Cartelitos inútiles

Lima está llena de avisos que no se cumplen, carteles incomprensibles que solo sirven para generar caos y para maleducar a las generaciones más jóvenes. Un cartel al que nadie hace caso da un mensaje directo, claro y muy simple: las normas son solo adornos y están hechas para violarse.

Ya aquí y aquí había puesto en evidencia que ni siquiera la universidad se libra de esta tendencia.

Pues bien, en mi último viaje a Tarma, que hicimos en bus, tuvimos que aguantar durante todo el camino un cartelito bastante grande que, pegado cerca de la puerta del ómnibus del modo más visible posible, decía literalmente:

Está terminantemente prohibido que suban vendedores ambulantes. Prohibido vender dentro del bus

Sin embargo, en cada parada el bus era practicamente asaltado por vendedores de rosquitas, quesos y majarblanco, aguas gaseosas, golosinas, pan…. y etc. etc. etc., los que subían al bus a ofrecer sus productos sin que nadie se inmutara. Solo Paulo (6 años) pareció preocuparse, pues estuvo todo el viaje y lo está hasta ahora, cuestionado sobre por qué los vendedores subían al bus si había un letrero que lo prohibía.

Y después la gente se pregunta dónde aprenden los niños a desobecer las normas más elementales de convivencia…

Nota: no tengo nada contra los vendedores ambulantes que suben a los buses, si estos son respetuosos de la gente. Lo que me irrita es la contradicción. Si estos suben siempre y nadie les dice nada ¿no sería mejor sincerar las cosas y retirar el cartelito impertinente? realmente, estas incoherencias no hacen otra cosa que desorientar a las personas y mal formar la conciencia cívica de los más jóvenes.

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Comentarios

  1. LuchinG escribió:

    Pero ese es un detallito, la mayor parte del tiempo nos las pasamos siendo hipócritas, esa es la forma normal de interactuar de los seres humanos.

  2. CLAUDIO escribió:

    Aquí no se ve ninguna "incoherencia", ni la conducta de los vendedores ambulantes debería "desorientar" a personas que poseen mediano intelecto. Por el contrario, -ojalá, así se espera por el bien de los valores humanos- debería humanizar y profundizar los análisis de los "sorprendidos" pasajeros y turistas sobre las necesidades económicas de los ambulantes. Para poder llevar un mendrugo a la mesa de sus familias, esas personas, por lo general niños, se ven obligados a saltarse los formalismos y las apariencias que las más altas autoridades, no hay que olvidarlo, con cinismo y el estruendoso aplauso cómplice de los medios de comunicación, lo hacen cada vez que se les viene en ganas.
    Doctora, lejos de "irritarse" por "contradicciones" que sólo existen en su imaginación, increpe a la empresa o a la autoridad de ser el caso, para que dejen de obstruir a esa pobre gente a ganarse decentemente la vida.

  3. sfrisan Autor escribió:

    Claudio, no concuerdo con el sentido de su comentario. 1) Sí hay un grupo de personas a los que esos carteles desorientan: los niños. Y un grupo muy vulnerable, además. 2) Que un cartel prohiba algo y que la gente haga ese algo a la vista y paciencia de quien debiera hacer cumplir ese cartel, es incoherencia. 3) Señalé que no estoy en contra del trabajo digno ni de los vendedores ambulantes, aunque discrepo con que ellos se "vean obligados" a saltarse los formalismos. Pienso además que nada justifica que eduquemos en la violación cotidiana a las reglas y normas, y que mantengamos esa mala costumbre de ignorar cuanto reglamento se nos pone delante. Por supuesto que increpé al chofer del bus… pero sería mejor que saquen ese cartel y asunto arreglado, no le parece?

  4. LuchinG escribió:

    El problema es que no pueden no ponerlo. Me imagino lo siguiente: En algún momento, alguien decide que hay que regular quienes pueden subirse a un ómnibus, la institución encargada lanza normas al azar (porque tienen que demostrar que algo han hecho) o piden un estudio a alguien (que inventa normas por la misma razón); las empresas adoptan esas regulaciones, las comunican al personal, el personal las acata, las cumple un par de semanas; luego llegan otras normas, con otras prioridades; las normas sobre los ambulasntes quedan en un escalón más bajo en prioridad; ocurren excepciones; seis meses después, nadie se acuerda de ella; pero el letrero sigue allí por si a alguien se le ocurre chequear que la norma se esté cumpliendo. Esto sucede a cada rato en las burocracias.

  5. sfrisan Autor escribió:

    Luchin, es cierto lo que dices. Ese justamente es el problema.

  6. CLAUDIO escribió:

    Desde una óptica tradicional podría sumarme a su queja y argumentar lo "odioso" que resulta, en una parada del ómnibus con destino a Tarma, ser atropellado de pronto por una pandilla de jovencitos sucios y malolientes vendiendo rosquitas, pan serrano, chicles, cigarrillos, cancha, habas y otros ‘snacks’ que sabrá Dios en qué condiciones antihigiénicas habrán preparado.

    Agregaría a su queja, la indolencia del chofer y la falta de sentido común de los propietarios de estos vehículos que no ponen coto a este desorden.

    Desde la óptica de una turista extranjera que no sólo viaja a Tarma escapando de la monotonía limeña: buscando aire fresco, paz, la atención amable de la adolescente del hotel tres estrellas, cielos celestes, noches estrelladas, tranquilidad, la hermosura de la parroquia para soltar unas plegarias a Santa Ana patrona de la ciudad y degustar, chupándose los dedos, una papa amarilla a la Ocopa, o una inmensa palta rellena de Chanchamayo con picante de cuy, y finalmente extenuado con las alucinaciones al atardecer que producen las luciérnagas retirarme a descansar.. Sino, enrumbar a Tarma para conocer el paisaje entero, total, íntegro del lugar: los árboles, la vegetación, el cielo, las colinas, los nevados, los faisanes y junto a todo ello, también ver a los tarumas muertos de hambres y su descendencia: hombres, mujeres, ancianos y niños que sobreviven en esa hermosura y pobreza, y literalmente tienen que asaltar ómnibus turísticos para honestamente vender las miserias que están a su alcance y no morir de hambre.

    La insensibilidad es una lástima. Me quedo horrorizado.

  7. sfrisan Autor escribió:

    Claudio, he aceptado tu comentario para no pecar de intransigente, pero la verdad es que solo destila prejuicio y resentimiento. No solo no entiendes el fondo del asunto, sino que nada de lo que dices es lo que digo yo en el post. Los lectores están allí para juzgarlo.

  8. LuchinG escribió:

    Claudio: Susana Frisancho lo dijo claramente: "…no tengo nada contra los vendedores ambulantes que suben a los buses, si estos son respetuosos de la gente. Lo que me irrita es la contradicción."
    Susana Frisancho: creo Claudio reacciona así porque tu aclaración está al final del artículo, no al principio. Queda como que prefieres notar lo secundario (la hipocresía, la contradiccion del cartelito) y no lo principal (que um montón de gente no tenga acceso a un trabajo digno).

  9. Jen escribió:

    Muy cierto Susana. Los niños captan las convenciones y normas de convivencia de lo que experimentan a diario y de la manera en que las personas actúan y Paulo ahora sabe que las reglas de convivencia no necesariamente tienen que respetarse.

    Aunque también creo que esta experiencia que vivió Paulo puede enseñarle una lección para su moral: ¿está bien lo que los vendedores están haciendo? ¿Qué podrían hacer para que trabajar sin tener que sobrepasar la norma? – le hubiese preguntado su acompañante

    Me parece que lo ideal hubiera sido comenzar a dialogar con el pequeño y escuchar su opinión e ir formando sus principios y valores. Además que iban buscando soluciones alternativas y desarrollando muchas habilidades en él.

  10. CLAUDIO escribió:

    Jen, la pregunta filosófica que seguramente se hizo Paulo al ver la corredera de los niños ambulantes para ganar el sustento del día, fue: "Mami,¿por qué esos niños que debieran estar en la escuela estudiando o jugando en el parque, están trabajando..?

    Que los viejos curtidos por la indiferencia no adviertan la sensibilidad de los niños, no es falta de estos, si pecado de aquellos.

    ¿Por qué esos niños ambulantes rompen la norma..?

    Lo hacen, mi ángel, emulando a sus padres. Por eso son pobre, porque no respetan las normas.

    La ‘consternación’ propia del prejuicio no se puede evitar.

  11. sfrisan Autor escribió:

    Todos los ambulantes eran adultos Claudio. Parece que sigues sin querer entender.

  12. CLAUDIO escribió:

    Sí, en efecto, sigo sin entender…

    Que un niño de seis años lea correctamente y mantenga en mente el significado de lo leído.

    Que madurez, también, que lejos de llamarle la atención la visita inesperada de grupos de vendedores ambulantes bulliciosos que a última hora se nos dice que todos exclusivamente son mayores de edad, el infante repare en un cartelito del que hacen letra muerta Raymundo y todo el mundo.

    Quienes hemos recorrido el Perú de punta a cabo, y seguramente las estadísticas en este tipo de negocio ambulatorio no dejan mentir, la mayoría de personas que ejercen este menester en las garitas de control y en las estaciones de ómnibus, son en su gran mayoría señoras y menores de edad.

    "Yo viajo con nuestro territorio y siguen viviendo conmigo, allá lejos, las esencias longitudinales de mi patria"

    PABLO NERUDA

  13. sfrisan Autor escribió:

    Mi hijo lee desde recien cumplidos los 4 años. Y si, la mayoría de vendedoras eran mujeres, pero todas adultas. Y a este señor Claudio le hace falta leer un manual básico de desarrollo del niño.

  14. Roxana escribió:

    Un aporte reflexivo al intercambio de Susana y Claudio,
    -Me permito considerar que podría precisarse los términos de ese intercambio, precisando una cuestión tácita -especialmente en los comentarios de Claudio-. Las normas no son sólo las "normas escritas". La humanidad conquistó el sistema de escritura desde hace un período muy breve de su desarrollo. La mayor parte de nuestra regulación socio-normativa no está escrita. Es consetudinaria y se transmite desde los modismo de conductas hasta las regulaciones más básicas y estructurantes de nuestro psíquismo como las que rigen el tabú del incesto o el conflicto edípico.
    A mi modo de entender, Claudio se sorprende porque Susana destaca una contradicción en el cumplimiento de una norma relativamente secundaria (como la que regula el acceso de vendedores ambulantes al transporte público) y no advierte la enorme contradicción en el cumplimiento de una norma básica de la vida social, como es la que la tradición consagrada al cuidado y funciones sociales de niños o personas en general -vinculadas a la disposición y acceso para el cumplimiento de sus necesidades vitales-. Generalmente estas normas han sido enunciadas por la cultura a través de los discursos religiosos o las narraciones mitipoéticas; pero desde que tenemos sociedades con estados legislativos y en particular desde que tenemos estado moderno burgués se han consagrado como parte de los Derechos Humanos universales (acceso a la tierra para vivir, acceso al trabajo para ganarse el pan, etc.). Pero todos los que vivimos en sociedades de países dependientes vivimos a diario esta contradicción entre la letra escrita y su cumplimiento. Y esto no sólo es cuestión de gobernantes o políticos. Es cuestión de la ciudadanía toda: ninguna persona se siente obligada a repartir su tierra o su casa por saber que otra no la tiene. De modo que todos en alguna medida aceptamos -y hacemos casi como caso omiso de esa contradicción en la que vivimos (incluso cuando aceptamos y valoramos aquellos consagrados Derechos Humanos Universales).
    Restan aún algunas aclaraciones: por una parte el derecho distingue lo que es "validez" de los que es "eficacia". Una norma puede ser válida porque ha sido sancionada conforme a procedimientos genuinos, pero puede con todo ser "ineficaz" porque nadie la reconoce. El derecho ha reflexionado sobre este tópico profundamente, porque eso muestra que no se puede legislar de cualquier modo, especialmente si esa legislación va contra práctica, tradiciones, costumbres o necesidades de una cierta comunidad. Eso es lo que le pasó a Creonte (representate y legislador de un Estado) cuando quiso ir contra las leyes de la comunidad (lo

  15. Roxana escribió:

    Sigo porque no me alcanzó en el espacio previo: "decía que eso es lo que le pasó a Creonte: quiso ir contra la legislación de la comunidad y todo terminó muy mal (cfr. mito de Antígona). De modo que no se puede legislar desconociendo los intereses de las comunidades. Pero el problema de todo Estado es que las comunidades a las que la legislación "protege" suele tener intereses contrapuestos: lo que es valioso para un sector de la comunidad puede no ser valioso para otro. Y eso es una "tensión" inherente a todo Estado y en particular a todo acto legislativo. Se aplica, a mi juicio también, en el caso que estamos analizando.
    Finalmente una última consideración. Creo que en la comprensión del desarrollo moral tenemos aún planteados enormes enigmas. Más que preguntarnos -o incluso preocuparnos- por el modo en que el niño vive o protagoniza la contradicción entre la letra de la ley y su aplicación, deberíamos preguntar cómo es posible que el ser humano construya nociones como la de justica, cuando en su práctica cotidiana casi nada es precisamente justo, cuando casi nada se aplica de modo totalmente ajustado a "reglamento". Hay aquí un gran enigma: no creo que los niños moralmente mejor formados provengan de ambientes en donde se cumple estrictamente la ley o en donde prima la coherencia normativa. Si así fuera pecaríamos de una suerte de empirismo de nuevo cueño: el niño aprende la norma porque vive en un ámbito donde las normas se cumplen. Creo que es más complejo que eso, el niño amprende la norma en situaciones de transgresión de la norma. Debe vivenciar la sanción (sin duda: y esto es lo que relcama Susana) pero debe vivencias también la transgresión. No sería extraño que nuestras muy ilustradas maneras de relacionarnos con lo normativo estuviera generando en nuestro niños una sobreadaptación no saludable, "entrenándolos" en una suerte de autoexamen de conciencia y autolegislación que me permito pensar iatrogénica. Por lo demás, también en su mundo de normas consetudinarias, comunitarias, religiosas, etc. el niño vive constantamente la contradicción normativa. Y no sería extraño que por -y a través de esa vivencia contradictoria, compleja -llena de extrañas pasiones contrapuestas (dentro y fuera del alma del niño) se vaya construyendo y conquistando aquello de una moralidad cada vez más humana.

  16. sfrisan Autor escribió:

    Roxana, claro que no. Moral no se puede equiparar con cumplimiento de normas, he discutido eso en varias otras entradas de este mismo blog. Analizar los conflictos y discernir las complejidades de las decisiones que se deben tomar en el día a día ayuda mucho más que simplemente centrarse en la norma. Gracias por tu reflexivo comentario.

  17. CLAUDIO escribió:

    Gracias Roxana por traer aire fresco.

    Que algo “secundario” e "ineficaz" salte a la vista, tanto del niño como del adulto, y que una realidad tan objetiva, arraigada, como dramática, (niños trabajando) no haga pestañar a un ojo acucioso, fue lo que llamó mi atención.

    Me sorprendió que se destaque, como apunta Roxana, lo secundario, "y no se advierta que se trata de una función social para suplir necesidades básicas", como la alimentación.

    “Esfumar” las necesidades de una comunidad a través de cartelitos o pomposas legislaciones, es contraproducente e injusto; las cosas van por prioridades.

    Totalmente de acuerdo con Roxana cuando afirma: "Cómo es posible que el ser humano construya nociones como la de justicia, cuando en su practica cotidiana casi nada es precisamente justo.

    El niño, en efecto, aprende la norma como también se le encallece el alma, si vive en un ámbito donde las normas o la indiferencia se cumplen con rigor".

  18. sfrisan Autor escribió:

    Creo que este intercambio merece un post especial, que haré apenas pueda. El señor Claudio insiste (se imagina, prejuzga…) en que trabajaban menores de edad, cuando ya le aclaré que todos ERAN ADULTOS (o adultas, pues es cierto que eran casi todas mujeres). El tema de la injusticia del trabajo infantil u otros parecidos no es el tema del post, y eso no signiifca que a mi o a los niños "se nos encallezca el alma". Claudio no tiene ni idea de qué me conmueve y qué no y aparece sumamente intransigente juzgando las cosas desde sus creencias, sin realmente oir al otro. Personalmente, no me parece secundario que el país esté repleto de carteles, normas y hasta leyes que son simplemente letra muerta. El punto del post era destacar esa contradicción, el hecho de que nos hemos por completo acostumbrado a fumar debajo del cartel que dice "prohibido fumar", a voltear en U justo donde está el cartel que lo prohibe, a botar la basura donde hay un tremendo aviso que dice "no botar basura bajo pena de multa", a colarnos donde dice que debemos hacer cola. Eso es lo único que intentaba señalar con el post. Si no creen que eso envía un tremendo mensaje negativo a los niños, me parece que han reflexionado muy poco acerca de la formación infantil. Si la necesidad es tal y las señoras van a seguir subiendo a los buses de todos modos, pues hagan el favor de sacar ese cartelito de marras y asunto arreglado. No creo que la necesidad justifique pasarse por alto las mínimas reglas de convivencia (ese "estoy trabajando" "déjame trabajar"…. que esgrimen muchas personas para simplemente hacer lo que les viene en gana debe corregirse poco a poco, desde mi punto de vista). No hagamos "como si" tuviéramos normas, solo para pasarlas por encima… es eso tan difícil de entender?

  19. Silvia Mendoza Gálvez. escribió:

    Está clara la intención y las muestras de preocupación de Susana en mostrar el absurdo de la existencia de una norma y su incumlimiento, en eso estamos de acuerdo; pero precisamente este ejemplo, considero, no logra su cometido, pues hiere la sensibilidad de los lectores por su profundo contenido social, por lo que merece ser abordado desde otra perspectiva.
    Considero que la relación norma – incumplimiento, podría tener una visión y respuesta distinta por parte del niño y joven en proceso de formación, en tanto ellos aprendan a discernir y discriminar entre una norma consecuente con los componentes de la Democracia y de los Derechos Humanos y otra que no lo es. Para lograr este Aprendizaje Significativo, es punto de partida, guiarlos desde sus primeros años en su reflexión sobre nuestra realidad; de la pobreza que azota a las mayorías, que los priva de alimentación, atención médica y educación, que hace que madres desesperadas salgan a las calles, con el único propósito en mente, de encontrar el pan para sus hijos.
    En este contexto real, el Proceso Cognitivo de niños y jóvenes se verá alentado y los llevará a la conclusión de que una norma es Justa cuando no es ajena a las necesidades de la población; cuando contribuye a su desarrollo y por tanto, deciden por convicción hacerla suya. Cuando se encuentren frente a ella y a su violación por parte de otros, reprobarán a los infractores, sin generarles confusión alguna. Por el contrario, si se encuentran con "normas" como el caso que nos ocupa, sabrán identificarla como injusta y por tanto el significado de transgresión perderá sentido; comprendiendo el comportamiento de los ambulantes como la legitimación de sus necesidades; deplorando el pensamiento retrógrado de los autores de semejante cartel, haciendo lo imposible para que sea retirado.
    Debe ser una meta el lograr que cuando existan estas "normas", los niños y jóvenes las cuestionen en vez de cumplirlas por su sola imposición. Queremos lograr ciudadanos cumplidores de las normas, pero sobre todo ciudadanos reflexivos y con gran sentido del bien común.
    Señores; esto es posible de lograr y es una tarea impostergable y conjunta de todos quienes tenemos la gran responsabilidad de Educar.
    Gracias Susana por la existencia de este espacio que nos permite expresar distintas ópticas y enriquecernos.

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