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Poesía

[Un muro de cerca]

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Un muro de cerca. Porosidad.

Textura. Muchedumbre. Avidez.

Lejos de mis muros, ahora.

Lejos de mi sexualidad de niño

y de adolescente. La delicadeza.

Lejos del consuelo profundo de

cierta promiscuidad con los muros.

Florecidos sentimientos de amor hacia mi madre.

Muros. Juegos con los muros.

Entre los muros.

La historia universal resuelta sobre un muro.

Sin libros.

La turbia locuacidad

de las paredes desnudísimas de mi

infancia. El incomprensible cariño

de los ecos mudos. Los antiecos.

Lucho no sale a jugar, está haciendo

sus tareas. Frente a la casa de Angélica

ni preguntar. Y yo jugando vanamente

con una pelota de jebe

contra los muros. Botes.

Todas las cosas lejanas y cercanas.

Todas las cosas entreveradas

simultáneamente.

Arena. Espinas. Altorrelieves.

Todas las cosas imantadas allí.

Caras. Olores. Nubes.

Todas las cosas delicadas allí.

Tiernamente adheridas. Labios.

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Poemas de René Rodríguez Soriano

http://www.letralia.com/firmas/rodriguezsorianorene.htm

CORTAZIANA CON LLUVIA Y CHOCOLATE

Si una mujer te invita a un chocolate espeso espumeante

insinuando la tarde con mar de albaricoque al fondo

y tú no sabes si mayo o la mujer si la mujer si lluvia

todo poema prometido es una mandarina esdrújula

un voto en vilo un niño mudo en pleno parque

una acuarela sorda o tres cerezas tristes en un trípode

melódico mordaz y el chocolate o la mujer y el chocolate

o la mirada que se filtra por la tarde entra por el teléfono

se derrama indiscreta por las piernas de azúcar

dice algo sin decirlo la lluvia la mujer el chocolate

o el poema quizás el poema tal vez la tierra prometida

o volver a empezar hasta que salga el poema la lluvia

el chocolate la mujer o

*

APUNTE A LÁPIZ

Apunte a lápiz, trazos sueltos,
tirando a casi palidez desnuda
y limpia. Poesía menor
que ni siquiera aspira
a nadar en la otra orilla
–si es que el mar, el tiempo
y la distancia, tienen
otro envés–.
Tenue apunte
que quizás, a más tardar mañana,
borren las aguas del olvido
o se pierda en la arena,
quebradizo papel
que lava los recuerdos
al borde de los pasos
y la espuma.

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“pájaros despilfarrados de pasión” / Liliana Celiz

“Lo real crece, lo real avanza.
Un día todo será real y, cuando todo sea real,
será el fin”. Baudrillard

www.artepoetica.net/liliana_celiz.png

pájaros despilfarrados de pasión por el augurio de las

copas negras, de las nubes que se alzan en el cielo torneado

de difuntos que no tiñen, cesan en las manos, otras manos

dadas vueltas del revés de sus dedos en los otros que no crecen,

tiñen del revés del hambre enmohecido, tierras de distancia

en el doblez del ala misma de la noche el canto triste de pichones

(tristes) sin alas, ya sin plumas, ya sin madre, sin noche en el ojal

del cielo, en el crepúsculo

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[Que mi padre me lleve de la mano]

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Que mi padre me lleve de la mano.
Que mi padre se incorpore desde sus casi
centenar de años.
Que se incorpore.
Con la dignidad
de sus abundantes cejas,
con la hidalguía de su apegada pobreza.
Que mi padre y mi madre
–jóvenes y fotográficos–
se incorporen.
Para que este acto de mecánica general
–para que estas piezas que voy engrasando mano a mano–
funcione.
Si no vienen, habrá que escribir de otro modo.
Si no vienen, habrá que actuar de otro modo.
Porque sólo tendremos nuestro chico y ridículo corazón.
Porque sin ellos somos opinión nomás artificialmente engordada.
Lástima de fallida cocción.
Que se vengan, pues, cantando su yaraví en quechua,
y con un buen matamoscas que se vengan.
Que se vengan a darse los besos que les conocí,
aunque casi ninguno les viera.
Que mi padre tan y tan excesivo –por mudo–
con su ir y venir nos cuente lo de siempre.
Porque esas palabras funcionan, y esa sintaxis,
y ese amor que él supo hacer despertar, y esa fragilidad
que el también supo oponer
aunque le cayeran varios –y varias veces– los mundos.
Y en sus manos no quedara
y su corazón no fuera
más que exactamente lo mismo:
Pura ganzúa dormida. Puro alacrán hecho paloma.
Puro y generoso mar
–hecho gotas–
en el centro de la casa. (pp. 325 – 326)

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YAQHA LAYQA PHICHHITANKA/ Andrés Ajens

www.aventuramerica.com/images/artistas/violet...

violeta parra manuscribió en bolivia

gracias a la vida el sesenta y seis

pa’ marcar territorio, pa’ que ninguna

changuita le levantara al gringo favre

y en las multitudes al hombre que yo amo

y la voz tan tierna de mi bienamado

y la casa tuya, tu calle, tu patio

cuando miro el fondo de tus ojos claros

violeta parra escribió en la peña nayra

gracias a la vida el sesenta y seis

y de la paz se trajo el revólver tigre

que arrasó con todo a las seis de la tarde

¿cómo volver de la paz y no arrasar?

¿cómo no volver a chuqiyapu marka?

¿cómo no domar al tigre ni marcar

territorios y vivir para cantarla?

¿el canto de ustedes, layqa phichhitanka,

que es el mismo canto? kunats larch’ukista.

¿y el canto de todos, mä lurawix tu-

putaw, que es mi propio canto, sasaw si?

gracias a la vida, layqa phichhitanka;

layqa phichhitanka kunats larch’ukista.

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Deja sonar la música

Para Barry White

www.ashinconcert.com/images/bwhitediscoverysh...

En medio de ciudad tan triste

y de nuestras propias miserias,

éstas del cuerpo…

Como un niño acorralado

y sin regalos.

Con un huevo de años

sin mirar a Dios

directamente a los ojos.

Asómense.

Sin un culo espléndido

llenándonos la cama.

Sin ese Dios y sin ese culo,

entonces.

Y con todos estos años

traidos como en carretilla.

Alturas ya vertiginosas

las del acumulado deseo.

Cima que es acaso

nuestra talla verdadera .

Denso, oscuro y blasfemo incienso.

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“Parto rauda”/ Jennifer Marline*

http://www.elcaribecdn.com/articulo_caribe.aspx?id=155714&guid=C5AA0C602E2540B4B15A5F038F318B5C&Seccion=17

Emulo el caudal de viento que arrastra salvajemente el caballo iracundo

en su lomo

El estruendo de un río cuya huida imparable pretende el infinito

Soy ese infinito

Habito las palabras del silencio hacia las miradas ajenas

Visto el eco de este pasillo cual una capa que abrigase mi frío

Y la capa se ondea en los giros a los que me aventura el camino

Y el aire la arrastra la agita y deja una estela de magia

Es un velo destinado en su vaivén a descubrir un secreto innombrable

Desacostumbro mis pisadas de los vagos rumores de la palabra

Me aviso a un silencio estático

Llueve.

Es un viernes señero que resume todos los otoños.

Me abro hacia la tarde, sin los antiguos miedos,

Desando las existencias que me poseen para liberar mi ser hacia esta inmensa plenitud.

Me embriago de-bocados-de-agua-de-esta-lluvia que se tiende como alfombra ante mis pasos.

Los goterones ahogan mis ojos.

Compilo las memorias de cada bocado mientras recorre mi cuerpo.

Me embarco en la sonrisa, sobre las frías aguas de la soledad y la distancia, ¿en qué peñascos me

harán anclar cuando, turbias, estas aguas me arrojen indolentes hacia la isla que puebla a las

almas?

Parto, ingrávida,

sin el peso de un pensamiento, de un sentimiento, de esta voz…

sin el peso de un latido.

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LA MEMORIA/ Rosy Paláu*

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A través de los sueños,

cuando el silencio ilumina

su niñez de los hechos

y nace un árbol que prolonga

la especie de lo triste

y no hay luz

y no hay sombra,

sólo la pureza de los días

que conservan la frescura

del instinto,

por esa inmensidad abreviada

en un segundo de la noche,

pasas.

Eres la palabra

en cuyas aguas el cielo se descubre

una nube ardiendo en el pecho,

un rumor de atardecer,

en ti toca fondo el olvido

y se aparece

con la sencillez que toman

los cuerpos en el alma.

Pero de pronto

el viento golpea la puerta precisa,

las cosas se alzan verdaderas

y hay que detenerse,

dejar caer la palabra

que se astilla en la sospecha

de un posible asombro,

mirar esa ciudad donde la luna

buscando su evidencia

en reflejos se deslava.

Dichosos los que aún

no han sido descubiertos,

los que ciegos de amor

se alumbran con el milagro

y andan por todas partes

adivinando el pasado,

los iniciados del deseo,

porque a ellos no los tocarán

las sombras.

Silencio de paso la memoria,

tiempo del tiempo

que para siempre irse, vuelve

y sediento de si mismo

se busca en la claridad que existió,

pero esa luz,

no tiene pruebas.

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Para Billie Holiday

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Si no fuera por tu sentido del humor,
Querida.
Si no te inhibieras en destruir, oradar
Mi corazón con tus canciones.
Creyera que el corazón
De verdad existe
Me creyera
El corazón
Y me creyera yo mismo
A esta hora.
Pero esa manera
De hacerme llorar
Sobre la leche derramada
Y consolarme luego
Porque nada ha pasado
En verdad
Absolutamente nada
Sobre este valle
De fantasmas erizados.
Y mi hermano mayor que no acepta
Vayan a tener que limpiarle
El culo cuando más viejo.
Y todo el resto de mi familia
Fallecida ya, toda
en un vagón de tren
que me queda un poco lejos.
¿Qué clase de carrusel es éste?
¡Señores, qué vueltas me voy dando!
Sin ti el aire sería de verdad aire
Y no esta pista que no tiene aire
Ni tiene tiempo
Felizmente
Y sí tus blandas manos, más bien
Y el cariño acorde
Con la batería y el saxo.
Nada es de verdad, qué va.
Solo esta música que lo envuelve a uno
Por completo
Y todo lo consuela.

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“imágenes de brunei”/ Oliver Glave*

De La idea era irnos aún niños (Lima: ESTRUENDOMUDO, 2008)

http://haymasquever.spaces.live.com/

Nos sentamos a beber un café bajo el sol de pleno invierno
Sin recelos, ni hambreados.
Apenas terraplenes y vientos a la luz de las calles
en serena conmoción.
Me dijiste que te ibas,
que lo dejabas todo por una promesa hecha a ti misma.

Conozco el adiós;
es caminar a tu lado.

Pero un hosco recelo desgasta hasta reventar aquel fértil globo.
Sí, arrastra con ciegas manos mi corazón, hasta ya no poder.

Días han pasado sin saber de ti. Días que parecen la distancia
entre el carácter y su desolación.

———————————————-
Más controlada y dosificada la melancolía –reticente, tal como recomendara para el arte de la poesía José Watanabe– hallamos en este su segundo poemario a Oliver Glave. El tinglado de sus versos rescata, intenta tornar a la vida, una serie de amores desfallecientes, fantasmáticos. Tal como en Eguren, escribe a pesar de que su poesía aparece tomada por cráteres, materia oscura, que tiende a apropiarse de todo. Entonces, pues, no son el amor y el erotismo, sus motivos; sino, más bien, el pliegue de aquello: el desamor, la impalpabilidad de esa experiencia o la discreta –solitaria– ironía. Lo recuerdo mate, con la opacidad que él deseara, en el taller de poesía que tuviera a mi cargo hace ya algunos años en la Católica y del que han seguido cultivando sus propios versos, entre otros, poetas como Roberto Zariquey y Manuel Fernández.

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