Archivo de la categoría: Poesía

Poesía

ACT. 315: [Niño del fútbol]/ Pablo Salazar

Cortesía del autor

Niño del fútbol
pasé al salón
más grande
de mi colegio

un garabato de colores se aburría

y malhumorado
dibujó el estadio
de mi carrera
al vacío

sin pelota
con pelota
gambeteando
a toda esa defensa
que se agolpa en el pecho
de este invierno
frente a la portería

y yo de cara al gol
sin viento en los pulmones
gambeteando

buscando el espacio
el vacío
por donde pasar.

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ACT 315: ‘tchau’/ Daniela Chávez

Cortesía de Daniela
(“Último día de colegio”)

Algo verde me acaricia las pestañas

Solo después de un tiempo siento el recelo de tus monosílabos

Me cambiaste

Te cambié yo a ti?

Un perdón no basta pero es lo único que mi lengua palpa

Tal vez dos hagan el truco

Si te recito mentiras blancas por un rato

Y tus lágrimas besan las mías

Lo conseguiría?

Inseguridad se llama y no tiene ni manos ni pies

Pero sí cuerpo, y pesado

Esa masa gruesa que corrompe mi abdomen

Y me lleva a un cuerpo débil, como el mío

Esa quimera que me logró vencer

Que ahora me hace llorar

Que me hace perder

Perder-te

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Al lente espacial Hubble

dsmn.wordpress.com

*
El sol del crepúsculo
no es un juego de niños
son enormes llamaradas
y explosiones terribles.
Pero no le da la voz.

*
La noche va cayendo
en mi pecho
como jalea en un frasco
pequeño y transparente.
Quema la noche.

*
A la distancia
frondosos árboles
ocultan la avenida.
Parece que todo terminara
y convergiera en ese verde.
Pero no es así.

Incluso en la ciudad
la tierra es redonda.

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CONSTELACIÓN/ Gabriel Espinoza Suárez (Callao, 1971)

cortesía G.E.S

I

Abre los ojos

Río arriba flota una sonrisa
Y en el aire los peces
Sigilosos descuelgan la boca del anzuelo

Oh niño
Abre los ojos

El universo desciende en cascada
Como una raza de moscas

Bebamos el suero lento de esta tarde
Mientras oscurece el oro rojo
Y los cuerpos interrogan el paisaje
Como una ciencia

Tibio es el aire y grande la nostalgia

II

He vuelto a rezar con los ojos abiertos
He visto a un niño
Manchado de luz
Amarrando el sol a su estaca

Me dijo:
Desordena tu rebaño
Déjalo rumiar las ondulaciones del pasto

III

Creo en dios
Creo en el sol
Creo en la sombra
Creo en la nariz
Creo en mi lengua
Creo en la desaparición de la boca

Un racimo semejante
Bermellón
Preserva las moscas

IV

De la boca sale un río que adelgaza la boca:
El aire es
La infancia
La oscura voz
Respira el oído
La sed con nuevos brotes la boca
Mirando al cielo del paladar
Oh árboles
El horizonte es más dulce que un secreto en los labios
Oh
Mezcla ondulante
Lengua con brillo de cacto
Abre y cierra las constelaciones
Acaricia la fruta carnosa táctil
Racimo de sangre, pliegues morenos
Semillas amargas no pensé que germinaran

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Poemas de Juan W. Yufra (Moquegua, Perú, 1977)

latorredelasparadoja...

Abs 7
antes de quebrarse
y caer como una garúa
el viento

Monólogo de Lea
9
-Esto que ves aquí
Son peces desorientados por la marea

20
La muerte
Existe
Hasta para las aves
Más
Legendarias

___________________________
En Instalación (Arequipa: Cascahuesos/Auqui, 2009), hallamos algunos versos espléndidos por su catadura tentativa, especulativa; no en vano, en su interior nos topamos con un significativo epígrafe atribuido a Alberto Caeiro: “El mundo se hizo para que pensáramos en él”. Y tal como en Pessoa nos complace constatar también, en este reciente libro de Yufra, cómo el yo romántico hace agua y se abren, felizmente para la poesía, estos jirones de pensamientos o líquenes arrancados de la corteza de un árbol inmenso. Del árbol de lo autoritario, de lo de sobra conocido, de lo que regularmente los funcionarios del sentido común (políticos, narradores de noticias, consejeros de toda laya) suelen ventilar impávidos ante nosotros.

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EDICIÓN EXTRAORDINARIA/ HELENA USANDIZAGA

A propósito de la reedición de Mate de cedrón (1974). Libro que se presenta este sábado 28 a las 8:30 pm. en la Feria del Libro Ricardo Palma (SALA “LOS GENIECILLOS DOMINICALES”).

labocadelsapo...

Cuando conocí a Vladimir Herrera, en 1974, llevaba arcilla
roja en los zapatos y la ropa y los libros estrujados en una
mochila también roja. Entre esos libros estaban unos cuan-
tos ejemplares de Mate de cedrón, que acababa de salir en Li-
ma casi al tiempo que Vladimir salía de Lima.

El imaginario de Mate de cedrón se prolongaba en su
llegada en barco a Barcelona, a una ciudad en la que toda-
vía se podían oír, aun desde la parte alta de la ciudad, las
sirenas de los barcos en el puerto, como en los poemas de
Mate de cedrón. De Barcelona a Lisboa, de Lisboa a Roma, de
Roma a París, de París otra a vez a Barcelona y a Mallorca, y
otra vez a Barcelona, siempre con Mate de cedrón en la mo-
chila: la música y las imágenes, la amistad y la vida expues-
ta, la celebración y la fiesta, la lectura y la escritura, el pen-
samiento y la meditación, el amor y el cuerpo, la vivencia
de otras mañanas, otras tardes y otras noches que no eran
aquellas que se daban por sentadas, las que proponía el or-
den de la vida adulta y domesticada. La intuición de otra
vida y otra realidad que iluminaba el vagar por las estacio-
nes de tren, por los puertos, por las calles y plazas de las
ciudades; todo esto prolongaba el espíritu de Mate de cedrón
y soplaba sobre otra escritura que pronto produjo Del vera-
no inculto, libro publicado en Valencia en 1980 y que abrió
otra época en la escritura de Herrera, de un barroco a la vez
hermético y luminoso, donde los poemas son construccio-
nes más sofisticadas que las de su anterior libro, ese Mate de
cedrón que fluía y divergía de otra manera, cuando de un
continente a otro, de un tiempo a otro, no había más fronte-
ra que la de dar el paso que lleva de Lima a Barcelona, del
presente al futuro, porque “todo tiempo es bueno/ para al-
zar la vista/ mirar estos territorios/ recoger las trampas”.

Mate de cedrón, entonces, había abierto y cerrado una
época: era un maravilloso libro adolescente de una genera-
ción adolescente, la bien o mal llamada generación del 70,
que tal vez fue la última apuesta por la poesía como salva
por el porvenir, y en la que destaca este libro que era lo pre-
figurado y era también los lugares dejados atrás: Lampa,
Cusco, Lima, pero signados ya por el viaje y la imaginación
de otros puertos. Mate de cedrón lleva las huellas de una
época en que casi todo parecía posible, pero que intuía ya
la nostalgia y la melancolía del exilio de ese reino donde es-
taban la poesía como soledad y como memoria, la euforia
de los sueños compartidos y el desamparo del amor, la uto-
pía y la Historia presidiendo o eludiendo las meditaciones
y las acciones, los ojos contemplados y la piel tocada, las ca-
lles angostas del Cusco, la Calle de París, los techos como
lomos de rata de la ciudad de los Reyes (que es Lima), las al-
tas noches del amor en Amsterdam, Whitfield Street: las ru-
tas abiertas y las habitaciones cerradas; el Sena, el Huata-
nay, el Vístula o el Urubamba. Una videncia de los escena-
rios del mundo, recorridos antes o después de la escritura
que unía el patio del sol en la vieja casa y el muro del oeste
con el torreón de Mussot, que se inspiraba en la adivinación
en coca y en la lectura de Bataille, Quevedo o Lenin, con un
sentido del lenguaje y de la imagen que hacía abarcar todas
estas realidades desde una mirada que dotaba a las cosas
de textura e irradiación, una mirada siempre protegida por
la salvia para la voz y el corazón y por el mate de cedrón
que daba la abuela curandera para no andar enamorados
bajo la lluvia.

Más allá de la mágica conexión con la sensibilidad de
la época, este libro sigue fulgurando con su capacidad de
abrir los escenarios de la imaginación y de la memoria: si-
gue evocando la aventura y la reflexión, y nos hace aden-
trarnos, con amor e ironía, en un viento de lucidez y de nos-
talgia pero sobre todo de anhelo y de felicidad compartida.

Barcelona, setiembre del 2009

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Qué te podría decir

www.blogacine.com/wp-content/uploads/2007/08/...

Qué te podría decir
ahora que has vuelto
y me tocas el corazón con la mirada.
Qué soy frente a la articulación
de un objeto con otro,
de un sentimiento con otro,
de una idea con otra,
pura continuidad
en el espacio,
único sonido.

Qué te podría decir,
de qué manera habría
de darte la bienvenida.
Torre de seda
en que se estrella mi amor,
agua en que mi amor se precipita,
cuerpo que me acompaña.

Qué decirte.
De qué manera
devolverte la mirada
que sea un campo de arroz,
que sea la noche con la noche.
Acompañada.

De El fuego que no es el sol (1993)

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LA POESÍA DE VLADIMIR HERRERA

Editoriales arequipeñas Cascahuesos e Hijos de la lluvia editan su obra completa, este sábado 28 en la Feria del Libro Ricardo Palma (8 pm) se presenta la primera entrega de esta excelente iniciativa, la reedición –luego de 35 años– del primer poemario de Herrera, Mate de cedrón.

Cortesía J. C.

Cunilinguo

¿O será como cabras
y cabros que se comen de una sola amapola?
Martín Adán

Ha de ser como una llama que se dice quieta,
No como el fragor, señora, o como una urna en
El calcinado esplendoroso carmesí, sujeto
Del deseo, sometido joven aún a las hurgaciones.
Suscitada por el deseo de ser la lengua,
Su inverso cono de luz, su seno recortado, sólo
La pura lengua de plumas y saudades revestida,
Celebérrima, y los glúteos severamente azotados
Con arena, y el viejo figurín en la ventana
Tras la cual otro sexo habrá de levantarse
En brillo y desmoronado será en parte como
Cuando desea un santo de su cuerpo su verso
Emocionado.
Las economías, en suma, del Poder, y
El poder hacerlo de espaldas hígado y riñones
Afuera, pero sombra de naranjos y también
Fritilarias, acudidas todas a la intimidad
Constelada en que se pee y se bufa domesticando
El verano:
Los besos que en las verijas tendrán
Que olvidarse, como la lengua serán en sí
Recordados:
Unos cuartos de luna lucientes
Para la sandalia del agua más pura al pisar de
Dos ríos orondos las algas, la fiebre y el costado.

(De Del verano inculto)

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Francis Bacon, vuelve. Slaughterhouse´s Crucifixion/ Armando Almánzar Botello

http://cazadordeagua.blogspot.com/2009/08/francis-bacon-vuelve-slaughterhouses.html

A la memoria de Gilles Deleuze,
quien acaso hubiese podido suscribir también este poema.

Soledad de paraguas no percibe
la que indiferente crea, todavía.
Curva,
ciego trazo, negrura soberana, mancha informe
del pigmento. Sangra rota la textura por el filo
de la espátula. Eso raspa.
Slaughterhouse’s Crucifixion.
¡Oh sufriente madero del olivo!
Atroz y chorreante cuerpo cierto interminable.
Slaughterhouse’s Crucifixion.
Un dolor atónito que tiembla gusano que se arrastra
lento por la tela en coágulo imprevisto.
Carne abierta que no cesa. Slaughterhouse’s
Crucifixion.
En garfio suspendida la belleza desollada.

La mano, con trapo frota, loca, orienta
la hemorragia, enturbia frente y labios…
despega, en el aire del instinto, el oscuro
paraguas del miedo casi un ave.

Con duro hierro araña, corta marca labra
-garra del halcón, cuchilla enardecida-
la mano:
azar transfigurado, caníbal
boca ciega.
Un puño, tremendo,
golpea sobre un lienzo el diagrama contingente
de las fuerzas… Accidente utilizable…

Chorro ardiente que perturba el esquema visual
configurado.
Borra un ojo, vuela un trazo, plata
líquida los labios, mancha viva que se expande,
pincel que muerde, arde, látigo erguido,
torso que sangra.
Hambre gruñida del abismo en retorno animal de
rostro en fuga.
Obsceno, ameboide hocico proteiforme.

Gotas por la tela: sangre. Mercurio, semen, leche oscura:
centrífugas manadas de la mente.
Roto sinsentido musical en devenir omnímodo de glandes.

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[desamarrarme los zapatos]

meridianacelan.blogspot.com

desamarrarme los zapatos

agujetas pasadores amarras

de los pies fronteras tabiques

candados secretos inquisiciones

una pajarita de papel

mejor si eres crítico y no sabes leer

el perfil de aquella lejana montaña

bajo nuestro tacto

la palabra que es apenas una palabra

y ya no es más una palabra

una suerte de movimiento rotatorio

más bien

un gesto animado una succión

al borde del único respiradero

lo siento

pero no puedo ser ya más didáctico

como exagero

a veces ante mis pacientes estudiantes

salvaguardado por lo negro

de mi alma por lo africano

de tan oculto al sol de tan oculto

y efervescente e inundado

y ya mismo sumergido

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