“Profano demiurgo” José María Piñeiro Gutiérrez

Octavio Paz es lo menos conveniente para su proyecto material e inmanente; ningún romántico ambicionaría de veras trocarse en una col.  Ni zambranos ya ni castellets ni tampoco hierros; por aquí en LATAM (como se abrevia ahora) apunta y hace sombra un animal para el cual todo es permanentemente instante sin epifanías, sin anagnórisis.  Trilce le ganó por puesta de mano (aquello de “testar”) a toda la poesía escrita en “español”; devoró a la mismísima antropofagía brasileña; e inspiro a que, por ejemplo en Nueva York, Barnett Newman conectara sus Zips con el Amaru más cercano; es decir, no desde algún nevado de la cordillera, sino desde el edificio más alto de su ciudad.  La poesía española, ¿con alguna excepción?, hoy por hoy resulta intragable: manierista sin manos y, sobre todo, del corazón pero no del cojón, tal como atinadamente lo enfatizara, sepultando con ello de paso a Neruda, João Cabral de Melo Neto en su poema-glosa, “España en el corazón” (A educação pela pedra e depois). P.G.

 

Puntuación: 5 / Votos: 1

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *