
Las manos
Extendidas
Exhaustas
Muertas
Resurrectas
Siempre extrañas
Y no menos
Esquivas
Y, sin embargo,
Disponibles
Pañuelos
Flechas al viento
Anticipadas

Las manos
Extendidas
Exhaustas
Muertas
Resurrectas
Siempre extrañas
Y no menos
Esquivas
Y, sin embargo,
Disponibles
Pañuelos
Flechas al viento
Anticipadas

Hay una chica que insiste en repetir
el papel que realizó María Schneider,
ella dice que yo soy Marlon Brando
y que debemos reunirnos en su casa
y actuar.
Pero yo no soy Marlon Brando,
no vivo en Paris y no quiero morir,
todavía.
La chica es muy linda, es tan linda
como una paleta de frutas jugosas,
pero me lanzó un ultimátum:
“si no ejerces de Brando, buscaré
otra pareja”.
Me embriago en la casa con Whisky
y arrojo la botella en el cesto.
¿Porqué no puedo ser Marlon Brando?
Destapo una botella de vino argentino,
escucho un disco de milongas y tangos.
Y bailo entre sombras.

Volvió a vestirse con su nombre. Todos los días lo hacía para creérselo como una verdad imborrable. Su pequeño ritual consistía en incorporarse, y en cada parte del cuerpo pegarse una letra y un sonido. Cuando ya estaba hecha palabra escrita y hablada (para eso, claro, siempre necesitaba que algún vecino o amigo le llamara), cobraba un colorcito rosado en la mejilla. Pero se decía mejor a sí misma cuando le llamaba su novio, luego su marido, y unos años más tarde también su hijo.
Pero un día de pronto se le había roto el nombre. Empezó con un pequeño agujero en la esquina de la a. Ella no le hizo caso, y el agujero creció hasta desbordarse a las otras letras.
Ya con el nombre a medias, ni su marido, ni su hijo o amigos y vecinos lograban recomponerla. Se volvió humo, polvo, sonido lejano.

Carlos Eduardo Quenaya (1984)
*
Ahora escribe lo que no puedes ver. Allí encontrarás un futuro posible: una tienda al borde de un acantilado, una serenata en la lluvia, una mujer escarmenando en el río sus cabellos.
En la majestad de lo visible, existen mundos que desconoces.
Tal vez la locura sea arribar con el cabello cubierto de sangre y flores encendidas.
O tal vez no.
*
Si consigo existir pagaré mis deudas. Es inútil y famoso abrazarte. Despotrico contra los horrores de la educación moderna. En mi vida sólo quiero saberme plástico y desproporcionado. A ti no te gusta cómo nos lame la luz. En el viento arden pestañas devorando la órbita que secuestró la magia.
*
Si ella habla, el amor estornuda. Si respira, el aire comenta la noticia con asombro. Ella juega y los pájaros se remangan las medias (y no paramos de reírnos). Ella me ama y mi organismo pega un grito, dos, hasta salir disparando como una comparsa de locos arrojando tomates.

Núm. 534 (“Autorretrato”)
Sobre el recorte de su túnica clara
se otea otra túnica.
Más burda y también más oscura.
Algún otro cordero.
Cielo-coro
de evasivos polizontes:
máscaras, torsos desnudos,
pliegues, tambores sordos.
Múltiples miradas.
Un ojo mudo.
Una honda cicatriz.
Una boca.
Una larga y paciente espera.
Los pechos y los brazos
fuertes todavía.
Hace días que ha muerto.
Los pájaros volaron
a través de él.
La noche y la maleza
sortearon muy fácil
aquella puerta semi abierta.
¿Cuál de todos nosotros va
camino del Gólgota?

Poeta busca empleo
muy bien remunerado.
Cura almas. Menos la suya.
O permite ponerlas
sobre cualquier papelito
para que ya no molesten.
Colabora en hablar con Dios
todos los días
como si fuera la cosa más simple
de este mundo.
Y aquí no ha pasado nada.
Tú sigues siendo tú
y Dios continúa siendo el mismo
aunque ahora con algo así, entre ambos,
como de un acuerdo entre caballeros.
Dejas de preguntar, deja de atormentarte.
Pero de todo corazón.
A las feas el poeta
les permite ser lindas.
Y a estas últimas disfrutar, también,
con el imaginarse ser de lo peor.
Aunque, ahí mismo, volver a la realidad
frente a la más próxima y golosa
de las miradas.
Todos los problemas de gramática
o comunicación
los resuelve, además, entre los hombres:
pobre diablo, farsante, comemierda
se mencionarán al desgaire
–de ida y vuelta–
y esto vaya si libera.
¿Cómo iba a ser de otro modo?
Para pagarle
pónganse las dos manos
en el pecho
y dejen libres los bolsillos.
Nadie ha de devolverles su dinero,
qué va. Aunque el poeta ya sabrá
disfrutar como un chancho con ello.
Los más concientes se sentirán justos,
ecológicos, realizados. Ojo
no sólo así se sentirán,
sino que muy de veras lo serán.
Y los denominados corruptos,
si es que a un verdadero corrupto
pudiese interesarle también la poesía,
caerán en la cuenta que estuvieron detrás
de un misio chancay de a veinte.
Que los grados de manipulación acaso
son insondables. Se mirarán el propio ombligo, entonces,
luego el de su prójimo, a través de tan distintas ropas,
por cierto, y comprenderán
que junto con ellos perdimos
inadvertidamente el tiempo.
Denle su dinero al poeta, su lugar
en este no lugar. Él sabrá convertirlo,
de modo puntual, en incienso muy fino.
A más caudales, más nítido
y permanente el humo.
Dense el espectáculo, para nada gratuito,
de verlo gozar como el chancho que es.

Todo meu léxico é gelo:
Nitrogêno a -30.
E se escapou-se uma palavra
é que o gelo sublimou-se,
vazando-se em gas livre,
fletando até preencher
a nuvem
que chamei de poema.

Para R. B.
Gel
Menta
Olor a cañas
Del lugar
Una escena:
Mis padres
Y sus sonrisas anchas
Ilimitadas
La infiltración
Va haciendo
Su efecto
Cuajando va
Poco a poco
En el poema
La alegría
Un cielo sin dolor
Donde poder escribir
¿a quién?
Todo el mundo sin dolor
¿y para qué?
Retorno
Me conformo
Gel
Menta
Mi mujer
Al lado
A oscuras
A la que no escribo
Pero que está allí
Como el dolor
Que no está
Y por eso puede escribir
Mi cuerpo

Eu também recebi aqueles copiosos
e pontuais cheques
e vi neve
e vivi, mais ou menos,
que nem pessoa decente.
E uma formosa mulher
Ficou me esperando
com seus quadris pendulares
de encontro ao meu ventre
com o seu quadril
e aquele leve compasso
ali mesmo onde
a gente vira homem feliz.
Também atravessei o lago
Congelado
E, por que não,
Fugi com a fumaça mais viva
De qualquer chaminé
Colocada na vastidão do caminho.
Sem dúvida fui feliz
E continuo sendo.
Ainda que
ruim de vida por uma memória
e não podendo prescindir dela.
Poetas vivemos por causa de uma recordação.
Não pra fazermos o bem nem o mal
Às pessoas
Nem pra ficar de acordo
Com o mundo.
Não me importa o mundo
Ainda que goste dele
Bem como do primeiro rebento dos teus olhos
Quando estás no ponto
De entender de ouvir de te fixar
Que fui
Que sou o homem mais abençoado contigo.
Para a poesia
Porque existe
Em meio a necessidades
E à esquiva bonança.
Para a poesia. Para a mãe
A filha
A filhastra.
Para a poesia
Que não impõe
Mudar tua vida
E nem por acaso outorga qualquer perdão.
Para ela, a linda
Que vem, comumente,
Com nossos mortos
Mas não está morta
E nem é espertalhona.
Uma nuvem de borracha
Um céu de borracha
Uma cidade de borracha
Poesia, velharia de faca
Que já nem bates
E deitas tudo fora.

Esta breve antología personal básicamente son como dos libros en uno. Poemas escritos hace algo más de una década; y poemas recientes, de los últimos dos o tres años. Los del primer grupo son eróticos, logrados; de una escritura develadora, incluso insólita, aunque –paradójicamente– al servicio de una sensibilidad bien modulada: sin picos, sin exhibicionismos, sin alharacas… como si de modo casual, espontáneo, se hubiera sabido sortear el epíteto. El sujeto poético, asimismo, es aquí persuasivo; empático en su zozobra; sutil en su humor.
En cambio el otro libro virtual, los poemas más recientes y donde prepondera la elegía, es más retórico y regodeado de explicaciones parásitas. El sujeto poético se ha tornado políticamente correcto. Y por ende su discurso, a través de los numerosos epígrafes o dedicatorias que anteceden a sus versos, pareciera tener la mira puesta o querer justificarse dentro de lo institucional. Obvio, preferimos y demandamos al Zapata de antes… si acaso esto fuera posible. Más erotismo, mayor testimonio de su crujiente aparición es bienvenida; sobre todo hoy en día en que, más bien, el panorama asexuado –descomprometido incluso con esta dimensión de la celebración de la vida–parecería ser el dominante. Sepa, esté seguro el poeta, que ni Genaro Talens ni José Ángel Valente –entre la constelación purista o paceana que afea ciertas aristas de Jardín de arena— jamás podrían habernos dado poemas como los siguentes:
EL CRÁTER
Humo,
ceniza,
lava,
fango
como un volcán activo el sexo de una mujer arroja
materias ardientes que estremecen la tierra.
Pero, ¿qué se abre allí, en su cráter, cuando al fin estalla?
¿una herida?
¿un grito?
¿un túnel?
¿otra boca?
Iberia Square, agosto, 1999.
NUPCIAL
Es nuestra noche de bodas, recuérdalo bien.
Tu calzón ha rodado y ha estallado en pelusas,
como un trofeo dócil,
como una presa herida.
.
Hay un extraño peso en las prendas cuando caen,
cuando ceden,
son plumas de plomo en manos del deseo,
figuras de paja.
Sobre tu vientre tiembla el chorro ambarino
de la lámpara.
Son las dos de la mañana y siento el apremio,
el impostergable ataque de locura.
No vamos a hacer el amor, te digo,
vamos a matarnos.
Iberia Square, agosto, 1999.