En Hernández, la botella de cerveza (Pilsen Callao) no es un desecho urbano; es un objeto-índice que participa de la misma ontología que el sol y el océano. Así como el ámbar fósil atrapa el tiempo, la botella de Hernández atrapa la luz del sol de la Herradura, convirtiéndose en un “sol pleno”. Ahora, en lugar de buscar un sol espiritual fuera del mundo, Hernández encuentra el prototipo de Inkarrí en el líquido helado.
Mientras Vallejo trabaja desde el “húmero para bailar” y el hueso seco de la vanguardia, Hernández introduce el “mar” de la alegría y el goce como una herramienta de curación (“Poesía es evitar el dolor”).
La botella de cerveza en la playa es simétrica al Coricancha: ambas son estructuras diseñadas para contener y refractar la energía solar/divina en un suelo inestable (el pantano o la arena).
La lectura aislada de estos poetas sería como mirar islas separadas. Sin embargo, al integrar la refracción (Hernández) con el “fermento” (Vallejo), tenemos:
El “Doble Inkarrí”: Vallejo es la cabeza que pugna por emerger desde el dolor; mientras Hernández es el cuerpo que ya goza de la plenitud en la inmanencia de un “universo total maravilloso”.
JUSTICIA PARA TODOS: Esta unión transforma la “Lima horrible” en un espacio de justicia colectiva donde el sol nos atraviesa según sea la transparencia de cada cual. P.G.
*Desde el poema “Por lo tanto”:

