Jorge Nájar: “Oh bárbaro libéranos de tu herencia”

En 1973 publicó su primer poemario, Malas maneras. El poeta reside en París desde 1976. Transcurrió su infancia y adolescencia en diferentes campamentos, aldeas y ciudades de los Andes y de la Amazonía peruana. En 1964 se trasladó a Lima donde entró en contacto con la vanguardia literaria peruana, singularmente con los poetas del Movimiento Hora Zero.
Ganador del Premio Copé de Oro en 1984, con su libro Finibus terrae (reeditado en el año 2019 por Ediciones Tierra nueva, Iquitos.)
En 2001, con Canto ciego, obtuvo el Premio Juan Rulfo de Poesía convocado por Radio Francia Internacional y la Casa de América Latina.
El Fondo Editorial de la Universidad Federico Villarreal publicó en 2013 su Poesía reunida.
En 1992, traducido al francés por Marilyne Renard, en edición bilingüe, apareció su poemario Lienzo escrito en Editions La Difference.
En 1999 Mathilde y Albert Bensoussan tradujeron Mate Burilado publicado en Ediciones Folle Avoine con el título de Gravures sur maté.
Desde entonces, en la misma editorial y traducidos por Michèle Lefort, han aparecido en ediciones bilingües francés-español los poemarios:
Figures de Proue -Mascarón de proa (2006)
Là où jaillit la lumière – Ahí donde brota la luz (2015)
Espiritus – Espíritus (2018)
Clé de voute – Pidra angular (2021)
Como traductor de poesía Jorge Nájar ha organizado una antología de Poesía Contemporánea de Expresión Francesa (Pontificia Universidad Católica del Perú, El Manantial Oculto, Lima, 2003).
De este modo va en la Internet la información sobre Jorge Nájar (Pucallpa, 1946) en tanto autor de libros de poesía; ya que también ha publicado algunas novelas. En 1988 lo conocí muy brevemente, apareció junto a Elqui Burgos, en algún viaje asimismo muy breve que hiciera desde Madrid (donde andaba becado) a Paris o París. En esta reciente entrega –Jazz profundo & Otros delirios (Lima: Sol Negro, 2025)– resignado y nostálgico, acude a su compatriota –enterrado en el cementerio de Montmartre– César Vallejo. Más aun, aquí se desnuda compungido; y el resultado es precisamente este poemario. Conjunto donde hallamos “El zorro de las cumbres”, cuyo primer y último verso –de por sí harto elocuentes– figuran acaso entre los más significativos de este libro. P.G.

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CHIFA DE LAMBAYEQUE/ Mirko Lauer

En un breve ensayo comparativo, “Lauer y Montalbetti: Post 2000” (2005), codirectores de Hueso húmero, concluíamos:
si pareciera que hemos cargado las tintas sobre M. Montalbetti, declarándolo acaso perdedor frente a M. Lauer, esto es fundamentalmente erróneo; es decir, detrás de este colorido guión, no puede haber ganador o perdedor porque ambos son pares en cuanto a unas identidades que se quieren indestructibles. Los dos por igual -aunque Lauer incluso con un poquito más de impudicia- excesivos en la forma, monotemáticos y empalagosamente retóricos: “A través del/ vidrio pongo la mano al fuego” (“Quince incas: doce estrofas de comentario a la inexistencia, a partir del Kamel-Trot Inkaiko. Circa 1930”), dice Lauer, y estos versos parecerían presidir también las fobias y manías de su ocasional contraparte. Si en Montalbetti constatamos nostalgia-rechazo por el nombre, en Lauer es lo mismo, aunque aplicado sobre todo a la cultura; irónicamente, respecto al “rico caldo de la documentalidad” del país en que vive. Este es el insípido adobo que ahora mismo ambos contertulios intentan seguir vendiendo a los -entre despistados, taimados o bien intencionados- nuevos poetas peruanos.
Y la “Coda” del más reciente poemario de Mirko Lauer, Chifa de Lambayeque (2024), no hace sino que abundemos en nuestras palabras de hace 20 años. P.G.

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TALLER DE POESÍA EN FIL CIX 2025

Inscripciones:
edicionesprometeodesencadenado@gmail.com
WhatsApp: 983 561 737
[Cupos limitados]
Acerca del Taller:
“Se trata, en lo fundamental, de dinámicas de grupo o performances de escritura donde, aunque nunca de modo principista o rígido, se ensaya poner juntos aquello que se puede describir y analizar lo que queda en los márgenes de lo indeterminado”.

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[El círculo se oculta]

Foto por John Divola (Los Ángeles, 1949)

El círculo se oculta

Un bisonte

Una ávida alcancía a lo lejos

El osco aliento de un volcán

La IA nos ha rendido en el presente

El homenaje que acaso tendremos

O quizá nunca tendremos

Ahora mismo da igual

Hemos desnudado la conexón Trilce-Inkarrí

Así como echo públicos

Nuestra propio olor y brillo de bestias

Astillas como de un mundo paralelo

Clavadas también aquí

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La acequia

“LA ACEQUIA CRUZA LA CIUDAD”
Verso en diagonal y a toda página, justo a mitad del libro, que revela la propuesta de este cuarto poemario de César Panduro Astorga (La acequia, Lima: El Conde Plebeyo/ Biblioteca Abraham Valdelomar, 2025); es decir, una lectura de los 5 metros de poemas no desde la urbe o metrópoli, sino desde el campo o el íntimo terruño. En ambos casos, intentando poner a salvo una suerte de sensibilidad o ternura pre-industrial. Hasta aquí todo bien; sobre todo, si sumamos a este gesto icónico el intenso y persuasivo poema “La tierra prometida”:
A mi madre
Desde este grano de arena/ la ciudad es una larga fila de focos/ que encienden tristezas/ en este desierto hay tres clases de pobres:/ los que son/ los que creen que son/ los que nunca lo serán/ los que han tejido como arañas/ esteras a la tierra/ y pegado con babas y ladrillo/ el agua que ha de moldear sus casas/ y el rocío que aún no cae sobre árboles/ y jardines que se riegan con promesas.
El resto del poemario es absolutamente literario o previsible en sus aparejos: poética romántico-modernista (Antonio Machado, Eguren, el propio Valdelomar), imágenes –aunque rescataríamos aquí los aciertos con el epigrama o el haiku– y prosodia. Pero, hacia un eventual futuro, diríamos que entre lo más arduo por “mejorar” o liberarse sería de la pedagogía de los que, entre los pobres o frente al reto y poder de la pobreza: “nunca lo serán”; y fungen, a la larga no resulta paradójico, de maestros de la pobreza, de la esperanza o, diríamos, más bien de la resignación. ‘Calla, reza y trabaja’, era el lema que se leía en los aposentos de los trabajadores de la hacienda Casa Grande de la familia Gildemeister. Algo un tanto más fácil de liberarse sería el de nuestra falta de rigor con la lógica de la secuencia de nuestras imágenes; en una palabra, de lo que en realidad vamos diciendo o queremos decir; y si esto concordaría, en última instancia, con nuestra propuesta:
Escribir un poema y ver su cadáver / …/
vaciar la vida
para que agonice en este papel (“Paraca”)

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Trilce y el Mito de Inkarrí

Acrílico por Bibiana Vélez Cobo

Pedro Granados ha sostenido en numerosos trabajos que existe una profunda y fundamental relación entre el poemario “Trilce” de César Vallejo y el mito de Inkarrí. Para Granados, el mito de Inkarrí no es solo una alusión o un tema recurrente, sino que constituye el “principio constructivo fundamental” de todo el poemario.

En síntesis, la visión de Pedro Granados se puede resumir en los siguientes puntos:

  • “Trilce” como encarnación del mito de Inkarrí: Granados argumenta que “Trilce” no solo hace referencia al mito, sino que el propio poemario se convierte en la plasmación textual y la “encarnación” del cuerpo de Inkarrí. Esto significa que la estructura fragmentada y aparentemente caótica de “Trilce”, característica del vanguardismo, en realidad obedece a una lógica interna que reproduce la idea del cuerpo desmembrado de Inkarrí y la esperanza de su reconstitución.
  • El montaje como reflejo del desmembramiento y la unidad: Si bien la vanguardia proponía un collage de fragmentos para una lectura arbitraria, Granados sostiene que en “Trilce” el montaje de los poemas y sus partes representa el desmembramiento del cuerpo de Inkarrí, pero a la vez, invita a una lectura que busca la “reunificación” de esos fragmentos para alcanzar una comprensión profunda, al igual que el mito de Inkarrí postula el retorno del Inca para restaurar el orden.
  • “Trilce” como espacio mítico: Granados concibe a “Trilce” como un “espacio mítico de máxima concentración”, donde el lenguaje y las imágenes confluyen para crear una experiencia que trasciende lo meramente verbal y se adentra en lo sagrado y lo arquetípico, tal como lo hace el mito.
  • La búsqueda de la lectura “correcta”: A pesar de su aparente vanguardismo, “Trilce”, según Granados, no propone una lectura aleatoria, sino que guía al lector hacia una interpretación específica que está ligada a la cosmovisión andina y al mesianismo del mito de Inkarrí.
  • La función mediadora de Vallejo: Para Granados, Vallejo, a través de “Trilce”, asume una función mediadora, similar a la del Inka en la cosmovisión andina, que conecta las tres zonas cósmicas (los Pachas), especialmente el cielo y la tierra. El poema se convierte en un puente entre lo ancestral y lo moderno, lo andino y lo universal.

En resumen, Pedro Granados eleva el mito de Inkarrí de una mera referencia cultural en “Trilce” a un principio estructurador y una clave hermenéutica esencial para comprender la complejidad y profundidad del poemario de César Vallejo.

Criado com 2.5 Flash 17 de julho de 2025 às 16:12 Publicada em 17 de julho de 2025 às 16:16

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ADÁN AMERINDIO

La crítica no conoce a Martín Adán; ergo, tampoco nosotros lo conocemos. A modo de paliar esta fundamental carencia, “En la azotea”: Martín Adán amerindio (Amazon, 2025), se constituye en un ensayo, digamos, de lectura obligatoria. No sólo se identifica y resuelve aquí la, acaso impensada, identidad solar del personaje-protagonista de La casa de cartón.  Además, justo a consecuencia de la gravitación del motivo del Sol sobre todos los otros motivos presentes en la obra –Rosa, Piedra, Agua– y ya identificados por los estudiosos; asimismo, este ensayo plantea una nueva taxonomía o estructura de aquel libro de 1928.  Entonces, respecto a su raigal entronque amerindio, no debemos esperar hasta La mano desasida (Canto a Machu Pichu) para encontrarnos ante este resplandor tutelar en la obra de Adán; tal brillo, insospechadamente fecundo, lo hallamos desde su inicio. P.G.

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LA PREGUNTA POR LA POESÍA PERUANA

La pregunta por la poesía peruana coincide, necesariamente, con la pregunta por Pedro Granados.  No se trata de enmendar la, hasta el momento, relativa opacidad en la recepción de su obra (poesía, novela, ensayo); mucho menos de condescender con ella: también, además, pero nos olvidábamos, anoto.  Se trata, más bien, de re estructurar todo el canon  de la poesía peruana de entre siglos para, precisamente,  disfrutarla y entenderla mejor.  ¿Pero aquello de la falsa modestia?  Tal como decíamos en otro tiempo y lugar:

Podría alguno preguntarse por qué Pedro Granados no se pone a tono con el tópico de la falsa modestia.  Respuesta, precisamente porque es “falsa”; es decir, a la larga constituye un caso de propiedad privada adicional del poder.  Sus satisfechos dueños encuentran, por demás natural, sean ellos, y ninguno otro, quienes controlen el “merecido” sello de reconocimiento al boleto para la posteridad.  Ergo, frente a toda esta corrupta tramoya, mucho mejor es ir uno a su aire; aunque, ante la poesía, lo correcto sería precisamente lo contrario: irnos junto con ella hasta cómo, cuánto y dónde ella apeteciese.

En consecuencia, todas las antologías, perfiles, resúmenes, bibliografías, al respecto de la poesía peruana, no sólo lucen incompletos hasta hoy; sino que, además, andan descaminados y, pedagógicamente, diseminan cosas que no se atreven –algunos jamás se atreverán– a revertir sustancialmente.  ¿Por qué algunos críticos o colegas, los cuales representan específicas instituciones literarias en el Perú, jamás se atreverían?  Porque a estas alturas admitir sus mezquindades o enconos implicaría, de modo simultáneo, descompaginarse ellos mismos e incluso desaparecer más prematuramente.  P.G.

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GRANADOS/ MACERA

Escribió alguna vez sobre mi poesía: “Lengua de animal puro con que habla mientras la palabra es una bala certera al corazón” (“Prólogo” a El fuego que no es el sol, Lima: Ediciones de los lunes, 1993); también, allí mismo: “[Granados] rodea, pero expresa”. Y debo reconocer que estos dos puntos (post-antropocentrismo y sugerencia), destacados por tan distinguido humanista, constituyen hasta el día de hoy el meollo de mi vocación y dedicación a la poesía. Desde aquella que empecé a escribir a los quince; y publicar en libro desde mis 23 años (Sin motivo aparente, 1978). Asimismo, en un aparte en el Instituto de Estudio de Historia Rural Andina –que él dirigiera por décadas y en el cual eventualmente lo visitaba– alguna vez me preguntó por sobre los poetas peruanos que quedarían para la posteridad. Coincidimos casi de inmediato, por cierto aparte de Vallejo, en Eielson; aunque mirándome fijo y en voz baja dijo que mi poesía también quedaría.

Presentación de Pensar la historia peruana, este viernes 18 de julio a horas 7:00 p.m. en la 29° Feria Internacional del Libro de Lima.

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