Archivo de la categoría: Poesía

Poesía

RECORDANDO A LOS AMIGOS/ Armando Almánzar Botello

Travestismo textual que manda Madre –Khôra, Proserpina o la Madonna vaginal de Alta Gracia- por culpa de los tontos de siempre ya he caído (maracas). Por obra de freudianos analistas voy cayendo (cencerros), rodando como un cero por la gótica escalera (güiros y tamboras), rumbo hacia la tinta y sus moluscos persistentes (saxo y acordeón desatan su merengue), hacia el macho mar que no se atreve a subir las escaleras, hacia el púb(l)ico y gimiente musgo de la noche…

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“All night the rain has knocked at our window”

All night the rain has knocked at our window

and at our door.

We have been stripped naked

under the rain.

Without ideas. Without projects, without real

worries.

As if we just a piece of cement,

underneath the rain. An eye of rock

that peers up from the cement.

The all-night rain has watched over us

and like an oriental dream has told us:

We´ll run away! To where, we don´t know.

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Poemas de La insistencia/ Carmen García*

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Los ojos de la noche

Este es el monstruo con el que soñaron las niñas
la habitación del silencio, los dientes del cangrejo
la rabia cuando orinábamos desnudas sobre la loza blanca
tras el suave parpadeo de los que nunca nos vieron.
Estuvimos ahí, las lombrices aparecían bajo tierra
y la jaula era ausencia en el fondo del jardín.
Estuvimos ahí y sin embargo
nos ocultamos por los rincones de la casa
tras los muebles, bajo los árboles.
Comimos la misma miel que los pájaros,
en conversación agitada con el viento
con las madres que piaban por sus hijos.
Nosotras, elegidas por una mano mayor
para cargar con los ojos de la noche
los huevos rotos de los pájaros.

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Primer poemario/ Carlos Eduardo Quenaya*

pero de usted sólo puede gustarme la audacia
(mis poemas no saben lo que digo)
digo que de usted puede gustarme sólo
su nobleza al hablar de jazmines
cuyo aroma me recuerda
al umbral de nácar de sus ojos

su belleza es un atributo que opaca las puestas de sol
o un caudal de larga trayectoria hacia el vacío
su belleza, repito, es el vacío en que me apoyo

[la caricia]

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COLLAGE CON JAVIER SOLOGUREN

http://www.elperuano.com.pe/identidades/101/jpg/Generos2.JPG
(Lima, 1921 – 2004)

(Sobre una traducción de Javier Sologuren)

Poesía, bomba de tiempo
(el cuervo asiente por la ventana).
Veo explotar, veo desmenuzarse mi vida
en mudas instantáneas.
Si viviera en los tiempos antiguos
también entraría en un monasterio.
Javier viene con su pan bajo el brazo,
y está como Apollinaire en medio de las sandías.
Y me ennoblezco porque tengo un final,
un par de puertas cerradas con golpes austeros.
Final. Caja vacía. Muelle recortado
sobre un paisaje de velas. Mar sin sol.
Gris sobre gris y el solo aroma de la respiración.
Adios, adios. Javier,
sol cuello cortado.

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Proverbios/ Harold Alvarado Tenorio

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Harold y “Borges”, su amigo fiel

No hables.

Mira cómo las cosas a tu alrededor se pudren.

Confía sólo en los niños y los animales
y de los ancianos aprende el miedo de haber vivido demasiado.

A tus contemporáneos pregunta sólo cosas prácticas
y comparte con ellos tus fracasos, tus enfermedades,
tus angustias, pero nunca tus éxitos.

De tus hermanos ama el que está lejos
y teme al que vive cerca.

A tus padres nunca preguntes por su pasado
ni trates de aclarar con ellos tu niñez y juventud.

Con tu patrón no hables, escríbele y nunca le cuentes
tus planes futuros y miéntele respecto a tu pasado.

Ama a tu mujer hasta donde ella lo permita
y si llegas a tener hijos, piensa que,
como en los juegos de azar,
podrás ganar o perder.

El destino no existe.
Eres tú tu destino.

Y si llegas a la vejez
da gracias al cielo por haber vivido largo tiempo,
pero implora con resignación por tu pronta muerte.

Los que no tenemos dinero ni poder
valemos menos que un caballo,
un perro,
un pájaro o una luna llena.

Los que no tenemos dinero ni poder
siempre hemos callado para poder vivir largos años.

Los que no tenemos dinero ni poder
llegados a los cuarenta
debemos vivir en silencio
en absoluta soledad.

Así lo entendieron los antiguos,
así lo certifica el presente.

Quien no pudo cambiar su país
antes de cumplir la cuarta década,
está condenado a pagar su cobardía por el resto
de sus días.

Los héroes siempre murieron jóvenes.
No te cuentes, entre ellos,
y termina tus días
haciendo el cínico papel de un hombre sabio.

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CHICAGO/ Frank Báez

A Diógenes Lamarche

te miras en espejos, en vitrinas,
tomas pastillas, te quedas en calzoncillos
escuchando la lluvia que cae en la oscuridad,
te cortas las uñas, te afeitas, le tienes miedo
a los terroristas, a andar borracho, al Sida, al cáncer,
al hígado, al tiempo, al reloj que avanza,
las manos que sostienen este lapicero
cada vez son más viejas, los huesos crujen
y los dientes castañean y este pelo
lo arrastrará el viento al igual que arrastra las hojas
que caen de los árboles, cocinas, espías vecinas,
despiertas en una habitación desconocida
sin nadie a tu lado, cantas solo, se te congelan las manos,
esperas en una parada sentado, de pie en un ascensor, en un cine,
peces se te meten por los oídos y se te salen por las narices,
no tienes dinero para taxis, no tienes teléfono,
eres un madero flotando en el lago, te duermes
en el último vagón del metro, el alba helada te encuentra
en porches fumando o avanzando por barrios polacos,
por 95th Dan Ryan, por Oak Park, por Belmont,
frente a la escultura de Picasso,
por librerías, gasolineras, rascacielos,
debajo de puentes, muelles,
playas, callejones, círculos del infierno,
escaleras eléctricas, miradores,

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Para Lastenia, i.m.

www.geocities.com/hectorlmges/ave.jpg

Madre, tú que eres el aliento mismo,
el agua de la fuente.
Se partió todo. Se partieron.
Fallamos. Pisamos el palito
innumerables veces.
Tú que eres la voz y la mirada.
Y la promesa.
Espántanos estos diablos, vamos.
Esta mediocre ficción.
Tú que eres la quilla allá,
el orgulloso velero.
Sálvanos de la muerte y de la vida.
De esta muerte y de esta vida.
Ave abierta, desplegada.
Tú que evitas nos volvamos
irremediablemente intratables.
Madre, tú que eres el sueño
y el consuelo. Y la dicha.
Y las palabras.

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La zarpa en el mapa/ Efraín Bartolomé

CÍRCULO DE CALMA

Con un callado golpe de alas negras
se mete al pensamiento

Después arropa con su aliento tibio
Nos rasca la cabeza con amorosas manos
Nos tiende brazos cálidos sobre la cama dura

Es cuestión de dormir
Entrar al sueño con el pie derecho
Palpar los muslos de agua o de ceniza
de esta amiga reciente sin rencor y sin miedo

Y sin ninguna prisa.

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