Archivo de la categoría: Poesía

Poesía

Más poemas de Glaem “Pippen” Parls

El hombre del dolor

El hombre comprendió que el dolor
que dormía en su alma había despertado.

En la soledad se vistió de ángel
y tambaleo por los bosques de la ciudad.

Su llanto se escucho en la sima de las montañas,
El hombre caminó y corto sus pies en los mares de sus ojos.

Le dijo a su padre que se olvidara,
le dijo a su madre que lo olvidara.

Al final del viaje reclamo su benebolente alma.

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La Paz, Alexander Coffee

photos.igougo.com/images/p288901-La_Paz-Pleas...

Sobre los cuatro mil

metros de altura

te escribo. Sobre

las treinta mil

personas que he visto

en el camino.

Inhóspito el aire

para la poesía.

Enorme atalaya es ésta

para el control de

vidas y almas

y sexualidades.

Toda Bolivia se halla

en el ropero. También

el Perú. Y probablemente

el completo casco andino.

Encerrados en el ropero

de nuestros deseos

y de nuestra aplazada dignidad.

Un gigantesco amaru se ahoga

por la dura costra

que lo separa de la superficie.

Un flamante neumático

ahora mismo lo pisa.

Ver y correr y ser derrotado

enésimas veces.

En qué onda

pillar el aire.

A través de qué escondrijo

palpar finalmente tus piernas,

tu culo redondo,

tu espumosa vagina.

Todos somos salvos.

Todos somos inocentes

sobre tan rígido ice cream del mundo.

Ni todas las muecas del diablo pueden disimular

nuestros dientes de leche.

El mundo andino pasa todo

por un agudo periodo de refrigeración.

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A Tilsa Tsuchiya

www.apj.org.pe
(Tilsa Tsuchiya 1929-1984)

No hay color que no palpite
y no nos abra a la vida,
no hay rosa, no hay oficio conocido
o desconocido
que no nos diga de detrás, de siempre,
que no nos llame discretamente
en las sienes.
Hay rosas, hay sensaciones extrañas
como un collar radiante,
como un abrigo tibio,
como una precipitada cascada
que persigue a los peces más jóvenes
para acariciarlos.
No hay extremo, no hay orden
ni desorden ni aventura
ni recuerdos,
todo es un solo oficio,
todo es un solo puente,
todo es un solo brillo de sol en el agua,
en la lengua, en los dientes.
No hay partida, no hay retorno,
no hay lejanía.
Sólo una hermosa col
con sus hojas frescas y calladas.

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EL SUEÑO/ Emilio Adolfo Westphalen

Revista Caretas

Los gérmenes poéticos del sueño resultaron ser, no como los pobres profesores, los mezquinos críticos realistas trataron de hacernos creer, un nuevo paraíso inalcanzable, un espejismo, sino los gérmenes nocivos y actuantes, los útiles reactivos para corroer la infame realidad. El sueño no es un refugio sino un arma.

Los malos instintos de libertad danzan su ronda diabólica. ¡Fuera la conformidad, la resignación, la medianía! En su esputo negro ahóguense los bellacos, los explotadores, los que aprovechan la miseria de los más, y la maldita clerigalla, y el abominable espíritu religioso, y los fantasmas cristianos, y los mitos del capital, y la familia burguesa, y la patria infamante.

La libertad del hombre, es decir, el sueño acuñado en la realidad, la poesía hablando por la boca de todos y realizándose, concreta y palpable, en los actos de todos.

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Poemas de Salomón Valderrama

Reaalidaades dee laa meente: Corazón azul

A Chrystian Zegarra

Ma loz ne us onumel dol Ceulo
Lo bruse vergun us lo ospeda qoa ma elvodu o llero
Emur enstuntos qoa an ul mor mu antourru
Purqoa locher ne duba
Purqoa meror us puci
Rozur pure morucar ul proceu
Imur pure vavorlu tude
Ameguner qoa saompru hubro en cumoanzu
Osu per dacesoun darmur can tudis mas coses ruletuves
Ma ospesu ma porru ma cutre a ma mintaño… (*)

(*) Mi luz no es animal del Cielo
La brisa virgen es la espada que me olvida y llora
Amor instantes que en el mar me entierro
Porque luchar no debo
Porque morir es poco
Rezar para merecer el precio
Amar para vivirlo todo
Imaginar que siempre habrá un comienzo
Así por decisión dormir con todas mis cosas relativas
Mi esposa mi perro mi cetro y mi montaña…

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Poemas de Héctor Huerto Vizcarra*

“Qué propicia hace la tarde/ Que uno ceda a sus venas,/abrazar con el sexo y todo/la tibieza;/consentir ausentes,/los ríos/las aves/el silencio…” (Pedro Granados: En la ciudad)

Lima representa para mi un contorno difuso de ideas inimaginables, guerrilleras e insondables. Un contexto amargo, y necesario, para la musicalidad de mis palabras. En parte, soy una de las cabezas de esta ciudad-cerbero que amenaza con desaparecer constantemente, pero que nunca cumple con su palabra. Me es imposible entender mi existencia sin sus calles, sus guerras ocultas, su miseria constante y su creativo espíritu de lucha. Soy un sobreviviente de una ciudad superviviente al tiempo y al espacio.

Salamanca, febrero del 2008

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Notas al Inca Garcilaso

www.eumed.net

Soy viejísimo.
Realmente lo soy.
Mi madre hablaba en quechua
con mi tía Raquel
a la hora del lonche.
Me encantaba verlas alegres
en un lenguaje que no entendía,
que jamás entendí.
Con mi tío Epifanio mi madre también hablaba en quechua,
y aunque él andaba lejos
–inmerso en el trajín de su prole numerosa–
cuando ella murió, musitó:
“ahora sí que nos quedamos realmente solos”.
El quechua es un idioma que nunca he entendido.
Pero que consideraba mío por derecho propio,
hablaban y cantaban con él mi madre y mi padre.
Cantaron alguna vez –ya muy mayores–
un hermoso yaraví que quebró de canto a canto
la pequeña vasija que era nuestra casa.
Mi padre y mi madre se amaron, pues, a su manera.
Y compartieron todavía –después de aquel inolvidable yaraví–
como unos veinte años más con nosotros.
Resulta increíble estar escribiendo
sobre estas cosas. Se nota que también
nos vamos a morir.
Y jamás habremos aprendido el quechua.
Aunque es la palabra íntima de nuestra madre,
y los ojos pequeños y desconcertados de nuestro padre,
y el fuelle oculto en el corazón
de nuestros queridísimos hermanos.
Lo único que sabemos es que en quechua
no se puede vivir. En este orden de cosas.
Comunicarte en esta lengua es literalmente suicidarte.
Te aprietan fuertísimo la garganta
y el corazón se te sale de una vez por los ojos.

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