¿Definir la moral o no definirla antes de investigar ?

Mate burilado

Estoy suscrita a la versión electrónica de las cartas al editor del Human Development, las que son siempre muy agudas e interesantes. Voy a comentar algunas de vez en cuando y empiezo aquí con tres del 2007 que tocan un tema que varias veces he discutido tanto en este blog como con algunos colegas y estudiantes en la PUCP: si es correcto o no partir de una visión filosófica de la moral para desde allí hacer investigación empírica.

En el Human Development 50, páginas 241-243 del 2007, Melanie Killen y Judith Smetana escriben esta carta: The Biology of Morality: Human Development and Moral Neuroscience, en la que plantean, más o menos resumiendo su argumento, que el campo de las neurociencias falla al ingresar a estudiar la moral porque no parte de ninguna definición previa de qué se entiende por moral, y porque, por lo tanto, confunde categorías y mezcla en sus investigaciones estímulos complejos que incluyen tanto aspectos morales como no morales, sin hacer ninguna distinción entre ellos.

Killen y Smetana asumen un punto de vista kantiano y plantean que la moral se ha definido como normas prescriptivas acerca de cómo los individuos deben tratarse los unos a los otros, y que esa definición debería subyacer a los estudios empíricos que buscan entender de qué maneras ocurre el fenómeno moral en las personas. No se trata pues de investigar a ciegas lo que la gente hace, ni lo que a la gente le parece que es o no es moral según sus propias consideraciones, sino de entender cómo es que las personas desarrollan un punto de vista moral -en el sentido de la definición previamente asumida- y construyen las normas prescriptivas con las que van a regir y justificar su comportamiento. Como ellas mismas afirman (p. 242): It is not enough to know that an act is judged as good or bad; the “moral” litmus test lies with the reasons why it is viewed as good or bad, right or wrong.

Por supuesto, Killen y Smetana no ponen en tela de juicio la importancia de la aproximación neurocientífica al campo de la moral, pero sí cuestionan que haya poca integración entre los trabajos en este campo y aquellos que vienen de la línea de la psicología evolutiva (piagetana, kohlbergiana, etc.). Desde su punto de vista, esta falta de integración hará retroceder al estudio de la moral en lugar de permitir que avance.

Esta es la postura que me parece correcta y que suscribo.

Las cartas de respuesta son dos y tienen este título general: The Biology of Morality: Neuroscientists respond to Killen and Smetana. La primera está escrita por Joshua D. Greene, del Departmento de Psicología de la Universidad de Harvard, y la segunda por James Blair, del Mood and Anxiety Program del National Institute of Mental Health, National Institutes of Health, Department of Health and Human Services (Bethesda, Maryland, USA).

Lo que plantean estos autores es que no es necesario tener una definición previa de lo que es o no es moral para investigar el tema empíricamente. Al contrario, tener una definición de partida sería para ellos contraproducente porque sesgaría al investigador, reduciría su accionar y no permitiría recoger lo que Greene y Blair consideran es más importante en el estudio de la moral: lo que las personas entienden como moral o no moral, desde su experiencia y particular punto de vista. Greene dice al respecto (p. 1): Rather than seeking out morality by the light of a philosopher’s definition (Kantian or otherwise), I and like-minded scientists choose to study decisions that ordinary people regard as involving moral judgment. (We have asked them for their opinions about which decisions count as “moral” decisions.) That is good enough for me.

Ninguno de los dos niega el valor de las teorías del desarrollo moral, de las que afirman haber aprendido valiosas lecciones. Blair es incluso algo más extenso que Greene en señalar la manera en que el trabajo de las neurociencias se ha integrado con la teoría del dominio (cita los trabajos de Nucci fundamentalmente), pero se adscribe a una postura que reduce la importancia de la razón en el fenómeno moral, y enfatiza el de las emociones. Por lo tanto, desestiman como innecesario (e incluso, como nocivo) tener una definición filosófica de la moral antes de emprender investigaciones empíricas.

Esta es la postura de muchos investigadores, no solamente de aquellos que se adscriben a las neurociencias sino también a la psicología social y la antropología.

Muchas de las discusiones que se tienen en el campo moral se debe a la diferencia entre estas dos posturas de base. Desde mi punto de vista, la primera (Killen y Smetana, pero también Piaget y Kohlberg) es la correcta. Las investigaciones hechas desde la segunda posición siempre me han parecido blandas, sin cuerpo, ingenuas, “fofas”, precisamente por esa negativa a tomar postura y definir previamente las categorías, y esa falta de rigor conceptual que no permite hacer distinciones.

Referencias
Greene, J. y Blair, J. (2007). The Biology of Morality: Neuroscientists respond to Killen and Smetana. Human Development, Letters to the Editor: October 9, 2007

Killen, M. y Smetana, J. (2007). The Biology of Morality: Human Development and Moral Neuroscience.
Human Development, 50, 241- 243

Nota
Imagen obtenida de aquí

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Comentarios

  1. Dante Solano escribió:

    Susana,
    Para un psicólogo es importante y fundamental conocer y comprender a fondo la filosofía, ya que nuestra ciencia surgió de intereses en esta disciplina y también ha sido muy influenciada por esta, un ejemplo de esto ha sido la concepción de cómo se da el aprendizaje. En el caso del estudio de la moral, esto también se hace fundamental, entender las diferentes concepciones que se han gestado desde la filosofía de la moral. Sin embargo, considero que pueden generarse sesgos al tomar una postura con respecto a la naturaleza o la concepción de la moral y, además, se gestan más discusiones al tratar de ver cuál postura filosófica se debe tomar; porque tomar necesariamente Kant?, esto puede sesgar la búsqueda de datos que se acomoden mejor a estas hipótesis y se pueden escapar ciertos procesamientos, mecanismos o partes del fenómeno en sí.
    Por ello mismo, considero que también es importante entender como las personas responden y emiten juicios sobre las acciones de los demás y las propias como buenas o malas; no basándose necesariamente de una postura filosófica, que no han partido de la evidencia empírica; en esa medida los trabajos en Neurociencias, y otras áreas afines pueden aportar al entendimiento de esta capacidad o facultad. Los actuales trabajos en neurociencias no descartan los valiosos aportes de Piaget y Kolhberg, sobre la importancia del razonamiento en los juicios morales; sin embargo rescatan las emociones y como muchas veces las personas emiten juicios instintivos o automáticos. Los trabajos de Piaget y Kolhberg muestran una vigencia al revlucionar las maneras en cómo apromximarse a estudio de la moral y podemos notar su influencia y discusión e textos como el Handbook of Evolutionary Psichology o artículos del mismo Joshua Greene. Por lo que creo que el estudio de la moral, se ha enriquecido y complejizado, así seguirá siendo fascinante la tarea de entender como surgió esta capacidad o facultad moral en los humanos, y cómo se origina y se desarrolla este módulo afectivo-cognitivo desde niños; los interesantes aportes desde las ciencias biológicas, como en psicología comparada creo que pueden aportar al entendimiento de esta facultad.

  2. sfrisan Autor escribió:

    Hola Dante. Gracias por comentar. En efecto, el campo de la moral es muy complejo y es trasdisciplinario por naturaleza. En ese sentido, todas las perspectivas aportan. Sin embargo, y como bien sabes, estoy convencida de que una idea previa -más o menos esbozada- de qué es lo que se entiende por moral y un conocimiento de cuales son los debates que se tienen sobre el tema en la filosofía son fundamentales para abordar su estudio desde la psicología. No puede ser de otra manera. Claro que hay que conocer como las personas responden y emiten juicios morales, como bien dices, pero siempre teniendo un marco filosófico de referencia y de contraste. Ahora, una cosa es abordar el estudio de la moral filogenéticamente, que es donde creo que el enfoque biológico aporta, y otra abordarlo ontogenéticamente, que es donde aporta el piagetano. No es lo mismo, ni se aplican las mismas leyes para entender ambos procesos. Saludos! Y nos vemos pronto en la PUCP.

  3. sfrisan Autor escribió:

    Me olvidaba: sobre por qué tomar como punto de partida a Kant, no te lo podría decir. Debo ser muy principista, pero no me convencen otros sistemas. Muchos filósofos dicen que hasta el propio Kant se comporta en la práctica como un consecuencialista, pero a pesar de ello a mi el consecuencialismo no me convence (ni siquiera el de regla no utilitarista). Este es un tema fascinante! Lo he discutido mucho con Pablo Quintanilla y en efecto, era un tema que salía de vez en cuando en las clases del curso de ética y desarrollo que dicté con él. Hay otros sistemas éticos distintos del Kantiano, pero a mi me parece que todos tienen puntos más flacos que los que tiene el propio sistema kantiano, así que me sigo quedando con ese por ahora.

  4. Carlos escribió:

    La existencia de un marco teórico de referencia es de vital importancia para orientar la investigación, y en este sentido el virtuosismo de la filosofía moral para generar sistemas filosóficos ofrece un filón que, a pesar de abrir en muchas ocasiones líneas destinadas al fracaso, las abre, y ello permite su explotación de un modo más efectivo y eficiente.

    Investigar sin una reflexión previa es una temeridad intelectual.

    Recuerdo las palabras de Kant, que escribió "la práctica sin la teoría es ciega. La teoría sin la práctica es vacua". Ambas son necesariamente convergentes, aunque en ocasiones las teorías se queden circunscritas en el terreno de lo implícito, o la práctica se reduzca a la experiencia personal, no dejan de recorrer el mismo sendero.

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