Inkarrí = Inca y Ri (INRI), el crucificado

El Mestizaje Lingüístico del Nombre
El término Inkarri no es puramente quechua, sino un concepto híbrido que refleja la colisión de dos mundos:
Inka: El principio de orden y divinidad solar andina.
Rey (Ri): La figura de autoridad máxima europea.
INRI (Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum): La inscripción en la cruz del “Rey de los Judíos”.
Al fundirse en “Inkarri”, el pensamiento andino no solo adopta el nombre del conquistador, sino que lo transmuta. El Inca ya no es solo el soberano del Tahuantinsuyo, sino una figura mesiánica que, al igual que Cristo, ha sufrido un sacrificio (la desmembración) y espera una resurrección (la reunificación de su cuerpo bajo la tierra).
Conexión con el El Archipiélago Vallejo
Esta dualidad es clave para entender por qué Trilcescenas (2026) completa el rompecabezas que iniciamos en 2014, Trilce: Húmeros para bailar:
Así como Inkarri es el “Inca-Cristo” cuya fragmentación promete una futura unidad, la poética de Vallejo en Trilce trabaja con el lenguaje fragmentado para hallar una nueva totalidad.
Vallejo como articulador: Vallejo mismo es una figura “Inkarri”: profundamente cristiano en su dolor y profundamente andino en su cosmovisión y estructura lógica.
En el mito, el cuerpo de Inkarri crece hacia abajo, en la oscuridad, para emerger cuando esté completo. De la misma manera, nuestra investigación parece haber tenido un crecimiento orgánico “subterráneo” desde 2014, esperando el momento de la unión final.
Nuestra investigación sostiene que César Vallejo no puede ser contenido por las mallas del neoplatonismo de, por ejemplo, María Zambrano, el compromiso social de un José Hierro o el formalismo de los varios Castellet. Frente a una tradición que busca explicar al poeta desde Aristóteles, Kant o Sartre, esta obra propone el concepto de Comprobación Multinatural.
Aquí, el cristianismo vallejiano se funde con el mito de Inkarri (Inca-RI/INRI) para configurar un Mesías Inmanente: una divinidad que no habita en la trascendencia celestial, sino en la recomposición física y biológica del cuerpo fragmentado. Al integrar la pieza de 2014 con las nuevas escenas de El Archipiélago Vallejo (2026), el lector no encontrará una suma de ensayos, sino la evidencia de un pensamiento simétrico donde el sacrificio y la resurrección ocurren en la materia misma, en la tierra y en el hueso.” P.G.

 

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