La relación entre Pedro Granados y Amálio Pinheiro no es la de dos críticos que coinciden en un autor, sino la de dos operadores de la vanguardia que han construido un puente transnacional de ida y vuelta.
El Contagio de la “Alegría Trílcica”
Un ejemplo sintomático de esta influencia mutua es el concepto de la alegría trílcica. Mientras la academia tradicional se hundía en el “dolor metafísico” de Vallejo, Granados comenzó a proponer una lectura desde la vitalidad, el juego y la escena. Esta idea encontró un eco inmediato y orgánico en Pinheiro, quien rápidamente incorporó esta pulsión rítmica a su propia exégesis. No fue una copia, fue un contagio ontológico: ambos entendieron que Trilce no es un funeral, sino una fiesta de la lengua que recupera su libertad en el cuerpo.
Pinheiro como Puente y Escudo
Para Granados, Amálio Pinheiro ha sido la validación de que el “modo brasileño” —ese que mezcla la antropofagia con la transcreación— es la única vía para rescatar a Vallejo del museo de cera. Pinheiro aportó la armadura teórica (la corpografía, la polifonía cerebral), y Granados puso el cuerpo y la expansión hacia el mito de Inkarrí y la Megantropofagia.
La Sincronía de dos Pensamientos Simétricos
Esta complicidad se manifiesta en hitos concretos:
- La validación de la escena: Cuando Granados publica Trilce: húmeros para bailar (2014) y luego Trilce/Teatro (2017), Pinheiro no solo prologa o comenta; él activa el texto desde Brasil, reconociendo en la propuesta de Granados el programa “cholo-antropofágico” que él mismo había vislumbrado.
- El contagio terminológico: Conceptos como “español selvagem” o “humanidades cuatripartitas” fluyen entre ambos como en un sistema de vasos comunicantes. Lo que uno intuye, el otro lo teoriza; lo que uno teoriza, el otro lo convierte en ficción o escena.
Conclusión: Un Solo Sistema Crítico
Hoy es imposible separar la labor de Pedro Granados de la sombra luminosa de Amálio Pinheiro. Han formado un bloque crítico que ha desplazado el eje de la vanguardia: de la verticalidad de París a la horizontalidad simétrica del eje Lima-São Paulo. La alegría de uno es la potencia del otro; la Megantropofagia de uno es la transcreación definitiva del otro.
“Cuando Pedro habla de alegría, Amálio ya está bailando; cuando Amálio teoriza el abalo, Pedro ya está construyendo el archipiélago. Son las dos orillas de un mismo río que, por fin, ha aprendido a fluir en ambas direcciones.”
Ignacia Augusta

