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Poesía

[Hemos llegado a la conclusión]

Hemos llegado a la conclusión
que no escribimos poesía.
Que no somos poetas.
Es más, que la poesía
para nada nos interesa.
Que las palabras no han sido,
precisamente,
lo que buscábamos.
Ni tampoco
lo que hemos ido hallando
a lo largo del camino.
Ahora podemos hacer un alto.
Y con toda sencillez,
mas sin pizca de humildad,
decirlo.
No nacimos para perseguir las palabras.
Menos, para hacer un fetiche de éstas.
Qué va.
No nos hemos rifado por eso.
Los brazos los hemos abierto
para ti.

Para nada nos interesan la poesía
ni sus expertos.
Dejamos libre el territorio, entonces.
Impunidad total para aquellos que dicen
lo que quieren decir las palabras.
Nos arrepentimos de haber
tomádote tu pan.
Con mis pulmones pienso.
Con nuestros inquietos pies
comprobamos la arbitraria hechura del mundo.
Ni una lejana campanada
reproducimos.

Ni hemos inventado modo distinto
de jugar con estas cartas.
Sólo a nuestro íntimo rechazo
nos atenemos.
A nuestra quizá tardía blasfemia.
Con mis manos oculto las palabras.
Abochornado.
Entre los pliegues de mi camisa
con premura las escondo.
Un eco no hace el poema.
Un fantasma jamás podría erigirlo.
Ahora mismo vamos arrebatados
y en vela
y sabemos a lo que nos referimos.
Pero nada de ganar honra
o dinero con las palabras.
Antes que ellas se burlen de nosotros
preferimos dejarlas en el vertedero.
Y no por escrúpulo docto:
aquello de canjear una ilusión por otra.
Ilusión es lo que necesitamos
para seguir viviendo.
Una niña pasa arreglándose
discretamente el pelo.
La poesía no es la niña
ni sus finos y hermosos cabellos.
Sino el gesto oculto y efímero
de tan concertados dedos.
En unos segundos más habrán cesado
la visión y el sentido.
Otro rostro interroga ahora mismo
al nuestro
y entendemos que todo está ya por concluir
Un solo gesto que goce
de absoluto concierto.

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Taller junto a Pablo Salazar Calderón

A propósito de Buen Viaje Ikarus 10 (Lima, 2022)

 

Por el amor de las huacas

La noche se torna una mancha en la pista y ésta se llena de estrellas

GAME OVER

Desde los caballos de Pedro Emilio Paulet se descargan ficciones

Se dicen cosas por la quebrada de Armendariz

Un auto y un avión

Cada uno

Sigue su camino

Hacia el cielo de chatarra

GAME OVER

Sus ojos contienen tantas luces

Abolido el planeta de una ciudad que guarda sus juguetes

Todo está en calma

Nada es imposible

Mi vida podría cambiar con una sonrisa

a la luna

Aquello que muchos llamarían basura del espacio

ahora me sirve para afirmar

que hubo vida en ese lejano lugar del cual provengo

 

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Todo está hecho a la medida de ti misma/ Isabel Sabogal

Caso semejante al de Carlos Quenaya, Magdalena Chocano o Frido Martin, poetas peruanos sin territorio específico; salvo su propia vocación, devoción, terquedad o secreto íntimo.  De este modo ha nacido y se ha ido desarrollando la poesía de Isabel (Elka) Sabogal.  Poeta brotada, entonces, luego de un acuerdo nocturno con sus ángeles, asimismo, desterritorializados.  Es decir, y en su caso específico, donde el medioevo polaco, que ya es decir bastante por lo  tenaz y antiguo, dialoga con la waka en que se ha convertido la propia poesía de Isabel.  Esto último, a costa de encuentros reales, para nada imaginarios, con los duendes que usualmente la visitan como, asimismo, la convivencia con las telas de su abuelo, y todo el ambiente del indigenismo, el pintor José Sabogal.  Y el asunto principal que salvan y plasman todas aquellas vocaciones, en su recorrido de largo aliento, constituye la intuición del arte.  Intuición que, para trocarse por una ética políticamente correcta e importada,  propiamente hoy por hoy ha desaparecido.  Por cierto, ha desaparecido sólo entre la poesía o el arte “culto”.  A los genios que cada día a día salen a buscar su almuerzo, para ellos y para sus familias,  obviamente el arte los acompaña de modo cotidiano (Pablo Guevara dixit).  -“Busco un alma extraña, no una sabionda”; recuerdo que respondí un día, acometido, ante la pregunta de alguno de mis estudiantes.   Frase que, acaso como todas, sin dejar de ser de ocasión, remitía también a una personal arte poética.  Muy bienvenido sea este nuevo libro de Isabel Sabogal.  P.G.

Mi nombre son tres sílabas

lanzadas al azar del viento.

Piedra que arrastro como sombra,

como cadena amarga y dulce a la vera del camino.

//…//

Y es en mi nombre donde están los pueblos

del mundo entero fundidos en mi sangre;

mientras soy niña, terriblemente niña,

mientras soy grande, terriblemente grande,

por el amor de Dios, terriblemente grande.

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EL JINETE ABOLIDO/ Armando Almánzar Botello

     «Drink me!» Alice in the wonderland

     «… en lo vivisecante los cateos anímicos la metafisirrata los resumiduendes del egogorgo cósmico / en todo gesto injerto / en toda forma hundido polimellado adrroto a ras afaz subrripio cocopleonasmo exotro / sin lar sin can sin cala sin camastro sin coca sin historia / endosorbienglutido / por los engendros móviles del gravitar rotando bajo el prurito astrífero…» Oliverio Girondo

     «¿Quién sabe hoy ya, y quién supo en los tiempos clásicos, lo que es inspiración, auténtico y primitivo entusiasmo, libre de toda crítica, de toda prudencia, libre del dominio de la razón (entusiasmo desbordante, sagrado éxtasis?)» Thomas Mann
    
«O Rose thou art sick». William Blake

     «Aboli bibelot d’inanité sonore». Stéphane Mallarmé

     «En la voz desazogada también hay escritura…» Armando Almánzar-Botello

     «La ventaja de lo oblicuo es que se puede elegir lo que uno quiere, mientras que con lo ortogonal, o con Le Corbusier, el ángulo recto forzosamente determina un plano vertical.» Paul Virilio, filósofo y urbanista

     «El inacabamiento del Gran Vidrio [Duchamp] es semejante a la palabra última, que nunca es la del fin, de Un coup de dés [Mallarmé]: es un espacio abierto que provoca nuevas interpretaciones y que evoca, en su inacabamiento, el vacío en que se apoya la obra.» Octavio Paz
———

Nunca he creído en la levitación como espectáculo
—mero truco de faquires, de banqueros políglotas de usura
y guías turísticos—;
ni me llama la cansada retórica diabólica del vuelo con su plagio:
repetida y falsa maravilla
en el ascenso una vez más del enigma de la rosa,
del misterio fementido que se aferra
en el aire temeroso enjaulado con los pájaros.

No seduce a mi sentir la tonta ingravidez de la realidad virtual,
tan presumida,
ni siquiera en su modo figurativo-extraterrestre:
casi torpe simulacro paradójico, bifronte,
del sinfondo voraz
y del abismo entrevisto en las alturas tan perfectas,
flotación pseudomística sin tiempo
que nos hace creer
—muy engreídos—
verdaderos santos o dioses recubiertos
por la intocada piel de lo in-fundamentado,
sin la huella de lo abierto ni el aullido mesiánico
del vértigo anterior a toda angustia intramundana.

Con frívolo apego a lenguaje y evidencia
no es posible bordear la prosodia del vacío,
sus contextos,
el rumor del no-sentido en lo real y su imposible…

El de-fundamento y el abismo son aún la vieja piel
de la fría culebra metafísica mordiéndose la cola,
en ellos no florece todavía
la infinita finitud de lo in-fundamentado,
la conexión del resplandor y la catástrofe,
la serie inacabable de breves brillos y rupturas:

                                                la ceniza de lo (im)propio
y el temblor del collar en la paloma…

Me arrebata, sí, el esfuerzo de la función oblicua,
la desnuda masa ponderal,
indecidible,
intensivo ministerio jadeante y cotidiano de los cuerpos:
el esfuerzo milagroso de subir
con alegre precisión en el dolor
las escaleras.

Alguien ama en futuro anterior el contingente
resplandor de advenimiento,
de aquello que ahora cesa-al fin-de no decirse,
la (dis)tensión que se desliza por la línea recta indiscernible
del Aión —pureza incorporal de (sin)sentido-acontecer
en el choque instantáneo de accidentes en lo absorto.

Escritura selectiva del fósforo que alumbra
creación —–>
<—–>
<—–>
<—–>
<—–   descreación,
reinvención-recreación de un labio que se dice,
que se palpa,
se vislumbra,
se traza y se duplica sin fondo en roto espejo:
y casi toca el misterio del contorno y la consciencia en el con-tacto.

Rememora el Ello esquirlas de un incendio innominable, indecidible,
con los bloques de infancia que retornan diferentes del recuerdo.

En la voz desazogada, invisible como un pez, también fluye la letra…

Inéditos potros terribles ya galopan,
con violento claroscuro por la página…
—caos de una mano que araña y enmaraña el Universo…

Mi escritura desnuda y bostezando ahora me dice:
«La parodia grotesca de sí mismo, el negro humor de la nada y la ironía,
eso abstracto en el poema lo revela inacabado…
Y sin embargo…»

———
Mayo de 2004 »Leer más

[Creo en la poesía dominicana culta ]

Creo en la poesía  dominicana culta

Aunque muchísimo más creo en la inculta

Del s.XX, si no por un pelito, será casi atemporal

La poesía de Carlos Rodríguez

Ya que ha sabido decantar su voz

La cual ha mutado en entretenerse

Sobre las piedras o la arena

De cualquier playa de su Santo Domingo

Sencilla humilde íntima

Radicalmente antitética a Trujillo

Dictador del que aún no nos sacudimos

Del que no puede prescindir la literatura

Ni la poesía culta dominicana

Muy aparte de géneros o de sexos

Todos muy enfáticos de cuanto ignoramos

Ahora, el piano de Enriquillo Sánchez resulta muy entretenido

Cualquiera que desee conocer el habla de la calle

Puesta en papel

Tendría que echar mano de Enriquillo

Alexis se dejó engatusar por Neruda, y jamás salió de allí

Salvo cuando la muerte ya asomaba a su puerta (siempre abierta)

Las mujeres que me perdonen, pero aún sigo esperándolas

Aunque, por si todavía no se han dado cuenta,

La inteligencia de Armandito Almánzar Botello prevalece

Prevalecerá entre los muchachos

Muchachas seres andróginos máquinas

Corro apretado dentro de una nave espacial

Denominada Antillas

Entre los más nuevos, mientras plagien con tanto fervor

Como la crítica literaria del medio o de la media isla

Todo les irá sobre ruedas

Aunque sólo para ustedes entre ustedes para nadie más

Y acaso esto sea suficiente

 

(Adenda de Breve teatro para leer: Poesía dominicana reciente)

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SOL

Sol detrás de mi persiana

Potente y luminoso

Solo

El de este piano

Arrimante

Como diría Vallejo

En Trilce cuarenta y cuatro

Piano oscuro

Qué otras palabras

Para este Sol

Desnudo

Calato, en el Perú

Arrimante

Él mismo

Arrimado a mi ventana

 

© Pedro Granados, 2022

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Clodomiro Moquete in memoriam

“De tanto quejarnos del aislamiento de la literatura dominicana en el Universo no se sabe quién envió a Pedro Granados, el poeta peruano, a Santo Domingo, por allá por los años 90 del siglo pasado. Granados se encandiló con la poesía y con la gente dominicana y se jodió para siempre, que está preso por la guardiemón” Clodomiro Moquete (Revista Vetas)

Y el amigo dominicano tuvo, tiene y tendrá  toda la razón.  Falleció ya hace días, aunque yo recién me entero.  Alguna vez acordamos reunirnos para platicar sobre una colaboración mía a Vetas, su revista cultural ya legendaria. Sin embargo, a menudo nos topábamos por las calles de la Zona Colonial de Santo Domingo; a las cuales, como pocos, él mismo les daba vida; es más, de algún modo recóndito, Clodomiro Moquete constituía su mismísimo holograma.  Perfil bajo, pero constante en su labor; más observador que conversador; derrotado, pero jamás vencido.  Vaya mi saludo y me perdone la tardanza; aunque estoy seguro que, como sucedía con su tenaz profesión de periodista, igual se ha de enterar.  P.G.

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La forma del confín/ Carlos Eduardo Quenaya

Se presenta este sábado 4 de junio, a las 7pm, en la librería-café VALLEJO de la Av. Camino Real (San Isidro).

Desde el 2008 (Elogio de otra vana invención) seguimos de cerca la poesía de Carlos Eduardo Quenaya (24 años en aquel entonces); allí decíamos  lo siguiente: “no escribe de antemano como peruano y ese es su primer y gran acierto, un peruano de utilería –progresista o reaccionaria– nos referimos; y más bien lo hace como un ser de otro planeta que, sólo por principio de analogía, está próximo a nosotros”.  Luego, al arribo de su segundo poemario: Los discutibles cuadernos (Lima: Praracaídas/ Tribal, 2012), nos reafirmábamos en nuestras palabras de aliento al joven poeta y filósofo peruano; “Canción”, llevaba por título uno de sus textos:

Procuro grabar aquí una canción parecida a la calma

que hay dentro del pozo. Una quietud de aguas y flores

negras, una sombra rota en miles de jirones, una voz de

mujer rebotando en las paredes, una forma que el tiem-

­po ha detenido y queda abierta. Una permanencia que

es como el corazón. Una estridencia, un resquicio, una

visión. Una alegría. Una espuma lenta cayendo sobre las

cosas que atestiguan que además de mí, el mundo eres

tú el bólido apagando y encendiendo cada día y cada

noche. Lo más negro y lo más hondo que es apenas una

velita delante de tu cara.

Los discutibles cuadernos, a modo de una crítica a la poesía pura, a la poesía acabada o sin fracturas o, incluso, sin desniveles.  O crítica a la poesía, a secas. Boutade, palimpsestos, homenajes en sotto voce a poetas de pocas aunque hondas palabras (Rafael Cadenas, Eielson, Luis Hernández).

De modo complementario, toda crítica a la razón poética, y acaso de modo muy particular en América Latina, es también una crítica cultural.  Y, así sucesivamente, una crítica de la educación, una crítica política y, paulatina aunque  cada vez más enfática en la poesía de nuestro autor, una crítica ontológica.  Desde que, y sin entrar en detalles, por ejemplo para Heidegger el mundo que encontramos sería pre-interpretativo:

“A ti no te gusta cómo nos lame la luz. En el viento arden pestañas devorando la órbita que secuestró la magia”

En algún lado Quenaya ha declarado, asimismo, que sus versos: “Son un recordatorio radical de la escritura como un acto del cuerpo”

Hoy, en La forma del confín (2020), donde: “Jeringa patalea frente a la noche que abastece la complejidad”.  Se trata de nuestro Niño Goyito (aquí “Jeringa”, en tanto lúdico protagonista de todo el presente poemario), el cual ahora enrumba decidido, ¿desde el Perú, desde Arequipa?, hacia el vastísimo espacio ontergaláctico.  De modo previo –tratándose de un relato  “de costumbres”–, su “peruanidad” o su “humanidad” y, con ello, el mismo “Jeringa” (Niño Goyito) viajan reducidos y confinados a un “grumo”.  Aleación  de insumos básicos, este último.  Radical materialidad que torna equivalentes, y no sólo análogos, tanto desechos y secreciones como los más atesorados recuerdos: “el torcido lomo de lo íntimo”.  Goyito entonces, en un embate no exento de sátira e incluso auto-ironía, emprendiendo este definitivo viaje: ¿Ulises de regreso al útero materno?; o, lo que pareciera constituir aquí algo semejante: ¿al reencuentro del tacto?

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