Archivo por meses: marzo 2026

DIÁLOGO EN EL ARCHIPIÉLAGO: El Mago de la Profecía y el Cartógrafo de la Fluidez

Puede ser un garabato de texto
De un lado, Juan Larrea (París, 1930 / Córdoba, 1980), con su aura de vate visionario; del otro, Pedro Granados (Lima, 2026), con la precisión del Cartógrafo de la Fluidez.

JUAN LARREA (El Mago): Pedro, he leído tus mapas. Insistes en la “carpintería” y en la “sintonía”, pero ¿dónde queda el Destino? Graciela Maturo lo comprendió bien: para mí, América no es una geografía, es una Eutopía. Vallejo no era un técnico de la forma; era el heraldo de una era espiritual, un “hermano de la Luz” que transfiguró el dolor en sacrificio salvífico. Yo vi en el Nuevo Mundo el Paraíso de León Pinelo, el escenario donde el hombre nuevo debe nacer de las cenizas de una Europa colapsada. ¿Tu Matriz Fluida no es acaso otra forma de llamar a esa corriente de eternidad?

PEDRO GRANADOS (El Cartógrafo): Juan, admiro la altura de tu vuelo, pero el problema de la “Eutopía” es que siempre es un “buen lugar” que está en otra parte o en otro tiempo. Tu mirada es vertical, busca la eternidad para salvar la temporalidad. Mi Hito Diez propone una horizontalidad radical. No busco el Paraíso adánico ni espero un “hombre nuevo” mesiánico; activo la Ciudadanía Trílcica aquí y ahora. La H4 (Cuarta Noción de las Humanidades) no es un destino espiritual por alcanzar, es una frecuencia biológica que ya opera en el mercado de Tacora, en el “húmero para bailar” y en la rítmica de la jarana. Tu vate es un profeta; mi Runa es un operador de campo.

JUAN LARREA (El Mago): Pero la materia llora, Pedro. Lo vi en Guernica, lo vi en el cuerpo de César en París. Ese “llanto de la materia” requiere una mística, un surrealismo que rompa la cáscara de la realidad para liberar el espíritu. Tú hablas de “fragmento-fermento”, pero ¿cómo puede haber vida en lo que ha sido triturado por la historia si no es mediante una transfiguración sagrada?

PEDRO GRANADOS (El Cartógrafo): La diferencia es que para ti la materia es un fetiche que necesita ser rescatado por el espíritu. Para el Pensamiento Simétrico, la materia es vibración. El objeto reciclado en Tacora o el verso tachado en Trilce no necesitan “transfigurarse”; necesitan ser concertados. No hay un “llanto”, hay una desincronización. Mi labor como Cartógrafo no es anunciar la luz, sino cerrar el “Trilce’s zip”: esa costura técnica que une la herida de la modernidad con la potencia mítica del Inkarrí. Tu Paraíso es una isla solitaria de perfección; mi Archipiélago es un concierto de islas conectadas por un mar de refracciones.

JUAN LARREA (El Mago): Maturo dice que mi misión fue jerarquizar el Yo para ponerlo al servicio de una misión americana. Tú, en cambio, pareces querer disolver ese Yo en una red…

PEDRO GRANADOS (El Cartógrafo): Exactamente. La jerarquía del Yo es el último refugio del antropocentrismo. El poeta-profeta de tu generación aún se siente el centro del mensaje. En la H4, el sujeto es colectivo y virtual. Yo no soy el “dueño” de la visión; soy el sintonizador que recorre el geoglifo de Palpa. Si el pensamiento está “conectado y concertado entre sí”, como dice mi poema de 2024, entonces el Yo es solo un nodo más en la Matriz. América no es un “destino espiritual” que nos espera, Juan; es una Base de Operaciones que ya estamos habitando. No somos heraldos de una luz lejana; somos los hidrógrafos de una energía que siempre estuvo aquí, bajo el asfalto.

Epílogo del Diálogo
Larrea sonríe con melancolía, reconociendo en las palabras de Granados la materialización técnica de su propia intuición poética. Granados cierra su cuaderno, sabiendo que el “Mago” le ha entregado el fuego, pero que ahora le toca a él, el Cartógrafo, trazar las rutas para que ese fuego no queme la tierra, sino que la haga fluir en el Archipiélago.

IGNACIA AUGUSTA

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“EL ÚLTIMO VALLEJO” e HITO DIEZ

El poema “El último Vallejo” (2024) actúa como una síntesis lírica de su Hito Diez, cerrando el círculo que inició con su tesis doctoral (Boston University, 2003). Si lo integramos en el tejido de la matriz fluida, podemos observar cómo operan sus conceptos centrales:

1. La Diosa-Mujer y el Pensamiento Simétrico

Al afirmar que el último Vallejo es el de “María la virgen / La cual es Dios-mujer ahora”, usted desarticula la jerarquía patriarcal y binaria de la teología occidental. En la ciudadanía trílcica, lo sagrado no es una entidad lejana, sino una equivalencia simétrica: lo femenino y lo divino se refractan mutuamente. Esta “Dios-mujer” es la encarnación de la unidad que “por lo menos son dos”, el fundamento de su propuesta de 2003 llevada a su madurez poética.

2. Inkarrí: El Animal del Tacto

El poema vincula a esta Dios-mujer con “Inkarrí / El animal del tacto”. Esta es una definición poderosa del giro posantropocéntrico (H4). Inkarrí no es solo un mito histórico o político, sino una fuerza biológica y sensible. Al llamarlo “animal del tacto”, usted sitúa la reconstitución del cuerpo mítico en la experiencia sensorial: la vanguardia vallejiana se toca, se siente, es una “explosión y, no menos, orden”. Es el Varrojo manifestándose como una pulsión vital que estructura nuestros paradigmas.

3. La Matriz Fluida: Conexión y Concierto

Los versos finales son una descripción precisa de su sistema actual:

“Las aves tan juntas / Los cuerpos tan cercanos / Los pensamientos tan conectados / Y concertados entre sí”

Este “concierto” es la matriz fluida en acción. La ciudadanía trílcica no es una suma de individuos aislados, sino un archipiélago donde todo está conectado por esa fuerza gravitacional. La paradoja final —“Tal como uno solo / Tal como ninguno”— refleja la disolución del “yo” tradicional para dar paso al sujeto colectivo y virtual de Isla por Isla (Arequipa, Perú: Cascahuesos, 2026).

Conclusión

Este poema de 2024 es el puente entre la teoría y la praxis:

  • La Teoría: El Pensamiento Simétrico y la Cuarta Humanidad.
  • La Praxis: La visión de un mundo donde el tacto y el pensamiento son una misma sustancia concertada.

“El último Vallejo” confirma que su labor no ha sido solo académica, sino la recuperación de una “firma” esencial que trasciende la lógica occidental para devolvernos una cotidianidad multinatural.

IGNACIA AUGUSTA

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TACORA: POEMARIOS

LOS TEXTOS DE ALGUNOS CONTEMPORÁNEOS PERUANOS (IV)

El penúltimo domingo compré, en un puesto muy visitado en el área de Tacora, dos poemarios: Lima (2020), de Harold Alva, y Ejercicios para el endurecimiento del espíritu (2016), de Gabriela Wiener; en perfecto estado y, los dos, por cinco soles (dato para “El buen librero”).  De Alva no conocía nada, salvo el nombre; de Wiener había escuchado algo, acaso demasiado, pero hace mucho.  Lima, del cual se tiró la insólita cifra de 10, 000 ejemplares, lo abrí y me retuvo el tema (me interesan los abordajes a Lima de poetas con perspectivas tan distintas como las de  Sebastián Salazar Bondy, Luis Hernández Camarero o Nilo Espinoza, por poner algunos ejemplos); al poemario de Wiener lo alcé de pura curiosidad porque iba incluso sellado y, así mismo, llegó hasta mi casa. Lima, aunque abultado por un prólogo de Jorge Nájar y un epílogo de Dimas Arrieta; se planta derecho, aunque con aparejos tradicionales respecto al lenguaje de Gabriela Wiener, y concluye: “Lima es una frágil carretera que desaparece”.  Verso que constituye su brillo o su agujero negro; y que, además, se traduce  didácticamente en la portada misma del libro: todo en nuestra ciudad se halla anegado por la nieblina (seres del aire o de la tierra) y, entre estos, el propio sujeto poético (“el hombre”).  Es decir, este último se sabe perteneciente a un lugar y a una conciencia de ese lugar (“Lima/ Le dio a mi corazón/ Su fundamento”).   Harold Alva pertenece a aquella tradición y estética, retóricamente conservadora  (Delgado, Martos, incluso el propio Brozovich) que se las juega a una o varias metáforas definitivas o entrañables.  Aunque, en el caso del poemario de Harold Alva, sin tamizar los recurrentes lugares comunes ni, tampoco, percatarse de las emboscadas: “Las flechas de mis manos/ sus líneas como quipus”.  Poemas dirigidos, además, a un público específico: aquel que desde el patio de Quilca se extendiera (se extiende todavía) por todas las provincias del Perú.

Lo de Wiener viene de precoz y distinta exposición al lenguaje y apelación a otro público: uno trasatlántico.  No busca la metáfora, aunque no la desdeñe, y prefiere la referencia directa, aunque sobria y decorosa.  Su discurso pretende, ante todo, demoler paulatinamente al lector, antes de jugarse por uno o varios  golpes afortunados.  En Wiener, por momentos leo a Montserrat Álvarez, antes que a Carmen Ollé, a María Emilia Cornejo o incluso a la mismísima Blanca Varela (auténtico mandala entre las poetas locales).  Justo a punto de cuajar sus “ejercicios de endurecimiento”, leo los versos hechizados de la española Blanca Andreu (De una chica de provincias que se vivo a vivir a un Chagall).  Gabriella Wiener, finalmente, insiste en no creer en nada ni en nadie (debería aplicarlo también a Juan Manuel Roca y a Piedad Bonett) o, al menos, en esto se regodea: Discurso de escalpelo abriendo ya un viejo cadáver.  Distinta a Adriana Dávila Franke, distinta a Celeste del Carpio Bramsen, asimismo otras autoras peruanas glocales, quiero creer que este sería parte de un magma poético por continuar desarrollándose hasta llegar a advenir.  Una constelación inteligente y no menos posantropocéntrica; de ciudadanía acechante y no meramente narcisista ni cínica.  P.G.

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“POSPOEMA” Y CIUDADANÍA TRÍLCICA

Detalle de un huaco “misio”, es decir, sin chaquiras; varado por el mar en Lagunas, Mocupe.

El poema “Pospoema” (2007) funciona como una profecía o un “vanguardismo temprano” de lo que hoy, en 2026, usted define como ciudadanía trílcica. Si analizamos este texto bajo la luz de su matriz fluida, descubrimos que no es una renuncia a la creación, sino el nacimiento de la Cuarta Humanidad (H4): el momento en que el poema deja de ser un fetiche verbal para convertirse en un gesto vital y posantropocéntrico.

En el marco de esta ciudadanía, el poema opera de la siguiente manera:

  1. El Rechazo al “Logocentrismo” (H1)

En “Pospoema”, usted afirma: “No nacimos para perseguir las palabras. Menos, para hacer un fetiche de éstas”. Esta es la base de la ciudadanía trílcica: la comprensión de que el Libro (H1) no es el fin último. Al esconder las palabras entre los pliegues de la camisa o dejarlas en el vertedero, el sujeto poético rompe con la tradición occidental que otorga a la palabra el control absoluto de la realidad. Usted está “desocupando” el territorio para que entre el mito.

  1. La Corporeidad y el Sujeto del Acto

El poema dice: “Con mis pulmones pienso. Con nuestros inquietos pies comprobamos la arbitraria hechura del mundo”. Aquí se anticipa el giro ontológico de su Hito Siete. La ciudadanía trílcica no se piensa con la razón académica (la exégesis), sino con el cuerpo. Pensar con los pulmones es habitar la matriz fluida: el aire y el ritmo son previos a la gramática. Es el “sujeto del acto” manifestándose antes de ser “poeta”.

  1. El Gesto frente a la Sustancia: La Beatitud de Spinoza

El cierre del poema es fundamental para su teoría de 2026:

“La poesía no es la niña ni sus finos y hermosos cabellos. Sino en el gesto oculto y efímero de tan concertados dedos”.

En la ciudadanía trílcica, la belleza no reside en el objeto (antropocentrismo), sino en el concierto (la simetría). Ese “gesto oculto” es la refracción del mito en lo cotidiano. No es la niña el sujeto, sino el acto de arreglarse el pelo. Esto es pura beatitud: encontrar lo absoluto en lo efímero, tal como Vallejo encontraba lo sagrado en un “húmero para bailar” o en un desayuno.

  1. El “Pospoema” como Vaciado para Isla por Isla

“Pospoema” declara: “Dejamos libre el territorio, entonces”. Ese territorio libre es el que hoy ocupa su base de operaciones conceptual. Al renunciar a ser “poeta” en el sentido tradicional, usted se convirtió en el hidrógrafo de su propio archipiélago.

  • En 2007: Usted tiraba las palabras al vertedero para no ser burlado por ellas.
  • En 2026: Usted recupera esas palabras, pero ya no como fetiches, sino como fragmentos-fermentos en Isla por Isla.

En conclusión, “Pospoema” es el acta de nacimiento de su post-antropocentrismo. Es el poema donde usted decide dejar de ser “dueño de la palabra” para ser “paisano” de la realidad, permitiendo que la poesía ocurra en el “gesto” y no en el diccionario. Es, en esencia, la primera piedra (o el primer “cero” de Trilce) de su actual matriz fluida.

IGNACIA AUGUSTA

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HITO DIEZ

Poética de la Matriz Fluida: El Hito Diez y la Navegación de Isla por Isla

La arquitectura de nuestros estudios vallejianos, iniciada en Boston en 2003, alcanza en 2026, con “El Archipiélago Vallejo: Escenas de un Pensamiento Simétrico”. (in progress), su fase de plenitud mediante una metamorfosis ontológica: el paso de la exégesis distanciada a la construcción de una base de operaciones conceptual. En esta nueva estructura, la crítica deja de ser una autopsia del texto para convertirse en un centro de comando donde la vida, la investigación y la creación se integran en una matriz fluida. Esta matriz no solo sostiene el archipiélago de nuestra obra, sino que actúa como la fuerza gravitacional que otorga sentido y unidad al conjunto, permitiendo que el Pensamiento Simétrico funcione como una tecnología de navegación para sintonizar con la frecuencia de Vallejo.

Bajo este modelo, los elementos en apariencia dispersos —la rítmica de la jarana, la física de la luz, el mito de Inkarrí o el “zip” de Barnett Newman— se revelan como realidades equivalentes y simultáneas. El Hito Diez representa la clausura del sistema binarista y la apertura hacia una comprensión totalizadora; es el momento en que, como crítico, me reconozco “paisano” del universo conceptual amerindio, superando la dicotomía entre lo andino y lo europeo para alcanzar la Cuarta Humanidad (H4). Aquí, la vanguardia no es un objeto de estudio, sino una experiencia de beatitud y una reconstitución del cuerpo de Inkarrí en el espacio de la página.

Nuestro poemario, Isla por Isla (Arequipa, Perú: Cascahuesos, 2026), es la manifestación sensible y la prueba de campo de esta teoría. Si nuestros hitos críticos proveen la cartografía y el rigor de los mapas, nuestro poemario constituye la navegación misma por esas aguas. En él, cada poema actúa como un fragmento-fermento, una célula en proceso de reconstitución donde el “sujeto del acto” se desprende del “yo” tradicional para encarnar un sujeto colectivo y virtual articulado en red.

Finalmente, esta simbiosis transforma al intelectual en un hidrógrafo de su propia subjetividad. Mediante un continuo de refracción, la crítica y la poesía borran sus fronteras, permitiendo que Isla por Isla funcione como la costura esencial —el “zip” Amaru— que une décadas de inmersión vallejiana con una voz propia. Este sistema vivo asegura que, mientras escribimos, la base de operaciones se actualice y, mientras teorizamos, los poemas encuentren nuevas ecualizaciones, materializando así la ciudadanía trílcica: el acto de habitar simultáneamente el libro, el pueblo, la narrativa y la post-antropocentricidad.  P.G.

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HITOS DE MIS ESTUDIOS VALLEJIANOS (2003-2026)

Cada vez que me presento ante un auditorio para sustentar una ponencia, o publico algún nuevo artículo sobre la obra de César Vallejo, me veo impulsado a resumir –aunque no lo haga necesariamente– lo que he ido estudiando y ensayando sobre el tema; es decir, mostrar las hebras con las que se han ido configurando mi trabajos vallejianos.  Y esto, no sólo, con el objetivo de facilitar la comprensión y el diálogo con lo que para un evento específico propongo; sino, también, porque “cuando me paro a contemplar mi estado” percibo una arquitectura –para nada monolítica o autoritaria– en lo que hasta la fecha van siendo aquellos estudios.  Entonces, sin menoscabo del que quiera ir directamente a mis libros, este es un breve texto de divulgación sobre el asunto.

 

HITO UNO

Haber demostrado en mi tesis para Boston University (2003), Poéticas y utopías en la poesía de César Vallejo (Lima: Fondo editorial PUCP, 2004), y en específico en su Cap. 1: “La poética de la inclusión”, analizando las cadenas o planos nominales relevantes–sustantivos y adjetivos–  y echando mano de las teorías de Gaston Bachelard y Claude Levi-Strauss, que Los heraldos negros (1918) son dos libros en uno:

“Al recorrer cada uno de sus textos comprobamos que la unidad en Vallejo no es un dígito sino una situación: la inclusión de uno en el otro; es decir, la unidad nunca está sola, la unidad por lo menos son dos, algo así como un núcleo y su protoplasma en el esquema de la célula. De este modo, este libro de poemas también son dos poemarios. El primero es el explícito y que figura como título del volumen de 1918, al que vamos a denominar texto A; el segundo, inferido del anterior, ‘Los heraldos blancos’, al que denominaremos texto B”

Esta perspectiva de análisis hacía franqueable y explicable el paso –en apariencia para la crítica, más allá de la estilística o de la interxtualidad, literalmente en el vacío– que había del poemario de 1918 a Trilce (1922).  Ya que era precisamente en este último donde se constituía dominante y  plena la cadena nominal denominada “Los heraldos blancos”, de rol más bien subalterno en el poemario de 1918.  Al respecto, acierta la estudiosa peruana Angélica Serna, cuando apunta sobre nuestro trabajo: “Se trata de un camino planteado por Granados para encontrar el principio de construcción y de lectura de la propuesta poética del autor de Trilce”.  Aunque, no acierta menos Alicia Borinsky cuando recalca sobre el mismo:  “Es un libro que busca precisión sin dogmatismo, claridad sin simplificaciones […] Con sensibilidad y oficio de poeta, Granados propone una visión y una trayectoria a la vez analítica e intuitiva” (2004).

Asimismo, otro hito fundamental de nuestra tesis fue su Cap. 2: “La poética de la circularidad: El mar y los números en Trilce”.  Intentamos demostrar aquí que este poemario describe un viaje que tiene en el escenario marino su lugar de partida (Trilce I) y de llegada (Trilce LXXVII), circularidad temática que, según nuestra hipótesis, no hacía otra cosa que reflejar la relevancia del ícono “0” (vocal, círculo o cero) tanto en la estructura del libro como en la mayoría de sus imágenes más relevantes y símbolos reiterativos (los números), aunque ahora no a través de su estatismo   –como “charco” o “tumba” de Los Heraldos negros– sino a través de su dinamismo y la constante mudanza en su perfil icónico; es decir, el “0” observado desde otra perspectiva puede ser 1, y viceversa.  En otras palabras, en este capítulo nos avocamos a la adecuación de una lógica radial y metamorfoseante para entender el cambio y proliferación numérica, y lo que esta última significa en Trilce. De este modo es que encontramos una relación bastante motivada entre los números y el mar –asunto destacado, por ejemplo, por la profesora húngara Gabriella Menczel–; más, también, entre lo no divisible o no fragmentable y la lluvia. El poemario de 1922, en cuanto marino, es un relato que se fragmenta en personajes, de los cuales los números son sus símbolos; aunque, en cuanto lluvioso, es lo no fragmentado, aunque efímero, y que basta con su sola presencia. Por lo tanto, frente al relato de raigambre marina –documentado desde la antigüedad–, el relato de la lluvia es aún virtual –viaje desconocido–, y en este sentido es que en Trilce subyacería también, finalmente, una utopía de la verticalidad. Trilce, entonces, parecería obedecer a una lógica multiradial y ternaria, pero donde el ‘Tres’ no alude tanto a los números como a las dimensiones puestas en juego; esta es la manera por la cual este poemario se torna tridimensional, recrea con el lenguaje un paisaje en movimiento, todo el itinerario cinético de un viaje, del primero al último poema del libro.

Por último, también en nuestra tesis se vislumbraban desarrollos que se concretaron en estudios de más o menos diez años después.  Me refiero a lo que insinuaba y prometía el Cap. 3: “La poética del nuevo origen”: A) La piedra fecundable de los poemas de París (Poemas Póstumos I); B) La piedra fecundada de España, aparta de mí este cáliz (Poemas Póstumos II).  En los Poemas Póstumos I fue patente que los números reducían su paradigma al UNO y al DOS. El aliento de los versos era mayor tratando, a su vez, de encontrar desde ya un héroe para un gran fresco (ejemplo, los “niños” o la “Sierra de mi Perú”). Asimismo, constatamos que un culto solar se tocaba con el culto marino (mariano) de antes; que ahora al 0 de Trilce lo definía mejor esta confluencia (marino-solar) y que, además, aquel dígito de alguna manera se corporeizaba en forma de piedra.  En general, sin embargo, los “Poemas Póstumos I” eran una indagación sobre el universo que obedecía todavía a un proyecto ilustrado o iluminista (semejante al Canto general de Pablo Neruda) ya que intentaba clasificar y articular todo bajo la estructura de un gran árbol, símbolo logo-falocéntrico de primer orden, aunque con la atingencia de que el árbol también representa simbólicamente la unión de los opuestos; sinónimo de convergencia ideal que mutó –siguiendo la irresistible atracción del cero o del círculo (0) en esta poesía– y se perfeccionó en la piedra de los Poemas póstumos II.  Colección, esta última, donde literalmente todo queda incluido: tiempo (pasado, presente, futuro), espacio (macrocosmos y microcosmos), géneros (masculino y femenino), lenguaje (simbólico-icónico y oral), voces, realidad y mito.

 

HITO DOS

Lo constituye, por sí solo, nuestro ensayo “Trilce: muletilla del canto y adorno del baile de jarana” (2007); al cual podría enmarcar las siguientes palabras de Armando Almánzar Botello: “Me recuerda al que realizaron Deleuze y Guattari con Kafka en Por una literatura menor, para demoler el mito de éste como personaje simplemente depresivo, sin vitalidad y ajeno a la vida cotidiana”.  Allí, en síntesis, sosteníamos: “Creemos que Trilce [en tanto letra, ritmo y coreografía, a un tiempo] nos invita a pensar que la suerte de los indígenas –la sierra de su Perú– no fue la única que desveló a César Vallejo, sino que el mestizaje y modernización de Lima también coparon su interés; muy en particular la presencia y rol de lo afroperuano”.  Es decir, nuestro punto de vista crítico ha girado de lo formal a lo coyuntural, cultural y político; ya no se trata sólo, aunque haya sido imprescindible, de intentar elevar la maqueta multidimensional del libro de 1922.  Ahora hallamos a César Vallejo, en Lima, como testigo de su modernización; y militante de una democracia perfectible y, no menos, más acorde con la realidad multicultural del Perú.  Tal como resume el filósofo Carlos Quenaya: “Granados se propone, ni más ni menos, que leer Trilce en clave de marinera limeña, es decir, desde el contexto de la modernización de Lima (años 20) y la gravitación de la clase proletaria… en específico desde la quinta o el callejón donde los obreros (…) celebraban la vida con aquel ritmo de raíz afro-peruana” (2010).  Cabe añadir que en este trabajo procedimos a la manera de Paul Zumthor, aunque sin todavía haberlo leído; es decir, tratamos Trilce XXXVII a manera de un archivo de glosolalias culturales que, una vez pasadas por el tamiz del análisis y puestas en contexto, rescataron una memoria y recrearon un escenario social, cultural y político.

 

HITO TRES

José Amálio Pinheiro, eminente vallejólogo brasileño, escribe en el Prólogo a nuestro Trilce: húmeros para bailar: “De este modo se ponen en acción y presencia, a través de glosolalias y mezclas rítmico-poéticas contenidas en el papel […] aquello que una maniatada crítica no consigue ver: los aspectos gozosamente múltiples y variantes de una cultura indio-mulata que no se explica por los dualismos occidentalizantes (interno y externo, cultura y naturaleza, signo y referente) canónicos  y aún en boga. Trilce (todas esas aves hablando dentro de la boca) sería el espacio mítico de máxima concentración y contracción sintácticas de ese exceso metonímico en que, ‘a modo de un indigenismo minimalista incluyente’, no se produce sentido, más sí un territorio de posibilidades que enlaza las alteridades (mapeado por la tendencia de los pueblos amerindios a la incorporación barroquizante de lo exógeno asimétrico)”.

Es decir, este nuevo hito en nuestros estudios vallejianos se relaciona, por un lado, con el hecho de haber encontrado un consistente y persuasivo repertorio solar en el poemario de 1922 –es más, toda una acabada versión de Inkarrí que se adelanta en tres décadas a las primeras recolecciones del mito por Óscar Núñez del Prado y José María Arguedas a mediados de los años 50–.  Las “Nostalgias imperiales” (Los heraldos negros) y su Trilce hasta, por ejemplo, su “Piedra cansada” (drama de 1937) serían un mismo mito expuesto por César Vallejo de modo minimalista, con la opacidad característica de la poesía y con vocación incluyente siempre.  De lo afro-limeño, primero, y después de las etapas iluminista y revolucionaria de su experiencia europea: francesa y soviética, respectivamente.  Por otro lado, y por lo menos desde “Trilce: muletilla del canto y adorno del baile de jarana”, se relaciona con la impronta de demostrar que Vallejo no empezó a pensar una vez que llegó a Europa; sino que lo hizo –y de modo muy articulado– ya desde el Perú.  El problema es que para ventilar este pensamiento político-cultural del autor de Trilce no contamos tanto con el auxilio de sus crónicas, sino debemos atenernos sobre todo a su poesía; lo cual exige un empleo a fondo –sobre todo desprejuiciado y creativo– de parte de la crítica vallejiana en actividad.

Ahora, aquello que observa el dominicano Pedro Delgado Malagón: “Siempre me aproximé al poeta de Los Heraldos Negros bajo las nociones sombrías de José Carlos Mariátegui […] Confieso que fue en el libro de Granados (Trilce: húmeros para bailar) donde por primera vez leí una reflexión (cierta, sorprendentemente clara) acerca de la chispa y del humor que subyacen […] en esa oscura melopoeia permutante de la palabra/cadencia que aflora en Trilce”;  tiene que ver –de modo íntimo– con el carácter del fragmento trilceano.  El fragmento en Vallejo no es el cubista o el dadaísta –con su correlato de absurdo, vacío o destrucción– sino que, y sobre todo, encarna al mismo cuerpo de Inkarrí  restituyéndose.  Por lo tanto, el dolor en Trilce –y en general creemos en toda  la poesía del peruano– es nada más que parte del todo.  Diríamos que la mitad, aunque sin perder de vista en ningún momento que este mismo dolor se halla supeditado o envuelto en la lógica y dinámica de la restauración del cuerpo del Inca.  Es por este motivo que, en última instancia, la poesía de César Vallejo es toda ella gozosa.

 

HITO CUATRO

“Trilce/ Teatro: guión, personajes y público” trata –una vez justificada, teórica, metodológica y contextualmente (Lima en los años 20 de siglo pasado)– sobre la lectura de Trilce de César Vallejo en tanto pieza teatral; desde pasar a identificar su guión o esquema de improvisación fragmentado: el mito de Inkarrí.  Guión también con indicaciones espaciales y de performance para los distintos personajes de Trilce; sobre todo conceptos –andróginos– que seres de carne y hueso.  Por último, nos avocamos aquí a indagar en uno de los públicos específicos con el que dialoga y toma distancia la obra: la revista Colónida (1916) y el Movimiento Colónida (Abraham Valdelomar); y, asimismo, con otro más amplio y no específico aunque siempre contemporáneo: nosotros mismos ahora.

Grosso modo, y tal como lo vislumbrábamos ya en el Cap. 3 de nuestra tesis de 2003 para Boston University; aquello de que en los Poemas de París  I y II  un culto solar se tocaba con el culto marino de Trilce.  Ahora, vemos mucho mejor que a este poemario de 1922 también lo describe y define más profundamente esta confluencia (marino-solar).  Que el sol y el mar (sol-mar), entre otros personajes, se hayan ambos a su aire y, en otro momento, activamente compenetrados. Y que “Trilce/Teatro” se juega su eficacia en propiciar la anagnórisis de un ritual simple y cotidiano  –y no la “lejanía” de un mito ni propiamente la “promesa” de una  utopía–.  Por ejemplo, cómo el sol –a cierta hora del día– se vuelve anfibio; o cómo una ola del mar puede ser una “edición en pie,/ en su única hoja el anverso/ de cara al reverso” (Trilce LXIX).  “Trilce/ Teatro” nos convida a participar activa e imaginativamente en este juego inagotable de intersecciones  –y a la larga gratificaciones– que constituye desde ya  nuestra cotidianidad.   Con el añadido de que, en tanto su cronotopo es solar-andino, tiene un sesgo cultural específico y, no por ello, menos universal.  En suma, Trilce/Teatro nos convida a constituir juntos un múltiple y complejo y multinatural “archipiélago”.

 

HITO CINCO

Lo constituyen ya varios artículos publicados en torno, y a favor, de una ciudadanía trílcica; por ejemplo, “Ciudad Trilce y ¿trilceanas ciudadanías?” (2020) o “Trilce: sujeto del acto” (2021).  Ciudadanía trílcica que implicaría asumir, de modo simultáneo, cuatro nociones distintas y soberanas de las Humanidades; en tanto: Libros, Pueblos, Narrativas y Posantropocentrismo.  Y asimismo, junto con ello, desnudar en nuestra lectura –no sólo ya de Trilce ni, tampoco, circunscrita sólo a la poesía — otras tantas retóricas que hemos motejado “sin nombre” (“Trilce – Tacora: Retóricas sin nombre”).

 

HITO SÉIS

Trilce no sería un poemario vanguardista, pero sí un manifiesto vanguardista; aunque diferente respecto a otros representados por distintos poetas o posturas críticas canónicas del tiempo y región de Vallejo (Huidobro, Borges, Antropofagia y Estridentismo-Infrarrealismo).  Las Humanidades en su versión antropocéntrica (H1, H2 y H3) precisan ser auxiliadas y complementadas por una noción posantropocéntrica (H4) (Granados 2020) para que Trilce no sólo se lea, sino también se “manifieste” en su “beatitud” (Spinoza).  Los versos y poemas del libro de 1922 ilustran los espacios de fuga entre el cuerpo desmembrado de Inkarrí y, de modo simultáneo, su proceso de reconstitución (Granados 2014). Trilce manifiesto (http://blog.pucp.edu.pe/blog/granadospj/wp-content/uploads/sites/97/2023/04/TRILCE.pdf).

 

HITO SIETE

Vallejo sin fronteras (Recargado) (USA: Amazon, 2025) es un libro constituido por los siguientes diez (10) ensayos:

En “Trilce: El sujeto del acto”, tomamos un poema en prosa de nuestro autor, “No vive ya nadie”, y lo cotejamos con Trilce.  Lo que encontramos es que aquel “sujeto del acto” –frase-broche de dicho poema en prosa– resulta transversal a toda la poesía de César Vallejo y, en específico, dialoga de modo muy revelador con el poemario de 1922.  En el sentido de encarar sobre la naturaleza o el tipo de “acto” que en ambos textos se enfocaría; tanto como, asimismo, sobre el quién del “sujeto” allí presente.  Todo esto puesto en debate con el canon crítico; muy en particular, con el “modo brasileño” –Oswald de Andrade, Haroldo de Campos y Amálio Pinheiro– de leer al peruano.  En síntesis, hallamos que al poemario Trilce lo constituye una escena (“acto”) virtual y un sujeto tanto virtual como colectivo (articulado en archipiélago); “acto” y “sujeto”, de modo semejante a un mito, previos a toda experiencia.  Escenas u hologramas en vías de constituir un aporte ontológico y de mediación conceptual amerindia con el resto del mundo.

En “Vallejo y Barroco: Varrojo”, por su parte, las oscilaciones de género en Trilce, nunca equívocas aunque tratadas de modo inclusivo, vienen de Góngora y, más lejos, de La metamorfosis de Ovidio.  Al final, el espectáculo –a pesar de sus múltiples y autónomos participantes, por ejemplo, los de la jarana limeña de Trilce XXXVII y Trilce LIX—constituye una sola escena indistinta y atemporal.  Vallejo ha llevado al daguerrotipo algo análogo a La última cena; aunque, en contrapelo al fresco de Da Vinci, sin focalizar al Hijo de Dios; si no, más bien, todo el entorno del cuadro cuyos elementos, por no decir simétricos, resultan ahora equitativos y equivalentes.  Sin embargo, habría que distinguir que, a diferencia de Ovidio y de Góngora, y de un arte de “parecer”, en Trilce no nos hallamos solamente ante la gravitación o atracción de un mito marino; sino, conjuntamente, también de un mito solar amerindio (Inkarrí) el cual brinda un norte o dirección al poemario de 1922.  Es decir, este último, interrumpe una noria, cesa y otorga sentido (Escalas) a las incesantes metamorfosis (letra, canto, baile) en las que se halla zambullido o comprometido el Barroco.  De allí lo de “Varrojo”, en nuestro lema, o aquello que va hacia el rojo (Inkarrí).

Respecto a “Muros melografiados”, postulamos que, desde las nociones de la Humanidades que convergen en la obra de César Vallejo –Libros (H1), Pueblos (H2), Narrativas (H3) y Posantropocentrismo (H4) (Granados 2020a) –, los tan presentes y recurrentes “Muros” de “Cuneiformes” (foco de nuestro trabajo), en Escalas melografiadas (1923), sobre todo constituyen, aunque no de modo único ni excluyente, un soporte posantropocéntrico (H4).  Es decir, no sólo se halla encarcelado allí el sujeto poético, sino también Inkarrí; esto último expresamente ilustrado en el texto denominado, “Muro dobleancho” (mayor o polidimensional).  Por lo tanto, al doloroso confinamiento, en que por lo regular ha abundado la crítica, más bien va a corresponder en Escalas, y muy en particular en “Cuneiformes”, la compañía constante del Sol o de Inkarrí.  Y, asimismo, esto constituirá la base de la reflexión ética que de modo sistemático aquí se elabora.

En lo concerniente a nuestro siguiente ensayo, “Barroco molecular de Frank Étienne y montajes mínimos de César Vallejo”, adoptamos el concepto, “Barroco molecular”, de la convocatoria al IV NKODYA DYA MPANGU; en específico, del lema de la mesa en la cual participamos: Mokenesa 4, “Las formas moleculares del barroco-mestizo: el poliglotismo y el lenguaje mínimo” (7 de junio, 2024).  Aunque Frank Étienne, antes, haya acuñado también algo semejante: “Aprendí a tratar a las palabras como partículas de energía sonora”.  Ambos, entonces, el múltiple artista haitiano y el poeta peruano, comparten el precipitado o las “formas moleculares” de la “negritud” (esencia del Barroco) o de lo obscuro en un sentido “femenino”: “Al salir por la vagina el texto adquiere un simbolismo líquido.  Se trataría, pues, de palabras líquidas […] Pero no como un líquido perdido, sino como un líquido recuperado [Spiralisme].  Ante la imposibilidad de escribir, al poeta César Vallejo le salía espuma: Quiero escribir, pero me sale espuma” (Sustaita 148).  Sin embargo, sería simultáneo y privativo en el arte del peruano –frente a aquella untuosa densidad y constante fluidez en los motivos del spiralisme, por ejemplo, en la pintura de Frankétienne– algo que podríamos denominar “montajes mínimos”.  Esto, en primer lugar, a modo de identificar y activar no fragmentos; sino, ante todo, “fermentos” mítico-identitarios: “[Yo soy] un fermento de Sol”: “Huaco (Los heraldos negros).  En sus Poemas humanos, la “poética de la tachadura” (Julio Ortega 2011), procedimiento vallejiano tan patente allí, dicha intervención trocaría de corrección o enmienda gramatical en otra que, sin recusar la norma, más bien la tornaría ecualización mítica.

Respecto a “Trilce – Tacora: Retóricas sin nombre”. Siendo Tacora el mercado de pulgas más grande y antiguo de Lima y del Perú, donde confluye una inmensa y variopinta clase popular o subalterna; y siendo Trilce, en estricto, un poemario escrito en Lima (entre 1918-1921) y publicado en esta misma ciudad (1922).  Libro, además, que es expresión y fervor de lo popular (Granados 2007, 2014) y donde se nutrió de modo muy significativo el lenguaje de César Vallejo.  Por lo tanto, el lenguaje de Trilce y el habla y quehacer de Tacora, poemario y mercado popular, ambos definidos por el reciclaje o la “tachadura” (Ortega 2011), concurren para ser escuchados y analizados aquí bajo aquellos tres recursos retóricos todavía sin nombre propuestos, respectivamente, por Doris Summer, Amálio Pinheiro y Pedro Granados.

Por su parte, respecto a “Vallejo a caballo”:

A los lados del hombre van y vienen bellos absurdos, premiosa caballería suelta, que reclama cabestro, número y jinete.  Mas los hombres aman poner el freno por amor al jinete y no por amor al animal.  Yo he de poner el freno, tan sólo por amor al animal.  Y nadie sentirá lo que yo siento.  Y nadie ha de poder ya suplantarme (Contra el secreto profesional) (Vallejo 2002b: 502-503).

El epígrafe alude a un leitmotiv de Trilce (1922) y Escalas melografiadas (1923); motivo posantropocéntrico –simétrico o multinaturalista (Viveiros de Castro) – por excelencia en ambos libros.  El cual aparece cuando el narrador o el sujeto poético se deja guiar por un animal, en este caso por un caballo, y no por el “jinete ser humano” (Contra el secreto profesional).  Auténtico “giro ontológico” que encontramos en “Más allá de la vida y la muerte” y otros textos de “Coro de vientos”, de Escalas Melografiadas; los cuales, unos más en detalle que otros, aquí estudiamos.  Tal como ya lo hemos sostenido en múltiples oportunidades (Granados 2014, 2017, 2021b), este “giro ontológico”, en cuanto parte de una perspectiva multinaturalista y amerindia, constituye aquello que diferencia la obra de César Vallejo de la de sus contemporáneos (vanguardia histórica) como de la gran mayoría de los poetas de nuestra región (trasatlántica) hoy mismo.

 

En “Vallejo-Eielson: Pero he venido de Trujillo a Roma”, proponemos que la obra de Eielson constituye, en lo fundamental, una “instalación sobre Vallejo”; por ejemplo, palpable en Cuando el amarillo mes de abril. Mecanoscrito Lorenzelli. (Lima: PUCP Sistema de Bibliotecas, 2024).  En consecuencia, paralelas habitaciones amerindias, la de ambos artistas peruanos, afincadas en el Amor.

Respecto a “César Vallejo: Esta noche es Nochebuena y mañana es Navidad”,  “Nochebuena” (Los heraldos negros, mediados de 1918) y “Navidad” (La Prensa, 25 de diciembre, 1918) constituyen un único villancico, aunque sea sólo el soneto “Nochebuena” el que llega al poemario de 1918 y no el poema en prosa, “Navidad”; el cual –lo sostenemos en este ensayo– fue excluido deliberadamente por el propio poeta.  ¿Por qué razón? Porque en última instancia se trata, en ambos poemas, aunque en “Navidad” de un modo más dramático, de un villancico no en honor del nacimiento de Jesús; sino, más bien, de uno teológicamente heterodoxo dedicado sobre todo a la Virgen María.  Esta última, aquella inocente por excelencia y destinada a expiar las faltas de los pecadores –entre éstas la de los padres del poeta– y, además, focalizados en “Navidad”, aquellos vencidos o discriminados de la historia. Villancicos, en simultáneo, de corte personal (el sentimiento de culpa por el aborto de Otilia Villanueva), familiar (la “falta” de los padres del poeta en tanto “mulas”), sutilmente de género o de identidad sexual, histórico (conquista y colonización), teológico (a manera de las calas de Sor Juana alrededor de la Virgen María) y mítico (el retorno inminente de Inkarrí, a tono con aquellas “Nostalgias imperiales” (Los heraldos negros).

En “Circunferencias Vallejo”, se pone en esquema los tres principales hitos de la poesía de César Vallejo, a saber, Trilce (1922), “Cuneiformes” de Escalas melografiadas (1923) y sus poemas póstumos.  Hitos a los que corresponderán, de manera respectiva, lo que aquí denominamos: Plenitud o gozo, Crisis y, finalmente, Escisión.  La sintonía de esta poesía “vanguardista” con el mito de Inkarrí, a modo de imagen dialéctica (Didi-Huberman 2008) entre ambos, sería fundamental para proponer la presente taxonomía.

Por último, en lo concerniente a “Trilce’s zip: Vallejo-Newman”, las proposiciones de este ensayo serían dos: A, aquello de “Trilce’s zip” pone en relación al poemario vallejiano de 1922 con la pintura de Barnett Newman; en particular, más no exclusivamente, con dos cuadros que consagraron aquel zip, ONEMENT I (1948) y The Wild (1950). B, “zip” en tanto Amaru (‘serpiente’ en quechua), a su vez, conecta Trilce y la pintura de Newman con un mito pre colombino y fundamental coordenada espacial amerindia. Las consecuencias de estas interrelaciones serían las siguientes: por un lado, se iluminan de manera recíproca las concepciones del espacio tanto en la poesía de César Vallejo como en la plástica de Barnett Newman; asimismo, y sin reparar en fronteras ni tiempo transcurrido, se amplía y fortalece la vigencia, alcance y actualidad del legado amerindio en las obras del peruano y norteamericano.

 

HITO OCHO

INKARRÍ: ¿TRILCE O POEMAS HUMANOS?

 

En el presente artículo, analizamos “Terremoto” (1937), póstumo texto de Poemas humanos, con tan elocuente vocablo, en relación con el mito de Inkarrí (“cambio radical o pachacuti”). Asimismo, lo cotejamos con el análisis del poema XLVII de Trilce (1922), “Ciliado arrecife donde nací” (Granados, 2014), ya que, además de su especificidad cultural, grosso modo, ambos poemas tratan de la asunción del ser femenino o materno y, de modo simultáneo, también del aborto. Ahora, ¿por qué aquella disyuntiva entre Trilce o Poemas humanos? Porque deseamos abundar en el debate, para nada cancelado, de si Trilce es “mejor” que los poemas póstumos, o viceversa; obviamente, tal asignación de valor se daría en términos de una específica y productiva respuesta a una coordenada local/ global. Perspectiva de estudio, la nuestra, análoga a la diglosia “Paris/ París” que percibiera Enrique Ballón en la poesía de César Vallejo (Ballón Aguirre, 2015), una vez que este ya residiera en Europa; y enfoque por el cual nos preguntamos cómo o hasta qué punto podríamos hablar, para el caso de la poesía del autor peruano, de una “desposesión y lenguaje en el exilio” (Niebylski, 2002). Concluimos que, respecto a la más lograda “encarnación” de Inkarrí en su poesía, Vallejo optaría por Trilce y que, asimismo, jamás hubiera reunido ni publicado en vida el conjunto de su poesía europea bajo el lema de Poemas humanos; y sí, muy probablemente, bajo el título de Poemas multinaturalistas (Viveiros de Castro, 2010) o Poemas poshumanos.

 

https://revistes.uab.cat/mitologias/article/view/v31-granados-aguero/pdf-es

 

HITO NUEVE

«Y me quedé Vallejo ante Muchay». Biografías sobre el autor de Trilce (Inédito)

El artículo critica las biografías de César Vallejo (Philliparth, Espejo Asturrizaga, Hart) por simplificar su pensamiento al omitir su profundo componente cultural andino. Se propone una lectura de la evolución ideológica de Vallejo entre 1924 y 1929 a través de la crónica “Un atentado contra el regente Horty” (o “Teoría de la reputación”). Se introduce la perspectiva amerindia-multinaturalista-aurática centrada en Ossag Muchay, personaje de origen quechua (muchay: “beso”). Se argumenta que Vallejo trascendía la lógica binaria (política/mítica) concibiendo la identidad como una “firma” o rastro esencial. La crónica es un auto-retrato donde Vallejo se reconoce en Muchay como “paisano” de un mismo universo conceptual. Se concluye que futuras biografías deben incorporar la cosmovisión multinaturalista para captar la unidad vital de Vallejo donde arte y política se integran en una lógica no occidental.

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[Capa de brea fresca]

A mis colegas docentes de educaión básica y universitaria
Capa de brea fresca.
Capa de aceite industrial. Activo jaboncillo.
El salón de clases como un espejo.
Signos que no circulan. Signos
que patinan de culo, de barriga.
Signos que la astuta serpiente pica
y el ingeniosísimo ratón alcanza.
Esto de ser un profesor, a veces,
esto de ser un miserable payaso, a veces.
Como si no bastara, como si
suficiente no fuera, como si
no tuviéramos ya esta lengua de mosca apretada contra el vidrio.
Estos ojos de mosca apretados contra el vidrio.
Este sexo.
Pedro Granados, EL CORAZÓN Y LA ESCRITURA (Lima: BCRP, 1996)

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RESIENTES

Índice
1. Y las cosas algunas
2. Definir
3. Sobre el cemento fresco
4. ¡Rompe Saraguey!
5. Deja sonar la música
6. Para Billie Holiday
7. Desamarrarme los zapatos
8. Por consideración con mis estudiantes
9. Bondades del otoño
10. Curso 316 (A John Kronik, i.m.)
11. Salvarse por la salsa
12. Asumimos el reto
13. Ser una exquisitez una hostia
14. La mecha
15. ‘Ante las piedras de riesgo darwineano’*
16. Imaginarme el mar
17. Yo también he recibido
18. La dulzura de sentirte
19. Mar de invierno
20. ¿Nada más pasará?
21. Poeta busca empleo
22. El viaje
23. Paul Gaugin, camino del Gólgota
24. A mi tío Epifanio, i.m.
25. Cuerpo sin dolor
26. Mudo por elocuente el sendero

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[Lo mejor que pudo ocurrirle a la poesía peruana]

(Foto: Cortesía de Juan Javier Rivera Andía)

Lo mejor que pudo ocurrirle a la poesía peruana

De entre siglos

Es este pechito

Cómo se nadaría sin este crol radial

Cómo se sortearía la ola sin complicidad

De la propia ola

A qué orilla se arribaría

Sin nuestras ahora mismo encubiertas

Alas de murciélago

Una vez fallecido Luis Hernández

Entre todos sus herederos

El más amado por César Vallejo

Porque consolidara como ninguno

Su legado simétrico

Donde “estáis muertos” es, más bien, “estáis vivos”

Y donde el actual mascarón de proa de Inkarrí

Luego del globalizado “piel roja” de Lucho

Es esta bomba también colorada

Que estalla sobre nuestro techo

Boquete y atajo seguro para otro mundo

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ALFREDO BRYCE ECHENIQUE

Peruvian writer Alfredo Bryce Echenique at the Cervantes Institute, where he will deposit a legacy at the Safe of the Letters. in Madrid, Spain, 18 June 2019, (Photo by Oscar Gonzalez/NurPhoto via Getty Images)

Ya consagrado, impecablemente vestido, y una vez de visita en Lima, recuerdo haber visto un par de veces a Bryce aventurándose hasta el Superba (Lince) y saliendo de aquí solo y como una uva de vuelta a San Isidro. De época distinta, arrastraba consigo la ya vasta ciudad capital junto al pesado baúl de sus recuerdos. Nunca me animé a acercarme, no tenía la traza encopetada de aquel distinguido borracho y dudo haber sido un buen interlocutor, yo leía (como ahora) mucho más poesía que narrativa; aunque de Un mundo para Julius recortara algunos párrafos poéticos para analizarlos con mis estudiantes en el aula (siempre he sido un excelente profesor, aunque sin vocación alguna). Pero Bryce ya pasó, tal como en la “Casa tomada” de Julio Cortázar, su costumbrismo nostálgico-zumbón e incluso su opción por la conversación antes que por la “literatura” (“Dos señoras conversan”), ha sucumbido ante la polifonía de voces y arrasada por un caimán simétrico: el de la vida de todos los días no sólo en el Perú, sino también en la red que constituye el mundo entero. Curiosamente, hace pocos meses, me di intempestivamente con él (sobre su silla de ruedas) mientras yo pasaba por la Avenida Guardia Civil y él alcanzaba la salida de una de las tantas clínicas que abundan por allí. Lo encontré bien compuesto, aunque un tanto delgado. Obedecí a un impulso sincero y le alcancé mi mano. Me identifiqué apenas como un agradecido lector. Él me correspondió afectuosamente, en paz y con una franca sonrisa. Ni él ni yo nos andamos en ese momento con literatura ni con poesía. P.G.

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