Muchas veces me han preguntado por la manera de trabajar en aula temas tan complejos como el origen de las guerras, la CVR en el Perú o la autonomía personal y los crímenes de obediencia. Yo recomiendo mucho revisar el curriculum de Facing History and Ourselves, que tiene extraordinarios materiales para trabajar en aula temas sociales y de historia, con una perspectiva ética.
Como lamentablemente sus materiales están inglés, lo que limita el acceso a las personas que no lo hablan, en este post se me ha ocurrido poner a disposición una idea que yo misma he construído, a partir de una lectura que está colgada en internet y a la que todos pueden acceder. Es solo una muestra de lo que se puede hacer con materiales muy simples, al alcance de todos, y estoy segura de que los docentes elaborarán mucho mejores estrategias a partir de ella.
El tema que propongo, pensado para los últimos años de secundaria, es la autonomía personal y la obediencia debida. La idea general es discutir con los adolescentes la toma de decisiones autónoma: en la vida nos encontramos muchas veces en situaciones que nos exigen decidir si seguir una indicación o no. ¿Debo hacerlo? ¿Es razonable seguir esa orden? ¿A quiénes afecto con ella? ¿Qué pasa si no la obedezco?… Todas estas son preguntas las personas se hacen cuando piensan por sí mismas, es decir, cuando razonan y se comportan de manera autónoma. Pensar con autonomía es importante porque, entre otras cosas, podemos analizar críticamente las situaciones que se nos presentan y ser responsables por las decisiones tomadas. Los adolescentes deben razonar sobre este tema tanto desde las experiencias de su vida cotidiana como a partir de situaciones históricas.

Propongo lo siguiente: dar a leer a los estudiantes el texto que se presenta a continuación, que es una adaptación de Hannah Arendt: cómo enfrentar la banalidad del mal (de Alexandra Délano)
El texto completo, mucho más largo que el resumen que presento aquí, se encuentra disponible en: http://www.difusioncultural.uam.mx/revista/junio2000/arendt.html
En 1961 Hannah Arendt fue la encargada de cubrir para el semanario estadounidense The New Yorker el juicio contra Adolf Eichmann en la ciudad de Jerusalén. El minucioso trabajo de esta escritora judía de origen alemán se recopiló años después en un libro cuyo título ha suscitado largas discusiones: Eichmann en Jerusalén: un estudio sobre la banalidad del mal. Casi cuarenta años después del juicio y la aplicación de la pena de muerte a Eichmann, este caso vuelve a causar polémica, pues el gobierno de Israel ha decidido permitir la publicación de las memorias que escribió el criminal nazi durante el periodo de más de un año que duró el juicio. En este “diario del demonio”, como se le ha bautizado popularmente, Eichmann se presenta como un hombre normal, un ser obediente que sólo formó parte de una maquinaria; de una burocracia de exterminio. Esta descripción coincide con la definición de Hannah Arendt de lo que representaba Eichmann: un nuevo tipo de criminal que actúa bajo circunstancias que le hacen casi imposible saber que está obrando mal. Al hablar de la banalidad del mal, ella se refiere a la irreflexión de quien comete crímenes actuando bajo órdenes, lo cual no lo libera de culpa pero sí lo hace sujeto de una nueva forma de juicio. Eichmann trabajaba en el Departamento de Emigración Judía, desde donde planeaba el transporte hacia los guetos y campos de concentración. En palabras de Hermann Tertsch: “Eichmann cumplía órdenes y de eso se trataba, de fiabilidad, efectividad, bajo coste y perfecta distribución de recursos. Lo demás daba igual. Judíos, tornillos, cerdos o gases letales tenían que llegar a su hora a su sitio al menor coste” (“El relojero del Holocausto”. El País, 5 de marzo de 2000).








