
No me gusta nada la manera como la psicología se ha investido del prefijo “neuro” casi en todos los campos de su quehacer profesional: se han puesto de moda cosas como neuroeducación, neuropsicología, y neuromarketing. Pasa lo mismo con otras disciplinas pues ya existe la neuroeconomía, el neuroarte, la neuroarquitectura y un largo etcétera.
Yo soy crítica de estas aproximaciones no porque no las considere valiosas, que lo son en un contexto y para ciertos objetivos, sino porque creo que, tal como se han llevado al campo de la psicología, no son sino evidencia de una moda que yo encuentro bastante hueca y que, pienso, será pasajera.
La verdad, he revisado materiales en esta línea y los programas de algunos eventos, cursos y diplomados y no he encontrado nada que no se haya dicho ya desde otras perspectivas, incluso algunas que las personas consideran (equivocadamente) que están ya obsoletas. No hay nada nuevo bajo el sol, y pienso que el enfoque excesivamente cerebral de esta tendencia aleja al psicólogo de su verdadero quehacer. Creo además, y por sobre todo, que el prefijo neuro añadido a procesos que son psicológicos (no biológicos) y que por lo tanto deberían entenderse como tales trae por lo menos dos problemas graves a nuestra disciplina:
1) Supedita el status de la psicología al de la neurología, biología y ciencias afines. Que el prefijo neuro vaya adelante no es casualidad. Para algunos, solo lo “neuro” le da rigor científico a la psicología y esa premisa yo simplemente no puedo aceptarla.
2) Confunde el campo de acción del psicólogo con el de otros especialistas y lo aleja de lo que debería ser su principal objeto de estudio.
A mí, salvo como cultura general y como curiosidad científica, no me interesa saber si el gen X o Y tiene que ver con la moral o con la creatividad, o qué áreas del cerebro están trabajando y se encienden cuando los niños estudian, ríen o lloran. No necesito tampoco poner electrodos a los niños para saber que cuando aprenden también se involucran las áreas del cerebro vinculadas con la emoción, porque ya la psicología demostró esto hace muchísimos años y ver que efectivamente el área X del cerebro se pinta cuando el niño estudia no me añade nada nuevo a lo que ya sé. No soy neuróloga, ni bióloga y ese (el cerebro como estructura física) no es mi objeto de estudio. Es obvio que todo comportamiento humano tiene una base genética, pero decir que el altruismo o el egoísmo (o lo que fuera) están genéticamente programados es demasiado simplista. La cuestión, para nosotros como psicólogos, debería estar en entender que tanto podemos formar a las personas en una dirección u otra, de qué manera podemos intervenir para sensibilizarlas y hacerlas crecer y desarrollar como mejores seres humanos. Y en esta tarea a mí las neuro-cualquier cosa realmente no me sirven mucho.
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