Leopoldo Mª Panero: ¿Quién pone el punto de corte?/ María José Pastor*

elboomeran.com

¿La obra de Leopoldo María Panero (Madrid, 1948) es poesía? Si Panero es poeta, ¿lo es por su esquizofrenia o a pesar de la misma? ¿Actúa la esquizofrenia a favor o en contra de la poesía? Esquizofrénico y poeta no son sinónimos ni tienen una relación causa-efecto unívoca ni constante. Se puede ser esquizofrénico y no ser artista y viceversa. Pero ¿se puede ser ambas cosas a la vez?

Julia Kristeva, semióloga, poeta y psicoanalista, considera que la poesía surge de una violenta lucha por sostener/disgregar el lenguaje, entre lo simbólico y lo semiótico. ¿Cuándo la vuelta al plano semiótico pone en riesgo al sujeto? Mientras el creador arriesga su posición e inestabiliza el orden simbólico, el psicótico (se) disuelve (en) la significación. (1)

En su ensayo sobre Sade, Panero se refiere a la paranoia como algo desagradable, pero encumbra la esquizofrenia como algo exquisito e inofensivo.

La esquizofrenia puede abrir las puertas de la creatividad poética en la medida en que la percepción difiere de la percepción de una población normal. Si es que existe población normal, percepción normal, percepción estándar. ¡Qué difícil definir! Y la escritura poética puede estar favorecida por la pulsión semiótica de desestructuración del lenguaje. En Panero junto a las drogas, el alcohol y los fármacos antidepresivos, la esquizofrenia condiciona su visión/ liberación/ marginalidad. “Tal vez sean la causa de su canto desigual, desvencijado, trabado en ocasiones, pero impar, personalísimo impregnado de fuerza y provocación” (2)

Condicionan la percepción del yo y un distanciamiento que le permiten reconocer la falacia del mismo: “No es que esté solo, es que no existo /es que no hay nadie en esta playa / y ya ni yo aun me acompaño / son estos ojos cual dos cuevas / y en mi cabeza sopla el viento: / será la muerte como un vino?” (La canción del indio crow). Un yo que se relaciona con la realidad de forma vocacionalmente literaria: “Vivo bajo la fantasía prosaica del fin del mundo y no sólo no quiero salir de ella sino que pretendo que los demás entren en ella”.(3). “Pero aventura no hay, lo sabes,/ más que por alguien, para alguien, como un poema,/ como el riesgo de un vuelo en el aire sin tránsito.” (Pavane pour un enfant défunt). “Ni grito ni silencio sino algún canto cierto / y estar aquí los dos, al amparo del Verbo.” (Vaso).

Una realidad literaria que finalmente también es una farsa: “Hoy las arañas me hacen cálidas señas desde / las esquinas de mi cuarto, y la luz titubea, / y empiezo a dudar que sea cierta / la inmensa tragedia / de la literatura.” (Mutis).

Una literatura tan imprescindible como destructora según reconoce en su poema

La poesía destruye al hombre… que a su vez nos remite a la lucidez del zenn con imágenes tan características de éste como que los pensamientos son monos saltando de rama en rama. “La poesía destruye al hombre / mientras los monos saltan de rama en rama / buscándose en vano a sí mismos /en el sacrílego bosque de la vida / las palabras destruyen al hombre / ¡y las mujeres devoran cráneos con tanta hambre / de vida! / Sólo es hermoso el pájaro cuando muere / destruido por la poesía”.

Podría creerse que su poesía es impensada, independiente de otras poéticas, sin embargo declaraciones suyas lo desdicen “Yo creo que en este momento sólo hay dos rutas: una que parte del surrealismo y otra que nació en Mallarmé. La diferencia entre las dos es la misma que existe entre algo que no quiere decir nada, y algo que quiere decir nada. Lo primero puede ser inconsciente y no reflexivo; lo segundo necesita ser reflexivo”. Panero se sitúa más allá de los que pretenden destruir el lenguaje, entre los abanderados de la inefabilidad y los posibilistas de la poesía cercana; lo hace en un limbo alternativo sin bandera alguna. (4)

El poeta se vale de los materiales que causarán horror y repugnancia al lector. La maldición no es un pretexto literario, ni un acompañamiento eficaz, sino el motor esencial de la escritura (4): “gelatina, escamas, mano / que sobresale de la tumba / manos que surgen de la tierra como tallos / surcos arados por la muerte,/ cabezas de ahorcados que echan flor: / decapitados que dialogan / a la luz decreciente de las velas,/ ¡oh quién nos traerá la rima la música, el sonido que rompa la campana / de la asfixia, y el cristal borroso / de lo posible, la música del beso! / De ese beso, final, padre, en que desaparezcan / de un soplo nuestras sombras, para / asidos de ese metro imposible y feroz, quedarnos / a salvo de los hombres para siempre,/ solos yo y tú mi amada.” (Glosa a un epitafio).

Lo fragmentario, lo incoherente y en general todo aquello que busca situarse en el territorio del exceso (coprofilia, incesto, impotencia, homosexualidad, sadismo, masoquismo, etc.) no entran en los poemas como provocación sino como síntoma, porque si no son “la” verdad al menos forman también parte de una (otra) verdad (5).

Es una poesía de lo abyecto. La abyección según sostiene Julia Kristeva es lo que perturba identidad, sistema y orden. Lo que no respeta bordes, posiciones, reglas (1) el asco y la repugnancia como modos de contradecir el ideal de belleza y espiritualidad de la poesía del equilibrio y de la perfección.

Otras características de la poesía de Panero son sus temas recurrentes: Pensamientos teológico-filosóficos en los que las figuras paterna, materna y fraterna y los crímenes no son más que formas de expresar estados de ánimo a través de silogismos e invocaciones llenas de tensión y malestar (4): “No quiero errar en la mitología / de ese nombre del padre que a todos nos falta,/ porque somos tan sólo hermanos de una invasión de lo imposible/ (…) / ¡ah los hermanos, los hermanos invisibles que florecen,/ en el Terror! ¡Ah los hermanos, los hermanos que se defienden / inútilmente de la luz del mundo con las manos,/ que se guardan del mundo por el Miedo, y cultivan en la sombra / de su huerto nefasto la amenaza de lo eterno, en el ruin mundo de los vivos! ¡Ah los hermanos” (Glosa a un epitafio). Recurrencias temáticas sobre dioses, el diablo: “sin ángeles ni mujeres / desnudo de todo /salvo de tu nombre / de tus besos en mi ano / y tus caricias en mi cabeza calva / rociaremos con vino, orina y / sangre las iglesias / regalo de los magos / y debajo del crucifijo /aullaremos.” (Himno a satán). Recurrencias temáticas sobre la muerte y el suicidio. Sobre la desgracia de haber nacido: “con el rostro perdido y el cabello demente / hambrientos, llenos de sed, de ganas / de aire, de soplar globos como antes era, fue / la vida un día antes / de que allí en la alcoba de / los padres perdiéramos la luz.” (El noi del sucre). Recurrencias sobre la falacia del tiempo: “desde que no hay tiempo sino destino y trazo” (Pavane pour un enfant défunt); “agarradas al tiempo como a oscura certeza” (Un asesino en las calles).

Panero defiende no diluir los significados de su poesía. Si el poema escandaliza, cumple con su función ética. Pero renuncia a que la sociedad pueda asimilarlos y etiquetarlos como resultado de una estética reconocible (4). Cuestiona las instituciones, la religión: “Escribir en España no es llorar, es beber,/ es beber la rabia del que no se resigna /a morir en las esquinas, es beber y mal / decir, blasfemar contra España / contra este país sin dioses pero con / estatuas de dioses, es /beber en la iglesia con música de órgano.” (La canción del croupier del Mississippi). Sólo desea depurar sus negaciones, figurar al margen de cualquier interpretación (4): “Hablamos para nada, con palabras que caen / y son viejas ya hoy, en la boca que sabe / que no hay nada en los ojos sino algo que cae / flores que se deshacen y pudren en la tumba / y canciones que avanzan por la sombra, tambaleantes / mejor que un borracho.” (Vaso).

La intertextualidad es también una constante en su obra, por eso cita tantas veces a quienes le influyen (Mallarmé, Cavalcanti, De Quincey, Saint-John Perse). No le preocupa que el lector identifique la fuente de sus propuestas, sino que pueda manipularlas para etiquetarlas bajo un membrete grupal. Panero busca afirmar su personalidad negando a través de un discurso radical y afirmando a quienes considera sus predecesores (4): “Pero lo mío es como en “Dulce pájaro de juventud” un cazador de dotes hermoso y alcohólico”; “no hay nada mejor que decirse / a sí mismo una proposición de Wittgenstein mientras sube / la marea del vino en la sangre y el alma.”; “es caerse borracho en los recitales y manchas de vino / tinto y sangre “Le livre des masques” de Rémy de Gourmont.” (La canción del croupier del Mississippi).

En definitiva Panero cumple diversas condiciones del quehacer poético. Escritura creativa que se adentra en lo indecible con un lenguaje original que provoca, que es capaz de emocionar sin pretensión de ser comprendido ni de adscribirse a ningún grupo o generación. Y si bien su libertad personal puede estar mermada por la enfermedad, indudable goza de una libertad de expresión que otros no tienen debido a la rigidez, al miedo a ser excluido de la normalidad y al ajuste a cánones imperantes, sean teóricos o prácticos.

La esquizofrenia condiciona su obra poética, la favorece en algunos aspectos, la perjudica en otros. Es posible que su obra sea irregular “se trata de una poesía que siempre está en el borde: entre el hallazgo de una imagen intensa y la mera expresión anodina y superficial” (6) y que con el paso de los años se haya hecho más fragmentada, pero se hace necesario rescatar la faceta de belleza y libertad, de lucidez y alejamiento. Hay también muchos poetas que sin ser esquizofrénicos son irregulares. Otros han utilizado la abyección de forma voluntaria.

Todo parece pues una cuestión de límites. En la desestructuración del lenguaje y la factura poética, en el tratamiento con lo abyecto, en las obsesiones, en la irregularidad de un autor, en la cordura ¿quién pone el punto de corte? En un espacio por el que pasan estas líneas, Panero y la poesía conviven.

(1) Julia Kristeva y la gramática de la subjetividad. Diana Paris. Campo de ideas 2003.

(2) Javier Rada, “Panero resucitado”, 20 minutos, 5 de enero de 2005

(3) Antología de José María Castellet Nueve novísimos poetas españoles Poética.

(4) Andreu Navarra “Leopoldo María Panero: La perfecta venganza de escribir”
(5) Talens, J. (1992): “De poesía y su(b)versión (Reflexiones desde la escritura denotada ‘Leopoldo María Panero’)”, en Panero (1992b), 7-51.

(6) Jacobo Sefamí : “El último de los malditos”. Letras libres. Marzo 2005.

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* Nacida en Valencia en 1954, es médico analista y trabaja en un hospital de la Consellería de Sanitat de la Comunitat Valenciana. Escribe poesía desde el año 2000. En el 2003 obtiene el premio en el IV Certámen Literario Tertulandia en la modalidad de poesía con “Autonomía del Deseo”. En 2004 publica el poemario “ Esporas de Cordura” inspirado en la “Resistencia” de Ernesto Sábato en la Editorial Estudios Modernistas. Ha participado en las antologías “Segundo Peldaño” y “El sueño del búho”.

Tomado de Revista Heterogénea

Puntuación: 3.67 / Votos: 3

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