Laceadora de paréntesis

Para Charito Bartolini M.

Como si fuera a sucederse cotidiana

Permanente o monótona

Esta vida de sabor a papaya o lágrimas

Y de lengua desconocida

Cuál es mi lengua cuál la nuestra

Probar de todo sin sentir

Ensayar sentir

Construir sentir

Mucho peor todavía

Pensar sentir

Hasta que te aplasten

Como a la mosca

Y el brillo de tus alas apenas cubra

Lo tan enrevesado de tu ser

El de tus tripas e insondables manchas

Volar es la clave pero no pensar en volar

Libar del néctar, aunque con los ojos

Pequeños intensos mudos acaso desconfiados

Urdidos debajo  de la luz de esta pantalla

Estamos aquí

Aunque no nos han enseñado a reconocernos

Moramos ya aquí mucho antes de herirnos

O antes de amar

Como la muchachita primero

Una sonaja metálica de destemplados gritos

O como la manca después

Laceadora de paréntesis

No me muevo de aquí

Porque viene la vida y si no me encuentra

Y si no nos encuentra

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Trilce no Brasil

Pero esto último sucede durante la estadía del “Cholo” en Europa (1923-1936), mientras Trilce es del año 1922 y fue escrito básicamente en Lima entre 1918 y 1922. César Vallejo, aquel provinciano de los “Cráneos de bronce” (título original de Trilce) y encandilado con el jirón de La Unión de la capital del Perú, escribió su poemario desde el Palais Concert (donde convergía, junto con Abraham Valdelomar, la intelectualidad peruana de la época). Es decir, en tanto amerindio originario de la serranía de Santiago de Chuco y un mundo alternativo al de la discriminadora costa, al dividido occidente y al de las apariencias del mundo tomadas como ciertas, desde aquel célebre café-cine-bar (construido por Gustave Eiffel) Vallejo sintió y pensó su patria y el universo. París constituiría, luego, básicamente un Palais Concert más grande.

https://ventiladorliterario.com/f/perdro-granados-trilce-no-brasil-e-os-limites-da-megantropofagia

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[Qué va con la poesía]

Qué va con la poesía

La vida

Es muy general

Los afectos las cobardías

Acaso también

La iluminaciones

Secreta pátina

De algunas horas

De algunos días

Qué va

La realidad ésta se acaba

No en el otro mundo

Sino ahora ya aquí

Y todo sigue siendo

Realidad pero otra

Y otra y una penúltima

Siempre para los poetas

La última para los que creen

Y no ven escapatoria

Pero para los que nos hemos fugado

Siempre con la sospecha

De que existieses

Y de que nos mirarás envueltos

Cómo podría decirlo

Entre el pequeño huracán

De tu presencia

Y nuestros papeles

Y nuestra espera

Y nuestra alegría

Quemante  y efímera alegría

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Poesía peruana y administración Castillo

El grupo La república continuará reproduciendo su canon poético; mientras el de El comercio, incluso más, porque en tanto medio constituye hasta hoy amplia mayoría.  Las mujeres estarán cada vez más empoderadas, en esto también de la poesía.  Y los hombres, sin absolutamente nada que decir, no les quedará otra que imitar a las mujeres.  Y ambos, por cierto, querrán ser cada día un poquito más argentinos o, inequívocamente, porteños: tan inteligentes como indigentes.  Las instituciones culturales, dispuestas a promover el gusto por la lectura, reclutarán muchísimos más cuenta-cuenteros; como si no bastaran para ello los congresistas o la pléyade de abogados sumados, ávidamente, a nuestra amplia pantalla.  Aquellos que viven de la literatura, siempre una capilla mosca por diligente, adoptarán el disfraz que sea necesario para no trabajar y continuar viajando y dizque representando al Perú.  Sin embargo, tal como se manipula y pastorea el voto electoral, justamente para lograr este cometido, La república y El comercio a la larga constituyen lo mismo; no podría perpetuarse uno sin el otro.  Tal como el tan aguileño Hildebrandt o el simpático y recientemente desaparecido, Marco Aurelio Denegri, destacan en tanto y en cuanto llevan el agua para su molino; el de yo sé más que tú, el de bárbaros versus civilizados, el de tozudamente entender las Humanidades en tanto libros.   ¿Legado todo esto de Alan García o de los Fujimori?  Pues no, este refuerzo escolar (así entendemos por aquí la poesía) viene de muy antes y tiene para mucho rato.  Aunque queremos creer, no decimos avizorar, que la poesía es un Castillo; pero dentro o a pesar del propio Castillo.  Desconocida en el ambiente, inclusive más impensada y que Castillo, sin querer queriendo, ahora mismo va animando.  La idea de unas Humanidades entendidas como pueblos, y no únicamente como libros; como simétricas a la naturaleza, y no sólo como las narrativas que el especialista, o mal pensado, sabrá desmadejar.  La gente de siempre o la que se sume a este previsible nuevo gobierno, en el bicentenario de la independencia del Perú, no será inmediatamente otra o distinta con el nuevo presidente.  Aunque deberíamos contar siempre, también, con la astucia de la poesía; sólo ella podrá hacernos mejores.

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[Qué pasa exactamente]

I

Qué pasa exactamente

Qué ocurre

Entre esta noche y mi corazón

Entre este computador y mi idea

Qué media qué aire enrarecido

Entre mi memoria y lo que vos eres

Entre lo que supongo y lo que acaso es

Allí he de morir porque allí he nacido

Entre aquel aire contaminado

Irrespirable y terrorífico

De belleza obscena, inmunda

Y desde donde no hay retorno

Que no se pague

Con la infelicidad de no corresponder

De no acoger

Ni desear como es debido

II

De algún modo las flores

Nacidas de entre tus labios ligeros

Alegres, generosos, despreocupados

De algún modo esta oblicua mirada

Un río subterráneo, un pájaro

Una leve brisa o me engaño

En aquel territorio nos jugamos la vida

Por el aire

Minutos largos dura la existencia

Pero todo es por encontrar aire

Alguien alguna otra oblicua mirada.

III

No sé pero me represento

Con toda sinceridad les digo

O también me equivoco yerro

No hallo sino un temblor

O acaso lo imagino

Alguno que como yo explora y espera

Alguna que como yo no encontró

Y espera

IV

De ojos pardos y entrecerrados

Es la mirada

El corazón bate

Y la respiración tiene miedo

Pego los labios a la pantalla

De este computador

Pego la frente cierro los ojos

Y ya no veo

Alienta la tibieza de su resplandor

Y quisiera dejar las manos

Y escribirles directamente

Con el pecho

Que no creo que estoy harto que

Me muero es decir muy poco

Besos resplandecientes de su boca acaso son

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El otro comienzo de Trilce

Trilce VI  podría constituir el otro comienzo de aquel poemario de 1922.  Ya que tal como para Trilce I (“DE LOS MÁS SOBERBIOS BEMOLES”) hallamos también, en Trilce VI, un muy significativo verso puesto en mayúsculas y en negrita (“CÓMO NO VA A PODER”); aunque sin soslayar las mayúsculas del corolario de Otilia: “MADRE” del  poema XXVIII (v.23).  En otras palabras, que a partir del poema VI los dos fundamentales ejes temáticos de Trilce (Inkarrí y Otilia) empiezan a perfilarse más nítidamente y a trenzarse con mayor claridad hasta el final del libro.  Ejes, ambos, de ningún modo separados; sino, más bien, complementarios e interdependientes.

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Trilcescenas (I/LXXVII)

“Trilcescenas (I/LXXVII)” explica, puntualmente, los poemas-escenas de Trilce e identifica sus imágenes protagónicas.  Recrea el esquema, retablo o puesta en escena general del poemario.  Nos quedamos con esta última frase (“puesta en escena general”) porque, aunque cada uno de los LXXVII textos de Trilce configure un evento o acontecimiento independiente, el entramado de sus imágenes no es autónomo.  Es decir, estas últimas tejen una red de afinidades –solidaridades, complementaciones, inversiones– e incluso honran entre aquéllas una jerarquía según sea su relevancia temática o conceptual respecto a todo el libro.  Este será el caso de Trilce I, cuya trama y actores inmersos en ella, y no solamente por constituir el cuadro liminar, tendrá un singularísimo relieve en todo el conjunto del poemario.  Sin embargo, debemos adelantar, y tal como sucede con los pares binarios de cada una de las escenas “cerebro” que se trocan en andróginos en el primer capítulo, “Trilce/Teatro: guión, personajes y público”, que con Trilce I no existe excepción; es decir, también esta escena se tornará complementaria y se metamorfoseará en relación a otras.  Lo específico de nuestro segundo capítulo, “Trilcescenas”, consistirá en incluir los poemas de Trilce no aparecidos en aquel primer capítulo, 37 en total.

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PARADO EN UNA PIEDRA

Parado en una piedra

Como esperando

A la espera

De ver de ver

Te procuro

Y me aliño

Para la cita

 

Piedra antigua

Y porosa

De labios

Y oídos

Y gestos

Inacabados

De cariño

 

Parado en una piedra

 

El beso más íntimo

Y contundente

Y acaso

Nada personal

Y un tanto librado

Al acaso ala

A la casualidad

 

Parado en una piedra

Cabeza con cabeza

Nuestro pensamiento

Una pizca de humano

Una pizca de piedra

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TRILCE RELECTURAS (VOZ Y LETRA)

TLC (Traducción, Lectura y Crítica)

Trilce es caja de resonancia del elemento alado

Noche oscura en alba transformándose

Flor serrana en leve vello púbico ensortijado

Alma del llama y del gato techero

Comestible por maquillado

En conejo, en margarita, en besos de tu boca

Trilce es sonaja del infante

Para que despierte y pida de comer

Su lonja de sinsentido y copa de sin pudor

Agua excesiva desde la pluma y desde la plomada

Para no verte y encontrarte guardando

La compostura de decir la L

Que antes fuera W y acabó siendo T

Si el Señor no se hubiera llevado las manos al sexo

Y no se hubiera hallado espléndidamente erecto

Y fuera la C misma en el entrecejo

Y fueran TLC en ese modo de gritar en sordina

De hablar con clavículas y omóplatos

Que le decían Ministerio de Educación

Por lo cóncavo del tórax

Trilce y su zamba de olor de higo y canela

Justito en los 999 (novecientosnoventaynueve)

Grados para la evaporación

Para el abracadabra de combinar

El dolor con el dolor

Que a resultas da siempre lo opuesto

Algo así como doblar una ola de papel

Que moja

Un origami del fondo de tu alma

Inevitable la muerte en la casta mirada

Inocente de tan culpable

Porque de hacer cosas con las palabras

Se trata

De meterse de uñas y manos en el poema

Con el impulso ciego que invariable

Va desde nuestros resueltos y no menos educados pies.

 

[Inevitable]

Inevitable

Ir  venir subir bajar

Morir vivir

Repudiar desear

Una mano abierta un ave

Unos labios cerrados

El horizonte

Y la luz que se proyecta

El sol mismo dentro de ti

Isleños todos

De las montañas también

De lo expuesto y de lo oculto

Nuestra dieta cotidiana

Nuestro balance diario

De algas y de flores

Del semejante jardín

No nos iremos con el secreto

De lo que es Trilce:

Un cronotopo

De la plenitud y de la alegría

O a la inversa

No nos iremos sin lo que hemos soñado

Y cazado como en la siesta de un perro

Nervioso anhelante sin mayor control

Un perro asustado por los fuegos artificiales

Y por el pique de los autos y del televisor

Extemporáneo perro y sabueso de osos

Y sabueso de Trilce:

Dos zorros dos pastores

Un canto alternado entre la lluvia y el sol

 

[El dorado el numen lo molar]

El dorado el numen lo molar

De la literatura

Constituyó otro de los embustes

De los indígenas

Llegado hasta nosotros

Y re-apropiado y debatido

Por académicos u ociosos

En la forma de periodificaciones

Proto-textos

E intertextualidades

Sin reparar en la mano

Que oculta

En el pez que se transforma

En el anfibio que hemos olvidado

De ser

Y que en realidad somos

Y que fueron aquellos salvajes

Y su genial tomadura de pelo

–de corte de cuero cabelludo

y de fundamentales sesos al rape, más bien–

Y por lo cual boqueamos al cielo

Y elevamos nuestras frustraciones

Al otro mundo

Mientras en éste no nacemos

De cinco huevos

Sino sólo de uno

Y todo el conocimiento posible

Es una puerta remachada de clavos

De la cual incluso

Los amos de llaves han olvidado

O perdido u ocultado o tragado las suyas

La carta de despedida de Miguel Grau

Dirigida a su esposa

O aquello de bañarnos con la india desnuda/ en chorro/

Donde sólo alguna agua nos vea

O los versos de Trilce que son

Las mismas venas de nuestro corazón

Salvan reacomodan enmiendan

Los entreverados naipes

Que encontró Guamán Poma de Ayala

Su inenarrable dolor de pies

Luego todo es vacío y un aparente

Ir más allá de ello

Un más allá sin más allá

Sólo una balsa abandonada y unos monos

Hacinados unos encima de otros

Ningún otro secreto salvo

El mismo espejo que insiste

En mis arcos superciliares

De jabalí

En mis abundantes canas de lechuza

Habrá que hacer esa otra historia

De las literaturas peruanas entonces

Impávidos

Experimentar el poema en nosotros mismos

Pasar el pocillo de licor

Entre todos

Aves reptiles seres sin patas

Y humanos

Habrá que sentir que estamos al frente

Y en la mismísima cubierta

Desnudos solos tirados al vacío

Sostenidos por el aire y algunos sonidos

 

PUCP: Mediados del 70

Porque allí pillé a Góngora

Leyendo a Góngora

En la voz de Luis Jaime Cisneros

Lo mismo que a Salomón Lerner

Incrédulo y de a pie

Sujetando alguno de mis poemarios

Porque no por las huevas estuvo allí

Luis Hernández Camarero

Que estar allí, acompañar,

Es mucho más poderoso

Que el mero hecho de estudiar

Porque en la PUCP, y junto con algunos de mis profesores,

Ensayábamos explicar la verdad hasta confinarla

En un esquema

Algo mucho más humano que el solo hecho de creer

Y porque entre  algunas de mis compañeras

De aquel entonces

Descubrí  la bondad, la inteligencia

Incluso  el amor

Porque desde el segundo piso de Letras

En el Fundo de Pando

Mirando hacia la playa y por las tardes

Se ve a Trilce o a Inkarrí

Da exactamente lo mismo

Una sonrisa de tan amplia

Aparentemente horizontal

Dorada y abozaleada

Remando contra lo corriente

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