Archivo de la categoría: Poesía

Poesía

TALLERES DE MEMORIA INVOLUNTARIA

Foto por Rosario Bartolini M.

Según Didi-Huberman:

La imagen a menudo tiene más de memoria y más de porvenir que el ser que la mira.

Estamos ante un tiempo que no es el tiempo de las fechas [más bien] es la memoria lo que el historiador convoca e interroga, no exactamente el pasado.

Así como Aby Warburg, se define a sí mismo como “psico-historiador”, Walter Benjamin comprendió que no había historia posible sin teorías del “inconsciente colectivo”: las supervivencias exigen del historiador [en tanto “trapero” o cachinero] algo así como una interpretación de los sueños.  Se comprende que hace falta ampliar, abrir la historia a nuevos modelos de temporalidad.

El modelo dialéctico –en el sentido no hegeliano que le da aquí Benjamin– debe hacernos renunciar a toda historia orientada: no hay una “línea de progreso” sino series omnidireccionales, rizomas de bifurcaciones donde, en cada objeto del pasado, chocan lo que Benjamin llama su “historia anterior” y su “historia ulterior”.

El caleidoscopio, en  Benjamin, es un paradigma, un modelo teórico. Significativamente, surge en los contextos donde es interrogada la estructura del tiempo [entre ésta, el escribir una biografía; por ejemplo, la de César Vallejo].

[NUESTRO TALLER] ¿Cómo realiza la lengua la conjunción entre los fragmentos erráticos y el principio constructivo?  Otorgándose un ritmo: consagrándose al tiempo.   Sólo una musicalidad –temas con contra-temas, medidas con desmesuras, tempi con polirritmos, timbres con texturas– permite introducir en el saber del observador el anacronismo de su objeto.  Esto supone correr riesgos en el modo mismo de escribir la historia: allí todavía los niños y los músicos serán reyes.  “Todos los golpes decisivos son producidos al jugar” [W. Benjamin, Dirección única, Alfaguara, Madrid, 1987].

[Es preciso o deseable] que transformemos nosotros mismos nuestro concepto espontáneo de antropomorfismo, es decir, nuestra idea usual de la relación entre “forma” y “humanidad”.  Georges Didi-Huberman, Ante el tiempo.

(Talleres presenciales o virtuales: poesía, relato, ensayo, diseño, traducción intersemiótica)

Informes; vasinfin@gmail.com

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Nuestro poshumanismo

Ideas de regalos para Reyes | 288.000 razones para no pedir mascotas a los Reyes Magos | Las Provincias

Eso que dicen

Aquello que evocan

Un destello

El compacto azul de la tela

Terminar no es concluir

Mudar de página

Una gaviota con su pez

Entre la lengua

Así viajo

Agobiado de tanta vida

Una oruga se orienta

Hasta su inequívoco lugar

Mi mujer me ve

Yo la veo

Un concepto a otro concepto

Acaso más grande adosado

El amor, un instante de bobagem

Como diría aquel jugado compatriota

Sobre la tan desolada Foz do Iguaçu

El rio, mi hermano

La nube, mi hermana

El mar, yo mismo

De adolescente

El sol de adulto

Esta noche cerrada de puro viejo

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Alfredo Fressia (1948-2022)

Fressia, durante su última visita a Montevideo en 2018 (Paola Scagliotti)

Cuando nací el sexo fue un destino. No se puede elegir ser poeta.
De las mujeres nunca amé a ninguna sin duda porque las amé en bloque. Fue un amor largo y sin alegría. Ellas también me amaron sin deseo y sin gozo.
Las miré con la nostalgia de una vida más bella. Cuando quise ser mejor quise ser mujer.
Después me olvidé. Devoré la costilla de Adán en la travesía del desierto. Fui hombre, poeta, amé a otros hombres. Tuve hambre.
Llegué a la playa de este mar eterno, al sur del Brasil. Mi olor es de sal virgen y de yodo azul. Sé que una mujer devolverá al mar el pez con una moneda en la boca.
Ella escribe mi poema. Yo aguardo.

Alfredo Fressia, “Mujeres” 

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POEMAS EN SIMETRÍA (SUMARIA ANTOLOGÍA PERSONAL)

Dibujo de Tilsa Tsuchiya  –posthumano o simétrico, por cierto– que quisiéramos brinde la pauta de lo que, al respecto y por oleadas, hemos venido pensando; en realidad, desde nuestra tesis de Bachiller en Humanidades de 1987 para la PUC del Perú (“Estancias: síntesis de imágenes aéreas en la poesía de Javier Sologuren”).   Hemos venido pensando, obvio, junto a algunas teorías y metodologías; aunque el primer paso lo hemos dado siempre con la poesía.

El mirador de lobos

I

Los lobos marinos

alzaron su canto

solicitando amor al cielo;

sólo Venus los escuchó

y la luna brilla desde entonces

en sus hocicos.

II

Entre las rocas,

en los acantilados y farallones

donde el aire es fresco silencio

y el deseo no tiene límites;

donde el mar no es una encrucijada sino

fugitivos cangrejos

o pulposas estrellas;

los lobos marinos muerden en el agua

igual que en sus compañeras,

y encuentran los mismos peces.

Jamás hubo secretos para ellos.

III

Por las tardes,

el sol despoja sus pétalos más íntimos

sobre las aves;

el mar se despeina en los farallones

y las familias de lobos

se desprenden de las rocas.

Cuando la orilla inclina el mar

a la ciudad.

Juego de manos (Lima: Los Reyes Rojos, 1984)

 

[Estamos pensando]

Estamos pensando. Bola de fuego.

Bolo de fuego.

Red. Honda. Veneno.

Manos abiertas.

Estamos pensando. Aquí

en Santa Cruz de la Sierra.

Vapor. Señales de humo. Raíces.

Sin corazón estamos pensando.

Sin precisamente reflexión.

Sólo con el acorde

de algunos recuerdos. Porque eso somos.

Sólo con esa masa de objetos

sobre la superficie del río. Entreverados.

Separados. Disueltos. ¿Quién sabe?

Sólo con ese rumor y ese olor

que cubren el aire. Que instalan

como volutas sobre el río: Pensamientos.

Estamos pensando con un fino cedazo.

Entre branquia y branquia del pensamiento

una tela muy fina. Holandas

para lo visible y lo invisible. Cariño.

Estamos pensando con amor. Este es el secreto.

Esto es lo ignoto para todos los días.

Pensar con amor.

Y así el peje y la salamandra y el martillo

algo tendrán en común por el solo hecho

de haber sido expresados.

La esperanza también y las hojas de la palmera

algo tendrán en común.

El corazón y la escritura (Lima: Banco Central de Reserva del Perú, 1996)

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La piedra cansada/ Alan Smith Soto

LUGAR

No sé si cantaba

no sé si lloraba

debajo del árbol

color de naranja

encogida alba

con ojos de llama

pequeña laguna

que el cielo espejeaba

donde la doncella

las aguas bañaba

de sus oraciones

por quien ella amaba

debajo del árbol

que todo callaba.

 

(Dice Alan: “Leo por primera vez La piedra cansada de Vallejo, que inspiró este poema”)

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Los textos de algunos contemporáneos peruanos (III)

Foto por Bruno Eleizer Melo Martins

Pedro Granados acaso sea  el mejor poeta entre el lote de sus contemporáneos peruanos porque, en primer lugar, no escribe solamente, sino que encarna.  Tal como apunta, el crítico paulista Amálio Pinheiro, sobre “Dicha precolombina”:

Este es un gran poema de Pedro Granados, hecho de casi-letras: “hechizos” de “Hilos ciegos al sentido”. La Dicha precolombina sólo puede estar en esa imantación de formas significantes que nos buscan todavía ahora en las relaciones entre la garganta y el paisaje. Por ello, en los sueños de Colón, el Augusto Roa Bastos de la “Vigília del Almirante” incluye algunos garabatos de Vallejo, “Agallas para los que no somos del mar” etc. La vida como una respiración rítmica.

Con esta experiencia-conciencia de su propia labor –desde Sin motivo aparente (1978) hasta el reciente poemario, Inkarrí (2024)–, Granados ha sabido sortear la contracorriente institucional local, por lo regular,  taimadamente ignorante de su poesía.  Sin embargo, de ninguna manera nuestro autor es un poeta póstumo; dichoso se haya de aquellos que han brindado testimonio de lo que hasta hoy lleva publicado;  entre estos, incluidos aquí sus propios contemporáneos  a los cuales, en tanto lector, los pilla abrevando ha hurtadillas de su pozo de agua. 

Ahora, podría alguno preguntarse, por qué Pedro Granados no se pone a tono con el tópico de la falsa modestia.  Respuesta, precisamente porque es “falsa”; es decir, a la larga constituye  un caso de propiedad privada del poder.  Sus satisfechos dueños hayan, por demás natural, sean ellos, y ninguno otro, quienes controlen el “merecido” sello de reconocimiento al boleto hacia la posteridad.  Ergo, frente a toda esta corrupta tramoya, mucho mejor es  ir uno a su aire; aunque, ante la poesía , lo correcto sería precisamente lo contrario: irnos junto con ella hasta cómo, cuánto y dónde ella apetezca. 

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Paul Gauguin – “Autorretrato. Cerca del Gólgota” (Taller de poesía)

Paul Gauguin, Núm. 534 (“Autorretrato”)

Ejercicio

Mira alrededor de la imagen protagónica y, en lo que se refiere a tu escritura, ésta será más productiva acaso por menos previsible.  Concentrándote en los márgenes, acertarás a iluminar un foco cada vez más personalizado.  Por ejemplo, en “Cerca al Gólgota” de Paul Gauguin, esto es relativamente sencillo.  Adrede, y aunque de modo no menos paradójico, el pintor desea focalizar el contorno tanto, o incluso más, que  su propio autoretrato.  El mundo multinaturalista –el cual Gauguin ha descubierto en sus viajes y residencia en Oceanía– y su yo o identidad en su trance más radical (se halla, como Cristo, camino del Gólgota) no pueden ya disociarse; no pueden ya concebirse el uno sin el otro.  Es más, al descubrimiento  y complicidad del observador con esta epifanía   –la de la simetría: el cosmos huamano– está destinado todo el cuadro.  Y, por lo tanto, la temática del mismo no podría ser la del dolor, la despedida o la muerte.  Sino, por el contrario, y tal como en la poesía de César Vallejo, la bienvenida a otra vida que desde ya existe, pero ante la cual no alcanzamos a sonreír porque resulta algo demasiado nuevo o inédito.

Ejemplo

Núm. 534 (“Autorretrato”)

Sobre el recorte de su túnica clara

se otea otra túnica.

Más burda y también más oscura.

Algún otro cordero.

Cielo-coro

de evasivos polizontes:

máscaras, torsos desnudos,

pliegues, tambores sordos.

Múltiples miradas.

Un ojo mudo.

Una honda cicatriz.

Una boca.

Una larga y paciente espera.

Los pechos y los brazos

fuertes todavía.

Hace días que ha muerto.

Los pájaros volaron

a través de él.

La noche y la maleza

sortearon muy fácil

aquella puerta semi abierta.

¿Cuál de todos nosotros va

camino del Gólgota?

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Trilce I (Testar-Tetar)

Comité de Lactancia Materna

Testar como Vallejo o tetar como la madre que nos parió o como me tocara aquélla que amara con sus senos de goma y sus pestañas de amapolas imperturbables ante el dolor y su piel de ninfa a la segunda potencia de lo acuático y de lo tornasolado y de lo agradecido que se va directamente al cielo de lo que había entre ella y ello que no soy yo sino acaso cuando rasgo y me desmantelo de una vez porque nada tengo que perder nada he perdido ni nada pierdo salvo el estar mejilla con mejilla contra ella y este aroma de cantos rodados de la playa desconocida hasta que la hollamos y no somos sino los dioses que jamás habíamos procurado ser sino porque nos conminara el amor por la vida y por la muerte y por la hecatombe de lo que se ha ido al fondo o hubo quedado casi sumergido aunque renuente a mostrarse de alas abiertas y de pechos aún más abiertos y que mudo recibo y muchísimo más de lengua que de palabra

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About  Cristino’s poem (Revisited)

Lago Ypacaraí 

 

Oklahomaländer es equivalente

 

A Paranaländer

 

Y éste semejante a

 

La terminal de autobuses de Asunción

 

Análoga del todo

 

Al ininterrumpido fin de semana

 

Dentro de la burbuja  que es el Paraguay

 

Copia fiel de los muertos

 

Retenidos entre los bosquecillos

 

De las altas cañas del lugar

 

Incontrastablemente

 

Ligadas al sabor último de las chipas

 

De aquí y de acullá

 

Al amargo final que las hace únicas

 

Recortado sobre el territorio

 

De este limbo inocente

 

En el que nos encontramos

 

Según Paranaländer

 

U Oklahomaländer

 

Para el efecto resulta equivalente

 

De descender al río de los amotinados

 

Que ya hablaran jopará o brasiguayo

 

Río de sangre o Yaguar Mayu

 

Para el desocupado lector

 

O Inkarrí apareciendo entre la enorme boca

 

Del Iguaçu que va a dar a la mar

 

Que es esta playa sin insectos ni humanos

 

Ni viento ni paisaje siquiera

 

Sino una Comala en USB

 

Donde se proyecta mi dolor

 

Mi pena vale decir lo único sensible

 

Entre este enorme botadero

 

De corazones de arena

 

De vísperas y de despedidas

 

Ahogados abozaleados

 

Como diría el Cholo

 

La chola más bien

 

De muslos firmes y llenos

 

Y no menos atamalados pies

 

Como los de estas chinas de Lambayeque

 

Como los de aquéllas inmóviles

 

Sobre las desconcertadas telas de Gauguin

 

Donde siempre se deja vislumbrar al demonio

 

Recostadito por ahí o a solas con su chipa

 

Y un tereré de lo más humeante

 

Demasiado caliente

 

© Pedro Granados 2024

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