
Rember Yahuarcani
¿Es César Vallejo un poeta del dolor o el arquitecto de una nueva ontología? Durante un siglo, la institución académica internacional ha operado bajo una división colonial del trabajo: ha asignado a Occidente el monopolio del pensar (Mallarmé, Huidobro, la deconstrucción), mientras ha confinado a Vallejo al recinto del sentir, lo telúrico o el realismo del trauma.
Pedro Granados dinamita esa aduana. A través del Pensamiento Barrojo (Barroco + Vallejo), propone que Trilce no es una confesión, sino una reparación sagrada. Frente al vacío mallarmeano y la impotencia voluntaria de Borges, Vallejo opone una saturación de cuerpos: una lengua que no rodea al objeto, sino que lo encarna.
A través de diálogos en tensión con Neruda, Huidobro y el neobarroco, estas páginas denuncian el blindaje filológico que intenta neutralizar la peligrosidad del sentido. Aquí, el mito de Inkarrí y las pinturas de Faical no son folclore, sino categorías de una Humanidad del Futuro. Vallejo no habla de la montaña; él es la montaña que se abre.
El baile sobre la muerte es, en última instancia, la victoria de la materia sobre la literatura; el paso de la filantropía académica a la expiación multinaturalista. Es el libro que la institución no quería que se escribiera, porque en él, Vallejo finalmente deja de ser un documento para volver a ser un golpe.
IGNACIA AUGUSTA
