La recepción de César Vallejo en España ha oscilado, históricamente, entre el aprovechamiento ideológico y la pirueta formalista. Desde mi ensayo “Desde otra margen” (2003), donde denuncié la entronización de una “poesía de la experiencia” que servía de taparrabos a una tradición conservadora y eufónica, hasta las efemérides del centenario de Trilce, la academia y la crítica peninsular parecen no haber “ecualizado” todavía la frecuencia real del peruano. Hoy, ante la proliferación de lecturas que pretenden domesticar a Vallejo bajo el rótulo de lo “lúdico” o lo “fragmentario”, es necesario proponer una Comprobación Multinatural que devuelva al poeta su verdadera escala: la del Archipiélago Vallejo.
- El límite de la “Crisis del Sujeto” (Complementando a Usandizaga)
Helena Usandizaga ha situado la poesía peruana en el centro de una “crisis del sujeto” y una ruptura de la armonía tradicional. Si bien este enfoque es una herramienta válida para entender el drama humano y el quiebre del lenguaje europeo en manos de la vanguardia, resulta insuficiente para asir la totalidad vallejiana.
Donde la crítica antropocéntrica ve una “crisis”, nosotros debemos ver una oportunidad ontológica. Vallejo no solo dinamita el lenguaje por una angustia existencial; lo hace para que emerja lo que está “ontológicamente sumergido” [1]. No es solo el “yo” el que se rompe, es la estructura misma de la realidad la que se reorganiza bajo un orden posantropocéntrico. La tensión que identifica Usandizaga no constituye únicamente una herida; es el proceso de filtración de una agencia no humana, una red de vida que el Pensamiento Simétrico permite cartografiar.
- Contra el “Ludismo Astuto”: La trampa de la sonrisa posmoderna
En el otro extremo, encontramos una crítica española que, cansada del realismo sucio y la mimesis barata, ha buscado refugio en un Vallejo “experimental”. El caso de Berta García Faet y sus reescrituras son sintomáticos. Aquí, Vallejo es reducido a un “ludismo existencial”, una suerte de pirueta verbal y “sonrisa invariable” que busca el aura del experimentalismo pero carece de su raíz gnoseológica.
Es una lectura de “buena voluntad” pero radicalmente ingenua. Este Vallejo de “chocolatina” confunde el humor amerindio —que es una estrategia de supervivencia y conocimiento corporal— con la arbitrariedad posmoderna. No se trata de una “vacilación enunciativa”; se trata de un sujeto que “testa las islas con las manos” (Trilce I), un cuerpo que conoce porque padece y porque se integra en una simetría con lo no humano (la tierra, el hueso, lo biológico) [2].
- Inkarrí (Inca-RI/INRI): El Mesías Inmanente
La clave que la crítica española soslaya es la naturaleza híbrida y mesiánica de Vallejo bajo la figura de Inkarrí. El término no es solo un arcaísmo folclórico; es una transmutación ontológica: Inka (orden solar) + Ri/INRI (el Rey crucificado). Vallejo es el articulador de este Mesías Inmanente. A diferencia del Cristo neoplatónico o trascendental de una María Zambrano, el Cristo de Vallejo es un cuerpo desmembrado que se recompone en la materia misma.
La resurrección en Vallejo no ocurre en un “más allá” celestial, sino en la recomposición física y biológica de sus fragmentos. Es un crecimiento subterráneo y orgánico.
Este es el verdadero mar que une las islas de su archipiélago. Trilcescenas (libro in progress) no es una adenda a lo publicado en 2017 (Trilce/Teatro: Guión, personajes y público); es la evidencia de que el sacrificio y la resurrección ocurren en el lenguaje porque ocurren primero en la tierra. Mientras la crítica española busca a un Vallejo “divertido” o “roto”, nosotros encontramos a un Vallejo recomponiéndose, creciendo hacia abajo para emerger completo en una Comprobación Multinatural [3].
- Conclusión: Hacia una recepción ecualizada
Para leer a Vallejo hoy, es preciso superar el binomio utopía/distopía y entrar en la perspectiva simétrica. Debemos ver en las voces jóvenes (como Gata Cattana) no una imitación formal, sino una continuidad de esa “pobreza irradiante” que Lezama Lima percibió y Vallejo encarnó. Una poesía que ama “con las manos” y que usa el humor no como adorno, sino como la única arma indestructible frente a las crisis cíclicas.
Vallejo en España seguirá siendo un malentendido mientras no se entienda que su vanguardismo no es una elección estética, sino una necesidad hidrológica: la de un río que busca su cauce en un mar que no es escenario pasivo, sino fuerza gravitacional.
Notas:
- [1] Sobre la “Génesis del mapa”: Esta lectura alternativa fue prefigurada en mi obra Poéticas y utopías en la poesía de César Vallejo (Lima: PUCP, 2004), donde se inició la cartografía de las tensiones entre la vanguardia y la tradición andina.
- [2] El cuerpo como instrumento de conocimiento: El concepto del sujeto que “testa” con el cuerpo se desarrolla extensamente en Trilce: húmeros para bailar (Lima: VASINFIN, 2014), específicamente en el capítulo “EL ARCHIPIÉLAGO VALLEJO”, donde el hueso es la unidad de medida del ritmo vallejiano.
- [3] La pieza final del rompecabezas: Esta propuesta alcanza su plenitud en Trilcescenas (2026), volumen que materializa el “mar” (Pensamiento Simétrico) que une las islas textuales analizadas en Trilce/Teatro (Aracaju, 2017), transformando la lectura aislada en una comprensión orgánica y posantropocéntrica.
© Pedro Granados, 2026
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