TRILCE MANIFIESTO

Trilce no sería un poemario vanguardista, pero sí un manifiesto vanguardista; aunque diferente respecto a otros representados por distintos poetas o posturas críticas canónicas del tiempo y región de Vallejo (Huidobro, Borges, Antropofagia y Estridentismo-Infrarrealismo). Las Humanidades en su versión antropocéntrica (H1, H2 y H3) precisan ser auxiliadas y complementadas por una noción posantropocéntrica (H4) (Granados 2020) para que Trilce no sólo se lea, sino también se “manifieste” en su “beatitud” (Spinoza). Los versos y poemas del libro de 1922 ilustran los espacios de fuga entre el cuerpo desmembrado de Inkarrí y, de modo simultáneo, su proceso de reconstitución (Granados 2014).

Ilustración de la portada por Norka Uribe.

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SOLOGUREN en Amazon

Leíamos a Javier Sologuren desde el colegio; la sensación que siempre se nos quedó a través de sus versos fue la de discreta intimidad, levedad y sutileza. Ya en los años universitarios nos llamó la atención la rigurosa arquitectura de sus poemas, su encauzado caudal, que, según hemos averiguado con el poeta, no obedecen a un trazado previo sino a la irrupción instantánea de un sueño resoñado, de un texto gestado largamente en lo oculto. Del mismo modo nos cautivaban su poderosa visualidad. De alguna manera, arquitectura y visualidad iban juntas refinándose, apuntando hacia una totalidad, desechando excesivas apoyaturas (sonoridad, signos de puntuación, figuras retóricas). Nos propusimos entonces algo que ahora daremos a luz, intentar dar cuenta de la coherencia y armonía de esa fanopea , de los pilares que sostenían dicha arquitectura. Incandescentes ideogramas, esta última, o discreto vocabulario el cual, hoy por hoy, podemos conectarlo a una mediación conceptual de corte multinaturalista; a un modo de pensar “amerindio” que surge desde la urbe moderna. P.G.

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“Pura y no bulto”: Poesía dominicana s.XX-s.XXI

“Creo que es este un libro que amerita una lectura pausada, porque es un esfuerzo genuino de un investigador literario [Pedro Granados], académico, que ha puesto sus ojos y oídos en la producción literaria dominicana, a la vez que refuerza una mirada nueva de esta poesía desde afuera (como lo hicieran Baeza Flores, Manuel Ugarte, María Prosdocimi de Rivera y otros)”. Miguel Ángel Fornerín

Difícil sería concebir para un lector una mejor manera de viajar a las voces de la República Dominicana, y demorarse allí, que escuchar estos registros y tonos aleccionado por la sensibilidad finísima y el hondo conocimiento de Pedro Granados. A este periplo extraordinario les invito. Alan E. Smith

Imagen de la portada por FrankEtienne

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ESTANCIAS AMERINDIAS: VALLEJO, ADÁN, EIELSON-SOLOGUREN Y OTROS (Mini curso)

Auto figuraciones amerindias en el contexto de la migración y la interculturalidad

Aquello de auto figuraciones alude, sobre todo, a anagnórisis o, también, a deseo.  Estos poetas, representantes de la poesía peruana letrada-culta o experimental-vanguardista canónica del siglo pasado, las encarnan todos ellos en sus respectivas obras.  Viajeros sin excepción, incluido aquí el supuesto “exilio” predominantemente interior de Martín Adán (Lauer), a pesar de su clase social o el color de piel o de sus simpatías u oscilaciones políticas, repararon en que escribían en tanto mediadores amerindios o, aunque con premeditada opacidad en el montaje, aquello constituyó una suerte de autodeterminación ontológica.   ¿Por qué empezamos con César Vallejo?  Porque este autor representa, no sólo en el Perú sino en toda nuestra región, este discreto giro ontológico por excelencia.

Contenido en cuatro sesiones:

César Vallejo: Muros melografiados

Martín Adán: “En la azotea”

El (des) nudo en la poesía de J. E. Eielson – Estancias de J. Sologuren (Nueva visita)

De los indigenismos a las opacidades:  Magdalena Chocano. Vladimir Herrera, Rocío Castro Morgado y Juan de la Fuente Umetsu.

 

Contacto: vasinfin@gmail.com

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INKARRÍ en Amazon

Inkarrí, el libro que presentamos, viene a completar una saga formada por Roxosol (2018), La mirada (2020) y Amerindios (2020). Cuatro libros que tal vez constituyan un punto de llegada del trabajo poético e intelectual de Pedro Granados. La poesía manifiestamente aquí es una aventura intelectual en la misma medida en que la labor intelectual es una aventura poética. Vale la pena hacer el énfasis en esta dimensión de la inteligencia llevada a la poesía porque esta puesta en práctica del pensamiento es señal de algo mucho más tangible y provocador: la animalidad de quien escribe. Las ideas y los conceptos a los que nos podrían remitir los libros de Pedro Granados no son prerrogativa de los seres humanos y, por eso mismo, no pertenecen estrictamente al campo humanístico. Lo intelectual en estas páginas adquiere un significado nuevo.
La escritura poética actúa como un disolvente de las tradicionales jerarquías y oposiciones que nos orientan en el mundo. Un crimen ejecutado de manera gozosa sobre el que escribe, según afirma el poema. ¿Quién es, entonces, ese yo poético que piensa parsimonioso y concentrado tras las líneas que leemos? No, desde luego, el de la duda cartesiana, seguro de su propia identidad pensante. Tampoco el cuerpo codificado de nuestros días, inevitablemente en busca de emancipación política. Quien piensa aquí es ya el aroma del mar o el verde amarillo de la retama en primavera. Desde ahí nos habla y, a través de estos poemas, nos hace partícipes de su feliz humanidad.

Carlos Quenaya

Portada por Carlos Yañez

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TRILCE/INKARRÍ EN ACCIÓN (work in progress)

Roxosol (2018), de un recurrente sueño mío, por Bibiana Vélez Cobo

PRÓLOGO

Trilce/ teatro: guión, personajes y público

Guión: mito de inkarrí

Guión de la “escena cerebro”

Personajes de la “escena cerebro”

Público: Colónida

Público: nosotros ahora

Conclusiones

 

Trilce/ Inkarrí en acción

Nueva visita a Trilce LXI (“¿Y este duelo que enmarca la portada?”) desde Trilce XLVII (“Ciliado arrecife donde nací”) y “Madre, me voy mañana a Santiago”  (Trilce LXV)

Last Tango in Trilce: XXV, XVII, XXX, XXXIV, XV

Otros Trilces I: VI, LVII

Feto y sujeto: X, XVIII

Trílcica alegría: XLI, XLIX, LXXIII, LXIV, LXVI

Madre continua: XXIII, XXVIII, XLIII

Trilcescalas: XII y XLIV (1919) +XXXII (19921); XLVI, LXXII

Trilce heraldo: XXXIII

Trilce L: Sol “mojarrilla” (o) y Sol “corvino” (0)

Trina (entre los dos) el Inca: XI y LI; LXXIV, XL

Trilce LIX: Marinera de fuga y resbalosa [+ XXXVII: “Trilce: muletilla del canto y adorno del baile de jarana”]

“Que tú sabes” (Trilce LXII): “Que yo me sé” (Trilce 1923)

Trilce “puro”: LXXVI

Sol de Milo: XXXVI

“Estáis vivos”: LXXV

EPÍLOGO

 

Trilce/ Inkarrí en acción, a su modo cierra una línea de investigación que se iniciara con nuestra tesis de PhD para Boston University, Poéticas y utopías en la poesía de César Vallejo (Lima: PUCP, 2004); se continuara, entre otros artículos, con el libro Trilce: Húmeros para bailar (Lima: VASINFIN, 2014); y, asimismo, con Trilce/ Teatro: Guión, personajes y público (“Prêmio Mario González” de la Associação Brasileira de Hispanistas) (Aracaju, Brasil: Editora ABH, 2017).  Este último, el mismo que desde la perspectiva del ensayo de César Vallejo, “Notas para una nueva estética teatral” (1934), leía Trilce en tanto teatro; es decir, poemario de 1922 u “obra teatral” con guión (mito de Inkarrí), determinados personajes y dirigida a un público tanto de la época (Lima-Perú) como del presente y overseas.  Precisamente, Trilce/ Inkarrí en acción constituye la continuación de aquel libro brasileño de 2017, en tanto y en cuanto aborda poemas de Trilce que en aquella oportunidad no se pusieron en “escena”. P.G.

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HUGO SOTIL, i.m./ Juvenal Agüero

Entre los jugadores peruanos, admiraba la guapeza de Roberto Challe y la inteligencia de César Cueto, el “Poeta de la zurda”; atesoraba dos escenas que, tal como el juego de este último, emergían de pronto de su memoria del modo más inesperado, eran dos auténticas epifanías: un pase de casi setenta metros, perfectamente elíptico, para que el “Ciego” Oblitas pegara la corrida y metiera el gol con el que el Perú ganó a Francia en el Parque de los Príncipes en la antesala del Mundial de Italia en 1986; la otra, el “Poeta de la zurda” pasando con pelota dominada a través de un túnel de argentinos manolargas para servir en el vacío, frente al área chica del arco contrario, una pelota que recogió como una luz “Patrulla” Barbadillo, descolocó al arquero, infló la red y dejó completamente muda a la hinchada celeste que abarrotaba –en un partido trascendental para ambos equipos, y que empató Maradona en el último minuto– el monumental estadio de River Plate.

Pero, eso sí, a pesar de sus muchos goles y hartísimas fotos en la prensa local e internacional, nunca lo terminó de convencer el “Nene” Teófilo Cubillas. Como algunos escritores que ya son profesionales desde chiquititos y van acaparando todos los premios, así le pareció siempre el juego del moreno del Alianza Lima (¡Alianza corazón!); disciplinado y prudente, fácilmente se hizo al gusto de los que alaban la profesionalidad –que al final es sólo purita prudencia– y hoy por hoy, por supuesto, aquel zambito del equipo afincado en el barrio de La Victoria es lo que es en los Estados Unidos de Norteamérica. A Juvenal mucho más le gustó el juego del “Cholo” Hugo Sotil, que siempre enfiló hacia el arco contrario como si llamaran para comer. Serrano de origen, de modo análogo a lo que sucedió en Chimbote durante el boom de la pesca con los que –desde diversos puntos de los andes– bajaban hasta este puerto buscando alguna colocación, se hizo patrón de lancha al día siguiente de haber aprendido, sujeto a un cable por la cintura, a nadar por lo menos sus tres brazadas. Es decir, a costa de punche y de sentimiento, aparte de su enorme talento para hacer lo que quería con la pelota, Sotil se metió en el bolsillo a todos los públicos. Los entendidos, al principio, no le aceptaban tantísimo chiche; acostumbrados a la marinera o, máximo, a la zandunga, no entendían para nada aquel endiablado baile que más tenía de fuga de huaylas o de embestida de borracho; mas, el “Cholo” Hugo Sotil fue también observando a los otros jugadores, refinándose, y sin perder para nada la esencia de su estilo –de por sí, pícaro y valiente — fue gloria en el Barsa y, ahorita mismo, lo único que al grueso de los catalanes anima para hablar alguna vez bien sobre el Perú.

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Inkarrí: ¿Trilce o Poemas humanos?

“Mar de ofrendas” (2012)/ Bibiana Vélez Cobo

Resumen

En el presente artículo, analizamos “Terrremoto” (1937), póstumo texto de Poemas humanos, con tan elocuente vocablo, en relación con el mito de Inkarrí (“cambio radical o pachacuti”). Asimismo, lo cotejamos con el análisis del poema XLVII de Trilce (1922), “Ciliado arrecife donde nací” (Granados, 2014), ya que, además de su especificidad cultural, grosso modo, ambos poemas tratan de la asunción del ser femenino o materno y, de modo simultáneo, también del aborto. Ahora, ¿por qué aquella disyuntiva entre Trilce Poemas humanos? Porque deseamos abundar en el debate, para nada cancelado, de si Trilce es “mejor” que los poemas póstumos, o viceversa; obviamente, tal asignación de valor se daría en términos de una específica y productiva respuesta a una coordenada local/ global. Perspectiva de estudio, la nuestra, análoga a la diglosia “Paris/ París” que percibiera Enrique Ballón en la poesía de César Vallejo (Ballón Aguirre, 2015), una vez que este ya residiera en Europa; y enfoque por el cual nos preguntamos cómo o hasta qué punto podríamos hablar, para el caso de la poesía del autor peruano, de una “desposesión y lenguaje en el exilio” (Niebylski, 2002). Concluimos que, respecto a la más lograda “encarnación” de Inkarrí en su poesía, Vallejo optaría por Trilce y que, asimismo, jamás hubiera reunido ni publicado en vida el conjunto de su poesía europea bajo el lema de Poemas humanos; y sí, muy probablemente, bajo el título de Poemas multinaturalistas (Viveiros de Castro, 2010) o Poemas poshumanos.

Palabras clave

Trilce y Poemas humanos, diglosia poética, poesía y diáspora

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El último encuentro de César Vallejo y Federico García Lorca/ Alan Smith Soto

César y Federico, pieza de poesía dramática, en que el espacio/tiempo del Café de Chinitas, Málaga, 1931 –donde se reúnen Vallejo, Lorca, la Argentinita, un joven– alterna con el de una habitación en la clínica del boulevard Arago, Paris, viernes santo, 1938, donde se va muriendo el poeta peruano, velado por su esposa y un amigo. No es frecuente que los dos máximos poetas de su siglo de una lengua se conozcan y compartan la amistad; menos que ambos pronto conocieran la muerte de manera extraordinaria: Lorca, asesinado, Vallejo, muerto sin causa, como si fuera querido en otra parte. Qué encuentro más reverberante y cimbreado que el de estos dos seres humanos con el amor y la muerte, dos alas de la misma paloma.

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