MVLL, la orgía en automático

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Como era de esperar, la presencia de MVLL en la Feria del Libro de Buenos Aires polarizó a la opinión pública. Aunque, al interior mismo del campo ferial, el fervor por el peruano y su discurso fueron casi unánimes. El habló ante un exclusivo auditorio de invitados, en la sala Jorge Luis Borges; nosotros escuchamos su ponencia desde una pantalla gigante colocada en la, vecina, sala Julio Cortázar. La pugna por llegar a esta sala, con las puertas trancadas desde el interior con endebles sillas, no impedía la golosa atención que provocaban las palabras del reciente Premio Nobel. ¿Qué dijo de nuevo el peruano? Absolutamente nada de lo ya conocido. Salvo, con más claridad que otras veces, hacernos reparar en la orgía que guía sus pasos y, a su vez, alimenta su literatura. Debajo de su discurso de liberal duro –de modo quizá involuntario, aunque sin duda sistemático– MVLL argulló otro discurso; el de la revancha y la posesión de lo deseado. Revancha, a contracorriente de la opinión del padre que llegó a odiar, en el ejercicio de la literatura. Posesión, realización, conquista de lo deseado –real o imaginaria, y ante cualquier oposición– que han sido también, según lo fue ventilando frente al encandilado auditorio porteño, el disparador de todas sus novelas. Su discurso, por un momento, fue una continuación del de la recepción del Nobel (la escena donde rompe en llanto), aunque esta vez desbrozándolo como en petit committee; es decir, en la intimidad de Latinoamérica, sabiendo que todo el mundo allí lo podría seguir en la más mínima flexión de la voz y en el declarado u oculto sentido. Discurso o verso –en tanto su impecable paralelismo y extraordinaria elocuencia– entre patético y pornográfico; denominaríamos orgiástico, a manera del famoso ensayo que nuestro autor dedicara a Madame Bovary. Por consiguiente, avidez de un público –reprimido, cotidiano, harto de la minuciosa realidad– por estos excesos. A MVLL más que la política le interesa la orgía. Reserva siempre para él un carnaval privado. Su liberalismo sería ante todo una ilusión; un lugar utópico sobre el cual proyectar, sin restricción alguna, su díscolo deseo. Su discurso político pareciera ir cediendo, paulatinamente y por la pujante edad, hacia ese abierto estuario. Sus convicciones, tan bien articuladas, van revelando su estructura de palos y mascarón de cartón piedra. Tránsito de un sujeto, probablemente equivocado, reflejándose ante un espejo que lo hace un poco más amable.

Buenos Aires, 21/4/2011

Puntuación: 5.00 / Votos: 9

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