I
Oscuro arranque profundo
Se trasmuta en balbuceo
De un hombre que es una roca,
Trozo aún de serranía.
¿Borrador de las entrañas?
No. Pujando hacia una luz
De cárdena violencia
Concluye el gemido en canto:
De la desesperación
Ya surgiendo la esperanza.
II
Mineral milenario con su carne
Padece, criatura desvalida
Que exige, siempre en alta voz paterna,
Relación hermanada entre las muchas,
Continuidad ingente en gran historia
Por tierras paralelas a los cielos
Que presiden y alumbran: luz-espíritu.
Jorge Guillén (escrito expresamente para la edición de España en el corazón, J. Vélez-A.Merino, Editorial Fundamentos, 1982)
El Espíritu: La abstracción contra la encarnación
Jorge Guillén: El espíritu es conciencia pura. Una inteligencia que ordena el caos y lo convierte en “Cántico”. Es un espíritu que trasciende a través de la claridad y la geometría del pensamiento.
César Vallejo: El espíritu es encarnación. No hay división entre el alma y el hueso. Su pensamiento es “simétrico” porque no busca una abstracción ideal, sino que el espíritu se manifiesta en el espasmo, en la contradicción y en el amor humano más concreto.
El “Archipiélago” y la Simetría
Desde la perspectiva de nuestro trabajo sobre el pensamiento simétrico, esta comparativa es clave: Mientras que Guillén busca una simetría de orden y equilibrio (el espíritu domina la materia), Vallejo propone una simetría de tensión. En Vallejo, el mineral, el animal y el espíritu no son jerarquías, sino fuerzas que colisionan y se integran en una unidad fragmentada (el archipiélago). P.G.


