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Poesía

[No tengo que decirles]

No tengo que decirles

Que el estruendo del corazón

Da miedo

Mucho más que la muerte

No tengo que decirles

De nuestras caras actuales

Donde se recortan

Detrás y superpuestas

Otras caras

Aquellas que no fuimos

Que no pudimos

Que no nos atrevimos a ser

Aunque igual

Todos aquellos rostros van

A la muerte o peor todavía

A la catástrofe de sentir en demasía

De reprimir  demasiado

De apiñarnos todos

incómodamente

En un solo cuerpo

En exceso frágil

En exceso  pequeño

Tomado por todos lados

Comprimido

A dorado

En extremo  acompañado

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OJOS DE YACARÉ

I

Escribir a dos manos

Este es el secreto de la alta poesía

Igualito a tocar el piano

Sentado sobre la banca

Como un yacaré

Babas arriba

Mirada como en otra parte

Porque andas harto de ésta

Si la poesía te invita, acepta

Un día cualquiera

Un amor cualquiera

La vida de incontables minutos

Parecida

Te deslizaste hacia esta dimensión

Con tu poesía por pan

Y allí empieza toda esta acometida

Pero si orientarse y poner la cabeza

Fue todo tan rápido

Y tan de repente

Acepta la invitación

Que se parece a la de la religión

Pero no

Es el orgasmo de dios hecho para cisma

Según Adán y según recuerdo

Mis propios orgasmos

Pero a ver qué tiene que ver

Todo esto con la vida

La de ahora y la de ahorita

Según los dominicanos

Y los filósofos y los militantes

En los derechos humanos

De los objetos

La sanguínea sartén

El insondable vaso

La flemática cacerola

Todo

Para que lo sepas

Todo tiene que ver con la poesía

Alta y baja no da lo mismo

Pero uno ya se acomoda

Como cuando, a mi pregunta,

Mi amigo Cleymar me responde

Que no ha comido ni tortuga

Ni yacaré porque son muy bajitos

Eso es todo y sigo en babas

Y mirada como en otra parte

Y el corazón abierto

Aquí entre estas líneas estoy

Esperándote

Y no en las palabras

Como en otro lugar dijimos

Qué no era la poesía

II

Ojos de yacaré

Los que te aguardan

Pequeños y oscuros como gandules

Me dijo una vez una generosa muchacha

En vez de hablar, mejor me esparzo

El piano y la escritura

Son un instrumento de las vértebras

Aquí se halla el sonido

Y el atrevimiento

Pendulan la voz y también la mirada

Que hace rato yacen en babas

Igual a como en nuestro nacimiento

Atreverse a nacer de nuevo

Es esto la poesía

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A propósito de la presencia de Luis García Montero entre nosotros

¡Rompe Saraguey!

No creo en gelman

No creo en kozer

No creo en zurita

Menos en milán

Tampoco en otro garcía

Aunque sea montero.

El maquillaje

Los traiciona. La mirada

Los delata.

No son poetas. Jamás

Lo han sido. Su obra

Es un desperdicio del tiempo.

No sus mañas.

Políticos, funcionarios,

Árbitros y racioneros

De la imaginación

Por estos feudos.

Te descuidas y te endilgan

Alguno de sus halagos.

Y entonces,

Escapas de la caverna

De la opinión para figurar

En el entremés como telonero.

Voceadores profesionales

Demiurgos al centavo.

Preferible creer en la antipoesía

Pero no de don de Nicanor Parra.

Creo en Rafael Cadenas

Creo en Alejandra Pizarnik

En varios versos de Javier

Sologuren

Que hasta el día de hoy me acompañan

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Poemas de Omar Pinedo

Negados para el erotismo y para la neurosis (voluntaria), estos poemas no se hayan negados para la poesía.   Basta sólo con que el autor acierte a protegerlos para el futuro; no las palabras ni tampoco la prosodia  que aquí y ahora emanan, sino la urdimbre y el temple de su malla de cazar insectos.  Nube de insectos traviesos o polen, da lo mismo, con que la poesía se anuncia, siempre, sobre todo ante un poeta joven.  Los problemillas a sortear en el Perú, en realidad insignificantes, son el modo en que hasta el día de hoy solemos leer a Vallejo; lo que decide el diario El comercio ser bueno en materia de poesía; el ingente número de poetas sin experiencia directa del gozo con la redonda, aunque con uniforme nuevo y reglamentario.  

II

Efímeras también

las mariposas breves del relente.

El río no es el tiempo.

(Sino el fluir y el cauce,

los guijarros y el agua que discurre,

– ¡brilla el pez que brinca! –

el rocío, el frío,

la gran roca desde la que observo,

el sonido).

Cumpleaños de papá

-La muerte es

llegar a casa y llorar en el baño

solo,

sin motivo aparente.

Mi amigo desapareció en el aire.

Aún hoy lo extraño.

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Voltar, Crescer/ Indran Amirthanayagam

Frank Ettiene, un servidor e Indran Amirthanayagam (Porto Príncipe – Haití)

Que bom que você voltou. Há tempo

que não temos notícias suas. Uma língua

é mais forte quando se fala, uma mata

quando as árvores crescem na companhia

de outras árvores. Temos que reagir.

Veja a bomba que barrou a Abaco

Grand Bahama. Faz mais forte

sua nova casa. Caminha. Toma

o ônibus para ir ao mercado, à missa,

ao escritório. Sim, fala a língua.

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La mirada

A la sombra del poeta

Al que no suelo encontrar

Estando sentado

Aunque así ha sucedido hoy día

Hurgando sus poemas

Leyendo sus crónicas

Un dado de ocho lados

Multiplicado por otros ocho

Pero reducido también

Si fuese necesario

A cuatro ojos sobre tres rostros

Y de modo penúltimo

A una mirada

Sumergida

Hasta el párpado inferior

Bemol (es) contra Bulla

Así es Trilce

Puñal o península

A quema ropa

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Tamil peruano

Sin café pasado, sin una pierna y su encuentro,

sin una llovizna por la mañana y una caminata

por el malecón, el océano pacífico emitiendo

los gritos de las gaviotas, sin bailar en las calles

la noche que el país le ganó a Chile de manera

abrumadora, sin choripan, sin chifa, sin la energía

del sol que vislumbra a través de las nubes

sin las nubes que se van con la niebla matutina

sin la flauta andina aterrizando en la capital

en la costa, sin los frutos del mar, el bonito,

los camarones, los ostiones, y ese misterioso

pulpo cocinado en limón y salpicado

 

con rocoto nos da un ceviche mixto,

y ni siquiera he probado el suspiro limeño

en este breve reencuentro con el Perú

que tanto extrañaba en mis andanzas

en el extranjero en un mundo donde nada

me extraña, porque como dice un amigo,

donde me encuentre echo raíces

y me llamo indígena, un indio moderno,

un Tamil que ya no pertenece a aquella isla

salvo en mis sueños y nostalgias a lo lejos

en la costa peruana que vuelve clara la costa

de Wellawatte, de Galle, de Point Pedro.

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Alexis Gómez Rosa, desde “el corazón de la auyama”

Reencuentro de unos viejos poemas a los que “he lavado la cara”, según nuestro autor (República Dominicana, 1950).  Escritos desde el diámetro y hondura del volcán de los  años.  La emoción no gana al fabbro, aunque aquella sobrepuje como una ventolera; ráfaga muy próxima a una esquina o, mejor dicho, al que a la larga ha constituido su ángulo en el ring: Duarte con Paris.  Que es como decir el cruce entre las antillas mayores y menores; la raya que divide lo conocido, de lo otro; el punto brillante, aunque desdibujado, porque allí se concentra todo lo vivido.

Duarte con Paris como en mi casa  

En el concho, en el carro de concho

como sardinas en lata,

comparto un aire fétido sube de la cloaca

al cielo de la boca.

En línea, frecuencia de WhatsApp

en tiempo real:

intercambiando luces se apagan

de un mensaje a su opuesto,

queda una metáfora

polvorienta; cambio cangrejos  por espejitos.

En el otro, los otros,

estoy superponiendo

las imposturas que al desnudarme me anulan,

porque me inculpan.

Al oeste, larga la carretera

crece a cuchillo y es mi corazón la auyama

detestable ya para sancocho.

Así en oriente como en la muerte,

estoy oficiando la misa de tus víctimas,

que se arrastran

como serpientes se arrastraron.

(Una voz recóndita se oye en esta puerta).

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