Una clasificación del juego infantil

Existen varias maneras de clasificar los juegos. Un sistema de clasificación útil es el siguiente:

* Juego exploratorio o sensorio-motor
* Juego relacional
* Juego constructivo
* Juego dramático o simbólico
* Juegos con reglas
* Juegos motores “bruscos” o bulliciosos

Paulo 11 meses

El juego exploratorio (al que también se le llama juego funcional) se entiende como una actividad que se realiza simplemente por y para disfrutar de las sensaciones físicas que produce. Ejemplos incluyen movimientos motores repetitivos tales como poner y sacar agua de su contenedor, hacer ruidos con la boca o con algún objeto, o subir y bajar escaleras repetidamente.

El juego relacional denota la capacidad de los niños para usar objetos en el juego con el propósito para el que fueron creados. Incluye el usar objetos simples correctamente, tal como un cepillo para el pelo; combinar objetos que guardan relación, tal como un camión y un chofer; y hacer que los objetos hagan lo que se espera que hagan, por ejemplo, jalar una manija para abrir algo.

Usualmente el juego constructivo se define como “manipulación de objetos con el propósito de construir o crear algo” . La diferencia entre el juego constructivo, el relacional y el exploratorio es que en el juego constructivo el niño tiene una meta final en mente que requiere la trasformación de los objetos en una nueva configuración. Por ejemplo, construir una pared con bloques, o hacer una persona de plastilina.

En el juego simbólico (Piaget, 1962), llamado también juego dramático, el niño pretende estar haciendo algo o ser alguien. El niño puede pretender con objetos (hace como que bebe té usando una tacita vacía, por ejemplo); sin objetos (se peina los cabellos con los dedos como si tuviera un peine), o puede poner en relación objetos inanimados (su muñeca hace como que alimenta a los animales).

Los juegos con reglas involucran a los niños en una actividad con reglas o límites aceptados. Este tipo de juego implica expectativas compartidas y la voluntad de consentir y aceptar los procedimientos que se han acordado o establecido. Un elemento de competencia puede estar presente, ya sea con otro niño o consigo mismo. El juego puede ser un juego conocido y con reglas estándar, tal como un juego de casinos, o puede ser un juego con reglas que el niño ha inventado.

Turbulento y físico son dos palabras que describen a los juegos motores bruscos. Usualmente se entiende este tipo de juego como un patrón de acción que se ejecuta en un alto nivel de actividad, usualmente por un grupo de personas, aunque dos individuos solos pueden también desarrollar este tipo de juego. El juego motor puede incluir actividades tales como correr, hacer cosquillas, empujarse “jugando” o rodar por el suelo. La diferencia entre los juegos motores y el comportamiento agresivo, es que este último no es realizado de manera juguetona.

Un clásico para leer:

Piaget, J. (1962). Play, dreams and imitation in childhood. New York: Norton

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Libro recomendado: La naturaleza cultural del desarrollo humano

Rogoff, Barbara (2003). The cultural nature of human development. New York: Oxford University Press. 434 páginas. ISBN 0-19-513133-9

Con The Cultural Nature of Human Development, Barbara Rogoff ofrece una aproximación profunda al desarrollo humano desde una visión cultural e histórica, mostrándonos con gran lucidez lo indisociable que el desarrollo humano es de la cultura. Con la maestría que la caracteriza (y que ya habíamos disfrutado con Apprenticeship in thinking (1990, New York, Oxford University Press), Rogoff nos muestra los patrones de desarrollo seguidos por personas en diferentes culturas, y enfatiza el rol que sus culturas y sus contextos tienen en su desarrollo.

Desde una perspectiva sociohistórica y sociocultural, basada en la psicología de Vygotsky pero reinterpretada desde su particular punto de vista, Rogoff entiende el desarrollo como transformación de la participación en actividades culturales. En este libro, la autora presenta diversos ejemplos de comunidades de Asia, África y América, y analiza la manera en que estas comunidades permiten a sus miembros involucrarse y acceder al manejo de las herramientas de la cultura.

El libro empieza con algunas ayudas conceptuales básicas que sirven para entender la naturaleza cultural del desarrollo humano. Luego de atacar algunos mitos e ideas preconcebidas sobre la cultura y el desarrollo, Rogoff presenta en los capítulos siguientes su concepto de desarrollo como participación, presentando el modelo de nichos ecológicos de Bronferbrenner, así como la propia teoría Vygotskyana sociohistórica y sociocultural. Esto se enlaza a un análisis de las comunidades humanas, las distintas generaciones y los aprendizajes que se dan al interior de ellas, así como las prácticas de crianza en diferentes culturas. Presentando experiencias de diversas comunidades, la autora ofrece valiosa información sobre el desarrollo humano, y reta conceptos occidentales tradicionales tales como el de apego a la figura materna, planteando que es un concepto cultural y que en muchas comunidades las condiciones que dan confort al niño a menudo involucran a otras personas además de la madre. Bajo esta misma perspectiva, el libro analiza procesos psicológicos tales como las relaciones familiares, el trabajo en grupos o en parejas, las transiciones evolutivas como el matrimonio o la paternidad, los roles ocupacionales, la crianza de los hijos, o el desarrollo de la autonomía y la interdependencia. Más aún, se analiza el pensamiento -usualmente concebido como un proceso psicológico privado- en su dimensión cultural y compartida. En esta línea se revisan conceptos tradicionales tales como inteligencia, aprendizaje y participación guiada, así como el proceso de escolaridad y su relación con el desarrollo y el cambio cultural.

Este libro ofrece un análisis novedoso y lúcido de los procesos de desarrollo humano. Combina datos precisos de investigaciones rigurosas con discusiones teóricas y reflexiones personales de la autora; todo esto, añadido a las estupendas fotografías, hacen de The Cultural Nature of Human Development una lectura obligada para todos aquellos interesados en comprender cómo los seres humanos nos volvemos miembros activos de la cultura en la que nacemos, y ayudamos a transformarla.

En esta dirección se encuentra otro comentario a este libro:

AAANET – Comentario libro de Rogoffa> » Leer más

¿Qué es el fenómeno del "happy victimizer"?

Paulo 2 años y medio

Desde la perspectiva de la psicología del desarrollo cognitivo, existe considerable información acerca de la compresión que tienen los niños de las emociones que experimenta un trasgresor que realiza una acción deseada pero inmoral (por ejemplo, un niño que desea el chupete de otro y que para obtenerlo lo roba sin ser visto, o empuja y golpea al dueño del chupete para quitárselo). Aunque el tema es muy complejo y presenta interesantes sutilezas, en términos generales podemos decir que los niños de entre aproximadamente 5 y 7 años suscriben un modelo conocido como “happy victimizer” (que puede traducirse como “agresor feliz” o “perpetrador feliz”). Este fenómeno muestra que, a pesar de poseer habilidades bastante sofisticadas para diferenciar lo correcto de lo incorrecto, este grupo de niños percibe las acciones que obtienen una meta deseada (como empujar o golpear y obtener así el chupete) como productoras de respuestas emocionales positivas, aun cuando otros hayan sido lastimados en el proceso. En otras palabras, estos niños anticipan sentirse bien luego de haber cometido tales acciones. Usualmente la anticipación de emociones positivas se debe a que los niños centran su atención en que el agresor obtendrá lo deseado.

Los niños mayores suelen desarrollar patrones más complejos e integradores, conocidos como “unhappy victimizer” (“agresor” o “perpetrador” infeliz). Básicamente existen dos tipos distintos de este patrón: en uno, el foco está en la regla moral, en el daño infringido a la víctima y/o en su dolor o su pena (el agresor se siente mal por el daño que se le hace a la víctima); en el otro, el foco está en los intereses del agresor (este se siente mal porque puede ser atrapado y castigado). Sólo el primer caso es verdaderamente moral.

En resumen, el fenómeno del “happy victimizer” muestra que aunque los niños mayores reconocen que un niño que comete una trasgresión moral que no es detectada tendrá posiblemente sentimientos encontrados (se sentirá bien y mal al mismo tiempo), los preescolares atribuyen solamente emociones positivas a los agresores.

Lucas Octubre 2005

Aunque la mayoría de niños construye, en el curso de su desarrollo, visiones más negativas de la victimización, algunos podrían no llegar a hacerlo, especialmente aquellos que han desarrollado un patrón conductual de agresión constante como estrategia para obtener lo que desean. Además del interés teórico que subyace a un tema como este, este resulta también importante como fuente para los programas de intervención, por ejemplo, aquellos orientados a controlar y modificar la conducta de los chicos que abusan de otros en la escuela. Estos programas suelen enfatizar el control ambiental, en lugar de intentar promover los factores psicológicos -especialmente los cognitivos, en este caso- que funcionan como protección y que distinguen a los niños agresivos de aquellos que no lo son.

Para leer más, revisar:

Arsenio, W. F., & Kramer, R. (1992). Victimizers and their victims: Children’s conceptions of the mixed emotional consequences of moral transgressions. Child Development, 63, 915-927.

Arsenio, W. F., & Lemerise, E. A. (2001). Varieties of childhood bullying: Values, emotion processes, and social competence. Social Development, 10, 59-73.

Arsenio, W. F., & Lover, A. (1995). Children’s conceptions of sociomoral affect: Happy victimizers, mixed emotions and other expectancies. In M. Killen y D. Hart (Eds.), Morality in everyday life: Developmental perspectives (pp. 87-128). Cambridge: Cambridge University Press.

Keller, M.; Lourenço, O.; Malti, T. y Saalbac, H. (2003). The Multifacetted Phenomenon of ‘Happy Victimizers’: A Cross-Cultural Comparison of Moral Emotions. British Journal of Developmental Psychology, 21(1), 1-18

Nunner-Winkler, G., & Sodian, B. (1988). Children’s understanding of moral emotions. Child Development, 59, 1323-1338.

Buscar también la tesis doctoral de Bryan Sokol (Department of Psychology, Simon Fraser University)
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Cáracter en la pedagogía de San Ignacio

Para los interesados, aquí pongo a disposición el segundo capítulo de mi libro:

Frisancho, Susana (2004). Entre el sí mismo y los otros: carácter y comunidad en la pedagogía Ignaciana. Lima: Universidad Antonio Ruiz de Montoya.

Susana Frisancho – Entre el sí mismo y los otros. Capítulo 2..

Arbol 2 - Henry Rodriguez » Leer más

¿En qué se diferencian las pruebas piagetanas de las pruebas psicométricas tradicionales que miden inteligencia?

Dibujito de Piaget

La teoría de Piaget es una teoría estructural que ofrece una descripción formal del conocimiento de los organismos humanos en diferentes momentos del desarrollo. Para Piaget, la esencia de la inteligencia se encuentra en las capacidades de razonamiento de los individuos. Estas capacidades son definidas en términos de las operaciones mentales, las que en general tienen las propiedades del grupo algebraico, y en particular, la propiedad de la reversibilidad.

La concepción psicométrica de la inteligencia, por otro lado, se caracteriza fundamentalmente por haber asumido las ideas de Binet y de Spearman. Para el primero la inteligencia está representada por el éxito escolar, mientras que para el segundo la inteligencia es una capacidad general hereditaria (el factor g) que se refleja en una correlación positiva significativa entre todas las pruebas de inteligencia. Aunque Spearman reconoció el rol de los factores s (las habilidades específicas en una tarea), trató siempre de minimizar su efecto al momento de medir la inteligencia.

Piaget nunca intentó crear una prueba de inteligencia estandarizada y por ello, las pruebas piagetanas contrastan con las medidas tradicionales de la inteligencia tales como las escalas de Binet y las de Wechsler. Una de las discrepancias fundamentales entre estas dos aproximaciones (la piagetana y la tradicional) es que Piaget no estuvo interesado en las diferencias individuales sino en los patrones más universales de razonamiento que subyacen al desempeño humano.

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Tarea de conservación

Muchos estudiantes quedan sorprendidos de que los niños de pensamiento pre operatorio puedan equivocarse en las tareas piagetanas de conservación y de que sea tan sencillo engañarlos con experiencias que involucran ese tipo de tareas (por ejemplo, romperles en pedazos el contenido de una bolsa de papitas y hacerles creer que por eso tienen más). Con el siguiente ejercicio se puede mostrar a los estudiantes que ellos también se equivocan en tareas que aunque no son equivalentes resultan similares, lo que los lleva a un mejor entendimiento del funcionamiento del pensamiento infantil frente a este tipo de tareas. Lo he usado algunas veces y funciona a la perfección.

Soga común

Usando una soga común se hace un círculo y se pide a los estudiantes que anoten el área. Luego, se procede a aplastar dos lados del círculo (el de arriba y el de abajo), de manera que éste se deforme y se convierta en una elipse; al aplastar arriba y abajo, los lados del círculo salen hacia fuera para formar la elipse. En este punto, casi todos los estudiantes (con excepción probable de los que estudian matemáticas o ingeniería) afirman que el área del círculo no se ha modificado, pues piensan que si bien los bordes de arriba y abajo se han “achatado”, los lados del círculo han compensado dicho achatamiento al moverse ligeramente hacia afuera.

.Círculo de soga

El ejercicio continua en la pizarra, donde se dibuja un cuadrado de 2 x 2 (a cada lado se le colocan 2 unidades).

Cuadrado

Los estudiantes usualmente afirman que el área del cuadrado es 4. Entonces se cambia el cuadrado de 2 x 2 por un rectángulo de 3 x 1, que conserva el perimetro de 8 unidades igual al del cuadrado. Casi todos los estudiantes están de acuerdo en que aplastar el cuadrado para convertirlo en rectángulo cambia el área. Con este ejercico, ellos pueden comparar su primer razonamiento respecto al círculo y la elipse, y darse cuenta de que cometieron el error de creer que el área del círculo se conservaba intacta cuando éste se tranforma en una elipse, cuando en realidad el área no se conserva (para los estudiantes incredulos, se puede transformar el círculo aún más, en una U por ejemplo, o incluso hacer la demostración matemática del cambio de área).

En las tareas piagetanas de conservación, el niño cree que una propiedad física (por ejemplo, el volumen) cambia cuando en realidad se conserva. En esta tarea, los estudiantes universitarios creen que una propiedad física (el área) se conserva, cuando en realidad cambia. Es interesante notar que la familiaridad con el algoritmo para el área del cuadrado ayuda en esta tarea, y la mayor dificultad y menor familizaridad con el área del círculo (que involucra pi y no es tan intuitiva como la del cuadrado) hace que la percepción visual y el patrón de razonamiento operatorio conservante lleven al error a los estudiantes.

Para leer la experiencia completa, buscar:

Shimoff, Eliot (1998). Piagetian Conservation in College Students: A Classroom Demonstration. Teaching of Psychology, Vol. 25, 1, 48-49

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Conceptos espontáneos y científicos

Lucía y Ana en la nieve

Para Piaget, el pensamiento egocéntrico se encuentra a medio camino entre el pensamiento autista (sin meta de comunicación, e inconsciente), y el dirigido (comunicable y social). Una afirmación central de la teoría de Piaget es que los niños empiezan su desarrollo cognitivo siendo egocéntricos. Piaget y sus colegas usan el egocentrismo y otros conceptos para interpretar los resultados de una variedad de estudios de procesos socio-cognitivos: toma de perspectiva perceptual, comunicación egocéntrica, la atribución de características mentales a objetos físicos (animismo), y de características físicas a eventos mentales (realismo), la comprensión de los pensamientos, sueños e intenciones, así como el desarrollo de la moral.

Tanto Piaget como Vigotsky consideran que el pensamiento infantil no es deliberado y no tiene conciencia de sí mismo. Vigotsky, sin embargo, hace una diferencia entre los conceptos cotidianos y los conceptos científicos, que requieren de mucha mayor atención y conciencia por parte del que aprende. Un niño que aprende el nexo entre la palabra “manzana” y el conjunto de frutas que se identifican con esa palabra, sabe “qué es una manzana”, pero ignora que sabe qué es una manzana: carece de capacidad de abstracción y, por lo tanto, es incapaz de conceptualizar. Dicho de otro modo, pasamos de los “conceptos espontáneos” descritos por Piaget a los conceptos conscientes. La diferencia entre el aprendizaje de conceptos espontáneos, como “manzana”, y el de conceptos científicos conscientes, tales como “explotación” reside en que:

* El concepto espontáneo del niño se desarrolla de abajo a arriba, en tanto que el de los conceptos científicos lo hace de arriba a abajo

* El inicio de un concepto espontáneo suele estar ligado a un encuentro directo del niño con una situación concreta, mientras que el concepto científico se inicia con una relación mediata con el objeto

La influencia de los conceptos científicos en el desarrollo mental del niño es análoga al efecto del aprendizaje de una lengua extranjera, un proceso que es consciente y deliberado desde el principio. En la lengua materna, los aspectos primitivos del discurso se adquieren antes que los más complejos. Lo último presupone cierta conciencia de las formas fonéticas, gramaticales y sintácticas. Con una lengua extranjera, las formas superiores se desarrollan antes que el habla espontánea y fluida.

La educación formal es el espacio por excelencia para el desarrollo de conceptos científicos.

Textos patra leer (en inglés):
Bruner, J. (1997) Celebrating divergence: Piaget and Vygotsky. Human Development, 40

Comentarios de Piaget sobre Vigotsky » Leer más

Procesos del desarrollo moral

El desarrollo moral es complejo e incluye diversos procesos además del razonamiento. A grandes rasgos (y con riesgo de no ser exhaustivos), los principales procesos psicológicos involucrados en el desarrollo moral de las personas son los siguientes:

Carpa - Henry Rodríguez

* Sensibilidad moral
* Razonamiento moral
* Carácter moral
* Motivación moral
* Emociones morales
* Identidad moral
* Comportamiento moral

Diversas teorías han priorizado uno u otro componente. Por ejemplo, James Rest (1994) plantea que existen al menos cuatro determinantes del proceso de toma de decisiones morales:

1. Interpretar la situación. Darse cuenta de en qué medida nuestras acciones afectarán a otras personas (sensibilidad)
2. Juzgar. Decidir que línea de acción es la mejor, o la más justificable moralmente (razonamiento y juicio)
3. Otorgar importancia a los valores morales en relación a otros valores. Tratar de alcanzar valores morales (motivación)
4. Perseverancia. Fuerza del yo para mantenerse firme a pesar de las circunstancias adversas (carácter)

En otras entradas hablaremos más detenidamente de cada proceso.
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¿Es la moral parte de la ontogenia universal?

Paulo 3 años

Una pregunta que desde la teoría evolucionista (y otras aproximaciones que debaten el papel de la herencia y el ambiente) se han hecho diversos investigadores es si la moral es parte de la ontogenia universal de la especie humana o es un aprendizaje como otro cualquiera. Un argumento a favor de la hipótesis de universalidad es que niños en diferentes culturas, alrededor de los 2 años, muestran:

* Incertidumbre o ansiedad frente a objetos rotos
* Empatía por el sufrimiento del otro
* Ansiedad frente a posibilidad de fallar en una tarea

La concordancia temporal (alrededor del segundo año de vida) por sobre la cultura sugiere una hipótesis biológica / estructural. Recordemos que a los dos años aproximadamente aparece la capacidad de inferir significados simbólicos, que es un prerrequisito para la representación moral. Es posible representar un estado ideal con el que se contrasta el real (por ejemplo, cuando un niño muestra ansiedad al fallar construyendo una torre, porque tiene ya la representación del estado ideal -torre bien construida- con el cual contrasta su propia ejecución). Como evidencia conductual tenemos la emocionalidad (cambio gestual cuando el niño rompe algo, hace llorar a otro niño o falla en una tarea autoimpuesta). Alrededor de los tres años, el niño ya cumple con criterios populares de culpa y vergüenza. Lo importante es que las fuentes de esta emocionalidad son distintas a las que funcionan el primer año: El incentivo no es simple o externo (por ejemplo, la mamá que se va) sino una estructura cognitiva que representa un evento posible (por ejemplo, la idea de que alguien puede resultar dañado o la anticipación de fallar en una tarea).
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