Familia y desarrollo moral

La fiesta - Paulo 4 años

Usualmente no me gusta tratar el tema de la familia ni su influencia en el desarrollo moral de los niños. El concepto mismo de famila me es esquivo, y no comulgo para nada con aquellas posiciones que defienden un solo tipo de familia (usualmente la tradicional) como el modelo ideal para el desarrollo humano. No creo además que sea adecuado hacer demasiadas (o drásticas) diferencias entre las interacciones familiares y otro tipo de interacciones -con otras personas ajenas a la familia- que son igualmente significativas. Esta vez sin embargo tengo que dar una charla sobre el tema (la familia como promotora de una cultura de paz), y aprovecho para poner aquí algunas de las ideas que presentaré y someteré a discusión.

Se afirma mucho que la familia es la primera unidad de socialización, y que por lo tanto, la moral “viene de casa”. Si bien en principio no tengo nada en contra de esta afirmación, sí creo que ésta ha ido perdiendo su sentido original hasta convertirse en la idea, equivocada por cierto, de que si los padres no inculcan una serie de valores en sus hijos, entonces ya nadie lo hará. Definitivamente, los niños construyen el conocimiento (incluyendo el conocimiento moral) a través de sus interacciones con otros, lo cual incluye por supuesto a sus padres y los demás miembros de su familia. Pero la relación dista mucho de ser simple y directa.

Para hacer sencilla la cosa, podemos decir que es la naturaleza afectiva de las interacciones con los padres, así como la naturaleza cognitiva de esas mismas interacciones lo que facilita (o retarda) el desarrollo moral. Los “buenos padres” responden diferente a las transgresiones en diferentes dominios, y escogen sus estrategias disciplinarias dependiendo de la naturaleza del problema.

La teoría del dominio (sobre la que escribí algo en este enlace teoría del dominio), plantea que las interacciones sociales pueden pertenecer al dominio personal/psicológico: entendimiento de uno mismo y atribuciones sobre las causas del comportamiento propio y de los demás; al social/convencional: reglas y expectativas sociales determinadas por el sistema social en el que se forman (aprendizaje de patrones culturales); o al moral: factores inherentes a las relaciones sociales, consecuencias tales como causar daño a otros seres humanos, violar sus derechos, o afectar el bienestar general. Sabemos que para facilitar el desarrollo moral las explicaciones sobre las reglas morales y las respuestas a violaciones de reglas morales deben enfatizar las consecuencias de los actos para los derechos y el bienestar de los demás. De hecho, la forma en que los padres se comunican con sus hijos es un aspecto de la experiencia social de los niños que afecta la construcción del conocimiento moral. Explicando las razones de las reglas y respondiendo de manera apropiada a las violaciones morales, los padres pueden facilitar el desarrollo moral al estimular a los niños a pensar reflexivamente acerca de sus actos. Mientras más explícitos son los padres acerca de la naturaleza de los eventos, el por qué se espera cierto comportamiento o las razones por las que una conducta es incorrecta, más efectivos serán los mensajes, especialmente con niños pequeños.

Sin embargo, esto debe estar coordinado con el dominio social en juego. Los resultados de diversos estudios sugieren que los niños evalúan activamente los mensajes que reciben en términos de si son o no apropiados al dominio (personal, social o moral) que corresponde, y rechazan los mensajes que son inapropiados o inconsistentes con la naturaleza del evento. Más aún, investigaciones indican que los padres autoritarios, democráticos y permisivos difieren en el grado de adecuación de sus juicios sociales al dominio o naturaleza de los eventos (respondiendo los padres autoritarios con reacciones sobredimensionadas a las trasgresiones personales o sociales, y dejando pasar o no respondiendo adecuadamente los padres permisivos a las transgresiones morales).

Respecto al afecto, este informa al desarrollo moral de dos maneras:

En primer lugar, los conflictos morales ocurren en el contexto de un clima afectivo general entre padres e hijos, lo cual afecta el desarrollo infantil. Los componentes afectivos de la interacción entre padres e hijos (calidez en el trato, soporte, etc.) se relacionan al juicio moral, ya que un ambiente cálido y de apoyo incrementa la probabilidad de que los niños estén motivados a escuchar los mensajes parentales.

En segundo lugar, e igualmente importante, las reacciones afectivas son un aspecto inseparable de las experiencias de trasgresión de los niños, pues las interacciones sociales acerca de reglas morales, violación de reglas, y conflictos están afectivamente cargadas. Las reacciones afectivas parentales, junto con el razonamiento, facilitan la comprensión y codificación de las reglas morales y sociales por parte de los niños. Existen sin embargo niveles óptimos de expresión afectiva, ya que demasiada rabia es contraproducente, produce emociones defensivas y aversivas orientadas hacia uno mismo (ansiedad, etc.) y por lo tanto inhibe la capacidad de los niños de enfocarse en los sentimientos de los demás.

Referencias
Existe abundante literatura al respecto, aunque mucha de ella en inglés. Judith Smetana tiene un artículo interesante en el que se pueden encontrar estas y otras ideas, bastante más elaboradas de lo que las he presentado aquí. El enlace es:

The role of parents in moral development

Berkowitz y Grych tienen también otro artículo interesante sobre el tema, más enfocado a la intervención psicoeducativa:

Fostering goodness. Teaching parents to facilitate children´s moral development.

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