los dictados del cuerpo y, por lo tanto, tampoco de la magia. Visión del mundo que nos invita a no linealizar o unidimencionalizar las cosas.

Cícera, lo hemos visto, es un poderoso discurso feminista elaborado con paradojas y contrapuntos –tanto vitales como textuales– que le proporcionan una particular fuerza. Aunque también es algo más. A nivel simbólico, este testimonio se inicia con un coloquio, un compartir, sobre un típico tema de la mujer, la menstruación: “Olha, faltou a regra dela…”; pero concluye, muy significativamente, con un soliloquio sin sexo ni erotismo y típicamente de nuestro tiempo: “Às vezes quero ter pena, às vezes tenho ódio, mas não vou demonstrar. Demonstro que estou ali firme, sem ódio, sem pena. Mas tenho o coração muito triste também. Fico ali resistindo, olhando firme, como quem não está sentindo nada”.

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César Vallejo en español selvagem y portunhol trasatlántico

En síntesis, en “César Vallejo en español selvagem y portunhol trasatlántico“, se intenta describir transversal y sucintamente –respecto a Trilce y, en general, a la obra de Vallejo – el estado actual de su recepción en el Brasil.  Descripción un tanto distante, aunque a la larga no menos en paralelo, a una reflexión de tipo “división internacional del trabajo” en la República de las Letras (Cono Sur vs. Ande).

El portunhol selvagem [que es lo que hoy mismo practica una amplia red de poetas y traductores jóvenes y no tan jóvenes] es una poética y una política. Una poética que tiene como base la mezcla de lenguas y, en casos logrados como los de Wilson Bueno o Douglas Diegues, cierta agradable y extraña (fruto de la misma mezcla) eufonía.  Sin embargo, una mezcla –cada tanto incluso más exagerada o disforzada sobre todo entre sus autores epigonales– contenta de sí misma, de no ir a ninguna parte, y donde el término nihilismo le queda muy ancho.  Esto último, en contraste a cierta homogeneidad de una poesía que confía en el español (con comillas) como válido mediador cultural-conceptual (sería el caso de Trilce) la cual apuesta, en oposición a aquella galopante y proliferante Babel, por el sentido.

Creo que esto es lo que se juega, ahora mismo, respecto a la recepción de Vallejo en el Brasil bajo una u otra agencia.   La propiamente red sureña (argentinos, chilenos, uruguayos, paraguayos) conectados, a su vez, con afines en el resto del mundo (ver, por ejemplo, Sien en Trilce); versus, por ejemplo,  aquella otra un tanto más opaca representada por los trabajos de Amálio Pinheiro y este servidor.

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