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Poesía

Odelisa/ Armando Almánzar Botello

http://tambordegriot.blogspot.com/2009/09/odelisa.html

(Hubo en verdad circunstancias atenuantes)

En la furia humedeciéndonos el sueño con las lenguas,

Odelisa me enredaba con su luz interminable…

Hoy camina solitaria por las calles de Manhattan,

pantera en el invierno,

desangrándome un teléfono su voz imaginada,

rondando por su abrigo un aire frío ensombrecido.

Perdida la escritura en Internet,

enciendo en la penumbra de mi página su imagen.

Se abre una ventana:

Odelisa caminando por las calles de Manhattan.

Eleva la memoria su árbol de relámpagos,

la música inclemente,

la flauta con sus pájaros,

su agrio resplandor terrible hasta el orgasmo.

Huesos blancos y palabras.

Llueve angustia en este cielo.

Hacia el fondo y lentamente llueve pena en los espejos,

huesos blancos y palabras.

Odelisa como el viento por las calles de Manhattan.

Limpio y hondo su recuerdo.

Unicornio desatado de las manos se me escapa,

virgen negra que me huye incandescente

por los labios luz de incendio hacia las venas.

Agua pura de mi alma.

Mía sangre anochecida,

la que ondula en su recóndita distancia reservada.

Odelisa sonriente por las calles de Manhattan:

paloma del invierno, grito alto en la mañana.

Su recuerdo resplandece la pureza de una espada,

luz de ángel por la herida.

Sus pasos de mujer dejan huellas en la luna,

en la gélida tormenta de New York y en mi memoria.

Odelisa veloz o detenida.

En el vértigo del tren el misterio suspendido.

Su cuerpo es la promesa irrepetible de su cuerpo.

Su sexo es el fulgor de un astro indescifrable…

La luz ya se derrumba.

El día se desangra y el vídeo se termina.

En el ciego reflujo de las calles y el comercio,

frente al límpido cristal de una vitrina

-llama erguida derritiendo los espejos del invierno-

Odelisa pensativa…

Cálido rubor que me escribe con su aliento,

la carta irrevocable del olvido.

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‘Estoy solo’/ Luis Hernández Camarero

2.bp.blogspot.com/_8gg2guLpm5w/SN_D4i3mZDI/AA..

Estoy solo

Guardo la flor de ceniza

En el vaso pleno de madura oscuridad

Hermana boca

tú dices una palabra que pervive ante las ventanas

Y silenciosa asciende como he soñado

Estoy en flor de hora marchita

Y guardo resina para un ave tardía

Ella traerá el hielo en el ala roja la escarcha en el labio

[ella ha de venir a través del verano

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Una calle (Teatro breve para leer)

lidia-garcia.blogspot.com

Una calle (escenografía en bulto, no sólo pintada).

(Oscuridad) Un haz de luz se posa al centro del escenario, espera un momento, se inquieta, se dirige lentamente hacia un extremo, se detiene, retrocede zigzagueante buscando, se aloca, recorre a discreción toda la calle, descansa en un extremo, intenta volver al centro, pero deteniéndose nuevamente se esfuma resignada del escenario.

(Luz de día) Toda la escenografía avanza hacia la platea y se detiene casi en sus umbrales. Se escuchan en sordina estas voces:

Pared Rosada: Esa luz

Pared Gris: Sus deseos se le imponen a la memoria

Pared Azul: Los que nos habitaron la buscaron hasta el último momento

Pared Rosada: Sobre todo los adolescentes en su llanto

Pared Gris: Y nosotras impotentes, siempre tan impotentes

Pared Azul: Sí, cada cual se fue quedando solo, muy solo

Pared Rosada: Los niños se masturbaban por espantar el terror

Pared Azul: Fueron ciegos a nuestro cariño, a nuestro agradecimiento

Pared Gris: Algunos adultos esperaron al borde del mar

Pared Rosada: Otros esperaron en las montañas

Pared Azul: Al menos ellos tuvieron ese privilegio

Pared Gris: A los demás simplemente los consumió su propia muerte

Pared Azul: A costa de nuestra vida

Pared Rosada: Que siempre quisimos compartir con ellos

Pared Gris: Y no nos escucharon

Pared Azul: Hablaban entre ellos demasiado en voz alta

Pared Rosada: O no hablaban

Pared Gris: Se pisaban entre ellos, y en voz alta

Pared Azul: ¡Nosotras tenemos sus virtudes!

Pared Gris: Y nuestra propia naturaleza

Todas: Esperamos que el viento nunca sople muy fuerte y seguido

Pared Rosada: Sólo lo suficiente

Pared Azul: Para que lleve nuestras voces a las otras ciudades

TELÓN

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‘En el punto luminoso del teorema’/ Ángel (Muñoz) Petisme

vukusic.blogspot.com
Ángel Muñoz Petisme (Calatayud, Zaragoza, 1961)

Dormíamos veinte años y, de pronto, Antonio Orihuela (Moguer, 1965) nos despierta. Recibido su reciente poemario Todo caerá (2008) por correo, en Lima-Perú nada menos, y en vías de escribir una reseña del mismo, nos topamos dentro con unos versos de Ángel Muñoz Petisme. Y de pronto me veo entre la pequeña ventana al patio y la mullida cama de mi habitación de la calle Batalla de Belchite, en el Madrid de 1988. Y de pronto la alegría de la lectura –el gozo de la afinidad– como en la de aquel ya lejano año. Recuerdo que descubrí a Petisme (así se ha generalizado) en la antología Postnovísimos de Luis Antonio de Villena (Visor, 1986), y de sobra me pareció –incluso sobre Julio Llamazares, Blanca Andreu y el mismo De Villena (oculto bajo “Illán Pesa”)– el poeta más sugestivo de entre toda aquella antología. Miscelánea de estéticas la de este volumen: venecianos, poetas de la experiencia (cuya consagración se consolidaría el mismo año de nuestro recuerdo), neo-comprometidos (cual Jorge Riechmann) y, en palabras de De Villena, aquélla de “artefactos fronterizos” tal como en los poemas que en aquel entonces ensayaba Petisme. Fronterizos entre la lucidez y el encanto de un poeta de 23 años, cabría precisar.

VIII

En el punto luminoso del teorema

Venise yace en el baño, es una dama negra ataviada

de collares.

Sus jaquecas y su coquetería, un ritual iniciático.

(Ojos de antigua almendra

y arma blanca.)

El silencio se piensa en los canales, se huele en los

museos, se tensa bajo los arbotantes.

En Damián.

Père en la mesa de enfrente.

Café –sorbos pausados–. Nos cruzamos miríadas.

(Describir o llorar:

la angustia tiene ritmos).

En el vaporetto sigo el vuelo de la mariposa,

aterriza sobre una minifalda: Crueldad.

Todo es salario del pecado, mis ojeras

tan cursis como el crepúsculo.

Ah! Y aquí nadie de belleza murió.

De Cosmética y terror (1984)

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Bondades del otoño

revistaens.blogspot.com

A los poetas del 27

Árbol amarillo,

árbol rojo,

fruto del pino,

en esta marea tan alta, tan alta

sin vaivén

¿por qué somos diferentes?

Mejilla de mi mar, amada,

¿por qué estás tan lejos?

En este mundo intrauterino

donde sabemos que el verano y

el invierno son un juego. Todo está

absolutamente calculado.

Y el sol que no ocultan los naipes de las nubes aquí

son brillantes jugadas de brillantes dados allá

en lo alto de la noche.

En este estado de cosas, muerto Lorca

y también Cernuda y tantos otros

y el prodigioso Guillén

y Pedro Salinas con quien empecé a escribir

y quizá incluso concluya,

¿qué aroma de las flores retener

que se esfuma?, ¿qué agua

que se escapa?

Árbol amarillo,

árbol rojo,

fruto del pino,

¿habremos de volar al mar?

¿habremos nacido como el toro

para el luto?

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Curso 316 (A John Kronik, i.m.)

Scaner

Fórmula de la poesía,

la vieja fórmula de Staiger:

uno en el otro.

Este muchacho realmente mereció

el novel eterno, el asombro permanente

ante todas las cosas.

Recuerdo mi primera experiencia

poética:

andaba apartado de un pequeño

grupo de amigos (éramos adolescentes),

caminaba en una noche rústica,

crepitando algunas ramas secas

y también mi corazón

bajo mis zapatos.

Me apoyé sobre una piedra grande,

la noche se concentró en un punto (en mí)

y alguien bebió dentro

de mi pecho,

y algo apagó sus manos

en la noche (en mí).

Uno en el otro,

el otro en uno,

como el viejo Staiger formulara.

Y ahora que estoy por entrar

al salón de clases,

donde debo presentar a Bécquer

y hablar del primer simbolista

y del misterio y de todo eso,

se me ocurre que Emil Staiger

debería estar entre nosotros.

O, si no, el amor.

¿Cómo vive esa rosa que has prendido

junto a tu corazón?

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Ben gala sobre estas oquedades

fredkelly.spaces.live.com

Asumimos el reto

Una oriflama

Justo a nuestra orilla

Pensar está prohibido

Hasta el baso sientes

Hasta el corazón

Controlas

Cómo ser de esta época

Cómo ser de otra época

–desde estos anteojos–

Hasta la cicatriz

Que cándidamente borras.

Enseñar poesía

Saber torcerle el pescuezo

Al gallo

Menear el culo

Sorber por emergencia

La felicidad en emergencia

No decir, rodear

Y no decir

Mezquinamente

No decir.

Amo a freud

Amo a germán

Ante cuya lápida estaré

Hoy mismo

Un poquito más tarde

Un obrero haciendo psicoanálisis

Un magnífico psicoanalista

Ejerciendo de obrero.

Se equivocó vallejo

Se equivocaba

Partir, entonces,

Justo desde su error

No, desde sus sonados aciertos

Amamos la alegría.

Amamos la noche

Del pensamiento

Y nuevamente la alegría

Ben gala sobre estas oquedades

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Santo Domingo, año cero y en curso…/ Orlando Muñoz

elcesarvallejo.blogspot.com

SOÑAR Y
DESPERTAR AQUÍ

SALTAR DE LA CAMA
Y DILUIRSE EN EL AZOGUE

merecer la sonrisa del sapo

alcanzar el horario

arribar a la hoja en punto

para suspirar sobre una tumba talvez
para leer y escribir allí
en la heredad de los relojes derretidos

donde el cielo en olas se resiste a ser nombrado
donde desdibujar las curvas del amor
donde solazarse en el imaginario de lo imposible

donde preguntar por un ángel
por un proyecto perdido

y luego ordenar sobre la barra
sin remedio
una bachata
y un puñal…

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Tú y las lentejas/ María Beneyto

escribeyloedito.com

Las guisabas con mimo, las amabas,
porque tenían que ponermos fuerza
en la sangre. Su hierro lo querías
para así apuntalarmos y que entonces
pudiéramos erguir algo de vida.

Hasta laurel llevabas, todo aroma,
a la gran reunión, a la asamblea.
El fuego, buen amigo de tus manos,
obediente y pequeño, le embestía
a tu otra amiga, su enemiga, el agua.

Era tu guerra chica interminable
en el frente que urdías con el rito
diario, de enfrentar dos elementos
a combatir furiosos por nosotros.
Era aquella tu España diminuta.

Las lentejas cocían tu esperanza,
nuestro futuro tierno, nuestra historia.
Erguían estatura al aire, daban
voracidad de dientes, daban rabia
de paladar. Y alegría de estar vivos.

Lentejas con laurel y lo que hubiera.
Crecíamos. El humo y el aroma
venían de tus manos, hueso ahora,
madres del hueso articulado mío.

De Biografía breve del silencio (1975)

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