HOMENAJE A MI PADRE A LOS 57 AÑOS DE SU MUERTE: BIOGRAFÍA DE JUAN ALVA MURRUGARRA
(Contumazá – CAJAMARCA 1941 / Tauca – ANCASH 1969)
El martes 1 de julio de 1941 nació en la provincia de Contumazá, Departamento de Cajamarca Juan Teobaldo Alva Murrugarra, hijo de don José Melitón Alva Yépez y de doña Manuela Reydelinda Murrugarra Angulo, nieto de Juan de Dios Alva Linares y de Teodomira Yépez Cáceres, bisnieto de Manuel Pasión Alva Advíncula y tataranieto de José Manuel Alva Prada. Juan era el menor de cuatro hermanos. Por parte de su padre tenía una hermana llamada Zulema Alva quien falleció es España el 31 de octubre de 2010 a la edad de 78 años.
Bertha Matea, la mayor de los hermanos fue profesora de colegio (vive actualmente en Trujillo); Alcindo Merardo, el segundo que fue posteriormente policía de la antigua Guardia Civil (también vive en Trujillo); Rómulo Orfeo ingresó a la Marina de Guerra (vive actualmente en el Callao) y Juan Teobaldo terminó ingresando a la Fuerza Aérea del Perú.
Su niñez la pasó en el campo apoyando en las labores agrícolas y domésticas en la casa, cuentan que tenía un pequeño cajoncito para lustrar zapatos y que lo utilizaba especialmente en las fiestas de bautizo, matrimonios y cuanta fiesta se presentara en la ciudad de Contumazá para lustrar los calzados de las personas. De las ganancias que obtenía siempre tenía la costumbre de separar la mitad para su madre Manuela y la otra mitad para él, dinero que utilizaba para sus gastos personales, el ahorro y comprar fruta. Cuentan que él tenía un contacto en la Municipalidad quien le avisaba las fechas en las cuales se celebraban los acontecimientos más importantes y así aprovechar en lustrar zapatos.
De niño tenía la costumbre de llevar los toros amarrados de una chacra (parcela) a otra, para que sus propietarios los buscaran y el se escondía observando las riñas entre ellos.
Otra de las travesuras que realizaba de pequeño junto con sus amigos era cambiar las placas de los profesionales que estaban en las fachadas de las casas, de este modo, “por arte de magia” trasladaba la placa de un profesional a la casa de otro, de tal manera que cuando se buscaba a la persona por algún servicio tocaban la puerta de otra casa. Ello era sencillo porque las paredes de las casas en Contumazá eran generalmente de adobe y las placas estaban adheridas solo con clavos.
Su madre Manuela horneaba el pan para toda una semana y para protegerlos de la “voracidad” de los niños, colocaba los panecillos en una bolsa en lo alto de la casa. Juan junto con sus hermanos ideó una solución para poder llegar alcanzar dicha bolsa y con una madera siempre lograban bajarla, comer el pan necesario y volver a colocarlo en su sitio. Repitieron una y otra vez esa hazaña hasta que fueron descubiertos por su madre.
Estudió en el Colegio Nacional “Abel Alva” de la misma ciudad de Contumazá toda la primaria hasta solo el segundo año de secundaria, toda vez que se trasladó la ciudad de Trujillo a terminar la secundaria en el Colegio “Mariscal de Orbegoso”. La razón de porqué terminó el colegio en otra provincia se debe a una expulsión por una palomillada. Juan junto a dos compañeros colocaron una penca de tuna en la silla del pupitre de un profesor quien no se percató de la trampa y se sentó en la penca lo cual le causó un tremendo dolor.
Se hicieron las averiguaciones y se detectaron los nombres de tres alumnos, uno de los cuales era Juan Alva Murrugarra, motivo por el cual se decidió la expulsión. ¿Se imaginan si esa penca de tuna no se hubiera cruzado en la vida de Juan? Quizás se hubiera quedado en Contumazá y la historia sería otra.
En la ciudad de Trujillo tenía el apoyo de su hermano mayor Alcindo quien escuchó su vocación militar y le animó a postular a la Gloriosa Fuerza Aérea del Perú. Una vez que llegó a Lima, su hermano Rómulo lo acogió en el lugar donde vivía, ayudándole en la preparación para su ingreso a la FAP.
Después de una intensa preparación, Juan ingresó en 1961 a la Escuela de Suboficiales de la Fuerza Aérea del Perú (FAP), graduándose posteriormente dentro de la promoción “SO 3ra. Juan Rivera Luna” en 1963. En el año 2011, dicha promoción celebró los 50 años de su ingreso a la Escuela y para la ocasión se colocó una placa conmemorativa. Tuve el honor de asistir a esa ceremonia en la Base Aérea de Las Palmas y pude conocer a los compañeros de mi papá; como nadie me conocía, llevé conmigo la foto de mi padre con el puma tomada en la base en 1968, y solo así me relacionaron con él. Me expresaron su alegría y compartieron conmigo sus recuerdos.
Tras culminar su intensa preparación militar, Juan consolidó una fuerte camaradería con sus compañeros y volcó su agudeza intelectual hacia las ciencias exactas de la aeromecánica, especializándose en el mantenimiento de motores de helicópteros utilitarios medianos de última generación. Como parte de su excelencia profesional, el alto mando de la FAP lo seleccionó para viajar a la Zona del Canal de Panamá, donde se especializó en la prestigiosa Academia Interamericana de las Fuerzas Aéreas (IAAFA), con sede en la Base Aérea de Albrook, un centro de adiestramiento avanzado de los Estados Unidos en mantenimiento aeronáutico para América Latina. Con estas rigurosas credenciales técnicas, Juan Alva Murrugarra hizo su retorno al Perú para asumir la responsabilidad directa de la conservación y operatividad de la flotilla histórica de catorce helicópteros Bell UH-1D-BF Iroquois que el Estado peruano adquirió originalmente en el año 1965.
En este exigente esquema operativo, Juan custodió de forma pericial la bitácora del helicóptero utilitario con matrícula FAP-628, un moderno aparato construido en Texas por Bell Helicopter Textron bajo el número de serie de fábrica C/N 4549 y registrado previamente ante el inventario de asistencia militar del gobierno federal de los Estados Unidos bajo el código BuNo 64-13842. Esta emblemática unidad aérea inició sus misiones bajo el control del Escuadrón de Rescate N.º 832 del Grupo Aéreo Mixto N.º 8 en el Callao, el cual centralizaba las complejas maniobras de salvamento y exploración geográfica en el territorio nacional. Su alta preparación técnica en la calibración y comportamiento de los motores turboeje Lycoming T53-L-13 garantizó la aeronavegabilidad del velívolo tanto en las misiones costeras como en los destacamentos del norte, volando frecuentemente en diversas regiones del país antes del trágico destino que paralizaría el reloj de la tripulación en el otoño de 1969.
Su pasión fue la fotografía y por eso llevaba siempre consigo una cámara fotográfica en todos sus viajes. Retrataba paisajes desde la cabina del helicóptero, cuando estaba en tierra, junto a sus amigos y a su familia; se fotografió incluso junto a un puma en la base aérea “El Pato” de Talara en Piura. Esos recuerdos fotográficos me permiten conocer lo que el pudo observar en vida. Por mi parte, mantengo viva esa pasión por la fotografía aunque no soy profesional en las tomas, pero procuro capturar el tiempo, las personas o los paisajes en las fotos.
Mi tía Bertha, hermana de mi papá, comentó que en una oportunidad, un helicóptero de la FAP ubicado en Trujillo tenía una falla que nadie podía resolver. Cuentan que varios técnicos consultaban planos, libros y folletos pero no daban con la falla. Juan solo atinó a retirar del bolsillo de su uniforme una pequeña libreta, la observó y se ubicó debajo de la nave y empezó a trabajar hasta que la nave funcionó pero su uniforme había quedado sucio, por lo que su madre que vivía en dicha ciudad lo lavó y secó con una plancha (de las antiguas de carbón) para que pueda asistir a la base sin dificultad.
Por decisión del comando FAP, Juan estuvo destacado en la ciudad de Piura, específicamente en el Grupo Aéreo N.° 7 de la Fuerza Aérea del Perú (FAP), que tiene su sede en la Base Aérea Capitán FAP Guillermo Concha Ibérico, ubicada en el distrito de Castilla, de la Provincia de Piura, Departamento de Piura. Allí su trajín diario era prestar apoyo a los helicópteros afincados en la base aérea y retornar a la villa FAP. Dentro de ese ir y venir conoció en una fiesta a una bella periodista llamada Aída Teresa Matteucci Lara.
Aída había estudiado en la Escuela de Periodismo de la Pontificia Universidad Católica, que era dirigida por Matilde Pérez Palacios. Ella era la única hija del Ingeniero italiano Mario Luigi Gaspare Matteucci Zattini y de doña María Lara Casas, era natural de Lima pero por cuestiones de trabajo se encontraba laborando en las ciudades de Piura y Sullana, en la antigua fábrica Nicolini.
El amor entre Juan y Aída surgió y, después de varios meses, la relación maduró hasta que se casaron un viernes 16 de julio de 1965 en el Santuario de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, históricamente conocido como la Iglesia de San Sebastián en el centro de Piura. Fruto de ese amor nació Carlo Alva Matteucci el viernes 15 de julio de 1966, un día antes de celebrar su primer año de bodas. Carlo nació en el antiguo hospital de Belén en el distrito de Castilla, hoy reemplazado por el Hospital Regional de Piura.
A inicios del año 1967, Juan Alva Murrugarra recibe la orden del comando FAP de trasladarse a la ciudad de Lima, específicamente a la base aérea del Callao, al Grupo Aéreo Nº 8. Juan decide junto con su familia conformada hasta ese momento (su esposa Aída, su hijo mayor Carlo y él), venir a vivir a la ciudad de Ventanilla, en el agrupamiento vecinal Naval de la Marina de Guerra del Perú, aprovechando las facilidades que le ofreció su hermano Rómulo de alquiler de la casa ubicada en la calle Aries 104 – Urbanización Naval en el distrito de Ventanilla de la Provincia Constitucional del Callao.
La familia se incrementa y el lunes 30 de octubre de 1967 nace Juan Mario Alva Matteucci, el segundo de los hijos de la familia Alva Matteucci, en el hospital Militar ubicado en el distrito de Jesús María, toda vez que hasta ese momento no existía el Hospital Central de Aeronáutica – HCDA, el cual posteriormente se edificó en el distrito de Miraflores. Mi madre eligió el nombre de Juan por mi padre y Mario por mi abuelo materno.
El martes 15 de diciembre de 1968 nace en el Hospital Militar el último de sus hijos Lucio Alva Matteucci, quien completa la trilogía varonil en su descendencia. Juan Alva Murrugarra sigue prestando servicios en el Grupo Aéreo Nº 8 del Callao y resultaba insólito que en los buses que la Marina de Guerra ofrecía a sus trabajadores para llevarlos a la base naval aparezca un uniformado de color azul entre los uniformados de color blanco. Ese era Juan Alva Murrugarra quien se hizo amigo de los marinos y aprovechaba el trasporte para ir al Grupo Aéreo Nº 8.
La navidad del año 1968 fue la última en la que la familia la pasó juntos, ya que el presagio haría que más adelante no se vuelva a reunir.
El domingo 19 de marzo de 1969, Juan Alva Murrugarra juega con sus tres hijos por la noche y como advirtiendo un peligro se despide cariñosamente de cada uno de ellos y de su esposa, esa noche Juan no pudo dormir.
En la mañana del lunes 20 de marzo de 1969, Juan fue convocado de urgencia en la base del Grupo Aéreo N.º 8 en el Callao. El norte y el centro del país sufrían el azote de devastadores desastres naturales, y la Junta de Asistencia Nacional (JAN) requería realizar un vuelo crítico de reconocimiento, observación y auxilio para las poblaciones civiles que habían quedado aisladas por masivos desprendimientos de tierra y lodo (huaycos) en la zona rural del departamento de Ancash.
La tripulación humanitaria quedó conformada por siete personas: tres militares de la Fuerza Aérea y cuatro funcionarios civiles. Al mando de los controles del helicóptero Bell UH-1D Iroquois (matrícula FAP-628) se encontraba el Mayor Isaac Javier Tryon Cuba, acompañado por el Teniente Walter Balarezo Balarezo como copiloto, y el Suboficial de 2da clase Juan Teobaldo Alva Murrugarra como mecánico del helicóptero FAP. El componente civil de la JAN lo integraban el ingeniero civil Juan Jaime Pisconte Pérez, el inspector de policía de la Dirección de Inteligencia Juan Luis Arbulú Pineda, y las asistentes sociales Dora Tejada Triveñoz y Nelly Baca Gutiérrez.
La aeronave despegó desde los muelles del Callao, efectuando una escala técnica de reabastecimiento en la ciudad costera de Chimbote para luego adentrarse en la escarpada geografía de la Cordillera Negra. Al promediar la una de la tarde, la misión descendió en un paraje andino denominado “Pampacocha”, en las inmediaciones del estadio municipal de la localidad de Tauca, provincia de Pallasca. Al abrirse las puertas, la población local se aproximó para saludar a la delegación FAP. Tras averiguar la guía geográfica, la tripulación constató que debido a las condiciones meteorológicas adversas habían aterrizado en Tauca y no en su destino original de Cabana, el cual se ubicaba a escasos minutos de vuelo. Con presteza, procedieron a cerrar los accesos y el Mayor Tryon inició las maniobras reglamentarias de despegue.
Fue en ese instante crítico donde sobrevino la falla técnica insalvable: una súbita e irreversible caída en la potencia de las revoluciones por minuto (RPM) del motor turboeje Lycoming T53-L-13 impidió que el helicóptero ganara sustentación aérea, precipitándolo de forma violenta contra el suelo. En un desesperado intento por realizar un aterrizaje de emergencia, el esquí izquierdo del aparato impactó fuertemente contra el relieve rocoso, provocando que la estructura rompiera su balance técnico y estallara de inmediato en una masiva deflagración de llamas. En el acto de servicio, perdieron la vida de forma instantánea el piloto, Mayor Javier Isaac Tryon Cuba; el mecánico de motores, Suboficial Juan Teobaldo Alva Murrugarra, y las asistentes sociales Dora Tejada y Nelly Baca. Lograron sobrevivir milagrosamente a la tragedia el copiloto Teniente Balarezo, el ingeniero Pisconte y el inspector Arbulú Pineda, quienes fueron rescatados con graves contusiones y quemaduras por las patrullas médicas enviadas por el comando. Juan Alva Murrugarra entregó su vida a la patria a la temprana edad de 28 años, dejando una joven viuda y tres huérfanos en la primera infancia: Carlo de 2 años y 8 meses, Juan Mario de 1 año y 4 meses, y el pequeño Lucio de solo 4 meses de nacido.
La tragedia conmocionó hondamente a la opinión pública nacional, motivando que el Gobierno decretara duelo oficial. Los principales diarios de la capital inmortalizaron el heroísmo de la tripulación en sus portadas históricas; las ediciones de El Comercio, La Prensa, La Crónica y Expreso, publicadas entre el martes 21 y el domingo 23 de marzo de 1969, desplegaron amplios reportajes gráficos y solemnes titulares tales como «CAE UN HELICÓPTERO DE LA FAP: 4 MUERTOS Y 3 HERIDOS» o «SEPULTAN RESTOS DE AVIADORES Y ASISTENTES SOCIALES DE LA JAN». Estas crónicas hemerográficas detallaron el profundo dolor y la movilización de recursos que provocó el siniestro. Tras ser rescatados del paraje de Pampacocha y trasladados en una coordinada ruta de escala aérea desde Chimbote, los restos del valeroso Suboficial Juan Alva Murrugarra y del Mayor Isaac Tryon Cuba fueron recibidos con honores militares en los hangares del Grupo Aéreo Mixto N.º 8 en el Callao. Allí se instaló la capilla ardiente oficial que concitó el pésame solemne del propio Ministro de Aeronáutica, Teniente General FAP Rolando Gilardi Rodríguez, y del alto mando de la aviación.
Paralelamente, los féretros de las asistentes sociales Dora Tejada y Nelly Baca recibieron el tributo cívico en las oficinas de la Junta de Asistencia Nacional (JAN). Los funerales de Estado, oficiados por el Presbítero Capellán de la FAP el viernes 21 de marzo de 1969 a las 10:00 de la mañana, congregaron a una imponente multitud de compañeros de armas y familiares, quienes escoltaron los féretros en hombros rumbo al descanso eterno en el Cuartel “San Alipio” del Cementerio “El Ángel” de Lima, sellando el definitivo ingreso de la tripulación al martirologio de la aviación nacional en su noble entrega por las víctimas de Ancash. En los días posteriores al sepelio, la cobertura de prensa continuó registrando las secuelas del impacto; la página 6 del diario Expreso, en su edición del sábado 22 de marzo de 1969, recogió el desgarrador testimonio que brindó el Teniente Balarezo desde su lecho hospitalario bajo el subtítulo «Una falla del control causó el accidente», sentenciando conmovido: «Es un milagro, no puedo creer que aún me encuentre vivo».
El lugar del accidente es el paraje denominado “Pampacocha”, lugar que se encuentra cerca del Estadio de la localidad de Tauca y la hora del accidente fue a la una de la tarde del día lunes 20 de marzo de 1969. Allí dejó se existir el valeroso suboficial, muerto en acto de servicio que dejó viuda y tres niños menores de edad, Carlo con 2 años y 8 meses (hoy es Ingeniero Agrónomo), Juan Mario con 1 año y 4 meses (hoy es abogado) y Lucio con solo 4 meses (hoy es Ingeniero Civil).
Cuando era pequeño, mi madre me comentó que en la ciudad de Tauca, el párroco de la ciudad organizó una misa en memoria de las personas fallecidas en el accidente del 20 de marzo de 1969 y mi madre en agradecimiento le envió una carta. En dicha carta mencionó una frase que se me quedó en la memoria y le señalaba al párroco que “es triste perder un ser querido sobre todo si es aquel que se elige como compañero para toda la vida”.
Puede apreciar un video que recorre el camino a la localidad de Tauca en la siguiente dirección web: http://www.youtube.com/watch?v=KIq2Mdzmal4
Juan Teobaldo Alva Murrugarra falleció a los 28 años de edad. Si el hubiera vivido hasta hoy (2026) día, tendría 85 años de edad. Sus restos reposan en el cuartel San Alipio del Cementerio “El Ángel” de Lima junto con los otros fallecidos en el accidente.
El reconocimiento soberano de la institución a su sacrificio e intachabilidad técnica se materializó formalmente en diciembre de 1981, fecha en la que la Comandancia General de la Fuerza Aérea del Perú determinó solemnemente que la promoción de graduados de la Escuela de Suboficiales (ESOFAP) llevara de forma perenne el nombre oficial de Promoción “Suboficial de 2da FAP Juan Alva Murrugarra”. Sus integrantes, autodenominados “Los Halcones”, resguardan con orgullo el estandarte y el gallardete de su epónimo, manteniendo unida a la “Hermandad JAM” a lo largo de las décadas y ratificando en pleno siglo XXI que la memoria, el valor premilitar de Contumazá y el magisterio en los cielos de Juan Alva Murrugarra permanecen blindados contra el olvido.
Los integrantes de la promoción 1981 se autodenominan “Los Halcones” y en el mes de diciembre de 2021 cumplieron 40 años.
Ellos tienen una página web con la siguiente dirección web: http://promojam79.blogspot.com/.
JUAN TEOBALDO ALVA MURRUGARRA CON UNIFORME

JUAN ALVA MURRUGARRA EN EL HELICÓPTERO FAP 628

JUN ALVA MURRUGARRA CON UN PUMA EN LA BASE “EL PATO” DE TALARA
RECIBIENDO UN DIPLOMA
MI PADRE ES EL TERCERO DE LA IZQUIERDA EN LA SEGUNDA FILA
MI PADRE CON SUS COMPAÑEROS DE PROMOCIÓN
EN UNA VISITA A POBLACIONES DE LA SELVA PERUANA
OTRA VISITA A LA SELVA PERUANA
OTRA VISITA A LA SELVA
EN CUSCO
JUAN ALVA MURRUGARRA CON SUS COMPAÑEROS DE LA FAP
MI MADRE AIDA TERESA MATTEUCCI LARA, MI PADRE JUAN ALVA MURRUGARRA Y YO DE PEQUEÑO.
UNA MIXTURA DE FOTOS
MI TIA BERTHA ALVA MURRUGARRA SENTADA EN EL CABALLO, MI TIO RÓMULO ALVA MURRUGARRA AL LADO IZQUIERDO, MI TIO ALCINDO ALVA MURRUGARRA TOMANDO LAS RIENDAS DEL CABALLO Y EL MÁS PEQUEÑO MI PADRE JUAN ALVA MURRUGARRA
LA LOCALIDAD DE TAUCA EN ANCASH
LA TUMBA DE JUAN ALVA MURRUGARRA EN EL CEMENTERIO “EL ANGEL”.
DIARIO LA CRÓNICA
PROMOCION FAP QUE LLEVA EL NOMBRE DE MI PADRE JUAN ALVA MURRUGARRA.

























Gracias por compartir la vida de su padre y su familia en el día de su partida. Bendiciones
Estimada Jessica, gracias por sus comentarios.
Atentamente
Mario Alva Matteucci
Muy agradecido por esta publicación tan ilustrativa y que nos hace sentir muy orgullosos de que nuestra Promoción lleve el nombre de tan ilustre militar.
Buenas noches estimado Guillermo Agurto.
Agradezco sus sinceras palabras.
Trataré de conseguir más datos para que la biografía cuente con mayor información.
Saludos a todos los integrantes de la promoción JAM.
Atentamente
Mario Alva Matteucci
muy interesante la informacion,tambien forme parte de la gloriosa FAP y lo interesante es que mis padres son de Comtumaza,Cajamarca,por el lado materno tengo unos familiares lejanos de apellido Murrugarra.una vez mas gracias por ilustrarnos con la biografia de tu señor padre y arriba siempre arriba hasta las estrellas.
Muchas gracias por sus palabras.
Atentamente
Mario Alva Matteucci
Como la muerte es inevitable para todos, a veces prefiero ver los aspectos menos ceremoniosos, tú lo sabes apreciado amigo, por eso, lamentablemente debo decirte que, y sin existir filtros ni nada, tu papá era mejor parecido que tú.
Un abrazo por tener un héroe en tu familia, en tu árbol genealógico, es decir, papá!!.
Muchas gracias por tus palabras estimado Sergio.
Te mando un fuerte abrazo para ti y tu familia.
Muy linda biografía Mario, muchas gracias por compartirla.
Bello homenaje con esa especial narrativa que hace volar la imaginación y la nostalgia por una vida tan joven que se fue a la eternidad.
Muchas gracias por sus palabras estimada Griselda Gudiel.
La elaboración de la biografía me permite mantener vivo a mi padre en mi mente y corazón.
Un abrazo para usted y su familia.
Atentamente
Mario Alva Matteucci