12/03/24: Dos poemas de Alan Smith Soto
Tino (Villanueva), Alan y Pedro (el mismo) en Jamaica Pond
Orilla
Escribo siempre de este lado del mar
cuento con ese margen
su antes que nada
su después de todo
y cómo en la distancia
me veo obligado a desear
esta distancia.
En vista de los hechos
Arden los leños, grata compañía
al amor de la lumbre
en esta noche casi de febrero;
y no hay razón para perder la fe
al apagarse la brasa con un guiño.
Amor y muerte,
¿quién sabe cual el martillo y cual el yunque
que de la hoja forjan su sentido?
11/03/24: EL VIENTO LEVE
Un ramalazo lunar hasta el día
Un brinco felino de la noche a pleno sol
Es de esto de lo que trata el poema
11/03/24: Poéticas y utopías en la poesía de César Vallejo
Pedro Granados, Poéticas y utopías en la poesìa de César Vallejo (México: BUAP, 2004)
https://www.academia.edu/229588/Po%C3%A9ticas_y_utop%C3%ADas_en_la_poes%C3%ADa_de_C%C3%A9sar_Vallejo?email_work_card=thumbnail&li=0
Originalmente, tesis de PhD para Boston University (2003), aquí nació todo. De un modo intuitivo tanto como analítico; es decir, los numerosos estudios que vendrían después y que nos han perfilado como un lector que cultiva un Vallejo simétrico. Aunque la edición de Lima (Fondo editorial PUCP, 2004) hace tiempo se agotó –y la simultánea edición mexicana (la de la foto) sólo circuló unos días y, luego de cumplirse el requisito de su publicación, pasó a los sótanos de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla–, nuestro trabajo no ha sido leído y meditado lo suficiente; continúa siendo un libro que vendrá.
10/03/24: Masculino/ femenino en “Nostalgias imperiales” de Los heraldos negros
Aunque el tratamiento utópico de la mujer o de lo femenino va a tener su eclosión en la poesía póstuma de César Vallejo, particularmente en España, aparta de mí este cáliz. Sin embargo, consideramos que aquello ya es percibible –de modo simultáneo y paralelo a otros matices de lo femenino en esta etapa de la poesía del peruano– desde 1918, año de la publicación de Los heraldos negros. Es decir, desde muy temprano se iría optando por lo femenino frente a lo masculino (en tanto orden simbólico, político o cultural, y no tanto sexual) como un recurso metafórico para señalar y convocar sobre todo la esperanza. Al respecto, y a manera de ejemplo, leamos un poema del apartado “Nostalgias imperiales”; aquel denominado “Oración del camino”:
Ni sé para quién es esta amargura!
Oh, Sol, llévala tú que estás muriendo,
y cuelga, como un Cristo ensangrentado,
mi bohemio dolor sobre su pecho.
5 El valle es de oro amargo,
Y el trago es largo… largo…
Oyes? Regaña una guitarra. Calla!
Es tu raza, la pobre viejecita
que al saber que eres huésped y que te odian,
10 se hinca la faz con una roncha lila.
El valle es de oro amargo,
Y el trago es largo… largo…
Azulea el camino; ladra el río…
Baja esa frente sudorosa y fría,
15 fiera y deforme. Cae el pomo roto
de una espada humanicida!
Y en el mómico valle de oro santo,
la brasa de sudor se apaga en llanto!
Queda un olor de tiempo abonado de versos,
20 para brotes de mármoles consagrados que hereden
la aurífera canción
de la alondra que se pudre en mi corazón!
Tenemos aquí un «Oh, Sol […] muriendo» (v. 2), el típico crepúsculo de Los heraldos negros, tanto como un yo poético cuyo «corazón» sirve de sepultura a una «aurífera canción […] que se pudre» (vv. 21-22). También tenemos una «raza» del «Sol» (v. 8) ahora «huésped» y odiada (v. 9), vinculada, asimismo, a un específico paisaje y comunidad: «valle de oro amargo» (v. 11), «mómico valle de oro santo» (v. 17). Por tanto, el conjunto que forman la comunidad, la «raza», el propio yo poético y, por supuesto, «la canción aurífera de la alondra» se halla momificado, enterrado. Este conjunto solo resucita –tal como el Lázaro bíblico– a través de una canción («Oyes? Regaña una guitarra. Calla!/ Es tu raza», vv. 7-8) o de una tradición oral: «Queda un olor de tiempo abonado de versos» (19) que el poema contrasta muy claramente con lo canonizado, escrito, puesto sobre una lápida, enterrado definitivamente: «para brotes de mármoles consagrados que hereden/ la aurífera canción» (vv. 20-21).
Asimismo, pareciera estar ímplícito el sincretismo. El Sol está subordinado al Dios (Padre) cristiano, y el «bohemio dolor» del yo poético es equiparable a un «Cristo ensangrentado»; así lo leemos en estos primeros endecasílabos: «Ni sé para quién es esta amargura!/ Oh, Sol, llévala tú que estás muriendo,/ y cuelga, como un Cristo ensangrentado,/ mi bohemio dolor sobre su pecho» (vv. 1-4). El posesivo, puesto en cursivas, alude a otra persona gramatical que no es el «Sol» ni «Cristo» ni el propio yo poético; alguien que no está «muriendo» ni «ensangrentado» y no padece el «dolor», y que gracias a la vinculación semántica con su hijo que murió en la cruz, suponemos que se trata del Dios creador judeo-cristiano. En todo caso, en este poema el «Sol» es mero vehículo o puente y no tiene verdadero poder; no es la persona o agente decisivo, definitivo. Obviamente, queda abierta la posibilidad de que tanto Cristo (aquí «ensangrentado», pero después, sabemos, glorificado) como el yo poético (y con él «la aurífera canción», y todo lo demás) resuciten. Sin embargo, lo más cercano o análogo, en lo que va de nuestro análisis, a un Inkarry en franca función de resurrección es aquella «¡oh nueva madre mía!» del poema «Nervazón de angustia» perteneciente a «Plafones ágiles». Tanto que nos animaríamos a distinguir entre un Inkarry masculino –lejano, pasivo o derrotado– y un Inkarry femenino activo o en nítida función de futuro.
Poéticas y utopías en la poesía de César Vallejo (Lima: Fondo editorial PUCP, 2004) pp. 46-47.
09/03/24: Colectivè Indignxs: Memes de poesía peruana ultracontemporánea
Página que constituye continuación, entre otras con semejante talante que se han venido sucediendo en los últimos años en el Perú, más light y juvenil en comparación con la malévola y desenfadada Puerto el Hueco; a la que dedicamos un recuerdo:
Se cumplen casi quince años sin “PUERTO EL HUECO” (2006-2011), alimentado por el incognito y más bien odiado Dintilako. Fue un blog carnavalizador –por arbitrario, provocador y, no pocas veces, también honda o místicamente acertado– de la literatura peruana de los últimos años. Arremetía, sobre todo, contra las argollas; quizá contra lo que Georgette de Vallejo denominó alguna vez “hampa letrada”. Lo suyo abordaba el tema serio, pero su tratamiento del asunto resultaba más bien desopilante. Aunque aquello que convertía al blog en algo excesivo e incluso de mal gusto era, sobre todo, el doble continuado de comentarios anónimos que cobijaba; lo cual, a la larga, acaso provocó su clausura. Conectado a la vieja tradición –ya desde nuestra Colonia– de lo satírico y el libelo; supo sin embargo conectar aquello al lenguaje de la Internet: textos breves e imágenes de por sí harto elocuentes. Para un lector extranjero, PUERTO EL HUECO, constituirá un artefacto literario postmoderno en sí mismo; entre el kitsch, la novela negra y la crítica postbarrial. Para los peruanos, algo que de modo inquietante reflejaba nuestra actualidad literaria y, obvio, también una porcion de nosotros mismos. Se deja extrañar.
Colectivè Indignxs: Memes de poesía peruana ultracontemporánea, en cambio, a contrapelo de PUERTO EL HUECO, tiene sus anclas o corazoncitos (como el de la captura de pantalla de allá arrriba); junto a otros que podrían ser Eielson, Varela, Luis Hernández o incluso HZ, ¿nos equivocamos? Ojalá sea así, aunque todo parecería indicar lo contrario; es decir, otra página más desde el cultivo de una lectura urbana, desmemoriada, inmediatista, en apariencia chistosa y, de modo penúltimo, políticamente ultra correcta. P.G.
09/03/24: ¿“Think different”?
Fui a tus poemas y me decepcionaron, eres un poeta incluso más joven de lo que correspondería a tu edad. Y esto me permite comprobar que Brown o cualquier otra “buena” universidad norteamericana busca asexuados, seres perdidos entre los conceptos, peces que mordieron el anzuelo de la ética made in, chicos pulcros de corazón a la medida de Obama, aunque sólo cuando se halla ante el público. El encuadre para intelectuales, poetas o no, son las hojuelas de maíz; algo dulzón y saludable que asegure, con mucha lástima de las mismas, que no vayan a seducir a nuestras hijas. Ice creem love y ice creem pensamiento y ice creem ciudadanía y una muerte –jamás una previa agonía- también de heladito inocente. Esto a nivel glocal; a nivel únicamente local es un poco otra historia, la del provincianismo más obsceno. P.G.
(En mi 69 cumpleaños)
07/03/24: “Huaco” y ciudadanía en Los heraldos negros
Conferencia, con igual tìtulo, brindada ayer (6 de marzo) en el ICPNA de Chiclayo (Perú) por invitación del Círculo de Estudios Lingüísticos y Literarios, “Luis Hernán Ramírez”, de la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo.
https://www.academia.edu/115933426/_Huaco_y_ciudadan%C3%ADa_en_Los_heraldos_negros
06/03/24: VASINFIN: HITOS DE ESTUDIO Y LÍNEAS DE INVESTIGACIÓN
Anunciamos una nueva etapa o seguda época de VASINFIN (con nuevo logo). Esta vez administramos la página junto al filósofo y poeta Carlos Quenaya, y va por FaceBook. Lo que sigue constituye un apretado resumen de lo que hemos ido haciendo en todos estos años, bueno, desde 2010 en que se inició aquel blog con la publicación de un plan de investigación denominado “Trilce y la marinera limeña” y , sin duda pretencioso, un estado de la cuestión: “Estado de la crítica vallejiana“. Entre, puntuales y breves, abundantes reseñas de las publicaciones en el área del vallejismo local e internacional. Asimismo, publicamos o co-editamos algunos libros y dossiers: Trilce: húmeros para bailar (Lima: VASINFIN, 2014); !Fozi lady! (Trad. Bruno Melo Martins) (Foz do Iguaçu, Brasil: Guardanapo/ VASINFIN, 2014); Sien en Trilce (Dossier 1922-2022) (Mar con soroche/VASINFIN, 2021); y Trilce 100 anos (CIRCULADÔ, Casa das Rosas, 2021). Finalmente, en este lapso, la perspectiva de trabajo de VASINFIN resultó relevante para la traducción de Trilce, al italiano, por parte de Lorenzo Mari (Editorial Argo, 2021). Y, por ùltimo,, para nuestra enorme satisfacción, el 2022 nos extendimos al Brasil donde, bajo la dirección del colega Amálio Pinheiro, y en el marco de su Grupo de Pesquisa “Barroco, Oralidades e Mestiçagem” (COS-PUCSP-Brasil), se creó AME (Arquipélagos Mestiços). Y esperamos, en esta nueva etapa, continuar ampliando lazos y complicidades académicas con el mundo entero.
HITO UNO
Haber demostrado en mi tesis para Boston University (2003), Poéticas y utopías en la poesía de César Vallejo (Lima: Fondo editorial PUCP, 2004), y en específico en su Cap. 1: “La poética de la inclusión”, analizando las cadenas o planos nominales relevantes–sustantivos y adjetivos– y echando mano de las teorías de Gaston Bachelard y Claude Levi-Strauss, que Los heraldos negros (1918) son dos libros en uno:
“Al recorrer cada uno de sus textos comprobamos que la unidad en Vallejo no es un dígito sino una situación: la inclusión de uno en el otro; es decir, la unidad nunca está sola, la unidad por lo menos son dos, algo así como un núcleo y su protoplasma en el esquema de la célula. De este modo, este libro de poemas también son dos poemarios. El primero es el explícito y que figura como título del volumen de 1918, al que vamos a denominar texto A; el segundo, inferido del anterior, ‘Los heraldos blancos’, al que denominaremos texto B”
Esta perspectiva de análisis hacía franqueable y explicable el paso –en apariencia para la crítica, más allá de la estilística o de la interxtualidad, literalmente en el vacío– que había del poemario de 1918 a Trilce (1922). Ya que era precisamente en este último donde se constituía dominante y plena la cadena nominal denominada “Los heraldos blancos”, de rol más bien subalterno en el poemario de 1918. Al respecto, acierta la estudiosa peruana Angélica Serna, cuando apunta sobre nuestro trabajo: “Se trata de un camino planteado por Granados para encontrar el principio de construcción y de lectura de la propuesta poética del autor de Trilce”. Aunque, no acierta menos Alicia Borinsky cuando recalca sobre el mismo: “Es un libro que busca precisión sin dogmatismo, claridad sin simplificaciones […] Con sensibilidad y oficio de poeta, Granados propone una visión y una trayectoria a la vez analítica e intuitiva” (2004).
Asimismo, otro hito fundamental de nuestra tesis fue su Cap. 2: “La poética de la circularidad: El mar y los números en Trilce”. Intentamos demostrar aquí que este poemario describe un viaje que tiene en el escenario marino su lugar de partida (Trilce I) y de llegada (Trilce LXXVII), circularidad temática que, según nuestra hipótesis, no hacía otra cosa que reflejar la relevancia del ícono “0” (vocal, círculo o cero) tanto en la estructura del libro como en la mayoría de sus imágenes más relevantes y símbolos reiterativos (los números), aunque ahora no a través de su estatismo –como “charco” o “tumba” de Los Heraldos negros– sino a través de su dinamismo y la constante mudanza en su perfil icónico; es decir, el “0” observado desde otra perspectiva puede ser 1, y viceversa. En otras palabras, en este capítulo nos avocamos a la adecuación de una lógica radial y metamorfoseante para entender el cambio y proliferación numérica, y lo que esta última significa en Trilce. De este modo es que encontramos una relación bastante motivada entre los números y el mar –asunto destacado, por ejemplo, por la profesora húngara Gabriella Menczel–; más, también, entre lo no divisible o no fragmentable y la lluvia. El poemario de 1922, en cuanto marino, es un relato que se fragmenta en personajes, de los cuales los números son sus símbolos; aunque, en cuanto lluvioso, es lo no fragmentado, aunque efímero, y que basta con su sola presencia. Por lo tanto, frente al relato de raigambre marina –documentado desde la antigüedad–, el relato de la lluvia es aún virtual –viaje desconocido–, y en este sentido es que en Trilce subyacería también, finalmente, una utopía de la verticalidad. Trilce, entonces, parecería obedecer a una lógica multiradial y ternaria, pero donde el ‘Tres’ no alude tanto a los números como a las dimensiones puestas en juego; esta es la manera por la cual este poemario se torna tridimensional, recrea con el lenguaje un paisaje en movimiento, todo el itinerario cinético de un viaje, del primero al último poema del libro.
Por último, también en nuestra tesis se vislumbraban desarrollos que se concretaron en estudios de más o menos diez años después. Me refiero a lo que insinuaba y prometía el Cap. 3: “La poética del nuevo origen”: A) La piedra fecundable de los poemas de París (Poemas Póstumos I); B) La piedra fecundada de España, aparta de mí este cáliz (Poemas Póstumos II). En los Poemas Póstumos I fue patente que los números reducían su paradigma al UNO y al DOS. El aliento de los versos era mayor tratando, a su vez, de encontrar desde ya un héroe para un gran fresco (ejemplo, los “niños” o la “Sierra de mi Perú”). Asimismo, constatamos que un culto solar se tocaba con el culto marino (mariano) de antes; que ahora al 0 de Trilce lo definía mejor esta confluencia (marino-solar) y que, además, aquel dígito de alguna manera se corporeizaba en forma de piedra. En general, sin embargo, los “Poemas Póstumos I” eran una indagación sobre el universo que obedecía todavía a un proyecto ilustrado o iluminista (semejante al Canto general de Pablo Neruda) ya que intentaba clasificar y articular todo bajo la estructura de un gran árbol, símbolo logo-falocéntrico de primer orden, aunque con la atingencia de que el árbol también representa simbólicamente la unión de los opuestos; sinónimo de convergencia ideal que mutó –siguiendo la irresistible atracción del cero o del círculo (0) en esta poesía– y se perfeccionó en la piedra de los Poemas póstumos II. Colección, esta última, donde literalmente todo queda incluido: tiempo (pasado, presente, futuro), espacio (macrocosmos y microcosmos), géneros (masculino y femenino), lenguaje (simbólico-icónico y oral), voces, realidad y mito.
HITO DOS
Lo constituye, por sí solo, nuestro ensayo “Trilce: muletilla del canto y adorno del baile de jarana” (2007); al cual podría enmarcar las siguientes palabras de Armando Almánzar Botello: “Me recuerda al que realizaron Deleuze y Guattari con Kafka en Por una literatura menor, para demoler el mito de éste como personaje simplemente depresivo, sin vitalidad y ajeno a la vida cotidiana”. Allí, en síntesis, sosteníamos: “Creemos que Trilce [en tanto letra, ritmo y coreografía, a un tiempo] nos invita a pensar que la suerte de los indígenas –la sierra de su Perú– no fue la única que desveló a César Vallejo, sino que el mestizaje y modernización de Lima también coparon su interés; muy en particular la presencia y rol de lo afroperuano”. Es decir, nuestro punto de vista crítico ha girado de lo formal a lo coyuntural, cultural y político; ya no se trata sólo, aunque haya sido imprescindible, de intentar elevar la maqueta multidimensional del libro de 1922. Ahora hallamos a César Vallejo, en Lima, como testigo de su modernización; y militante de una democracia perfectible y, no menos, más acorde con la realidad multicultural del Perú. Tal como resume el filósofo Carlos Quenaya: “Granados se propone, ni más ni menos, que leer Trilce en clave de marinera limeña, es decir, desde el contexto de la modernización de Lima (años 20) y la gravitación de la clase proletaria… en específico desde la quinta o el callejón donde los obreros (…) celebraban la vida con aquel ritmo de raíz afro-peruana” (2010). Cabe añadir que en este trabajo procedimos a la manera de Paul Zumthor, aunque sin todavía haberlo leído; es decir, tratamos Trilce XXXVII a manera de un archivo de glosolalias culturales que, una vez pasadas por el tamiz del análisis y puestas en contexto, rescataron una memoria y recrearon un escenario social, cultural y político.
HITO TRES
José Amálio Pinheiro, eminente vallejólogo brasileño, escribe en el Prólogo a nuestro Trilce: húmeros para bailar: “De este modo se ponen en acción y presencia, a través de glosolalias y mezclas rítmico-poéticas contenidas en el papel […] aquello que una maniatada crítica no consigue ver: los aspectos gozosamente múltiples y variantes de una cultura indio-mulata que no se explica por los dualismos occidentalizantes (interno y externo, cultura y naturaleza, signo y referente) canónicos y aún en boga. Trilce (todas esas aves hablando dentro de la boca) sería el espacio mítico de máxima concentración y contracción sintácticas de ese exceso metonímico en que, ‘a modo de un indigenismo minimalista incluyente’, no se produce sentido, más sí un territorio de posibilidades que enlaza las alteridades (mapeado por la tendencia de los pueblos amerindios a la incorporación barroquizante de lo exógeno asimétrico)”.
Es decir, este nuevo hito en nuestros estudios vallejianos se relaciona, por un lado, con el hecho de haber encontrado un consistente y persuasivo repertorio solar en el poemario de 1922 –es más, toda una acabada versión de Inkarrí que se adelanta en tres décadas a las primeras recolecciones del mito por Óscar Núñez del Prado y José María Arguedas a mediados de los años 50–. Las “Nostalgias imperiales” (Los heraldos negros) y su Trilce hasta, por ejemplo, su “Piedra cansada” (drama de 1937) serían un mismo mito expuesto por César Vallejo de modo minimalista, con la opacidad característica de la poesía y con vocación incluyente siempre. De lo afro-limeño, primero, y después de las etapas iluminista y revolucionaria de su experiencia europea: francesa y soviética, respectivamente. Por otro lado, y por lo menos desde “Trilce: muletilla del canto y adorno del baile de jarana”, se relaciona con la impronta de demostrar que Vallejo no empezó a pensar una vez que llegó a Europa; sino que lo hizo –y de modo muy articulado– ya desde el Perú. El problema es que para ventilar este pensamiento político-cultural del autor de Trilce no contamos tanto con el auxilio de sus crónicas, sino debemos atenernos sobre todo a su poesía; lo cual exige un empleo a fondo –sobre todo desprejuiciado y creativo– de parte de la crítica vallejiana en actividad.
Ahora, aquello que observa el dominicano Pedro Delgado Malagón: “Siempre me aproximé al poeta de Los Heraldos Negros bajo las nociones sombrías de José Carlos Mariátegui […] Confieso que fue en el libro de Granados (Trilce: húmeros para bailar) donde por primera vez leí una reflexión (cierta, sorprendentemente clara) acerca de la chispa y del humor que subyacen […] en esa oscura melopoeia permutante de la palabra/cadencia que aflora en Trilce”; tiene que ver –de modo íntimo– con el carácter del fragmento trilceano. El fragmento en Vallejo no es el cubista o el dadaísta –con su correlato de absurdo, vacío o destrucción– sino que, y sobre todo, encarna al mismo cuerpo de Inkarrí restituyéndose. Por lo tanto, el dolor en Trilce –y en general creemos en toda la poesía del peruano– es nada más que parte del todo. Diríamos que la mitad, aunque sin perder de vista en ningún momento que este mismo dolor se halla supeditado o envuelto en la lógica y dinámica de la restauración del cuerpo del Inca. Es por este motivo que, en última instancia, la poesía de César Vallejo es toda ella gozosa.
HITO CUATRO
“Trilce/ Teatro: guión, personajes y público” trata –una vez justificada, teórica, metodológica y contextualmente (Lima en los años 20 de siglo pasado)– sobre la lectura de Trilce de César Vallejo en tanto pieza teatral; desde pasar a identificar su guión o esquema de improvisación fragmentado: el mito de Inkarrí. Guión también con indicaciones espaciales y de performance para los distintos personajes de Trilce; sobre todo conceptos –andróginos– que seres de carne y hueso. Por último, nos avocamos aquí a indagar en uno de los públicos específicos con el que dialoga y toma distancia la obra: la revista Colónida (1916) y el Movimiento Colónida (Abraham Valdelomar); y, asimismo, con otro más amplio y no específico aunque siempre contemporáneo: nosotros mismos ahora.
Grosso modo, y tal como lo vislumbrábamos ya en el Cap. 3 de nuestra tesis de 2003 para Boston University; aquello de que en los Poemas de París I y II un culto solar se tocaba con el culto marino de Trilce. Ahora, vemos mucho mejor que a este poemario de 1922 también lo describe y define más profundamente esta confluencia (marino-solar). Que el sol y el mar (sol-mar), entre otros personajes, se hayan ambos a su aire y, en otro momento, activamente compenetrados. Y que “Trilce/Teatro” se juega su eficacia en propiciar la anagnórisis de un ritual simple y cotidiano –y no la “lejanía” de un mito ni propiamente la “promesa” de una utopía–. Por ejemplo, cómo el sol –a cierta hora del día– se vuelve anfibio; o cómo una ola del mar puede ser una “edición en pie,/ en su única hoja el anverso/ de cara al reverso” (Trilce LXIX). “Trilce/ Teatro” nos convida a participar activa e imaginativamente en este juego inagotable de intersecciones –y a la larga gratificaciones– que constituye desde ya nuestra cotidianidad. Con el añadido de que, en tanto su cronotopo es solar-andino, tiene un sesgo cultural específico y, no por ello, menos universal. En suma, Trilce/Teatro nos convida a constituir juntos un múltiple y complejo y multinatural “archipiélago”.
HITO CINCO
Lo constituyen ya varios artículos publicados en torno, y a favor, de una ciudadanía trílcica; por ejemplo, “Ciudad Trilce y ¿trilceanas ciudadanías?” (2020) o “Trilce: sujeto del acto” (2021). Ciudadanía trílcica que implicaría asumir, de modo simultáneo, cuatro nociones distintas y soberanas de las Humanidades; en tanto: Libros, Pueblos, Narrativas y Posantropocentrismo. Y asimismo, junto con ello, desnudar en nuestra lectura –no sólo ya de Trilce ni, tampoco, circunscrita sólo a la poesía — otras tantas retóricas que hemos motejado “sin nombre” (“Trilce – Tacora: Retóricas sin nombre”).
HITO SÉIS
Trilce no sería un poemario vanguardista, pero sí un manifiesto vanguardista; aunque diferente respecto a otros representados por distintos poetas o posturas críticas canónicas del tiempo y región de Vallejo (Huidobro, Borges, Antropofagia y Estridentismo-Infrarrealismo). Las Humanidades en su versión antropocéntrica (H1, H2 y H3) precisan ser auxiliadas y complementadas por una noción posantropocéntrica (H4) (Granados 2020) para que Trilce no sólo se lea, sino también se “manifieste” en su “beatitud” (Spinoza). Los versos y poemas del libro de 1922 ilustran los espacios de fuga entre el cuerpo desmembrado de Inkarrí y, de modo simultáneo, su proceso de reconstitución (Granados 2014). Trilce manifiesto (http://blog.pucp.edu.pe/blog/granadospj/wp-content/uploads/sites/97/2023/04/TRILCE.pdf).
HITO SIETE
“Vallejo y Barroco:Varrojo”. A diferencia de Ovidio y de Góngora, y de un arte de “parecer”, en Trilce no nos hallamos solamente ante la gravitación o atracción de un mito marino; sino, conjuntamente, de un mito solar amerindio (Inkarrí) el cual brinda un norte o dirección al poemario de 1922. Es decir, este último, hace cesar y otorga sentido (Escalas) a las incesantes metamorfosis (letra, canto, baile) en las que se halla comprometido el Barroco. De allí lo de “Varrojo”, en nuestro lema, o aquello que va hacia el rojo (Inkarrí). https://www.academia.edu/99284955/Vallejo_y_Barroco_Varrojo.
HITO OCHO (In progress)
“Faical y la poesía de César Vallejo: Otros modos de leer”. Se postula que los tan sugestivos motivos solares presentes en las pinturas rupestres de Faical (6,000 años) se reelaboran, asimismo, en la poesía vallejiana y post vallejiana; desde Los heraldos negros (2018), Trilce (1922) y, muy en particular, en “Cuneiformes” (Escalas melografiadas, 2023). Lugares donde se ensaya un tratamiento simétrico o multinaturalista de la realidad muy semejante a los que elaboran aquellas pinturas rupestres. Vallejo y Faical, desde el presente, demandándonos una “sensibilidad nueva” o un modo nuevo de leerlos. Legado, asimismo, acaso pendiente de asumirlo en cuanto ciudadanos; pero del cual ya se ha percatado la crítica reciente (Lévi-Strauss, Paternosto) y, antes que ésta, aquel “Cholo” universal.
©Pedro Granados, 2024
05/03/24: Epigramas recientes
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El mío-tuyo del cantar de las gaviotas.
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-La web me puso nuevamente por delante uno de los posts que me dedicaste en tu blog en 2020 y quise tener noticias tuyas. Espero que estés bien.
-Estoy bien; pero estaría mejor con algunos chavos extras. La literatura dominicana me tiene absolutamente abandonado; aunque yo no a ella. Cuídate.
-Debes actualizarte, pues hace por lo menos veinte años que la literatura dominicana no existe. ¡Abrazos!
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Marcianos de Pisco
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Por un 2024 sin políticos ni policías ni poetas
O, por lo regular, alguna mezcla entre ellos
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¿El huaco es Dios?
(Matías, niño de 3 años)










