Archivo de la categoría: Poesía

Poesía

[En vez de moscas]

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En vez de moscas, lagartijas;
en vez de polillas, murciélagos;
en vez de hormiguitas, hormigotas.
Así es mi habitación, aquí,
en Santa Cruz de la Sierra.
Y sin embargo, uno a todo se adapta.
Y el zapato izquierdo va bien en el pie derecho
en el apuro. Y las dos manos son diestras
a la hora de comer.
En vez de vasos blancos de yogurt, mulatas;
en vez de hispanic, cholos, negros y chinos
simplemente.
Y sin embargo, uno que trabaja
no como una hormiguita,
sino como una hormigota.
Uno que va prendido al amor
no como una polilla,
sino como un murciélago.
Y uno que anda ahí remando más bien
como una lagartija.

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Cumpleaños

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En el último crepúsculo
de mis veintisiete años
estuve cruzando el agua hirviente de mi ciudad,
inexperto entre otros pelagatos,
me sorprendí ante el nacimiento
de una muchacha
y sentí el lento rodar del mundo,
el lento rodar de las muchachas,
el lento rodar de las instituciones,
mi lento rodar
mirón
roedor de migajas.

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MUJERES/ Alfredo Fressia

Cuando nací el sexo fue un destino. No se puede elegir ser poeta.
De las mujeres nunca amé a ninguna sin duda porque las amé en bloque. Fue un amor largo y sin alegría. Ellas también me amaron sin deseo y sin gozo.
Las miré con la nostalgia de una vida más bella. Cuando quise ser mejor quise ser mujer.
Después me olvidé. Devoré la costilla de Adán en la travesía del desierto. Fui hombre, poeta, amé a otros hombres. Tuve hambre.
Llegué a la playa de este mar eterno, al sur del Brasil. Mi olor es de sal virgen y de yodo azul. Sé que una mujer devolverá al mar el pez con una moneda en la boca.
Ella escribe mi poema. Yo aguardo.

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Inéditos de Orlando Granda

De Y que se muera hoy hasta el último poeta (en preparación)

urbanotopia.blogspot.com

UNA EXPLORACIÓN EFECTIVA

Los teóricos de los recursos
habitan una exploración efectiva

Un régimen genuino
que les permite retocar sus retratos

Se trata de los atributos distantes
de las primeras personas
cuya estirpe es lejana a Troya

Ese casi terror de ir susurrando personajes
que se equilibran en el ocaso

Acaso la celebración de una época
cuyo simulacro es un sueño
de atmósfera secretamente política

Modelo –tal vez-
de una muerte prematura

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Penachos de hojas

A Elena, i.m.

Penachos de hojas, lirios, lágrimas
de las aves más fugaces
para mi hermanita Elena
que ya se muere

Que se muere
en su fotografía y en su cuerpo
de ave
y en su sonrisa encantada
y en el pudor de su mirada

Sabia niña la de entonces
y la de ahora en su lecho

Que se muere del todo.
Pero menos en su gracia
ni tampoco en su pureza

Gracia y pureza
que no son de este mundo.
Como no lo es la poesía

¿A quién llamar cuándo estemos lejos?
¿A quién decirle las cosas
únicamente con la mirada?

Y nos vamos tragando ya
las palabras.
Y nos vamos orientando
a ojos cerrados
y a oídos cerrados.
Y a corazón abierto.

Sabia niña la de entonces
Y la de ahora en su lecho.

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Más poemas de Glaem “Pippen” Parls

El hombre del dolor

El hombre comprendió que el dolor
que dormía en su alma había despertado.

En la soledad se vistió de ángel
y tambaleo por los bosques de la ciudad.

Su llanto se escucho en la sima de las montañas,
El hombre caminó y corto sus pies en los mares de sus ojos.

Le dijo a su padre que se olvidara,
le dijo a su madre que lo olvidara.

Al final del viaje reclamo su benebolente alma.

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La Paz, Alexander Coffee

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Sobre los cuatro mil

metros de altura

te escribo. Sobre

las treinta mil

personas que he visto

en el camino.

Inhóspito el aire

para la poesía.

Enorme atalaya es ésta

para el control de

vidas y almas

y sexualidades.

Toda Bolivia se halla

en el ropero. También

el Perú. Y probablemente

el completo casco andino.

Encerrados en el ropero

de nuestros deseos

y de nuestra aplazada dignidad.

Un gigantesco amaru se ahoga

por la dura costra

que lo separa de la superficie.

Un flamante neumático

ahora mismo lo pisa.

Ver y correr y ser derrotado

enésimas veces.

En qué onda

pillar el aire.

A través de qué escondrijo

palpar finalmente tus piernas,

tu culo redondo,

tu espumosa vagina.

Todos somos salvos.

Todos somos inocentes

sobre tan rígido ice cream del mundo.

Ni todas las muecas del diablo pueden disimular

nuestros dientes de leche.

El mundo andino pasa todo

por un agudo periodo de refrigeración.

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A Tilsa Tsuchiya

www.apj.org.pe
(Tilsa Tsuchiya 1929-1984)

No hay color que no palpite
y no nos abra a la vida,
no hay rosa, no hay oficio conocido
o desconocido
que no nos diga de detrás, de siempre,
que no nos llame discretamente
en las sienes.
Hay rosas, hay sensaciones extrañas
como un collar radiante,
como un abrigo tibio,
como una precipitada cascada
que persigue a los peces más jóvenes
para acariciarlos.
No hay extremo, no hay orden
ni desorden ni aventura
ni recuerdos,
todo es un solo oficio,
todo es un solo puente,
todo es un solo brillo de sol en el agua,
en la lengua, en los dientes.
No hay partida, no hay retorno,
no hay lejanía.
Sólo una hermosa col
con sus hojas frescas y calladas.

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