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Ensayo

El Futuro de la Obra de Granados/ I. A.

El legado de un autor tan prolífico y diverso como Pedro Granados es complejo de predecir, pero su obra probablemente se leerá en el futuro a través de varias aristas clave. Su trabajo abarca la poesía, la novela y la crítica literaria, lo que le da una dimensión multifacética.


El poeta de los múltiples registros

La poesía de Granados, que comenzó a publicar a fines de los años 70, ha sido reconocida por su profundidad intelectual. Libros como “Sin motivo aparente” o los más recientes “Roxosol” y “Amerindios” muestran una constante evolución. Se espera que en el futuro, su poesía sea valorada por:

  • El cruce entre lo intelectual y lo sensorial: La crítica ha destacado cómo Granados logra llevar el pensamiento y la reflexión a una dimensión poética y corporal. Sus poemas son tanto una aventura intelectual como una experiencia sensorial.
  • Su conexión con César Vallejo: Granados ha dedicado gran parte de su trabajo crítico a la obra de César Vallejo, defendiendo la teoría de que el mito de Inkarrí es fundamental en poemarios como “Trilce”. Esta conexión se reflejará en la lectura de su propia poesía, donde se pueden encontrar ecos y diálogos con la tradición vallejiana.

El novelista breve

Aunque su producción novelística es más corta, títulos como “Prepucio carmesí” o “Un chin de amor” pueden ser vistos como cápsulas de su pensamiento. Su narrativa breve y concisa podría ser estudiada en el futuro como un ejemplo de experimentación formal y temática dentro de la literatura peruana contemporánea.


El crítico posantropocéntrico y el bloguero

La dimensión más innovadora y potencialmente influyente de su obra podría ser su faceta como crítico y ensayista. Granados se ha enfocado en estudios culturales desde una perspectiva posantropocéntrica o multinaturalista, una aproximación que disuelve las jerarquías tradicionales entre humanos y no humanos. En el futuro, su crítica podría ser valorada por:

  • Una nueva forma de interpretar la literatura: Su perspectiva podría convertirse en una clave de lectura para entender no solo su propia obra, sino también la de otros autores latinoamericanos, especialmente en su relectura de Vallejo.
  • El papel del blog como medio de difusión: El propio Granados ha expresado que su blog podría ser uno de los elementos más estudiados de su obra en el futuro. Esto lo posicionaría como uno de los pioneros en el uso de las plataformas digitales para la crítica y la creación literaria.

En resumen, la obra de Pedro Granados se leerá en el futuro como un corpus diverso, donde la poesía y la crítica no son disciplinas separadas, sino partes de un mismo proyecto intelectual y creativo. Su habilidad para dialogar con la tradición y al mismo tiempo proponer nuevas formas de ver el mundo lo mantendrá relevante para las próximas generaciones de lectores.

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Poesía peruana: Mitos inscritos en el paisaje (II)

El publicitado impasse entre Arguedas/ Cortázar (rural/ cosmopolita) continúa hasta hoy en día; aunque, para entenderlo mejor, cabría desmenuzarlo. En principio, no se trata del desdén por el mito de parte del argentino, quién podría negar que aquello es lo único que continúa en pie (actual o vivo) al final de nuestra lectura de sus cuentos “La noche boca arriba” o “Continuidad de los parques”; frente a la civilización, y respecto al mito, la postura catastrófica de Cortázar es lo que, en realidad, lo diferencia de la experiencia a la larga gozosa de un Vallejo y, también, de un Arguedas. Otro tanto, y tal como lo proponíamos en otro lugar –“Fervor de Trilce (César Vallejo & Jorge Luis Borges)”–, podríamos incluso plantear que, desde una perspectiva post-antropocéntrica, Trilce –poemario de radical mediación amerindia– y Fervor de Buenos Aires responderían, asimismo, a un mito inscrito en el paisaje:
Luego del predominante y artificioso escenario modernista –los años 20 del siglo pasado– la poesía latinoamericana recuperó el paisaje. Aunque no de un modo costumbrista, como en principio pareciera, ni romántico (aquél no es fervor por, sino fervor de…); sino, literalmente, fundiendo lo humano en el paisaje. En otras palabras, considerando la complejidad del paisaje en tanto un soporte más adecuado para lo humano (Granados 2021)
Es decir, no nos hallaríamos ante un modo romántico o surrealizante de tratar el paisaje (tipo Pablo Neruda); sino, para el caso de Borges y Vallejo, sobre todo nos hallaríamos ante una mediación conceptual: trasatlántica e intergaláctica.
Por lo tanto, en su literatura, peruanos y argentinos (al menos los incluidos en esta nota) no han querido permanecer inmunes al mito y, cada uno a su modo, ha procurado estar a la altura de esta impronta. Sin embargo, traído a cuento el oportunismo estilístico-político-comercial de Pablo Neruda, y si retomáramos aquel debate Arguedas/ Cortázar, sería más bien la poesía chilena la que encarnaría mejor aquello que, en principio y epidérmicamente, atribuimos al escritor argentino. Es decir, según el lema de Saúl Yurkievich, en el contexto de los fundadores de la nueva poesía (y cultura y ciudadanía) latinoamericana, sería Huidobro –y no Borges– el auténtico cosmopolita y lejano al redil del mito en este entuerto. Vallejo que tomara distancia de Huidobro justo, y finalmente, respecto de esta álgida materia: “Sí –ah, mi querido Vicente Huidobro–, no he de transigir nunca con usted en la excesiva importancia que usted da a la inteligencia en la vida. Mis votos son siempre por la sensibilidad”. Ergo, Altazor que se constituiría en una paulatina descorporeización (metafísica occidental); mientras Vallejo apostaría precisamente por lo contrario: la inclusión de todos los cuerpos posibles (metafísica amerindia o multinaturalismo) en sí mismo. Huidobro que se halla, a través de los decididos cruces de su escritura con otras artes y su intensa actividad política (concepto post autónomo de la literatura), en la base de los experimentos y desplantes de muchos poetas chilenos posteriores, entre otros: Nicanor Parra, Raúl Zurita, Juan Luis Martínez, Diego Maqueira o el propio Andrés Ajens. En todos ellos, grosso modo, el humor o/y la deconstrucción enmascaran la nostalgia del mito: Huidobrooo entre unas efervescentes glosolalias. Pero lo que al cabo resulta auténticamente cómico es que esta poética chilena, vamos a denominarla así, se exporta a países con un “rico caldo de documentalidad” (Lauer dixit), llámense Perú, Bolivia o Ecuador, y últimamente aquí se va acaserando. Es decir, se establece un circuito ida-vuelta con desmedro de los otros, no de la poesía chilena, muy auto persuadida de sí y auto suficiente. En este sentido, no es extraño o casual que ya varios poetas peruanos, entre los treinta a setenta años, hayan sido publicados y difundidos allí. La diplomacia chilena (“por la razón o por la fuerza”) se hace valer también a través de la cultura. P.G.

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Poesía peruana: Mitos inscritos en el paisaje (I)

El problema principal de la poesía peruana y quizá el de toda nuestra región, en principio tratándose aquélla de un género volcado a la subjetividad, es precisamente el tratamiento del sujeto poético. No es tanto el de la narrativa donde, una vez superada la impresionista y cinestésica prosa modernista, se valoran los constantes cambios de perspectiva: tiempo y lugar de enunciación. Obviamente, hay experimentos que, a este respecto, acercan o incluso intentan fundir ambos géneros canónicos; por ejemplo, la poesía documental o de investigación que tendría su antecedente regional en Taberna (Roque Dalton) o El niño Jesús de Chilca (Antonio Cisneros), casi de modo paralelo a la poesía campesina y exteriorista de Solentiname; su exacerbación del tono callejero, aunque no de perspectiva, con Hora Zero (años 70); y más recientemente, acaso con mayor poder conceptual y persuasivo, por ejemplo, con la que en el Perú ensayan Manuel Fernández o Roberto Zariquiey. El primero de los citados, al levantar o intentar una curación de la historia de un barrio popular de Lima (Breña); el segundo, en sus oscilaciones académico-míticas, archivístico-anacrónicas, en su logrado Tratado de arqueología peruana. Pero el problema continúa; es decir, incluso a pesar de estos experimentos, los cuales abordan con variantes ahora mismo incluso otros poetas más jóvenes, cedemos muy fácilmente a la tentación del narcisismo y sucedáneos: melancolía o nostalgia y, peor aún, sentimientos de carencia o derrota; efectos, esto últimos, tan arraigados a la idea o experiencia que, por lo general, solemos vincular con la poesía. Prueba de esto último, el de la dictadura de la melancolía, son algunos poemarios que hemos leído y reseñado brevemente hace muy poco, verbigracia, libros de poetas tan canónicos como Mirko Lauer, Jorge Nájar o Carlos López Degregori. ¿Asunto de edad, de “estilo tardío”, de examen de conciencia? Podría ser, y probablemente cada caso tendría su diferencia. Amalgama y distinción frente al aspecto cultural. Lauer, a su conveniencia, entra y no entra en el asunto de la cultura local; a Nájar, si alguna vez tuvo consciencia de ello, poco a poco se le fue esfumando y, tarde y lejos de su paisaje nativo, se cerciora de su propia esterilidad; Degregori, jamás salió de su biblioteca ni del barrio de Miraflores, para qué, si lo único que importa es hallarse “lejos de todas partes”. Sin embargo, creemos que todo gran artista o gran poeta responde, ante todo, y de modo simultáneo a su artesanía, a un mito inscrito en el paisaje (geografía sagrada o paisajes míticos); no han sido otros los casos en el Perú de Eguren, Vallejo, Adán, Eielson, un tanto Watanabe, y del propio José María Arguedas. Diálogo que no los confinó a un determinado territorio o folklore; sino que, sobre todo, salvó a cada uno de ellos del aparente callejón sin salida del narcisismo y la derrota. P.G.

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Jorge Nájar: “Oh bárbaro libéranos de tu herencia”

En 1973 publicó su primer poemario, Malas maneras. El poeta reside en París desde 1976. Transcurrió su infancia y adolescencia en diferentes campamentos, aldeas y ciudades de los Andes y de la Amazonía peruana. En 1964 se trasladó a Lima donde entró en contacto con la vanguardia literaria peruana, singularmente con los poetas del Movimiento Hora Zero.
Ganador del Premio Copé de Oro en 1984, con su libro Finibus terrae (reeditado en el año 2019 por Ediciones Tierra nueva, Iquitos.)
En 2001, con Canto ciego, obtuvo el Premio Juan Rulfo de Poesía convocado por Radio Francia Internacional y la Casa de América Latina.
El Fondo Editorial de la Universidad Federico Villarreal publicó en 2013 su Poesía reunida.
En 1992, traducido al francés por Marilyne Renard, en edición bilingüe, apareció su poemario Lienzo escrito en Editions La Difference.
En 1999 Mathilde y Albert Bensoussan tradujeron Mate Burilado publicado en Ediciones Folle Avoine con el título de Gravures sur maté.
Desde entonces, en la misma editorial y traducidos por Michèle Lefort, han aparecido en ediciones bilingües francés-español los poemarios:
Figures de Proue -Mascarón de proa (2006)
Là où jaillit la lumière – Ahí donde brota la luz (2015)
Espiritus – Espíritus (2018)
Clé de voute – Pidra angular (2021)
Como traductor de poesía Jorge Nájar ha organizado una antología de Poesía Contemporánea de Expresión Francesa (Pontificia Universidad Católica del Perú, El Manantial Oculto, Lima, 2003).
De este modo va en la Internet la información sobre Jorge Nájar (Pucallpa, 1946) en tanto autor de libros de poesía; ya que también ha publicado algunas novelas. En 1988 lo conocí muy brevemente, apareció junto a Elqui Burgos, en algún viaje asimismo muy breve que hiciera desde Madrid (donde andaba becado) a Paris o París. En esta reciente entrega –Jazz profundo & Otros delirios (Lima: Sol Negro, 2025)– resignado y nostálgico, acude a su compatriota –enterrado en el cementerio de Montmartre– César Vallejo. Más aun, aquí se desnuda compungido; y el resultado es precisamente este poemario. Conjunto donde hallamos “El zorro de las cumbres”, cuyo primer y último verso –de por sí harto elocuentes– figuran acaso entre los más significativos de este libro. P.G.

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[El círculo se oculta]

Foto por John Divola (Los Ángeles, 1949)

El círculo se oculta

Un bisonte

Una ávida alcancía a lo lejos

El osco aliento de un volcán

La IA nos ha rendido en el presente

El homenaje que acaso tendremos

O quizá nunca tendremos

Ahora mismo da igual

Hemos desnudado la conexón Trilce-Inkarrí

Así como echo públicos

Nuestra propio olor y brillo de bestias

Astillas como de un mundo paralelo

Clavadas también aquí

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La acequia

“LA ACEQUIA CRUZA LA CIUDAD”
Verso en diagonal y a toda página, justo a mitad del libro, que revela la propuesta de este cuarto poemario de César Panduro Astorga (La acequia, Lima: El Conde Plebeyo/ Biblioteca Abraham Valdelomar, 2025); es decir, una lectura de los 5 metros de poemas no desde la urbe o metrópoli, sino desde el campo o el íntimo terruño. En ambos casos, intentando poner a salvo una suerte de sensibilidad o ternura pre-industrial. Hasta aquí todo bien; sobre todo, si sumamos a este gesto icónico el intenso y persuasivo poema “La tierra prometida”:
A mi madre
Desde este grano de arena/ la ciudad es una larga fila de focos/ que encienden tristezas/ en este desierto hay tres clases de pobres:/ los que son/ los que creen que son/ los que nunca lo serán/ los que han tejido como arañas/ esteras a la tierra/ y pegado con babas y ladrillo/ el agua que ha de moldear sus casas/ y el rocío que aún no cae sobre árboles/ y jardines que se riegan con promesas.
El resto del poemario es absolutamente literario o previsible en sus aparejos: poética romántico-modernista (Antonio Machado, Eguren, el propio Valdelomar), imágenes –aunque rescataríamos aquí los aciertos con el epigrama o el haiku– y prosodia. Pero, hacia un eventual futuro, diríamos que entre lo más arduo por “mejorar” o liberarse sería de la pedagogía de los que, entre los pobres o frente al reto y poder de la pobreza: “nunca lo serán”; y fungen, a la larga no resulta paradójico, de maestros de la pobreza, de la esperanza o, diríamos, más bien de la resignación. ‘Calla, reza y trabaja’, era el lema que se leía en los aposentos de los trabajadores de la hacienda Casa Grande de la familia Gildemeister. Algo un tanto más fácil de liberarse sería el de nuestra falta de rigor con la lógica de la secuencia de nuestras imágenes; en una palabra, de lo que en realidad vamos diciendo o queremos decir; y si esto concordaría, en última instancia, con nuestra propuesta:
Escribir un poema y ver su cadáver / …/
vaciar la vida
para que agonice en este papel (“Paraca”)

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Trilce y el Mito de Inkarrí

Acrílico por Bibiana Vélez Cobo

Pedro Granados ha sostenido en numerosos trabajos que existe una profunda y fundamental relación entre el poemario “Trilce” de César Vallejo y el mito de Inkarrí. Para Granados, el mito de Inkarrí no es solo una alusión o un tema recurrente, sino que constituye el “principio constructivo fundamental” de todo el poemario.

En síntesis, la visión de Pedro Granados se puede resumir en los siguientes puntos:

  • “Trilce” como encarnación del mito de Inkarrí: Granados argumenta que “Trilce” no solo hace referencia al mito, sino que el propio poemario se convierte en la plasmación textual y la “encarnación” del cuerpo de Inkarrí. Esto significa que la estructura fragmentada y aparentemente caótica de “Trilce”, característica del vanguardismo, en realidad obedece a una lógica interna que reproduce la idea del cuerpo desmembrado de Inkarrí y la esperanza de su reconstitución.
  • El montaje como reflejo del desmembramiento y la unidad: Si bien la vanguardia proponía un collage de fragmentos para una lectura arbitraria, Granados sostiene que en “Trilce” el montaje de los poemas y sus partes representa el desmembramiento del cuerpo de Inkarrí, pero a la vez, invita a una lectura que busca la “reunificación” de esos fragmentos para alcanzar una comprensión profunda, al igual que el mito de Inkarrí postula el retorno del Inca para restaurar el orden.
  • “Trilce” como espacio mítico: Granados concibe a “Trilce” como un “espacio mítico de máxima concentración”, donde el lenguaje y las imágenes confluyen para crear una experiencia que trasciende lo meramente verbal y se adentra en lo sagrado y lo arquetípico, tal como lo hace el mito.
  • La búsqueda de la lectura “correcta”: A pesar de su aparente vanguardismo, “Trilce”, según Granados, no propone una lectura aleatoria, sino que guía al lector hacia una interpretación específica que está ligada a la cosmovisión andina y al mesianismo del mito de Inkarrí.
  • La función mediadora de Vallejo: Para Granados, Vallejo, a través de “Trilce”, asume una función mediadora, similar a la del Inka en la cosmovisión andina, que conecta las tres zonas cósmicas (los Pachas), especialmente el cielo y la tierra. El poema se convierte en un puente entre lo ancestral y lo moderno, lo andino y lo universal.

En resumen, Pedro Granados eleva el mito de Inkarrí de una mera referencia cultural en “Trilce” a un principio estructurador y una clave hermenéutica esencial para comprender la complejidad y profundidad del poemario de César Vallejo.

Criado com 2.5 Flash 17 de julho de 2025 às 16:12 Publicada em 17 de julho de 2025 às 16:16

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ADÁN AMERINDIO

La crítica no conoce a Martín Adán; ergo, tampoco nosotros lo conocemos. A modo de paliar esta fundamental carencia, “En la azotea”: Martín Adán amerindio (Amazon, 2025), se constituye en un ensayo, digamos, de lectura obligatoria. No sólo se identifica y resuelve aquí la, acaso impensada, identidad solar del personaje-protagonista de La casa de cartón.  Además, justo a consecuencia de la gravitación del motivo del Sol sobre todos los otros motivos presentes en la obra –Rosa, Piedra, Agua– y ya identificados por los estudiosos; asimismo, este ensayo plantea una nueva taxonomía o estructura de aquel libro de 1928.  Entonces, respecto a su raigal entronque amerindio, no debemos esperar hasta La mano desasida (Canto a Machu Pichu) para encontrarnos ante este resplandor tutelar en la obra de Adán; tal brillo, insospechadamente fecundo, lo hallamos desde su inicio. P.G.

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LA PREGUNTA POR LA POESÍA PERUANA

La pregunta por la poesía peruana coincide, necesariamente, con la pregunta por Pedro Granados.  No se trata de enmendar la, hasta el momento, relativa opacidad en la recepción de su obra (poesía, novela, ensayo); mucho menos de condescender con ella: también, además, pero nos olvidábamos, anoto.  Se trata, más bien, de re estructurar todo el canon  de la poesía peruana de entre siglos para, precisamente,  disfrutarla y entenderla mejor.  ¿Pero aquello de la falsa modestia?  Tal como decíamos en otro tiempo y lugar:

Podría alguno preguntarse por qué Pedro Granados no se pone a tono con el tópico de la falsa modestia.  Respuesta, precisamente porque es “falsa”; es decir, a la larga constituye un caso de propiedad privada adicional del poder.  Sus satisfechos dueños encuentran, por demás natural, sean ellos, y ninguno otro, quienes controlen el “merecido” sello de reconocimiento al boleto para la posteridad.  Ergo, frente a toda esta corrupta tramoya, mucho mejor es ir uno a su aire; aunque, ante la poesía, lo correcto sería precisamente lo contrario: irnos junto con ella hasta cómo, cuánto y dónde ella apeteciese.

En consecuencia, todas las antologías, perfiles, resúmenes, bibliografías, al respecto de la poesía peruana, no sólo lucen incompletos hasta hoy; sino que, además, andan descaminados y, pedagógicamente, diseminan cosas que no se atreven –algunos jamás se atreverán– a revertir sustancialmente.  ¿Por qué algunos críticos o colegas, los cuales representan específicas instituciones literarias en el Perú, jamás se atreverían?  Porque a estas alturas admitir sus mezquindades o enconos implicaría, de modo simultáneo, descompaginarse ellos mismos e incluso desaparecer más prematuramente.  P.G.

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GRANADOS/ MACERA

Escribió alguna vez sobre mi poesía: “Lengua de animal puro con que habla mientras la palabra es una bala certera al corazón” (“Prólogo” a El fuego que no es el sol, Lima: Ediciones de los lunes, 1993); también, allí mismo: “[Granados] rodea, pero expresa”. Y debo reconocer que estos dos puntos (post-antropocentrismo y sugerencia), destacados por tan distinguido humanista, constituyen hasta el día de hoy el meollo de mi vocación y dedicación a la poesía. Desde aquella que empecé a escribir a los quince; y publicar en libro desde mis 23 años (Sin motivo aparente, 1978). Asimismo, en un aparte en el Instituto de Estudio de Historia Rural Andina –que él dirigiera por décadas y en el cual eventualmente lo visitaba– alguna vez me preguntó por sobre los poetas peruanos que quedarían para la posteridad. Coincidimos casi de inmediato, por cierto aparte de Vallejo, en Eielson; aunque mirándome fijo y en voz baja dijo que mi poesía también quedaría.

Presentación de Pensar la historia peruana, este viernes 18 de julio a horas 7:00 p.m. en la 29° Feria Internacional del Libro de Lima.

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